Ante un año electoral y las vicisitudes del pueblo venezolano

"Llamarse jefe para no serlo

Es el colmo de la miseria"

SIMÓN BOLÍVAR

Cada día estamos a la expectativa del devenir venezolano en función de garantizar lo más básico y fundamental en los individuos; y, no es otra cosa que, la alimentación, el sustento, el combustible para la vida. Y es que en estos momentos el pueblo, víctima de las discrepancias y mediocres prácticas partidistas, ha padecido ya más de dos década, los embates de una gestión de gobierno y una oposición visceral donde prevalece la inopia, la mezquindad y el quítate tú, para ponerme yo, esa es la pericia que ha predominado, en el ejercicio del desempeño de la administración pública, afectando fundamentalmente, el Estado de Derecho, donde se sobrepone el "ideal político" ante el derecho y el deber ciudadano para la convivencia social, como principio filosófico del verdadero sentido de la política como ciencia social.

Si bien es cierto, el salto dado en el año 1998, mediante un proceso constituyentista, permitió a la población tener una visión más clara de la participación en los asuntos públicos, a partir de la constitución aprobada en dicha Asamblea Constituyente, un auge participativo evidenciamos, tanto en los diversos procesos electorales desde esa fecha, como en la organización del pueblo en diversas estructuras desde lo local, hasta a nivel nacional e inclusive internacional, con la visión protagónica del hecho público.

En tanto, dicho proceso participativo han sido vilmente vilipendiado por los intereses grupales partidista afectando de manera notable la visión de la política, como una herramienta de organización para el desarrollo del elector en ejercicio del sufragio para construir ciudadanía. Contrariamente, ahora observamos con aversión el hecho de participar activamente en los procesos de organización sociopolítica en beneficio del bienestar común. Hoy la juventud se aboca en la búsqueda del poder monetario global (dólar), como garantía de una calidad de vida consumista, que cada día menos es probada por el mismo sistema del capital; puesto que, el mismo sistema conlleva a un exabrupto ejercicio de la plusvalía, en función de avalar, las más cruentas ambiciones competitivas que desploman cualquier tipo de justificativo, consciente, humano y de mejora del bien común.

Esta terrible realidad, nos hace pensar en lo que éste nuevo año nos trae en materia política, donde nos encontramos en dos vertientes sicosociales que atentan contra la iniciativa de seguir adelante, afectando la visión optimista del ejercicio político en la participación del sufragio. Por una parte, el voto inconsciente sería legitimar a quienes nos han vilipendiado, sea de derecha o de izquierda; y por la otra, apoyar algunos de los polos como mero mecanismo de castigo al opresor, sería una irresponsabilidad ciudadana que nos acarreará graves consecuencias, peores que las vividas.

Por tanto, es menester reconocer que no ejercer el sufragio beneficia ambos polos de negociación politiquera; pero ejercer el sufragio sin objetivo claro del derecho protagónico y participativo como lo estable la constitución, sería darle continuidad al estado de inercia que hemos caído ante la impotencia de la vulneración de nuestros diversos derechos, a partir del ataque frontal por parte del gobierno psuvista, donde secuestró todo el Poder Público Nacional para manejarlo y manipularlo a su antojo y así seguir atentando contra el poder adquisitivo de las familias, en nombre de una presunta ideología política que nunca hemos perdido de vista.

Contrariamente, la nueva boliburguesía enquistada hace ya más de dos décadas, pese algunas excepciones, de personeros que ya no están en la palestra pública sociopolítica por los mismos ataques de ambos polos, en evidentes prácticas de redes de intereses mafiosas, que conllevan a la violación de los derechos fundamentales de quiénes se les atraviesan, les estorban o les roba protagonismo. Se han enriquecido notablemente, aprovechándose del erario público, y han conformado un fuerte de grandeza, realzando sus privilegios mediante dinero mal habido, perteneciente al pueblo venezolano.

Es hora de asumir conscientemente la responsabilidad del ejercicio ciudadano y considerar el hecho político, como mecanismo de organización social para el desarrollo, no desmayemos, Venezuela es un gran y hermoso país con su gentilicio y nos merecemos dar un salto cuántico para salir de esta trama de mediocridad politiquera delincuencial, liderada por un ser que actúa como marioneta y que obstruye nuestro avance hacia el ejercicio noble de la venezolanidad



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Yasmeli Pernía Guillén

Activista por la Contraloría y la Auditoría pública y ciudadana. Merideña. Militante de Marea Socialista

 yasmeli2673@gmail.com

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