Crónicas cotidianas

Veremos qué nos dice el destino

Yamileth ya tiene un año que se vino de Colombia en donde vivió un año y medio, luego de haber vivido por ocho meses entre Ecuador y Perú. Asegura que fueron los peores 26 meses de su vida. Aceptó conversar sobre su periplo por convencimiento de su amigo Javier, quien la sedujo de que contar sobre su vida, serviría para que otros vieran que no existe un paraíso afuera. "Esos cuentos de que a la gente le va bien en esos países, es mentira. Son muy pocos los que logran guardar algo de dinero, pero tienen hasta tres trabajos y trabajan de lunes a lunes, catorce y quince horas diarias. Sabes que vaina es arrecha, tener que pararte a las seis de la mañana con la regla y bañarte para ir a trabajar y a veces el coño de madre de tu jefe, no te deja ni siquiera irte a cambiar la toalla sanitaria".

Desde el puesto de venta de frutas y verduras que comparte con un nuevo compañero, venezolano, que se trajo de Colombia, ubicado en Plaza de Toros, las narraciones a veces la ponen en silenció, como recordando y le asoman lágrimas en los ojos. "Si aquí nos quejamos de que las mujeres son maltratadas, por allá es mucho más arrecho. Las mujeres para esos carajos son lo que tienes entre las piernas y nada más. Yo trabajaba en una panadería y el tipo tuvo cuatro meses detrás de mí, y como no me acosté con él, comenzó a inventar cosas para que me despidieran. Después que me botaron, me fui con una amiga a Perú donde otras amigas estaban trabajando. Todas se rebuscan como pueden. Trabajan mucho, algunas caen directo a la prostitución y otras lo hacen a medio tiempo. Trabajaban en algún sitio, en alguna empresa y aparecía alguien que le ofrecía plata por acostarse con ellas. Pero esa es una vida muy desgraciada que la mayoría de nosotras no quiso, y algunas tenían a su marido. El mío se había quedado en Ecuador porque se encueró allá con una ecuatoriana. Así que estaba soltera, pero no me interesaba para nada el sexo, sino conseguir trabajo y dinero".

Yamileth cuenta que las personas más o menos afortunadas son las que consiguen trabajo en empresas que son filiales de trasnacionales. "Porque los tratan mejor, con ciertos beneficios, salario más menos decente y tienen horario, a lo mejor trabajan hasta sábado a mediodía. Pero eso tampoco son muchos. De mis amigas, solo dos tenían esos trabajos. Pero la mayoría trabajan como burros y nunca van a tener nada, porque más de la mitad de lo que se ganan, es para pagar servicios, más el alquiler que es la otra cuarta parte. Te queda un cuarto con el que tienes que hacer magia para cubrir el mes. Pasaje, comida, ropa, cosas de higiene personal. Es demasiado difícil. A los cuatro meses me vine de Perú a Colombia y duré más. Estando ahí, como a los seis meses me empaté con Juancho y estoy con él. Se vino conmigo, es de Duaca, pero aquí alquilamos una casita por Sesquicentenario y pude traerme a mis dos chamos que estaban con mi mamá, aunque siempre está pendiente de ellos. Compramos mercancía, vendemos, tenemos para vivir y descansamos. Podemos acostarnos temprano y compartimos con los chamos. Juancho los trata bien".

¿Te volverías a ir a alguno de esos países?

Ni loca. Yo no estaba bien aquí antes de irme, pero tenía trabajo y les compraba cosas a mis hijos. Pero me metieron la ilusión de que por allá haría mucho dinero. Pasé cosas que no le deseo a nadie. Una de mis amigas desapareció en Ecuador. Nos cansamos de denunciar. Dicen que son bandas que trafican con personas. No ha aparecido. Aquí llevamos un año y ya tenemos una platica guardada para comprarnos un carrito. Y ahora que se están recuperando las cosas. Veremos más adelante que nos dice el destino



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Rafael Rodríguez Olmos

Periodista, analista político, profesor universitario y articulista. Desde hace nueve años mantiene su programa de radio ¿Aquí no es así?, que se transmite en Valencia por Tecnológica 93.7 FM.

 rafaelolmos101@gmail.com      @aureliano2327

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