Lo básico para caracterizar al gobierno y al Estado venezolano

Entiendo el "caracterizar" como designar el rasgo principal que define a un fenómeno. Por eso, muchas veces, se expresa con adjetivos. Otras, con sustantivos. La clasificación de los Estados, que viene desde la antigua Grecia, pasando por los pensadores renacentistas hasta rematar en los de la modernidad y la actualidad, hablan de por lo menos tres tipos básicos de Estado: la Monarquía, la Aristocracia y la Democracia. Es decir, el gobierno de uno, el de algunos y el de todos, como decía Aristóteles. Cada tipo tiene sus derivaciones o degeneraciones. La Monarquía (que significa etimológicamente "gobierno de uno") puede degenerar en el despotismo, el autoritarismo y la tiranía, lo cual separa un rasgo, el de la herencia familiar del Poder, de lo sustancial del tipo. Las aristocracias (originalmente: el gobierno de los mejores) degenera fácilmente en oligarquía, el gobierno de un grupito selecto, de una mafia, de un cogollo de lo peor (aquí, entonces hablaríamos de "oclocracia", término usado muy bien por Nicmer Evans). Finalmente, la democracia puede pervertirse en pura demagogia y hasta en anarquía que tiene, a su vez, un acepción mala (el desorden total) y una buena (el gobierno de cada quien en plena libertad). Por otro lado, hay monarquías constitucionales en las cuales el Rey y su familia se someten a las leyes que dicta un parlamento electo a la manera republicana. Es decir, que su poder se ve reducido. En fin, caben muchas mezclas.

Los Estados y sus gobiernos surgieron en la Historia, cuando hubo la necesidad de coordinar una población numerosa para acometer grandes trabajos en beneficio común (las represas de un gran río, por ejemplo) y/o resolver los conflictos que se daban dentro de una sociedad o nación. También, cuando se trataba de someter a la población de todo un territorio, tomado a fuerzas diversas, en el caso de invasiones. Hay que tomar en cuenta que la construcción de muchas naciones de hoy en día, fue justamente así: sometiendo a regiones que otrora eran autónomas. En todos esos casos, es pertinente la definición de Weber de Estado: "monopolio legítimo de la violencia". Es decir, nadie más, sino el Estado, tiene justificado usar la fuerza física para someter a alguna fracción de la población o a toda ella.

Lo de la justificación del Estado tiene que ver con su legitimidad, es decir, su capacidad de argumentar las razones que le asisten a los que mandan para mandar. De allí surgen las diferentes ideologías. Desde la tesis de la bendición de Dios, la tradición, etc., hasta los relatos modernos. Estos van desde la legitimación por la vía de la "voluntad general" del Pueblo o por lo menos de la mayoría, por la promesa de una sociedad sin explotación ni dominación, por el Bien y la Prosperidad General, por "la Gracia de Dios" (algo así como los Estados teocráticos contemporáneos: Irán, Arabia Saudita, Afganistán, etc.), por la unidad del Pueblo y la Sangre con su Tierra (promesa nazi), por el respeto de la Ley y el Orden, y…pare usted de contar.

La cosa se complica cuando examinamos al Estado (y a los gobiernos) en conexión con la sociedad donde ejerce la dominación o el Poder. Ahí, nos vemos necesitados de una teoría de la sociedad y de su historia. Los marxismos están mandados a hacer para eso. En eso, han heredado la interpretación de los que reconstruyeron la historia de la revolución francesa, no como enfrentamientos de individualidades (que también lo es), sino como choque entre los intereses colectivos de clases sociales. No es lo mismo ser siervo que ser señor aristócrata, dueño de tierras. No es lo mismo ser obrero que dueño de la fábrica. Eso se entiende fácilmente. Lo que amerita un poco más de reflexión es entender de qué hablamos cuando hablamos de un Estado de clase.

Ahí surgen fáciles los adjetivos. La vulgarización del discurso marxista hace llevar a los labios con una extrema facilidad aquello de "estado burgués" y/o "estado proletario". En realidad, Marx explicaba dos cosas diferentes. Una, que todo Estado implica el ejercicio de un Poder (la fuerza, pero también la persuasión) que funda una legislación. O sea, que las leyes vienen después de impuesto el Poder, que en eso consiste el concepto de Dictadura, vinculado al concepto clásico de un poder transitorio, de emergencia, frente a grandes calamidades como puede ser una guerra o una catástrofe natural, y la noción de "fuerza constituyente", es decir, el acto por el cual el Pueblo establece unas leyes por su Voluntad indiscutible.

La otra cosa que intentaba explicar Marx es que todo Estado debe garantizar las condiciones de orden de una organización para la producción de los medios materiales de la vida. Esas condiciones son, como se sabe, las fuerzas productivas (los medios de producción, todo aquello que permite explotar en beneficio social a la naturaleza: tierra, agua de ríos y mares, ubicación territorial, yacimientos mineros, etc.; y también la fuerza de trabajo de los propios seres humanos) y las relaciones sociales de producción, es decir, la manera cómo se organiza la sociedad para producir su vida material. Así, decir estado burgués lo que significa es que en ese estado se garantiza, a través de todo el entramado de leyes y normas, tribunales, policía, burocracia, etc., que se respete la propiedad privada sobre los medios de producción y el trabajo asalariado, como forma jurídica de una relación social de dominación.

Todavía aquí estamos en un nivel muy abstracto. Cualquiera puede ver que, si bien el Estado norteamericano y, pongamos, el haitiano, e incluso el iraní y el chino, son igual de burgueses, en la medida en que sostienen mediante la fuerza legítima (leyes) las condiciones de la producción capitalista, son muy diferentes. Sus leyes difieren, sus justificaciones ideológicas son muy distintas, y así. Además, hay que tomar en cuenta en esas diferencias que esos Estados se formaron en oposición con sus contrincantes, extranjeros y nacionales (las otras clases diferentes a la burguesa y fracciones de ella misma), y asumiendo, de diversas maneras, las tradiciones culturales para elaborar sus ideologías legitimantes.

En este marco muy general, el Estado venezolano es burgués desde hace tiempo. Casi que desde que nació en 1830. Pero ha habido muchos cambios de entonces acá. Uno de los más importantes: el cambio en la organización económica de la sociedad venezolana y, en consecuencia, las clases sociales que se han formado. Especialmente importante en ello, fue el paso de una economía agrícola (pobre, de paso) a una economía dominada por la industria petrolera extractiva. Este fue el hecho histórico básico para entender que nuestra burguesía depende del Estado para hacer lo propio: acumular capital. Fue tal el impacto de lo que empezó como un injerto hecho desde el exterior, el enclave petrolero de las grandes compañías petroleras, que cualquier otra actividad económica quedaba atrás en términos de rentabilidad. Nuestra burguesía, que nació como comercial en el siglo XIX, sólo pudo crecer como clase abrevando de la renta petrolera, canalizada por el Estado, a través de contactos, políticos, ministros claves, etc. Así, se adscribió a diferentes planes de industrialización, varias veces en función de sustituir importaciones que otras fracciones se enriquecían haciéndolas. Así, también se explica que la poca industrialización que hubo, se logró a partir de asociaciones con transnacionales. Por otra parte, también se explica que las grandes inversiones en infraestructura de este país (las carreteras, la represa del Guri, etc.) fueron hechas por el Estado.

Este esquema rentista no ha cambiado. Tampoco el carácter burgués del Estado. A nivel general, nuestras leyes, comenzando por la Constitución, sostienen el sistema capitalista. Si esto es así, ¿cómo explicar la polarización de la lucha social y política entre el gobierno chavomadurista y la oposición controlada por los Estados Unidos?

Pues que se trata de la pugna entre fracciones de burguesía. Una, más vieja, formada en momentos anteriores del Estado rentista, incluso subdividida por haber usufructuado en situaciones diversas su crecimiento como clase; la otra más reciente, a raíz del surgimiento del chavismo y sus negocios, muchos de ellos procedentes de la corrupción administrativa, de lo que Oly Millán llama "apropiación delictiva de la renta".

Por eso, los enfrentamientos y posibles negociaciones dependen de ese marco de reparto de la renta petrolera. Por eso, al final, luego de la derrota de los intentos de la oposición pronorteamericana de derrocar a Maduro, esa fracción representada por Fedecámaras intenta llegar a acuerdos con el gobierno. Por eso también, esa fracción de políticos profesionales, fracasados por múltiples errores estratégicos y tácticos, intenta sobrevivir como opción política en las negociaciones en curso.

Por supuesto, este es un gobierno con tendencias autoritarias, sostenido mediante una serie de estados de excepción, mediante violaciones de la constitución nacional y de los derechos humanos, pero, por su carácter de clase, podría cambiar algunos de esos rasgos para posibilitar un reacomodo entre las diferentes fracciones de la misma burguesía. Esto es lo básico. Por eso, es posible que se abra una "rendija democrática" donde se presente una cierta pluralidad política y hasta se pueda ir a elecciones con garantías que satisfagan lo mínimo de las fracciones enfrentadas.

Es más: ese es un escenario deseable. Pero para justificar esta última afirmación, se requiere otra explicación que intentaré redactar en otra ocasión.

 



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Jesús Puerta


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