El PCV miró fijamente al chavismo, y el abismo vió dentro de él

En épocas como esta, en la que las contradicciones se revelan a cada paso, donde los sentidos están a la orden del materialismo dialéctico, al menos en los comunistas que quedan dentro del PCV y de los que afuera hacen lo propio para no ser tragados por la confusión; es necesario hablar claro, es prudente llamar a las cosas por su nombre, es urgente regresar la página y volver a leer y mirarse al espejo para saber si seguimos siendo los mismos que hace algunos años nos comprometimos a partir de conceptos que científicamente nos planteaban una verdad.

Digo esto porque hay una curiosa conducta de la que muchos de nosotros hemos sido partícipes o al menos lo hemos visto en otras personas alguna vez, ocurre cuando estamos en una carnicería y tenemos el ticket que ordena la atención del carnicero en la mano, y por más que hayamos visto con anterioridad nuestro turno, cuando cambia el contador volvemos a nuestra mano a revisar con tanta insistencia que pareciera que esperáramos que cambiase nuestro número y no el del marcador. Es una conducta parecida a la que ha tenido el Partido Comunista de Venezuela en los últimos tiempos y que en esta ocasión menciono con motivo de los más recientes resultados electorales.

Fue pasmoso observar que ante la decisión tomada previamente (durante el 15° Congreso) por la máxima instancia del partido de convocar un congreso extraordinario cuya urgencia venía dada por la necesidad de discutir un nuevo programa político, no solo se ignore olímpicamente lo acordado, sino que se suspenda el congreso ordinario que debía celebrarse como dicen los estatutos y que esto se presente como el resultado de una difícil dicotomía, cuyo elemento contrario en juego era hacerle frente a unas elecciones que ninguna sorpresa escondía y tampoco ningún saldo favorable. Que pobre criterio se ha gestado en el seno de una organización que pretende desafiar al poder y al sistema establecido. Acá parece que las cosas hace tiempo se dejaron de hacer como dictan los estatutos y los acuerdos emanados por la máxima instancia del Partido y en su defecto se hace "lo que diga Oscar" y unos cuantos buenos chavistas consecuentes.

Y volviendo a la analogía con la carnicería, el hecho de que algunos comenten que los análisis electorales de Carlos Aquino sean casi una actitud desafiante es un poco vergonzoso, porque a mi eso que un miembro del Comité Central se vea en la posición de realizar intervenciones casi quirúrgicas (evitando ser acallado rápidamente), para demostrar el fracaso del partido es casi como ver el numerito cada vez que suena el contador. Esto realmente da cuenta de el abismo que se expande en nuestro interior porque de existir un mínimo de articulación entre militantes, evidentemente el debate no parecería el de un partido de chavistas consecuentes con «desaparecer al PCV del mapa político». La "disciplina" y el centralismo democrático no serían motivo de parálisis sino de selectividad ante planteamientos que todos entenderíamos y hasta veríamos plausibles aún cuando no estuviéramos absolutamente de acuerdo o seguros con éstos, y los órganos de dirección no serían estructuras para sofocar toda iniciativa, toda crítica, sino para coordinarlas o encauzarlas, como tampoco tendríamos porque aferrarnos a nuestros errores y nuestros dirigentes. En fin se trataría de ser constantes en encontrar la manera de contribuir a permitir que se desencadenen los atributos que nos hacen humanos, reconocernos como tales, y no como meros y serviles instrumentos o insumos aparentemente despojados de voluntad y consciencia.

A medida que pasan los años ha sido cada vez más fuerte la tendencia en recaer en el marco político impuesto y determinado desde el Chavismo Oficial. Recaída que ha llegado a tales extremos que ha quedado en evidencia incluso cuando formalmente se hable de deslinde, pues pisotear los procesos necesarios y naturales del partido por un electoralismo anodino no es precisamente una estrategia revolucionaria encaminada a disputar el poder en favor de la clase trabajadora o generar conciencia de clase, esto sólo tiene como saldo la fragmentación y desmovilización de todo el espectro político que no simpatiza con el cada vez más reducido y minoritario Chavismo oficial. Ni que decir que sin haber desempeñado funciones de gobierno y ya ni siquiera ser -formalmente- ‘aliados perfectos’ del chavismo oficial salimos mucho más reprobados que él. Así, ni lavamos, ni la prestamos, la batea la queremos convertir en polvo cósmico.

No requiere grandes capacidades ideológicas resolver el asunto de si optar por seguir reivindicando unas "conquistas alcanzadas" por gobiernos reformistas del pasado que por más satisfactorios hayan parecido en su momento, aun cuando no se desempeñaron a grandes rasgos de manera mucho más destacable que los demás países de la región (incluyendo en el mismo saco países con gobiernos ‘de derecha’ o ‘neoliberales’); o de si por el contrario nos debemos parar a reflexionar, asumir responsabilidades y definir un nuevo rumbo. No es un dilema racional, ni se trata ya de deducir lo que va a ocurrir, porque ya los hechos son claros y son muy graves, en todo caso son problemas de apegos sentimentales en algunos, seguidismo, oportunismo e intereses en otros; frustración, desmoralización o miedo en muchos más, que de mantenerse nos conducen probablemente a un rocambolesco suicidio político como organización.

Si de verdad somos conscientes de que ni en este sistema, ni en este país, y ni siquiera en este partido tenemos ya nada que perder que no sean nuestras cadenas, entonces seamos – en esto sí – consecuentes y declaremos abiertamente nuestras intenciones como comunistas, que tiemblen las clases gobernantes si quieren. No perdamos más oportunidades valiosas por estar tratando de mirar fijamente a nuestro ticket a ver si cambia a nuestro favor.



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