Izquierda, derecha, arriba, abajo, por delante por detras

Los análisis políticos que circulan por ahí, tienden a hacer tres cosas: "develar" (de verdad, no me gusta ese verbo) las intenciones de los personajes principales, derivar las consecuencias de alguna acción o declaración (para los efectos es lo mismo) en vistas de alguna coyuntura privilegiada, como pueden ser unas elecciones, o, tercero, justificar una táctica con pretensiones de éxito. En todo caso, para mí, los mejorcitos pueden ser insumos para reflexiones de mayor aliento, las cuales pueden ser necesarias cuando la vocinglería y el ruido ya son demasiados y confunden hasta a los más preclaros. Cuando ocurre eso, mi actitud hacia la polémica política es parecida a la de Néstor Francia: me entretiene, pero no me apasiona; como un juego entre los Caribes y los Tigres, siendo uno de la Guaira. Por ejemplo, es divertido ver cómo Ochoa Antich le batea las alusiones a Lenin, la Biblia o a la historia de Venezuela (bastante chimbas) a Julio Castillo, el nuevo ideólogo de María Corina con pasantías en el trotsquismo, el MIR, el MAS y Proyecto Venezuela de Salas Rohmer. Igual, son demasiado vulgares y elementales las diatribas de Diosdado y Mario Silva, ambos animadores de mediocres programas de TV, émulos de "Laura de América".

Definitivamente, prefiero leer libros. Por eso, me llamó la atención el texto, original de la historiadora Margarita López Maya, titulado "Chavismo e intelectuales de izquierda en Venezuela. Una exploración", que hace un capítulo del libro "La izquierda como autoritarismo en el siglo XXI", cuyo título es ya una provocación irritante para la discusión, un lema balurdo para un volumen que reúne algunos ensayos que valen la pena, como el que paso a comentar.

Me parece interesante el trabajo de la profesora López Maya, porque permite reavivar el debate acerca de los campos de la izquierda y la derecha, distinción que viene desde la revolución francesa hasta ahora. Algunos autores y políticos señalan que esa diferenciación es obsoleta y argumentan que no es exhaustiva. Adelanto que para mí tampoco lo es. Pero el hecho de no atrapar todas las determinaciones del ser, no justifica tirarla en el basurero de los esquemas inservibles. La profesora la retoma y se apoya en nada menos y nada más que Eric Hobsbawn, un maestro de la historia, de inspiración marxista, quien apunta que los contenidos de cada lado de la línea continua, han variado con la historia de la modernidad. En eso Hobsbawn y López Maya coinciden a su vez con el filósofo materialista español Gustavo Bueno, quien ha escrito un libro de mucho provecho acerca del tema.

Eso lo que quiere decir es que la ubicación izquierda/derecha sí sirve, pero el significado de cada lado depende del momento histórico que se considere. Así, durante gran parte del siglo XIX, ser de izquierda significó estar contra la monarquía absolutista y la hegemonía de una Iglesia ultramontana, y luchar por una república democrática. A finales del siglo XIX y la segunda década del XX, ser de izquierda implicaba impulsar las luchas de la clase obrera y oponerse a la guerra mundial. A partir de 1917, la izquierda se divide: hay izquierdistas que defienden la revolución soviética y se tornan leninistas (con todos sus matices), y hay izquierdistas que se pronuncian contra la revolución rusa, con sus extremismos, porque sostienen que con solo unas reformas el capitalismo podía llegar a ser una sociedad justa. Durante la Segunda Guerra Mundial, la izquierda representaba el antifascismo. Después de 1945, la izquierda se diversifica todavía más: apoya las luchas anticoloniales, las revoluciones china, cubana y vietnamita, rechaza el imperialismo norteamericano como relevo de los grandes imperios coloniales europeos. Aquella izquierda prosoviética, asumió las teorías de la dirigencia del PCUS; pero pronto el stalinismo hizo crisis y surgieron muchas izquierdas en ruptura con la URSS, desde las titoistas y maoístas, hasta las eurocomunistas, pasando por las hippies, las vinculadas a la liberación sexual, las freudomarxistas, teoría de Frankfurt, etc.

La profesora López Maya se focaliza en la izquierda latinoamericana y reseña la aparición, a finales de los sesenta, de la Teoría de la Dependencia como referente teórico fundamental, la cual constituía, de hecho, una ruptura con la teoría de las etapas formulada por Stalin en la década de los veinte como justificativo de su persecución criminal a Trotsky. Esa formulación teórica, a la cual contribuyó un grupo muy relevante de intelectuales latinoamericanos, concluía que no hay que luchar únicamente por la democracia burguesa y apoyar una fulana e inexistente burguesía nacional en su "lucha" contra el imperialismo, sino fijarse como objetivo directo el socialismo y con él, obtener la liberación nacional. Este postulado fue apropiado por la Revolución Cubana y las guerrillas de todo el continente durante parte de los sesenta. Pero después hubo otras derivas teóricas: las vinculadas a la teología de la liberación católica (casi todos los movimientos de la izquierda armada tuvieron como nacimiento una comunidad cristiana de base: Montoneros, Tupamaros, sandinistas, etc.), la ecología política (ecosocialismo), las basadas en las luchas indígenas (sobre todo en Ecuador, Bolivia, México, Brasil, etc.; mucho menos en Venezuela), las enriquecidas con el feminismo y hasta con el movimiento LGBTI. Surgió entonces, el pensamiento decolonial, la epistemología del Sur, la "Ética de la Liberación" (una teología de la liberación reencauchada) y demás derivados del "pensamiento crítico". Cuando se derrumba el "muro de Berlín" y todo el campo soviético, la profesora López Maya anota que se produce una gran "confusión" en las izquierdas (concede de hecho que hay muchas izquierdas: de acuerdo), lo cual contribuyó, no solo a su fragmentación en decenas de tendencias y grupos, sino a su absorción por parte de movimientos aluvionales como el chavismo.

Entiendo que la profesora López Maya no haya descrito la contraparte, es decir, la derecha, simplemente porque no era su objeto de estudio en su escrito, sino la actitud de los Intelectuales de Izquierda hacia el chavismo. Pero vale decir que, como la izquierda en todo este tiempo, la derecha ha evolucionado y cambiado en sus contenidos. Aquí habría que reconstruir un hilo histórico paralelo que va de defender la monarquía legitimada por la Iglesia, justificar la colonización brutal de los imperios europeos (la belga sobresale por su maldad genocida y racista), defender el poder de las grandes corporaciones y la guerra interimperialista, vacilar o hasta simpatizar con el simpático hombrecito del bigotito, para luego defenderse de la arremetida nazi, apoyar los golpes militares auspiciados por los EEUU para "contener el comunismo" durante la Guerra Fría y luego sufrir una "conversión democrática" (el caso de los democristianos, que de admiradores de Mussolini, pasaron a adoptar la "Doctrina Social de la Iglesia") y una absorción de la socialdemocracia, "Alianza para el Progreso" y adecos mediante. Lo curioso es que, a partir de la crisis del keynesianismo (teoría económica que correspondió al momento socialdemócrata de la derecha), a mediados de los setenta, la derecha se hizo neoliberal, autoritaria (Pinochet fue y sigue siendo su héroe; igual, una Thatcher que aplastó el sindicalismo en Inglaterra), hasta que adoptó ese perfil racista, machista, suprematista y hasta violadora de la legalidad "democrática" de Trump.

Aunque el título del libro donde figura el trabajo de la profesora López Maya cometa el abuso de afirmar que hoy la izquierda se define por su autoritarismo, la historiadora no llega hasta allá. Ella se limita a mostrar un ejemplo de lo que pudiéramos llamar el malestar de los intelectuales de izquierda para con las maneras bruscas y amenazantes de Chávez, especialmente agudo por una circunstancia de 2009, cuando el Comandante se disgustó por la crítica al "hiperliderazgo" de J.C. Monedero, un asesor español de su gobierno, que consiguió eco en todos los invitados en aquel recordado evento en el hoy extinto Centro Internacional Miranda, una larga lista que incluía a Martha Harnecker, Michael Lebowitz, Víctor Ríos, Maximilian Arbeláez, Luís Britto García, Rigoberto Lanz, Vladimir Acosta, Javier Biardeau, Luís Bonilla, Roberto López, entre otros. Hasta relata la profesora el hecho de que Chávez mandó revisar la nómina del CIM, como una amenaza velada a esa dependencia del Ministerio de Educación.

Por eso, el título del presente artículo. Si bien la clasificación izquierda/derecha capta algunas significaciones importantes de los campos políticos, incluso porque se entiende como un continuo espacial (es decir, que siempre se puede estar más a la izquierda o más a la derecha de una posición dada), hace falta tomar en cuenta otras dimensiones, por ejemplo, ese que se refiere al autoritarismo, la dictadura de hecho o la concentración del poder en un "jefe" que aplica decisiones saltándose incluso la legalidad republicana y cualquier consideración moral.

Un sociólogo norteamericano sugirió no quedarse en una línea con dos extremos (izquierda/derecha), sino representar un plano donde haya, además del eje de abscisas, horizontal, que indique posiciones en relación a la relación estado/economía (mayor o menor intervencionismo, expropiaciones, libertad de empresa irrestricta), otro eje de coordenadas, vertical, que indique posturas en relación al respeto de las libertades democráticas y las leyes, la mayor o menor concentración del poder en un individuo o en un grupo (un partido ya es una oligarquía). Así, habría posiciones de izquierda o de derecha autoritarias y democráticas. Pero además, podría pensarse una representación en cuatro dimensiones, que diera cuenta de posiciones, o bien independentistas o bien sometidas a alguna potencia extranjera. De esta manera, podríamos ver el determinante geopolítico, por ejemplo, de plegarse a los intereses de China, Rusia, Estados Unidos o hasta Brasil.

María Corina Machado, por ejemplo, se coloca a la derecha cuando plantea la privatización de PDVSA y una especie de discriminación hacia todo lo que oliera a chavismo, lo cual connota que aplicaría la fuerza como cualquier autoritaria para reprimir al chavismo sobreviviente (pero no mocho) de una imaginaria victoria machadista. Pero se colocó a la izquierda con el planteamiento de la despenalización del aborto y la aprobación del matrimonio homosexual. A pesar de que la Plataforma Unitaria ante las antivenezolanas declaraciones de Trump, no se conocieron las de MCM: o sea, es de derecha. Hoy, por oportunismo geopolítico, Maduro hasta promueve una melcocha teológica al rezarle a Alá (mientras su hijo se hace Pastor evangélico y él mismo le rinde ofrendas a Sai Babá en Galipán), para facilitar los acuerdos con sus "aliados" iraníes y árabes (rivales, por cierto, porque uno es shiíta y el otro, sunita: peos entre musulmanes). Además, "desaplica" leyes, concentra poderes, se hace la vista gorda de violaciones a los Derechos Humanos, promueve un abaratamiento de la fuerza de trabajo y exenciones de impuesto a transnacionales como cualquier neoliberal extremo, todo lo cual lo coloca claramente en la derecha; mientras Diosdado trata de ubicarse a la izquierda cuando ataca a Trump (quién no) por decir algo que todo derechista norteamericano piensa desde siempre: que América Latina está ahí como fuente de riquezas o "patio trasero" para el imperio norteamericano. De paso, la llamada "Plataforma Unitaria" también atacó a Trump señalando algo interesante: Rusia y China también quieren apoderarse del petróleo (¿quién no?), y Cuba hace rato que se beneficia con "regalos" del gobierno venezolano.

Todas estas son representaciones, las líneas, las abscisas y coordenadas, los planos, los mapas, los hacemos para simplificar y poder entender la realidad siempre compleja. Lo cierto es que el esquema simple de izquierda autoritaria/derecha democrática NO es apropiada, sino para efectos de propaganda caza bobos. Igual, eso aplica al esquema simple de derecha proimperialista/izquierda antiimperialista, o derecha empresarial e izquierda estatista. Claro, una de las adquisiciones más importantes de las ciencias sociales es aquella sencilla advertencia de no confundir el mapa con el territorio.



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Jesús Puerta


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