Instrumentalización de la Biblia

La combinación poder político y justificación de su ejercicio con unos cuantos versículos bíblicos es la tendencia ascendente en América Latina. Por toda la región fructifican santones y santonas que se amparan en su particular lectura de las Escrituras para dar un tono sacaralizador a su proyecto.

El uso de la Biblia, su instrumentalización con fines de exhibir superioridad moral, busca señalar a los adversarios como rebeldes a una pretendida voluntad divina. Se recurre así a la fetichización de la Palabra, presentarla como amuleto que es enarbolado para exorcizar un territorio dominado por espíritus malignos. La fotografía que muestra a la presidenta interina de Bolivia, Jeanine Áñez, levantando la Biblia, al tiempo que afirmaba dicho libro regresaba al gobierno de Bolivia, es ejemplo de autobendición y permiso para enfrentar con todo el poder gubernamental a los "herejes" que se le opongan.

La lectura bíblica de Áñez más que fundamentalista es integrista. Me explico: en las tradiciones religiosas que tienen a un libro como normativo en cuestiones de creencias y conducta existen lecturas literalistas que desembocan en fundamentalismo, que se caracteriza por fidelidad irresticta a los principios doctrinales (normalmente esquemáticos y reduccionistas) y la plena disposición a practicarlos en cada aspecto de la vida cotidiana. El problema es cuando el acercamiento fundamentalista se torna integrista.

El integrismo es imposicionista, busca a toda costa que sus principios sean los preponderantes, si no es que los únicos, en la sociedad. El integrismo de corte cristiano también es constantiniano, considera la simbiosis Iglesia-Estado como voluntad de Dios y de allí que tenga por natural echar mano incluso de medidas coactivas/represivas para hacer buenas a las personas y que se apeguen a la moral determinada por su lectura de la Biblia. El integrismo es panóptico: todo lo incluye en su ojo vigilante, como lo adelantó literariamente George Orwell en su libro 1984. El integrismo sanciona cada pensamiento y conducta de acuerdo con un canon bien establecido por los intérpretes de los textos sagrados.

Todo integrista es fundamentalista, pero no todo fundamentalista es integrista. La que hacemos puede parecer una diferenciación ociosa, de tintes academicistas, pero en el matiz hay una distancia que es importante tener en cuenta al momento de los análisis que forman nuestras decisiones y actitudes. Lo peligroso para la convivencia de las sociedades diversas es el retorno de los tribalismos religiosos integristas inflamados de espíritu de cruzada contra los infieles, que son quienes no se ciñen a la moral verdadera definida por los iluminados.

Una lectura bíblica como la de Jeanine Áñez fue la que realizaron, a mediados de 2108, funcionarios del gobierno de Donald Trump al respaldar la separación de familias que ingresaron a Estados Unidos sin documentación. El fiscal general del Departamento de Justicia, Jeff Sessions, respondió a un periodista, quien le preguntó sobre la separación de familias: "Te citaría al apóstol Pablo y su claro y sabio mandamiento en Romanos 13 de obedecer las leyes del gobierno, porque Dios ha ordenado el gobierno para sus propósitos". Los procesos ordenados y legales son buenos en sí mismos. La aplicación consistente y justa de la ley es cosa buena y moral que protege a los débiles y protege lo lícito. Nuestras políticas, que pueden resultar en separación de familias en el corto plazo, no son inusuales o injustificadas. Por el mismo rumbo se fue la secretaria de prensa de la Casa Blanca, Sarah Huckabee Sanders, quien atajó a un reportero que la increpaba por la brutalidad de aislar a niños de sus familiares: "Es muy bíblico aplicar la ley, esto se repite muchas veces a lo largo de la Biblia". Sessions y Sanders la hicieron de improvisados hermeneutas y justificaron los excesos del poder en una lectura opresiva de la Biblia.

Una lectura prejuiciada y hermenéutica endeble puede hacer decir cualquier cosa a la Biblia. Sin embargo, la Biblia no dice cualquier cosa. Las lecturas descontextualizadas, desconocedoras del mundo sociocultural bíblico, que aíslan pasajes del flujo general de una Revelación que es progresiva y alcanza su culminación en Jesucristo, el Verbo encarnado, incurren en algo que podemos llamar neofariseísmo que privilegia un acercamiento literalista a la Palabra.

Una anécdota: en un círculo bíblico se estudiaba Marcos 14:7, donde Jesús dice: "A los pobres siempre los tendrán con ustedes". Quien dirigía el grupo preguntó qué significaba tal dicho. Un hombre bien vestido afirmó: "es voluntad de Dios que haya pobres". En cambio una mujer de manos callosas y de escasos recursos (como la viuda pobre que Jesús puso de ejemplo en Lucas 21:1-4) opinó: "eso significa que siempre habrá explotadores". La lid contra el discurso opresivo también es semántica.



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La fuente original de este documento es:
La Jornada (https://www.jornada.com.mx/2019/11/20/opinion/019a2pol)



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