El matemático que no se salvó

El matemático Alan Turing descifró los códigos nazis ARCHIVO.
Habría que preguntarse por qué algunas personas trascendentes para la
historia de la humanidad no lograron sobrevivir intactos con sus leyendas y
se desvanecieron como pompas de jabón.

Existen siempre explicaciones contundentes, pero no bastan para completar el
círculo.

Es el caso del matemático inglés Alan Turing (1912/1954), que cuenta en su
foja de servicios nada menos que con esta hazaña: haber descifrado los
códigos de las trasmisiones nazis durante la Segunda Guerra Mundial.

En plena confrontación bélica, Turing era miembro del equipo de Bletchley
Park y estuvo a la cabeza de la investigación que descifró los códigos de la
máquina Enigma, aparato en el que las fuerzas nazis ocultaban sus maniobras
de guerra. La estrategia de Turing fue clave para lograr la derrota de las
fuerzas del Eje en 1945.

Pero su inteligencia se perdía de vista. No sólo inventó la máquina Bombe,
con la que abrió de par en par los mensajes cifrados de Enigma, sino que ese
adelantado británico contribuyó con el desarrollo de la inteligencia
artificial y la informática.

En 1950 elaboró una prueba, conocida desde entonces como "la prueba de
Turing" para determinar la inteligencia de una máquina. Parece una novela de
ciencia ficción, pero forma parte de la más cruda realidad.

Establece una conversación escrita entre un ser humano y una computadora.
Para que la máquina pueda aprobar, el ser humano no debe saber que habla con
un aparato.

El invento de Turing se basa en reglas complejísimas que no se reducen a
ningún código binario.

Con semejante currículum, Alan Turing debería ocupar hoy uno de los lugares
relevantes en la historia de la ciencia aplicada al bien común: es el
ejemplo contundente de cómo las matemáticas pueden ayudar al ser humano.

Pero Alan Turing se suicidó un día de 1954, comiéndose una manzana mojada en
cianuro. Aparentemente tomó la idea de una de sus películas favoritas,
"Blancanieves y los siete enanos", la mitológica adaptación de Walt Disney. Desde ese
momento su nombre desapareció de la faz de la tierra.

¿Qué pasó con este científico, que de la gloria pasó al olvido en un segundo
con la misma velocidad con la que desaparece un puño al abrirse la mano?
Algo muy sencillo, que quizás hoy pueda resultar inexplicable para muchos.
Era homosexual.

En 1952 Turing fue sometido a un proceso judicial, de acuerdo con la ley de
indecencia pública vigente en ese momento en Inglaterra, después de haber
admitido que tuvo relaciones con otro hombre.

No sólo fue sometido a la humillación pública de ese juicio, sino que lo
condenaron a la castración química experimental de esa época, a través de
inyecciones de estrógeno.

Perdió todos los privilegios que poseía y fue expulsado del Cuartel General
de Comunicaciones Gubernamentales, donde trabajaba.

Sin fuerza para oponerse a semejantes agresiones, devastado por un
sentimiento de desesperanza, dos años después del juicio optó por comerse
una manzana y despedirse de un mundo al que le había dado tanto y que había
sido tan ingrato con él.

En la actualidad, el ingeniero informático John GrahamCumming ha impulsado
una campaña para lograr que el Gobierno británico se disculpe con este
matemático que puso se grano de arena para salvar al planeta de la oscuridad
de la Segunda Guerra Mundial.

Entre los que firman esta petición de desagravio se encuentran el escritor
Ian McEwan y el biólogo evolucionista Richard Dawkins. Lo curioso de todo
esto es que el mismo GrahamCumming piensa que la campaña no prosperará
porque Turing no tiene descendencia, lo que quiere decir que no hay
dolientes que puedan poner la cara para pelear por su memoria.

El escritor estadounidense David Leavitt escribió una biografía sobre Alan
Turing que fue traducida al español en 2008 con el nombre "El hombre que
sabía demasiado". Allí lo describe como un hombre ingenuo, distraído, que
vivía a espaldas de las fuerzas que lo amenazaban.

Buscó siempre unir la teoría con la práctica, y hacer de las matemáticas un
ejercicio de vida que sirviera para ayudar a los demás. Curiosamente, fue
expulsado del mundo de la peor manera por gente que lo consideraba un
peligro público. Sabía demasiado, pero no tanto como para salvarse.


sdahbar@hotmail.com



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