Breves comentarios

¡Ni tan calvo, ni con dos pelucas!

En días recientes, me encontraba en compañía de mi señora esposa en el Servicio Administrativo de Identificación, Migración y Extranjería (SAIME), sede principal, ubicada en la ciudad de Caracas, realizando una diligencia personal, relacionada con la tramitación del pasaporte, tanto del mío como el de mi cónyuge.

Al llegar al sitio nos encontramos con una cola más larga que un flato de culebra, que daba la vuelta a la esquina, y entre tanta gente, ocupamos nuestra posición, y de esta manera, fueron llegando personas y más personas por diferente motivos, alargando mucho más la fila.

En cada punto de la cola, tanto en los extremos como en los espacios equidistantes de la fila, se hallaba un joven Guardia Nacional cumpliendo con sus labores en comisión de servicio en esa entidad gubernamental, con tantas funciones de esa naturaleza. La fila fluía normalmente, sobre todo, después de las 10 de la mañana, que fue cuando comenzamos a andar en la misma, hasta llegar después al sitio donde seríamos atendidos por una servicial y empática empleada.

Como toda institución que presta servicio a la ciudadanía, tiene sus códigos de ética, posee su reglamentación interna que tienen que ser cumplidos, tanto por el funcionariado en general, como los usuarios y recibidores de servicios. Hasta aquí todo está muy bien. A mi parecer, pude evidenciar que predomina la ética institucional, durante nuestra permanencia en ese ente.

Sin embargo, sin menoscabo de lo anterior, pude detectar cierta irregularidad, quizás en el modo de interpretar las órdenes superiores, por parte de los funcionarios de bajo nivel, o de la gerencia más baja. Si bien es cierto que existen codificaciones y reglamentaciones con respecto a la manera de vestir de los usuarios y usuarias que visitan ese centro, no es menos cierto que, hay saber interpretar las directrices, usando siempre el sentido de la lógica, al momento de presentarse cualquier duda al respecto. En esos momentos el funcionariado tiene el control en sus manos, siempre y cuando no se salga de los parámetros.

¿Cómo se digiere lo anterior? Pude observar que delante de mí, se hallaba una dama con un pantalón tipo licra -puede pensarse que estaba exhibiendo sus siluetas naturales- pero, no, no fue así. La joven, sobre eso que llaman "Licra", tenía colocado un blusón bastante largo, que más bien parecía un vestido. Le daba por debajo de las rodillas. A simple vista, para cualquier mortal con cuatro dedos de frente no estaba mal vestida, ni mucho menos se daba a la tarea de demostrar sus cualidades que le dio la naturaleza, al público presente.

Así las cosas, el caso fue que la dama tuvo decirme que le cuidara la fila, para tener ir que comprar un pantalón a un local cercano. Diez dólares o su equivalente en bolívares soberanos, le costó la imprevisible prenda. Aplaudo, que hubo situaciones que sinceramente las personas no estaban correctamente vestidas, y el funcionariado actuó con ética institucional. Pero el caso de la precitada joven requería de otro tratamiento más viable para ella.

En suma, pienso que el funcionariado de bajo nivel debe utilizar la lógica, siempre y cuando no desvirtúe las órdenes ni las normas de la institución donde preste sus servicios. Soy del pensar que todo trabajador, toda trabajadora, deberá siempre pedir aclaración cuando no entienda bien las órdenes que se les imparten. Como persona jubilada de un ministerio, muchas veces tuve que hacer uso de la lógica, para el fiel cumplimiento de la misión, ante aquellas situaciones que muchas veces, sobrevenidamente, se nos presentan, sin salirme del espíritu de las instrucciones de la institución. Ni tan calvo, ni con dos pelucas.

¡Feliz Año Nuevo!



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José García

abogado. Coronel Retirado.

 jjosegarcia5@gmail.com

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