Industrias culturales: Un preludio en decálogo

Las industrias culturales

son el caballo de batalla de la globalización

y el talón de Aquiles o el triángulo de las Bermudas

de la diversidad cultural.

Bernardo Subercaseaux, 2002

1. En fecha, jueves, 26/08/2021, publicamos una entrega intitulada: Diez consideraciones sobre las Industrias Culturales, según Bernardo Subercaseaux, docente de la Universidad de Chile. De igual manera, autor del libro Nación y Cultura en América Latina. Diversidad Cultural y Globalización, (LOM Ediciones, 2002). Entendemos por industrias culturales a todo el sector de bienes y servicios que son producidos según criterios industriales y mercantiles, vale decir, en serie y aplicando una economía de escala, (Subercaseaux, 2002). No es casual, entonces, que en casi todas estas industrias algunas transnacionales asentadas en Estados Unidos ejerzan un rol dominante en el mercado mundial. El sector específicamente cultural representa para ese país más del 6 por ciento de PBI y emplea a 1.300.000 personas. (Subercaseaux, 2002). El PIB es igual al PBI. Producto Interno Bruto, (PIB), o Producto Bruto Interno, (PBI).

2. Las industrias culturales han sido identificadas como una de las megas tendencias actuales de mayor crecimiento. A nivel mundial las cifras de gasto o consumo cultural y el tiempo que se dedica a la cultura han crecido en proporciones geométricas. La transnacionalización, la concentración de propiedad y la fusión o integración vertical entre empresas de distinto rubro, son los rasgos distintivos de las industrias culturales en la globalización. (Subercaseaux, 2002). En efecto, si se observa en el plano mundial y con arreglo a una perspectiva a largo plazo, la evolución de los modos de expresión, del contenido y de la función de la cultura, se advierte que está cada vez más condicionada, en particular desde hace cuarenta años, por la industrialización de los sistemas de producción y de difusión de los mensajes culturales, en forma de productos o de servicios. (Industrias Culturales,1989).

3. Durante la última década, las nuevas industrias creativo-culturales se han transformado progresivamente en una de las principales fuentes de producción y de empleo para muchos países. Aunque el crecimiento de estas industrias ha estado principalmente limitado a los países más ricos del mundo, también algunos países de ingreso medio y bajo se han dado cuenta de la importancia en mantener vivo este sector de producción para seguir participando en la economía cultural regional y global. Reconociendo el valor de las industrias culturales, los países de Latinoamérica y el Caribe (LAC) han comenzado a identificar nuevas oportunidades y a procurar activamente soluciones sostenibles para mantener a estas industrias como una parte integral de su vida cultural y económica. Este desarrollo ha sido acompañado por una creciente preocupación de que las industrias culturales sean marginadas por la globalización. A este respecto, mientras que algunos países han desarrollado mecanismos de protección, otros que no han sido tan proactivos, están experimentando un profundo deterioro en este ámbito. Los distintos niveles de desarrollo de estas industrias y el reconocimiento generalizado de sus importancias (aunque no estén explícitamente catalogadas como industrias culturales), generan la necesidad de comprender los principales desafíos y oportunidades que las mismas enfrentan en la región. El objetivo de este estudio es evaluar las fortalezas y debilidades de las industrias culturales en LAC y ofrecer las lecciones aprendidas con este análisis a los "policymakers", (decidores políticos/formuladores políticos), y a los donantes internacionales. Este estudio analiza el valor y el potencial de las industrias culturales en la economía de LAC e identifica la necesidad de un enfoque exhaustivo, de políticas estructuradas e intervenciones programadas, que apunten a mejorar la condición y las perspectivas de estas industrias. En este ámbito, en LAC, el enfoque de los países y de los donantes internacionales ha sido descoordinado y, en algunos casos, insuficiente. En el caso específico del Banco Interamericano de Desarrollo, (BID), el análisis de las operaciones realizadas en los últimos años, evidencia como actividades en este sector han sido incluidas individualmente en el contexto de proyectos más amplios, aún sin ser claramente identificadas como "industrias culturales". (Banco Interamericano de Desarrollo (BID), septiembre, 2007). Es fácil observar el decidido y contundente lenguaje, perfil y contexto fundamentalmente bancario-mercantil-capitalista. ¿Cómo funcionarán las industrias culturales en la República Socialista de Cuba, por ejemplo?

4. A partir de las tres anteriores citadas reflexiones y propuestas epistemológicas un conjunto de interrogantes saltan al escenario de las deliberaciones y polémicas. ¿Son negativas las eventuales consecuencias de las industrias culturales o aportan esperanza y un modo de garantizar la tan deseada democratización de la cultura? ¿Democratización cultural burguesa? ¿Democratización cultural políticamente socialcristiana o socialdemócrata? ¿Democratización cultural reformista? O ¿Democratización cultural participativa y protagónica? ¿Democratización cultural socialista o ecosocialista? ¿Constituyen los medios de comunicación masivos una agresión permanente contra el concepto de vida y contra las culturas endógenas o significan el instrumento de diálogo cultural? ¿Cuál de las dos opciones anteriores pueden servir de fundamento para la conculturación y el equilibrio universal y la cultura étnica dialogada? ¿Qué han hecho y emprendido los medios de comunicación masiva en Venezuela y en América Latina? ¿Cuál es el rol de las industrias culturales en la sociedad contemporánea capitalista? ¿Cuál sería el papel de los medios de comunicación masivos en el contexto histórico-social y político-cultural de carácter socialista o en transición hacia la sociedad socialista? A partir de la Segunda Guerra Mundial ha aumentado el significado y la importancia de las industrias creativas-culturales-comunicacionales. Se han creado oligarquías comunicacionales. ¿En condiciones económicas y políticas favorables, las industrias culturales pueden transformar radicalmente la labor creativa-individual, en particular, y la creatividad-pueblo, en general? ¿La agresión, el desplazamiento, el extravío del sentido de pertenencia, la cultura del silencio, así como la maltrecha identidad cultural en las localidades, las regiones y a nivel nacional se emprende desde las industrias culturales? ¿La dimensión de los efectos de la cultura de masas coincide en gran parte con lo que se les plantea a las industrias culturales? En Venezuela las industrias culturales son fascistas y la oligarquía mediática apátrida.

5. Insistimos: cultura y comunicación es una cuestión estratégica, vital, trascendente. Seguimos exhortando: los medios de comunicación masiva trasmiten mensajes culturalmente comprometidos con un modo de producción, un estilo de vida, ideas y valores, así como expresan pensamientos que forman una visión del mundo y propone e impone una manera de asistir a la vida en un contexto social capitalista dependiente históricamente determinado: los países industrializados capitalistas o los países en una supuesta vía de desarrollo, también girando en torno al mercado, en un capitalismo dependiente y subdesarrollado. Un capitalismo salvaje promueve una cultura ajena que se impone, toma cuerpo social, invade la cotidianidad de la gente y se convierte en opción de vida. La alienación cultural puede alcanzar la totalidad de la existencia humana concreta, local, regional, nacional. Los problemas que parecen más interesantes de estudiar son los que se refieren a los efectos sobre el legado histórico, la identidad cultural, la homogeneización de una cultura masiva, las características actuales de la circulación de la información, los símbolos y valores culturales. El proceso de imposición de una cultura dominante sobre una dominada alcanza alarmantes niveles de penetración, presencia cotidiana y poca resistencia cultural. La resistencia endógena, las culturas comunitarias, alternativas y populares constituyen la opción preferencial por el pueblo.

6. En las conferencias regionales sobre las políticas culturales, subsiguientes a la de Venecia (1970) sobre aspectos institucionales, administrativos y financieros de las políticas culturales, celebradas en Helsinki (1972) para Europa, en Jogjakata en 1973 para Asia, en Accra, en 1975 para el continente africano y en Bogotá en 1978 para América Latina y el Caribe, al igual que en las conferencias regionales sobre políticas de comunicación, organizadas en San Jorge (Costa Rica,1976), Kuala Lumpur (Malasia,1976) y Yaundé (Camerún, 1980), la UNESCO no ha cesado de estudiar dos aspectos esenciales de la cultura…ya lo hemos apuntado…la relación desarrollo cultural, crecimiento económico y desarrollo tecnológico, en particular en su aplicación a los medios de comunicación masiva y, en segundo lugar, de la verificación progresiva, pero cada vez más clara, de que las obras que constituyen un fiel reflejo de los valores culturales de una sociedad son objeto de una proceso de producción racionalizada y específica que hay que conocer para poder calibrar sus repercusiones en el contenido de esas obras y los valores que encierran. (Industrias Culturales,1989).

7. Vuelven las incógnitas e interrogantes: ¿Cuál es la dimensión socio-cultural e histórica-económica de la producción en masa de mensajes y símbolos? ¿Ha existido una mutación permanente industrial en el campo de la cultura? ¿Será posible fomentar el enriquecimiento entre culturas? ¿Es necesario repensar la definición de qué son las industrias culturales? Indudablemente que sí. ¿Cuál es el aporte de la cultura al PBI en Venezuela? Entre 1998, sin incluir el año siguiente, 1999, hasta 2003, las industrias culturales aportaron al PIB, el cual se mantuvo en tres años: 2000, 2001 y 2003 alcanzó 1,4. En 2004 fue de 1,6 y en el año 1998 aportó 2,3 al PIB. Precisa las investigadoras arriba citadas: Si por un lado las industrias culturales constituyen solamente una proporción modesta del presupuesto nacional, al mismo tiempo generan contribuciones significativas en términos de empleo absoluto. Por ejemplo, en 1991, en el Reino Unido (UK), casi un millón de trabajadores (4,5 por ciento del total de la fuerza de trabajo) estaban empleados en industrias culturales y, en 1992, en los EE.UU. estas industrias eran responsables por un 2,4 por ciento de la fuerza de trabajo total, totalizando un poco más de tres millones de trabajadores (Scott, 2000). Considerando que la generación de empleos está principalmente concentrada en grandes ciudades, resulta también evidente la conexión entre industrias culturales y desarrollo urbano. En UK, Londres es responsable por el 26,9 por ciento del empleo en las industrias culturales británicas, mientras que en los EE.UU. más del 50 por ciento de todos los trabajadores en industrias culturales están concentrados en áreas metropolitanas con un millón de pobladores, o más. En la mayoría de las ciudades británicas, las industrias culturales emplean entre el 2 y el 8 por ciento de la fuerza laboral, llegando a casi al 10 por ciento en Londres (Leadbeater y Oakley, 1999). O’Connor (1999) encontró que en Manchester el 6 por ciento de la población estaba empleado en industrias culturales; este porcentaje resulta más alto del que se encuentra por el sector de la construcción y está muy cerca de los bien establecidos sectores de transporte y comunicaciones. En Buenos Aires (Argentina), las industrias culturales en 2004 (sin incluir los sectores de turismo cultural y artesanía), generaron US$ 2,6 mil millones, 4 representando el 8,4 por ciento de la economía de la ciudad; en el mismo año, estas industrias también crearon más de 128.000 nuevos empleos, o el 5 por ciento del total de empleos de la ciudad. (Observatorio de Industrias Culturales de la Ciudad de Buenos Aires, 2005). Las industrias culturales son particularmente idóneas para apoyar y promover el desarrollo local. Las características más específicas de las industrias culturales pueden resumirse en las siguientes: 1) en muchos casos están vinculadas a una ubicación especifica; consecuentemente pueden crear trabajos sostenibles que sean menos susceptibles a las fluctuaciones de la economía global respecto a los empleos en sucursales o fábricas de grandes compañías multinacionales; 2) son más intensivas en mano de obra que en capital y frecuentemente emplean trabajadores creativos, altamente especializados y de alta remuneración (Scott, 2004); 3) tienden a ser respetuosas del ambiente; 4) tienden a estar muy interconectadas dentro de ciudades o regiones (p.ej. una banda de música puede necesitar servicios de video, los que a su vez requieren los servicios de diseñadores gráficos); 5) tienden a estar basadas en conocimientos locales tácitos – por ejemplo, un estilo o un sonido – que no son accesibles globalmente; 6) a pesar de su predisposición a concentrarse geográficamente y a pesar de la naturaleza local de su producción, los productos de las industrias culturales fluyen a través de las fronteras nacionales con relativa facilidad, siendo vendidos en los mercados locales e internacionales; 7) generan externalidades positivas, pues contribuyen a la calidad de vida en los lugares donde están presentes y realzan la identidad cultural, la imagen y el prestigio del área; 8) son flexibles y pueden encontrarse en una amplia gama de escenarios. Por ejemplo, algunos sectores tienden a establecerse en áreas urbanas donde la gente que trabaja en industrias culturales puede encontrar lugares asequibles para vivir, un alto nivel de comunicaciones y fuentes de nuevos talentos, mientras que otras, tales como artesanías, gastronomía y turismo cultural, se concentran también en áreas rurales; 9) por último, a veces pueden tener un papel crítico en la promoción de cohesión social y de sentido de pertenencia; además, artes, cultura y deportes pueden ofrecer lugares de encuentro en una sociedad que está a menudo dividida y pulverizada. Debido a la fuerte conexión entre las industrias culturales y el territorio en el cual están ubicadas, resulta difícil crearlas por la simple voluntad política o por incentivos fiscales. (Quartesan, Romis y Lanzafame, 2007). Sin intentar dudar de muchas de sus bondades, el mismo lenguaje de estas investigadoras tiene sonoridad liberal y neoliberal. Volvamos sobre los rieles conceptuales.

8. En este estudio, el término industrias culturales se refiere a aquellos sectores que están directamente involucrados con la creación, producción y distribución de bienes y servicios que son de naturaleza cultural y que están usualmente protegidos por el derecho de autor. Los bienes y servicios culturales son aquellos cuyo valor económico primario deriva de su valor cultural (O’Connor, 1999) y tienen el potencial para la creación de riqueza y empleo a través de la generación y explotación de la propiedad intelectual. Esta definición se extrae de las de la UNESCO y GATT, que definen las industrias culturales principalmente como bienes y servicios protegidos por derechos de autor. Los sectores generalmente listados por la UNESCO incluyen "imprenta, editorial y producciones multimedia, audiovisuales, fonográficas y cinematográficas, así como artesanías y diseño" (UNESCO, 2006, traducción de los autores). Sin embargo, este estudio identificó algunas limitaciones en estas definiciones y por lo tanto se desarrolló un marco más exhaustivo, teniendo en cuenta la complejidad del contexto y la multitud de actores presentes en LAC. Tomando la definición utilizada en este estudio, las industrias culturales pueden ser identificadas como un grupo de sectores que ofrecen: "1) servicios en los campos de entretenimiento, educación e información (p.ej. películas, música grabada, medios impresos o museos) y 2) productos manufacturados a través de los cuales los consumidores elaboran formas distintivas de individualidad, autoafirmación y manifestación social (p.ej. ropa de moda o joyería)" (Scott, 2004, p.462, traducción de los autores). Aunque esta definición es similar a aquella de la UNESCO, abarca de hecho más sectores. Más aún, siguiendo a O’Connor (1999), el estudio se enfoca en individuos trabajando en industrias culturales con ocupaciones culturales (por ejemplo, arquitectos, bibliotecarios, autores, periodistas, diseñadores gráficos, actores, etc.) y sin ocupaciones culturales (por ejemplo, en el sector editorial, empleados en la industria gráfica). (Quartesan, Romis y Lanzafame,2007). Si hasta mediados del siglo XIX el modo de producción se particularizaba por un producto único de una tecnología artesanal; la realidad cultural del siglo XX tenía un gendarme cultural necesario: el cine, del cual tuvo su génesis los sistemas industriales europeos, primero y luego y después de Hollywood. En Venezuela llegó la cinematografía yanqui hasta el 78 por ciento. Una verdadera invasión cultural. Lo que se producía como valor de uso al tocarlo el capitalismo se transforma en mercancía: valor de cambio. Capitalismo puro. La cultura enlatada. Folclore planetario. Way of life USA. Estilo de vida de Estados Unidos. Anodino. Sin patria. Fútil. Consumista. Volvamos a Venezuela.

9. En nuestra Carta Magna de 1999 no aparece por ninguna parte, por lo menos, taxativamente, la categoría industria cultural. En la unidad normativa trescientos nueve, artículo 309, se establece claramente el término industrias populares típicas. No obstante, el debate, la reflexión crítica, aguda, pero equilibrada debe emprenderse…torcerle el cuello al cisne…El texto constitucional establece: La artesanía e industrias populares típicas de la Nación, gozarán de protección especial del Estado, con el fin de preservar su autenticidad, y obtendrán las facilidades crediticias para promover su producción y comercialización. (CRBV,1999. Art. 309). Esta unidad normativa está en sintonía con el espíritu, propósito y razón de ser del Artículo 100 de la Constitución Bolivariana. Además, reconoce la dimensión productiva-económica de las artesanías. De hecho, tal actividad creativa-familiar-étnica-cultural está incorporada en la Constitución Económica y al otorgarle esa preeminencia en defensa de su autenticidad y como parte de la más antigua actividad cultural de ser humano es considerada toda su dimensión como parte orgánica de las culturas populares, la tradición popular y su legado étnico.

10. Las culturas populares constitutivas de la venezolanidad gozan de atención especial, reconociéndose y respetándose la interculturalidad bajo el principio de igualdad de las culturas. La Ley establecerá incentivos y estímulos para las personas, instituciones y comunidades que promuevan, apoyen, desarrollen o financien planes, programas y actividades culturales en el país, así como la cultura venezolana en el exterior… (CRBV,1999. Art. 100). Esta unidad normativa sirve de marco jurídico-teórico-conceptual para todo un conjunto de manifestaciones culturales relacionadas con las comunidades étnicas originarias e indígenas, los artesanos y artesanas; los cultores y cultoras, las tradiciones y expresiones típicas, la protección social a los trabajadores y trabajadoras de la cultura, así como también la protección y defensa del patrimonio cultural, tangible e intangible, el fortalecimiento del sentido de pertenencia, la memoria histórica, el legado cultural originario y ancestral. De igual manera, la creación de la cultura contemporánea. Así el diálogo cultural con la comunidades binacionales-biculturales, los afrodescendientes, las culturas oriental, occidental, llanera, central, de montaña y de pie de monte. También aquello que nos identifica: los símbolos patrios, las lenguas maternas, y todo lo que representa una heredad histórica-cultural. Dignificar las culturas populares redime y reconoce el carácter pluricultural y multiétnico de la Nación. Lo hemos dicho en distintos y disímiles escenarios, en las cátedras, en el barrio, en los grupos y peñas literarias. También lo hemos escrito con fuerza y decididamente convencidos en artículos ensayos, talleres, cursos y conferencias y coloquios: la revolución cultural comienza con la Constitución de 1999. Hemos emprendido una investigación en legislación constitucional cultural comparada y hemos estudiado las 25 Cartas Magnas que ha tenido el país, más la vigente. Ante verdaderos y reales disparates, los cuales expresan ignorancia supina, falta de investigación y prepotencia intelectual hemos sabido responder con argumentos repletos de investigación rigurosa y estudio apasionado sin desplantes, pero implacable ante la ignorancia prepotente, embustera y ciertamente pirata. Afirmar que Jamás, hasta la actual, en ninguna de las Constituciones habidas en dos siglos de historia republicana en Venezuela se había siquiera mencionado la palabra cultural. (Pereira, G. (2010). Derechos culturales y revolución. Caracas: Editorial Fundarte, resulta una falsedad de toda falsedad. ¿Ignorancia o lisonjería; ¿Inopia prepotente? Solamente citando la primera Constitución de Venezuela, la primera de América Latina, de Hispano América y del Caribe y la tercera del mundo como lo fue históricamente la Constitución de 1811, la cual sería llamada propiamente Constitución Federal de los Estados de Venezuela de 1811, En la unidad normativa 167 se establece: Artículo 167.- Ningún género de trabajo, de cultura, de industria o de comercio serán prohibidos a los ciudadanos, excepto aquéllos que ahora forman la subsistencia del Estado, que después oportunamente se libertarán cuando el Congreso lo considere útil y conveniente a la causa pública. (CFEV,1811. Ord.167). Es mejor seguir el camino de la investigación cruda, seria y rigurosa.



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Efraín Valenzuela

Católico, comunista, bolivariano y chavista. Caraqueño de la parroquia 23 de Enero, donde desde pequeño anduvo metido en peos. Especializado en Legislación Cultural, Cultura Festiva, Municipio y Cultura y Religiosidad Popular.

 efrainvalentutor@gmail.com

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