Reconocimiento público de Chávez a su líder, Aristide

Honores al gran pueblo de Haití

El presidente Hugo Chávez acaba de hacer un gesto histórico. Se acaba de reunir en Sudáfrica con un presidente latinoamericano sacado por la fuerza de la primera magistratura de su país por EEUU y sus aliados internos en la isla.

Gestos como estos no se registran en la agenda de los logros económicos de un gobierno ni en los puntajes electorales de un líder democrático. Pero pesan para efectos de la escritura de Historia. Para la Historia con mayúsculas. Para la Historia de los Pueblos.

Ponerse del lado de los débiles, de los destronados por la historia de la barbarie, la historia construida a fuerza de supremacía militar es un acto que Venezuela no sólo hace hacia un líder. Es un gesto hacia este pequeño país en tamaño y en volumen de su economía pero inmenso en términos de su larga y gloriosa historia libertaria, Y es un reconocimiento también de sus luchas presentes por alcanzar un estado de vida digno, distinto del colonial o neo-colonial en que todavía maliciosamente se condena a la mayoría de su población.

Por eso son vitales, imprescindibles los líderes. Porque, como decía Séneca: “Cuando un hombre no sabe hacia dónde navega, ningún viento le es favorable.” Los líderes navegan siempre con sus pueblos y a favor de los sueños, utopías y también, intereses de sus pueblos.

Y los venezolanos patriotas tenemos una deuda casi impagable con Haití: una deuda de libertad, de solidaridad con Bolívar y con nuestra gesta de independencia precisamente durante nuestros tiempos más difíciles, durante nuestra encrucijada histórica más comprometida.

Haití posee hoy la renta per cápita más baja del hemisferio occidental. Es considerado el país más pobre de toda América. Sus indicadores sociales y económicos la colocan detrás de otros países en vías en desarrollo de bajos ingresos. Se ubica en el puesto 150 de 177 países considerados en el Índice de Desarrollo Humano de la ONU.

Más de un 70% de la población vive en estado de pobreza. Casi 70% de los haitianos depende de la agricultura, una agricultura de subsistencia, a pequeña escala. El fracaso en el intento de lograr acuerdos con finalistas internacionales mantiene a Haití casi sin asistencia humanitaria a efectos de su desarrollo.

Haití es un país casi desértico pues a falta de otros recursos han sido obligados a talar casi todos sus bosques. No se tienen cifras confiables, pero buena parte de sus habitantes carecen de agua potable.

Se estima que casi un 80% de los haitianos con niveles educativos elevados han migrado producto de programas internacionales y oportunidades que desencadenan una fuerte fuga de cerebros.

Y este país económicamente acorralado es al que le trancan las oportunidades de vivir como seres humanos. Y al que no le permiten mantener al frente de su gobierno a quienes el soberano eligió en las urnas.

El discurso de la democracia neo-liberal es, así, sólo aceptan la democracia que les conviene. La que beneficia a los poderosos, a los grandes Estados, a los grandes financistas, a las mil-millonarias transnacionales.

Por eso el gesto de Chávez es importante.

Es humanitario.

Está de la mano de nuestra historia hecha de gestos excelsos de latinoamericanos libertadores.

Por eso es un suceso.

Un evento histórico.


delgadoluiss@gmail.com



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Luis Delgado Arria


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