¿A quien le conviene una guerra?

Cien años de soledad con sus 40 días y 40 noches de lluvia. Las mariposas amarillas de Mauricio Babilonia acompañan a Remedios La bella, la mujer más hermosa del mundo. El Olor de la Guayaba nos trae las noticias de un secuestro. La triste historia de la Cándida Eréndira y su abuela desalmada contrasta con el inmortal amor de Florentino Ariza y Fermina Daza. El realismo mágico es oriundo de Macondo.

La guerra de los mil Días. El asesinato de un futbolista por un autogol mundial La “confrontación” que ya lleva más de 50 años. Los secuestros que duran una década. El cuerpo a cuerpo de las guerras de independencia vuelve con saña particular: Las motosierras usadas para asesinar. La “pacificación” que acaba con la vida a más de tres mil activistas de un partido político. La guerrilla, el narcotráfico y el paramilitarismo todo junto, amalgamado, para pintarle un rostro falso a un país. La muerte se viste de horror en la Nueva Granada.

Son dos países en pugilato. Dos países tratando de emerger bajo la égida de un gobernante sinuoso, esquivo y traicionero. Dos países que se reconocen en sus excesos, en sus hombres y mujeres desbordantes de alegría, talento y amor por la vida pero también en la maldad, la hipocresía y la mentira.

Es ese país que hoy se afama por una acción bélica, aderezada por ridículas laptops supuestamente cargadas de también excesivas pruebas, de excesivas conspiraciones que a su vez nos regresan a Macondo, en un ritornelllo tan cíclico como los Cien años de Soledad y las colas de cerdo que atormentaron a los Buendía.

Fue desde ese territorio “sitiado” por el país más poderoso y sanguinario del mundo, desde ese territorio herido en “días y noches de amor y de guerra”, de donde salieron pájaros de acero a asesinar, con odiosa puntería, a sus propios hermanos, en una guerra que no se quiere reconocer para poder negar la otredad.

Y es con el sinuoso, esquivo y traicionero “gobernante” de esas almas con quien hay que lidiar. Y con los intereses del águila que le enseña a volar. ¿A quien le conviene una guerra? Trasluce una provocación, trasluce el interés por el oro negro, por las reservas gasíferas, por las reservas de agua, por la inmensidad de América. ¿A quien le conviene una guerra? La cautela debe ganarle a la astucia.

*Periodista

mechacin@cantv.net


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Mercedes Chacin*


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