Momento para ejercer el auténtico Poder Popular

Pérdida de favor, la verdadera perspectiva política

Si hay algo que ha caracterizado al proceso de cambio venezolano, ha sido el hecho de que la práctica ha ido por delante de la reflexión teórica sin que ésta se esfuerce por ponerse a la altura de la gran voluntad política que representa el presidente Chávez. El rasgo sui géneris de esta revolución ha sido por un lado, su carácter pacífico, y por otro, el que se esté impulsando desde un estado que trabaja en un marco de tradicional burocratismo, corrupción y en medio de una bonanza económica.

Estos particulares rasgos de la revolución bolivariana, sugieren que sin disparar un tiro, se ha venido desarrollando un proceso donde Venezuela ha alcanzado niveles de independencia política, económica, jurídica y cultural frente a factores externos que a lo interno se han traducido sobre todo en pérdida de poder político y de sentimiento de superioridad de las élites que tradicionalmente dominaron al país dejándose ellas dominar por esos factores externos. No obstante, el proceso ha sido pacífico sólo en un sentido. Los campesinos asesinados, cuyo número se acerca a los 200, el fascismo que ha demostrado el oposicionismo en los acontecimientos de nuestra historia reciente, y la violencia psicológica brutal a la que se ha sometido a la ciudadanía a través de las empresas de terrorismo psicológico y dominación simbólica llamadas “medios de comunicación”, entre otros factores que no podemos seguir subestimando, hacen que del más mínimo análisis, lleguemos a la conclusión de que la lenidad, la permisividad y la blandenguería tienen definitivamente que acabarse en los hechos, sin hacer adelantos de “lo que pasaría” si se insiste en determinados comportamientos.

Trotsky, mantuvo la opinión de que Marx había subestimado las posibilidades de desarrollo de las fuerzas productivas al tiempo que había sobreestimado la madurez revolucionaria del proletariado, clase social esta que en una medida importante se había aburguesado con la implementación de políticas reformistas. En este sentido, con todo y los esfuerzos de crítica a los “medios de comunicación” que se han hecho, seguimos subestimando el poder que tienen y siempre han tenido estas empresas de difusión de interpretaciones que siguen practicando la “ingeniería del asentimiento”, así como todo indica que hemos sobreestimado las posibilidades de una “revolución desde el estado”, que han fortalecido la tesis de “el pintor y su obra”, sin poner cuidado en los factores reaccionarios, conservadores y pragmáticos arraigados en la institucionalidad del estado, y en las consuetudinarias prácticas consumistas, derrochadoras, de cierto matiz hedónico y de disfrute ingenuo de la vida, agudizadas precisamente en esta época del año. Considero un elemento de trascendencia para una eventual superación del capitalismo, la separación entre la satisfacción de las necesidades materiales básicas como Techo, comida, bebida y ropa, de adecuada calidad y en suficiente cantidad (Marx) y esa concepción burguesa de progreso como adquisición de objetos producto del “perfeccionamiento” de la ciencia y la técnica.

Si bien el triunfo del Sí en el referéndum de ayer no decretaba el socialismo, creaba las posibilidades o “marco jurídico” para impulsar procesos y crear realidades que desde lo legal estaban orientadas a profundizar en el proceso de cambios, pasando a una etapa ciertamente más radical, revolucionaria; sin embargo, la pérdida del favor en esta batalla, tengo la intuición, trasladará la voluntad política y la palanca de cambios a las multitudes organizadas. El triunfo del No podría ser considerado un triunfo del miedo, de la manipulación, del terror, de la ignorancia y de la desinformación. Sustento esto, entre otras cosas, en la afirmación de una compañera estudiante universitaria que apoya el proceso, que me aseguró que no iría a votar por su preocupación en relación a “lo de la propiedad”, preocupación que comprobé le fue inoculada cuando le pregunté si había leído el artículo 115 respondiéndome sin empacho, que no. Siempre he considerado a la lectura como la herramienta neurálgica para la adquisición de la conciencia revolucionaria, en conjunto con la experiencia y la acción. Pero no se está leyendo. Hay que hacer algo con la TV , el Internet y el consumismo empedernido y torpe. La pregunta que hay que responder es ¿Qué pasó con los tres millones de compatriotas que votaron el 3 de diciembre del 2006 por el socialismo y no votaron por el sí ayer?

Los que votamos por Chávez el año pasado votamos por el socialismo, y si la reforma constitucional significaba y significa ante todo un paso hacia él, tres millones de compatriotas dejaron su voto del 3/12/2006 mutilado, a medias, y casi invalidado. En todo caso, más de cuatro millones votamos por el socialismo indoamericano, bolivariano y venezolano, y si se dificulta su logro desde lo jurídico lo alcanzaremos desde lo político. Socialismo libertario no puede existir cuando un grupo de compatriotas defiende los monopolios y el latifundio. Pluralidad no es, que como yo pienso diferente me puedo poner en contra del interés nacional y puedo conspirar contra el ideal democrático, contra la participación protagónica, contra el alcance de la soberanía alimentaria, contra el logro de la igualdad de condiciones en la nueva sociedad. Es un momento para sincerarnos, para revisarnos y ver hasta que punto somos o no somos revolucionarios, hasta que punto “la dolce vita”, “la tradición”, “la familia”, “la cuestión de la propiedad”, “el dinero”, “el privilegio”, “la ostentación”, “la fama”, entre otras cosas, son más importantes o constituyen “valores superiores” en nuestra visión de mundo.

Es buen momento para reflexionar, hasta que punto ejerce todavía influencia sobre nosotros el pensamiento conservador, en las Fuerzas Armadas, en la administración pública, en las universidades y colegios, en los entornos familiares; cuales son los niveles actuales de conciencia, comprensión y compromiso en el seno de los sectores revolucionarios, para avanzar en una nueva etapa de formación y organización desde las bases, en una nueva etapa de redefinición de la lucha revolucionaria y la batalla de ideas.

Dice Stefan Zweig en su biografía sobre José Fouché: “En la pérdida del favor, conoce el hombre de estado, la verdadera perspectiva política”. No hablemos de pérdida de favor, por lo menos no de una manera cabal y comprobada, pero si de una nueva perspectiva política para la toma de decisiones de cara al futuro de la Revolución Bolivariana.

amauryalejandro@gmail.com



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