En 1810, el pueblo quiso ser participativo y protagónico; los mantuanos se opusieron. ¿Hay algo qué aprender?

El acontecer social, la acción del colectivo, está en un espacio mayor y más concurrido que lo que en la interioridad uno imagina y percibe. Y este percibir individual, mío sólo, más de las veces es ajeno y hasta extraño a lo que fuera acontece. Pudiera ser hasta contradictorio.

Los "patriotas" caraqueños de 1810, reunidos un jueves de semana Santa, un 19 de abril, se forjaron un sueño, el de ellos. En las otras provincias, pues eran varias, pese la escuela tiende a enseñar que había una sola, Caracas y aquello de la rebelión de ese año, sólo en ella aconteció, los otros "patriotas", también hicieron lo mismo por su propia cuenta. La descomposición del sistema colonial no fue un proceso inherente a Caracas sino a todas las provincias. Sólo que siempre, por circunstancias en veces no aclaradas, alguien se adelanta. Todo acontecimiento siempre empieza en un sitio y se puede hasta hallar explicaciones por qué empezó allí, pese no era ese dónde las contradicciones, condiciones estaban mejor dadas. Pudiera ser que una simple circunstancia, en veces hasta un pequeño incidente, haga estallar allí la inconformidad, lo gestado.

Detrás de lo acontecido en Caracas aquel 19 de abril, de inmediato, en cosa de horas y breves días, esas mismas manifestaciones se dieron en todas las provincias, pues todas estaban preñadas; no fue que una soliviantó a la otra o en ella "puso un huevo".

El acontecer de España y de Europa toda, de aquellos días previos al 19 de abril, se supo primero en Cumaná que en Caracas. Pues la ciudad oriental era un puerto, en aquel momento, según las cifras, más dinámico que los demás de Venezuela y por lo elemental de la posición geográfica, a ella llegaban muchas cosas primero. Incluso se llegó a hablar que, Andrés Bello, entonces residente en Cumaná, había leído la noticia de la abdicación de Fernando VII, en diario inglés llegado por Trinidad y la ocultó, pero también se cuenta como un bodeguero cumanés recién llegado de la isla colonia de Inglaterra, antes también perteneciente a la Capitanía General de Venezuela, dispersó la noticia sin querer, en páginas de diarios que de allá trajo para envolver lo que vendía. En Cumaná, como en Caracas, también, no sólo Bello, conocían el inglés.

No mucho después, ese pronunciamiento se repetirá en varias partes del continente, no por imitar a Caracas sino porque, en ellos, ya el sancocho había alcanzado su punto.

Estando en Buenos Aires, en los tiempos de la dictadura de Videla, creo que en 1980, me encontré, ¡casualidades de la vida!, con una colega en las puertas de algo así como el Concejo Municipal de esa ciudad; después de celebrar aquel encuentro, ella me manifestó su sorpresa que allí hubiese un placa que hacía alusión a los acontecimientos de mayo de 1810 en esa ciudad, donde también llegadas, un poco más tarde, las noticias de España. Para ella, nada conocedora de la historia, aquello le pareció una simple casualidad.

Pero bien sabemos, que por el carácter del modelo, la sujeción de todos estos espacios a España, lo que en esta sucediese provocaría reacciones en todas sus colonias.

Quiero, al recordar, los acontecimientos ya referidos, llamar de la mejor buena fe, se hagan las revisiones necesarias en la Venezuela de hoy, porque la inconformidad, a veces suele ser silenciosa. Se acumula, acurruca y termina convirtiéndose en un arma poderosa que puede estallar con fuerza, ruido o de manera silenciosa según las circunstancias. El Caracazo, que no necesariamente puede volver a repetirse, pues como ya dije, la inconformidad suele tomar diferentes caminos, se produjo ante un gobierno recién electo, donde el presidente había ganado con más del 65 % de los votos, muy poco tiempo antes; una fuerza extraña empujó a quienes hacía poco tiempo atrás habían elegido y aclamado a CAP presidente, por lo hecho en su primer gobierno, se desató contra él, por intentar hacer lo contrario de lo que había prometido y lo que en la imaginación popular estaba concebido. Y esta reacción de repudio o rechazo pudiera ser de votos en contra y abstenciones. No hay que llamarse a engaños y menos dejarse invadir por triunfalismos.

Poco tiempo después de aquel inusual evento de Caracas, el 19 de abril de 1810, repetido casi en cadena en varias ciudades de la Capitanía General como ya lo dijimos, Francisco de Miranda arriba a su ciudad natal invitado por factores afectos a la independencia.

Ya antes había intentado invadir Venezuela en dos oportunidades, en 1805, en la segunda llegó a Coro donde izó la bandera tricolor con sus características, la primera franja, la amarilla, más ancha que los siguientes. La franja azul, era más delgada que la amarilla, pero más ancha que la roja.

El prócer se siente a sus anchas, en la Venezuela inicialmente alzada contra el Poder español, donde se discute por declarar la independencia, se siente a sus anchas y hasta gozoso; pareciera que se estuvieran materializando sus sueños, ya a su avanzada edad. Ha vivido la experiencia de las luchas intestinas de la Revolución francesa, nada de lo que acontece en Caracas lo amilana, menos las fingidas amenazas de la nobleza acartonada y hasta chula de Caracas.

En esos días, se convoca a elegir el primer congreso de Venezuela, bajo los auspicios de la "Junta Conservadora de los Derechos de Fernando VII", resultando electo entre los 43 diputados, el general Francisco de Miranda. Pero aquel congreso, fue escogido de manera muy selectiva y con grandes restricciones. La mayoría del pueblo fue excluido de aquel acto electoral.

El Estatuto electoral, redactado por Juan Germán Roscio, designado al efecto por la Junta de Gobierno, excluyó del derecho al voto "a las mujeres, menores de 25 años, a menos que estén casados, dementes, sordomudos, con causa criminal abierta, deudores a caudales públicos, extranjeros, transeúntes, los vagos públicos y notorios, los que hayan cumplido pena corporal, aflictiva o infamatoria y quienes viven en casa de otro vecino, de su salario y a expensas o su actual vecino suyo, a menos que, según la opinión del vecindario, sea propietario por lo menos de dos mil pesos en bienes muebles o raíces libres".

"Solo participarán aquellas provincias que hubieren seguido la justa causa de Caracas: Cumaná, Mérida, Trujillo, Barcelona, Barinas y Margarita".

De hecho, para la elección al primer congreso, se ignoró a los esclavos, a quienes no tuviesen renta o no fuesen "propietarios de por lo menos una renta de dos mil pesos". Además de los jóvenes por debajo de los 25 años, se excluyó también a muchos hombres hasta libres. A estos, los esclavos, etc., se les negó el derecho a elegir y ser elegido, lo que hace del congreso una agrupación integrada y escogida por una pequeña porción de privilegiados. El congreso pues nace con una honda herida.

Por eso se escucharán llamados como:

-"Este proceso hay que profundizarlo", dice Miranda a quienes le invitaron venirse a Caracas y se le acercan.

-"Hay que incorporar más y más gente", dice a Francisco Espejo que le secunda y "Hay que atraer a los jóvenes y cuanta más gente mejor: A los más atrevidos".

Una noche antes, alguien en un pequeño círculo, después de dar sus razones para separarse de España, ir más allá de lo que los Amos del Valle y hasta las "Águilas Chulas", acostumbradas a vivir de aquella manera y temerosos de dar saltos sin saber a ciencia cierta dónde caer, dijo las siguientes palabras sin asombrar para nada a nadie de los allí presentes:

"No es que hay dos congresos. ¿Cómo fomentarán el cisma los que conocen más la necesidad de la unión? Lo que queremos es que esa unión sea efectiva y para animarnos a la gloriosa empresa de nuestra libertad; unirnos para reposar, para dormir en los brazos de la apatía, ayer fue una mengua, hoy es una traición. Se discute en el Congreso Nacional lo que debería estar decidido. ¿Y qué dicen?, que debemos comenzar por una confederación, como si todos no estuviésemos confederados contra la tiranía extranjera. Que debemos atender a los resultados de la política de España. ¿Qué nos importa que España venda a Bonaparte sus esclavos o que los conserve, si estamos resueltos a ser libres? Esas dudas son tristes efectos de las antiguas cadenas. ¡Qué los grandes proyectos deben prepararse con calma! Trescientos años de calma ¿no basta? La Junta Patriótica respeta, como debe, al Congreso de la nación, pero el Congreso debe oír a la Junta Patriótica, centro de luces y de todos intereses revolucionarios. Pongamos sin temor la piedra fundamental de la libertad suramericana: vacilar es perdernos".

Así habló aquel jovencito, de quienes andaban con Miranda desde el mismo día que este volvió a su ciudad natal, después de un toda una larga vida de guerrero y político por Europa y Estados Unidos.

-"Debemos fundar un club, un espacio, donde podamos discutir libremente los asuntos de ahora". Así, había hablado a sus amigos el general Miranda a los pocos días de estar en Caracas en frecuentes, largas e interminables conversaciones y conciliábulos.

Don Francisco Espejo, un abogado que prestó diversos servicios al régimen colonial, de gran erudición, fue uno de primeros en apoyar lo propuesto por Miranda, de esa iniciativa nace la "Sociedad Patriótica", donde antes funcionó "La Sociedad de Economía y Amigos del País", una institución fundada por la corona.

Por el espíritu de aquellos revoltosos, las sesiones de la "Sociedad Patriótica", no eran nada ocultas, además la ciudad de Caracas toda estaba enardecida; como tampoco lo eran las del Congreso Constituyente de la República con representación de todas la provincias que se habían sublevado, tanto que, muchas como Cumaná y Barcelona, con anticipación se habían declarado independiente de toda sujeción a España. Se intentaba, no sólo declararse independiente de España, sino alcanzar una tarea que los sublevados habían subestimado y creído nada dificultosa, en medio de aquel como jolgorio y festín, donde las clases dominantes hacían sólo cálculos acerca de los beneficios que aquello podría depararles, lograr que, entre aquellas provincias, que habían vivido independientes unas de otras, sin reconocerse, ni haber tenido ni siquiera relaciones comerciales, pudieran en verdad reconocerse en lo inmediato, tanto como para reconocer liderazgos y preeminencia de una provincia sobre las otras.

En aquella Junta Patriótica, se reunían "todos los exaltados, gritan, vociferan, ofenden a los moderados; dejan las ventanas abiertas para que el pueblo pueda empaparse de los discursos que se dicen en bien de la libertad y en contra de los prejuicios".

"El pueblo de Caracas, compuesto principalmente de mulatos, escuchaba con interés los argumentos que les ofrecían los medios de obtener una existencia política".

Por toda las calles de Caracas, las gritadas consignas de los oradores de la Junta Patriótica que salían por las ventanas abiertas, con los vientos vestidos con trajes de neblina, que bajaban del Ávila, corrían libremente e iban de boca en boca, sobre todo de los mulatos, de dientes blancos y brillantes y llegaban a los oídos de todos los oprimidos, incluyendo los de los esclavos que hacían el servicio de adentro de las casas, de todos que de estos poseían, y de allí saltaban a las plantaciones interioranas las del trabajo agrícola y se engordaba y cuidaba el ganado. Y por lo alto de los árboles de una hacienda corría a otra y llegaba el murmullo a las otras y las otras.



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Eligio Damas

Militante de la izquierda de toda la vida. Nunca ha sido candidato a nada y menos ser llevado a tribunal alguno. Libre para opinar, sin tapaojos ni ataduras. Maestro de escuela de los de abajo.

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