Prólogo del libro de Jorge Valero “Memoria Inmortal. Homenajes”

Diario de Santa Rosalía: memoria inmortal

Las vivencias de este poeta asumen el discurso literario en sus diversas opciones. En procura de morada resuelve incógnitas que buscan síntesis en los variados escenarios donde le ha tocado ser protagonista; en el caso de Jorge Valero, en su libro Memoria inmortal la palabra fluye como un tenue rumor que se convierte en un torrente de expresiones asertivas, precisas, donde el pasado afecta al futuro. Lo compromete en el ser ontológico que busca sitio en la multitud, resolviendo su existencia en el deambular de los desesperados.

Esta obra discurre entre sucesos que se bifurcan hacia un horizonte común, pasa la vida, formando espirales de afectos, las desgarraduras y el eros buscan espacio desde la crónica literaria, el reportaje, la entrevista y el poema. Allí se yuxtaponen imágenes en la representación de lo pretérito, y así se fusionan en interrogantes, que en términos platónicos vienen a refrendar con nitidez el presente.

De este modo, el autor universaliza su casa natal y su pequeña aldea trujillana. Progenitores, familiares y amigos alcanzan nivel protagónico con los mitos y leyendas propios de una cosmogonía íntima, reverencial, que hace síntesis en la crónica, la poesía, lo histórico contemporáneo; así Jorge Valero forma su entramado creativo en una prosa donde la poesía asiste como consecuencia del lenguaje. El azar y los intersticios del espacio-tiempo se vuelven necesidad, creando brechas vivas en imágenes y recuerdos.

Valero estructura su corpus literario en una metafísica de las costumbres: la amistad, el recuerdo de su lar nativo, su compromiso revolucionario, el amor, la infancia como fábula de fuentes, fundan un todo indisoluble que lo acompañan amalgamados en riesgo escritural, a través de su prolífica obra literaria.

Desplegado en los diversos escenarios de lo histórico-cultural contemporáneo con lucidez y reverencia, el cuerpo de la mujer, en Valero, traza una línea lírica perenne que busca sitio en la historia con autonomía. Sea como fuere, la mujer alcanza un nivel protagónico, más allá de los discursos retóricos de ocasión. La pasión conforma una experiencia erótica definida en la memoria, lo ausente avanza hacia un proceso ilimitado de recuerdos, lo ocupan términos antagónicos cifrados en el dolor y la nostalgia, asistido en una metafísica cristiana. Esto se refrenda, sobre todo, cuando evoca la desaparición de Luisa Amalia Durán de Urbaneja:

Me embarga entonces, un sentimiento ambivalente. Una tristeza abrazadora, y al mismo tiempo una alegría fosforescente, ya que desde los territorios del gran cacique Pitijoc ha volado hacia los predios de Dios y acompañada de un coro de Ángeles Luisa Amalia Durán de Urbaneja…

Dios es infinito y procuramos acercarnos a su infinitud…

Doña Luisa ya mora en sus dominios.

Siempre que Valero habla de la creación, tanto en evocación como en recuerdos, parece considerarla eterna. A decir verdad: el tiempo es una metáfora que se consume a sí misma; el poeta nos lo devuelve en palabras exaltantes y lo hace suyo en lírica personal. Es en la práctica cotidiana y en el testimonio donde hay más facilidad en alcanzar estos laberintos para la nostalgia y la remembranza. Desfilan en estos celajes históricos sus anchuras personales: Fidel Castro, el Che Guevara, el Comandante Eterno Hugo Chávez Frías, José Vicente Rangel, el Ronco Moleiro, Douglas Bravo, Malcolm X, Sartre, Cortázar, Jorge Rodríguez, Alí Rodríguez Araque, el Flaco Prada, sus compañeros de lucha y hasta el más humilde combatiente lo acompañan en el fasto de su memoria. Todos ellos, los de los actos mundanos, hombres y mujeres duchos en los saberes de la ciencia, el arte, la cultura, sus amadas y amados poetas, transcienden la ruta de Dante y El Quijote. Ellos entran en la historia, en la heroicidad de sus días. Valero los rescata del olvido, y crea huellas indelebles en esta memoria inmortal, siempre en perenne combate contra los molinos de viento y otros torbellinos.

Sobre la fragua del lenguaje la evocación nos conduce a una elipsis: las imágenes se yuxtaponen en eterno retorno, los contenidos varían en opciones complejas, trazan caminos, palabras necesarias en referencia a un mundo que demanda el temple y el coraje para enfrentar los actuales escenarios.

En los organismos internacionales prevalece la injusticia en agenda tanática, donde la vida y la naturaleza están cada vez más amenazadas: demolidos por las ruecas del gran capital, los pueblos del mundo crean sus propios métodos de lucha. Situada en esa complejidad de sucesos se levanta la voz del poeta Jorge Valero, asumiendo el habla de los que no tienen voz ni futuro, en contraposición a un orden que hace méritos para desaparecer y convierte al humano en chatarra de desuso, lógica imperial en su último estadio.

Allí te hemos visto, poeta Valero, verbo en ristre, en escenarios internacionales. Lo esencial de tu palabra solidaria por vertiente emocional hacia el país donde naciste invita a leer tu memoriosa escritura, a descubrir el laberinto donde pasan los personajes en ceniza enamorada, cada quien a su manera fusionados en los genes del general Bolívar, los patriotas del siglo XIX.

Tu verbo es búsqueda y complemento de la ética heredada del Comandante Chávez, militante de la justicia y la paz mundial. En ese criterio, nos dejas este recuerdo, así donaste tus palabras de aquel que pasó y quedó entre nosotros:

[Chávez] Defendió, sin ambages, la causa de la paz y la legalidad internacional. Condenó el terrorismo internacional en todas sus formas y manifestaciones.

Se opuso a las agresiones e invasiones militares de potencias imperiales, en países en desarrollo, con el propósito de imponer sus intereses hegemónicos y sus afanes de dominación mundial.

Hugo Chávez promovió la defensa de la soberanía y la autodeterminación de los pueblos. Hoy tenemos una democracia del común, no una falsa democracia donde una élite política y económica controla las principales palancas del poder.

A nuestra democracia la llamamos democracia participativa y protagónica. El socialismo democrático es su horizonte, y el humanismo bolivariano su fundamento filosófico.

Hugo Chávez entregó su alma, tan infinita como el universo, por la redención de su pueblo y los pueblos del Sur. El ejemplo de nuestro máximo líder es seguido por patrias multiplicadas, por hombres y mujeres de buena voluntad, que luchan por un mundo donde prevalezca la justicia social, la libertad, la igualdad y la reconciliación del ser humano con la Madre Tierra.

Dignidad, soberanía, Patria y amor, fueron las palabras predilectas de un revolucionario que ha trascendido con éxito en la historia.

El Comandante Presidente es recordado por miles de seres humanos en el orbe… Su impronta irriga no solo el suelo de su amada nación, Venezuela, sino también el de otras naciones. Su obra redentora a favor de los pobres y los excluidos de la tierra, trasciende nuestras fronteras… Hugo Chávez es heredero histórico y continuador del camino trazado por el Libertador Simón Bolívar, quien procuró alcanzar una Nuestra América libre, unida y soberana.

En Memoria inmortal, estas otredades constituyen las normas íntimas del existir, se transforman sujetas a la ley del ser y sus límites. Jorge Valero ejerce su libertad escritural en un ejercicio memorioso donde todo lo existente se mueve sujeto a los designios de la vida. Desde este punto de vista, las normas íntimas del propio existir entran en una dialéctica de pasión y amor donde nada queda exceptuado en el lugar de los afectos. La idea del progreso cabalga en las grandes multitudes donde gravitan los condenados de la tierra.

En Valero la defensa de la vida queda dentro de su escritura, el trazo de su obra acompaña y se incorpora más allá del testimonio al universo de la poesía. Las vivencias alcanzan cumbre donde el espíritu humano crea memoria.



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