Las venas abiertas que regaló Chávez a Obama

En un gesto histórico de cordialidad militante, gesto rebosante de humor y de dignidad, el presidente de la República Bolivariana de Venezuela, Hugo Chávez le acaba de regalar un vigoroso libro al presidente estadounidense Barak Obama: Las venas abiertas de América Latina del uruguayo universal Eduardo Galeano.

Pero ¿qué regaló en realidad Hugo Chávez a su homólogo estadounidense, frente a las cámaras, en el marco de esta recién concluida Cumbre de Unasur?.
Esta pegunta nos asaltó a un hatajo de latinoamericanos quienes nos reunimos a ver y comentar los intríngulis de esta prometedoramente llamativa Cumbre.
Curioso, hasta no hace mucho las cumbres de Presidentes eran ocasión en Venezuela y América Latina en general para jugar dominó o cartas, hacer arepas o empanadas o fregotear la sala o el comedor de la casa.

Ahora nos pillamos un atajo de amigos juntándonos un viernes a “ver el juego” de miradas, gestos, declaraciones, y reacciones de la gran prensa internacional de cara a una Cumbre oficial de presidentes. Cosa rara, hasta hace poco casi extravagante ¿no?
Luego de una conversación más o menos aderezada de diferencias casi coincidimos en que esto fue lo que Chávez habría en clave entregado a su homólogo:

La crónica de un despojo histórico, criminal, planificado. Un despojo que naciones colonialistas (básicamente España, Portugal, Inglaterra, Países Bajos, Francia) y más tarde Estados Unidos operaron (y algunos siguen operando) contra América Latina y otros países del Sur.

Ello para pillar buena parte de nuestro oro, diamantes, petróleo, plata, estaño, guano, níquel, cobre, banano, aluminio, uranio, hierro, bauxita, y demás minerales estratégicos, etc.
Además, una crónica de la vergüenza de cómo algunos supuestos “lideres” latinoamericanos se alinearon con la doctrina de “América para los (Norte)Americanos”, primero, y luego con un supuesto “Consenso de Washington” en el que lo único que no hubo nunca fue consenso de Nuestros Pueblos con Washington.

Pero, más que eso, Las venas abiertas de América Latina, considerada por algunos como la biblia de nuestra dignidad regional es la crónica que aglomera todo el zumo de sufrimiento, nuestra colecta de dolor, nuestro historial de postración y de persecución económica y socio-política. Historial que la práctica política colonial neo-colonial significó (y continua significando) para buena parte de nuestros pueblos, en especial de los más pobres.
Las venas abiertas de América Latina fue publicado en 1971, hace ya casi 40 años, a inicios de una década cruzada por enfrentamientos políticos y estremecimientos ideológicos en casi toda Latinoamérica.

Infortunadamente mucho de este despertar fue acallado a fuerza de dictaduras criminales impuestas desde Washington o de “democracias” blandengues jefaturadas desde Washington.

Luego de la morfina que representó para la Región la aplicación de las medidas de ajuste durante las décadas del 70 y el 80, a partir de la década del 90 reaparece en escena la reacción popular y la vehemencia creativa de los colectivos y con estos sus nuevos líderes. Y reverdecen viejas consignas. Y añejos libros como este de Galeano asumen nueva vida y vigencia.

Pero ¿por qué sigue teniendo vigencia este libro?

Cabe entonces preguntarse: ¿por qué sigue teniendo vigencia el libro de Galeano? La respuesta la tienen los líderes políticos de los países capitalistas que continuaron y continúan practicando políticas neocoloniales contra nuestros países y pueblos.
Un amigo observa: “Eduardo Galeano escribió el libro en 1971. Pero la verdad es que ese libro ha sido reescrito por Nixon, Ford, Carter, Reagan, Bush padre, Clinton y Bush Jr, con pequeñas variantes durante todos estos años”.

Según mi amigo Carlos ellos, los últimos presidentes de EEUU son los verdaderos promotores editoriales y protagonistas de este relanzamiento.
El libro no ha pasado de moda precisamente porque las antediluvianas políticas neo-coloniales contra nuestra región fueron mantenidas poco más o menos idénticas.
Mas, pese a la política de sostén neocolonial de dictaduras, a la migración forzosa por hambre, a la alta tasa de mortalidad infantil y juvenil, al cierre planificado de oportunidades para el desarrollo disfrazados de promoción a la democracia, pese a la inestabilidad económica y política, a los paquetes neo-liberales de primera, segunda y tercera generación y pese a la política de ratería de talentos por parte de los países industrializados, en el lapso de 1950 a 2008 la población de América Latina casi se duplicó.

En menos de sesenta años pasamos de 170 millones de habitantes a más de 350 millones. No obstante ello, la política neo-colonial de vasallaje de EEUU hacia la región se ha mantenido casi que impertérrita, casi que petrificada en el tiempo.
En buena parte esto fue posible también debido a que importantes sectores intelectuales, académicos y profesionales de avanzada, pero también sectores militares, sindicales y empresariales progresistas, y grupúsculos de izquierda en nuestros países y nuestra región hicieron fe y mantuvieron a ultranza una posición intransigente, de células, cuántas veces de espaldas a la posibilidad de construir nuevas formas de hegemonía, cuántas veces en definitiva a espaldas de los verdaderos intereses y mejores oportunidades de nuestros pueblos.

Por eso, ante los llamados de algunos compañeros a tomar el cielo por asalto mediante un socialismo de sopetón, un socialismo nacional y punto, creo que conviene valorar estos gestos, estos actos políticos que parecieran escuetamente simbólicos pero que, en lo absoluto, lo son.

Una praxis que sin arrear las banderas de un proyecto progresista nacional y regional, y la necesidad de construir juntos y democráticamente un horizonte hacia una nueva complexión socialista, a la vez lanza puentes hacia un nuevo espacio de invitación al entendimiento, incluso con actores con los que se ha sostenido una política activa y frontal de visible confrontación.

Una nueva diplomacia de Pueblos

No es verdad así (al menos hoy día) que la diplomacia sea el arte de decir “bonito perrito…. hasta que puedas conseguir una piedra”
La diplomacia, según muestra el presidente Chávez en esta Cumbre sería como decir:
No siempre es bonito el perrito-mundo que tenemos. Pero entendernos a piedras es algo que ha demostrado ser muy peligroso, además de contraproducente para todos.
Así, en un contexto en que el capitalismo neoliberal global, encabezado por EEUU, desde hace tiempo viene haciendo aguas (aunque todavía insiste en su insostenible unilateralismo) y en que el primer experimento socialista de cuño democrático (esto es, electoral-popular) hace su primer ensayo de envergadura en América Latina, parece estratégico valorar la gran complejidad de la situación en que en este plano nos movemos.

Y por ello mismo se hace perentorio insistir en la necesidad de respaldar una política exterior cuyos avances y victorias van conquistándose una a una, a pulso, aun en medio de grandes dificultades y asimetrías. Una política cuyos avances en términos de una nueva diplomacia de aliento progresista por marchar junto con los Pueblos van mostrándose al mundo y van proyectándose, como realidades, cada vez más irrefrenables. No hubiera sido posible un cambio e el discurso hacia nuestra región por parte de EEUU si no fuera por y debido a estos importantes avances.

El regalo de Chávez a Obama se carga deasí un nuevo significado de invitación a protagonizar un nuevo tiempo, una nueva política, una nueva forma de relacionamiento entre los diferentes actores del continente, aunque desde el necesario reconocimiento y valoración nuestra historia pasada de barbarie y de una historia todavía presente de ferocidad neocolonial que continúa viva en contra de nuestros pueblos bajo la forma de muros, políticas de pies mojados y pies secos, bloqueo hacia Cuba, enclaves militares, imposición de las condicionalidades del ALCA, el FMI entre otras.

El regalo de Chávez a Obama viene entonces a visibilizar una disposición a dialogar, a buscar nuevos caminos. Una apertura a establecer un coloquio pero a partir siempre del reconocimiento de esta historia, nuestra historia. Historia dolorosa, historia de atropello, historia de innecesaria paliza, de pasado y presente sufrimiento, de anacrónica condena a la barbarie.

La galanura diplomacia de Chávez tiene lugar y asume un significado emancipador justamente en este contexto.

Reza el adagio:

“En la pelea se conoce al soldado, en la victoria política, al caballero”.

delgadoluiss@gmail.com


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Luis Delgado Arria


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