Ante la utopía cooperativista: por un gobierno de los trabajadores y el socialismo

ANTE LA UTOPIA COOPERATIVISTA: POR UN GOBIERNO DE LOS TRABAJADORES Y EL SOCIALISMO



Oyendo a Chávez en uno de sus programas dominicales, reflexionábamos sobre sus afirmaciones, y nos pareció pertinente escribir algunas líneas sobre el tema de las cooperativas y la llamada “economía social”. Esto nos parece necesario para abrir un debate en el seno de los jóvenes luchadores obreros y populares, que se han bautizado en las aguas de la lucha social y política durante los últimos años en el contexto del proceso revolucionario que vive nuestro país.

Desde hace algún tiempo hemos estado pensando sobre algunas de las ideas políticas y económicas que guían al actual gobierno. Conceptos como “economía social”, “autogestión”, “cogestión”, y en especial, el “cooperativismo”, en el ámbito económico, y otras como “participación” o “ciudadanía”, en el terreno político, las cuales forman parte del andamiaje ideológico del gobierno del presidente Chávez.

Estas ideas no son de su exclusividad, ni mucho menos una creación original del chavismo. Tampoco son conceptos nuevos, aunque algunos lo crean así. Tienen una larga data, y son parte del debate teórico de la izquierda desde el siglo XIX. Forman parte de una corriente internacional dentro de la izquierda contemporánea. Son el “nuevo reformismo” de la era de la globalización capitalista, que de nuevo sólo tiene el discurso y cuya mejor expresión es el Foro de Porto Alegre, y algunas de las organizaciones e individuos que allí se dan cita anualmente. Dentro de esta corriente de pensamiento de “izquierda”, deben incluirse a intelectuales contemporáneos como Toni Negri y su Imperio, John Holloway y su libro Cambiar el mundo si tomar el poder, o Paul Virno con su Gramática de las multitudes, concepto también desarrollado por Negri. En rigor, se trata de una vasta corriente de pensamiento de la izquierda reformista global, cuyas ideas-fuerza dominantes cuestionan la existencia del imperialismo; hacen desaparecer de un plumazo la lucha de clases e incluso la existencia misma de las clases, suplantada por una supuesta “ciudadanía de multitudes” que desdibuja el conflicto y los antagonismos interclasistas; pregonan el “horizontalismo” y el “autonomismo”, como las bases de una utópica “democracia participativa” e imaginan la posibilidad de que a través de estos mecanismos la “multitud” podría ir ganándole progresivamente espacios al capital a través de la “economía social”, con instrumentos como las “cooperativas”, o la “cogestión”, no casualmente muy en boga en estos momentos en nuestro país. De tal forma que el chavismo es en Venezuela la expresión concreta de esa corriente que algunos han denominado de la “ciudadanía global”. En este artículo nos vamos a referir específicamente a las cooperativas, y en otros, analizaremos otros conceptos.

El carácter del capitalismo: competencia, ganancia y más ganancia
El capitalismo, como modo de producción y sistema de relaciones sociales y económicas entre los seres humanos, se caracteriza por su necesidad de expansión y extensión a todos los rincones del planeta y de la sociedad mundial. Ya en el Manifiesto Comunista, Marx planteaba, al referirse al carácter internacional del sistema y de la burguesía: ”Espoleada por la necesidad de dar cada vez mayor salida a sus productos, la burguesía recorre el mundo entero. Necesita anidar en todas partes, establecerse en todas partes, crear vínculos en todas partes”. El capitalismo también se caracteriza por una ley de hierro: El motor que guía e impulsa su funcionamiento es la ganancia. La producción no se desarrolla para satisfacer las necesidades humanas, ni siquiera las de los propios capitalistas, sino para aumentar las ganancias que le permitan a estos sobrevivir en la competencia nacional e internacional con otros capitalistas.

En la economía capitalista la producción depende en gran medida de la extensión y de la capacidad de compra del mercado, de allí la urgencia de los capitalistas por no dejar ningún espacio sin su presencia, por estar en todos los confines del planeta. Como consecuencia de la competencia feroz entre todos los capitalistas, el control absoluto del proceso de producción por parte del capital, es decir, la explotación despiadada de los trabajadores, se convierte así en una condición sine qua non para la supervivencia de cada empresa y cada capitalista individual.

Este control del proceso de producción por parte de la burguesía se expresa de varias maneras, a saber:
1. Intensificación del trabajo
2. La jornada diaria de trabajo se prolonga o acorta, según la situación del mercado
3. Dependiendo también del mercado, en ocasiones se contrata más personal y en otras se despide (desempleo)
4. Se reduce el salario y se recortan los beneficios socioeconómicos de los trabajadores

Es decir, el empresario utiliza todos los métodos posibles para maximizar sus ganancias. Y apelará a todos los recursos en la competencia despiadada con los demás capitalistas. Esto se puso de manifiesto en nuestro país después del paro de diciembre y enero pasados. Como consecuencia de su participación en el paro golpista convocado por Fedecámaras y la CTV, éstos han tratado de hacer caer las pérdidas que les ocasionó esta aventura, sobre los hombros de los trabajadores. Las serias dificultades causadas a nuestra principal industria (PDVSA), y el efecto devastador ocasionado a la economía, la cual cayó un 29% durante esos dos meses, ha sido la justificación de muchos empresarios para proceder a despedir trabajadores, reducir salarios manteniendo la misma jornada de trabajo, otorgar “vacaciones” no pagadas, declararse fraudulentamente en quiebra y cerrar empresas.

Las cooperativas: islas socializadas en un mar capitalista
En ese marco de competencia desenfrenada, donde todo vale para lograr que una empresa pueda sobrevivir en la jungla capitalista, guiada por la persecución tenaz de la ganancia, las cooperativas son pequeñas islas, unidades de producción socializada en medio del mar capitalista. Como decía Marx en El Capital: …“representan los primeros brotes de una forma nueva dentro de la antigua, aun cuando reproducen naturalmente, y deben de reproducir siempre, en su organización actual, todas las insuficiencias del sistema dominante”.

Como dijera Rosa Luxemburgo, las cooperativas son una forma híbrida en medio del capitalismo. Es decir, estas son unidades de producción socializada de carácter marginal, las cuales deben sobrevivir en el seno de una economía-mundo capitalista, reproduciendo todas las imperfecciones y taras del mismo. En un sistema con las características antes mencionadas, los trabajadores organizados en cooperativas de producción: “Están obligados a tomar para sí el papel de empresarios capitalistas, contradicción que ocasiona el fracaso de las cooperativas de producción, las cuales devienen en empresas capitalistas puras o terminan por disolverse, si sigue el predominio de los intereses de los trabajadores”. Esta situación puede generar dos posibilidades, O se convierten en capitalistas, explotando tan despiadadamente a sus integrantes como cualquier otro empresario –bajando salarios, despidiendo, intensificando el trabajo, aumentando la jornada-, para poder competir con éxito contra los capitalistas individuales, incluso contra otras cooperativas, o intentan funcionar manteniendo los intereses económicos de los trabajadores –espíritu inicial que guía a las cooperativas- lo cual significará que se disolverán arrolladas por la competencia de los empresarios capitalistas, e incluso por otras cooperativas que optaron por lo primero. En otras palabras, el pez grande se comerá a los chicos. Es decir, las cooperativas dentro del capitalismo deben jugar con las reglas del mismo, desvirtuando su razón de ser original, o están condenadas a desaparecer.

Las cooperativas de producción y el mercado
Las cooperativas productivas sólo podrían sobrevivir en el capitalismo eliminando artificialmente las leyes de la libre competencia, lo cual es utópico y en sí mismo contradictorio. Las cooperativas de productores deberían asegurar un mercado constante, es decir, deberían contar de antemano con un espectro de consumidores más o menos amplio y permanente. Esto se podría lograr mediante el establecimiento de cooperativas de consumidores, lo cual tiene grandes limitaciones. De tal modo que la existencia y éxito de las cooperativas de producción estarían determinados por las limitaciones de las cooperativas de consumidores. Esto reduciría las posibilidades de existencia de las cooperativas de producción y de consumo a mercados locales muy reducidos y a la producción de artículos para la satisfacción de necesidades inmediatas. Tanto unas como otras estarían excluidas de las grandes ramas de la producción capitalista, caracterizadas por un alto valor agregado tecnológico, tales como: la petrolera, la aeronáutica, la automotriz, la siderúrgica, la cibernética e informática, la de telecomunicaciones, biotecnológica, robótica y otras. Y coincidimos con la misma Rosa Luxemburgo cuando afirma: “Por esta sola razón…las cooperativas en el campo de la producción no pueden ser consideradas seriamente como instrumentos de una transformación social general”. Y esto lo decía Rosa Luxemburgo en 1907!!!. Cuando aún el sistema estaba muy lejos de llegar a los niveles de concentración del capital y de desarrollo tecnológico como el actual. Si esto era cierto en esa época, si las cooperativas no tenían ninguna posibilidad de éxito a comienzos del siglo XX, mucho menos lo pueden tener en la era del capitalismo transnacionalizado, donde 200 grandes empresas controlan la cuarta parte de la producción mundial. En realidad, no son 200, sino 10 grandes transnacionales !!! las cuales en 1994 obtuvieron beneficios por 34.800 millones de dólares, casi lo mismo que las 190 restantes, que lograron utilidades por 38.600 millones de dólares. Entonces, nos preguntamos, en un sistema capitalista con estos niveles de centralización del capital, donde quien gobierna no es el mercado sino las grandes transnacionales con el apoyo de sus Estados ¿es posible la sobrevivencia en un país subdesarrollado de cooperativas marginales, incapaces de acceder a las principales ramas de la producción capitalista?

Entendemos a los trabajadores cuando ven en las cooperativas una posibilidad de redención económica, de inclusión social y bienestar. En el contexto de la crisis del sistema capitalista, del cierre de fábricas, de desempleo y bajos salarios, esta creencia no hace otra cosa que evidenciar el agotamiento del modelo económico basado en la explotación de la fuerza de trabajo, así como un importante avance en la conciencia de los trabajadores, que comienzan a pensar en la posibilidad de organizar a la sociedad de una forma distinta, donde ellos no estén atados a un patrono y a la venta de su fuerza de trabajo. En una sociedad donde los trabajadores tengan el control de los medios productivos. En cierta forma, esta actitud refleja un progresivo avance hacia la independencia de los trabajadores como clase y a la solidaridad entre ellos.

Las cooperativas: un escalón en la lucha por el socialismo
Siendo avances logrados por la lucha de los trabajadores, la cogestión y las cooperativas no resuelven estratégica e históricamente los problemas generados por el capitalismo. Los entendemos como conquistas arrancadas a la burguesía en la lucha por la emancipación de la clase obrera y los pueblos. En esa medida, acompañamos a los trabajadores en su experiencia con las cooperativas, entendidas como avances progresivos en su lucha contra el capital, la burguesía y el imperialismo, pero les decimos: “Esto no es suficiente, es necesario continuar avanzando. No es posible lograr la emancipación de los trabajadores y del conjunto del pueblo explotado y oprimido arrancándole pequeños espacios al capital. Las cooperativas son sólo pañitos calientes que no resuelven el problema de fondo. De allí que sea necesario continuar la lucha por el establecimiento del control obrero de las empresas y por la expropiación de los capitalistas”.

Sólo a través de la lucha por el control obrero de las industrias, fábricas y comercios, y en la perspectiva del establecimiento de un genuino y verdadero GOBIERNO DE LOS TRABAJADORES Y EL PUEBLO, preámbulo del socialismo, será posible lograr la emancipación definitiva de los explotados y oprimidos.









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Miguel Angel Hernández Arvelo. Profesor de la Escuela de Sociología-UCV

Profesor de Historia en la UCV y miembro del comité impulsor del Partido Revolución y Socialismo. Como marxista, Hernández aboga por el definitivo rompimiento con el capitalismo en Venezuela y por la construcción del socialismo.


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