Convéncete, la única salida para Venezuela es producir lo que consume

“Hay un pasado que se fue para siempre, pero hay un futuro que es nuestro.”

Ricardo Belmont Casinelli: Pastillas para levantar la moral.

Tanto el “gobierno dizque revolucionario y socialista” como la “dizque oposición democrática venezolana” pretenden convencernos de que ellos pueden ser la salvación del pueblo venezolano. Las cúpulas constantemente viven haciéndonos promesas que nunca cumplirán; nos aseguran que nuestra situación cambiará en un futuro muy cercano siempre y cuando les demos nuestro apoyo y depositemos en ellos toda nuestra confianza. Nada hay más falso, engañoso y ridículo. Viven inventando diálogos entre ellos y haciendo pactos, en donde el pueblo no es tenido en cuenta para nada. Mientras tanto, el pueblo sufre, haciendo indignantes colas para conseguir un miserable bono, algunos alimentos, medicinas y todo tipo de productos y servicios de primera necesidad.

Si el pueblo venezolano no se despierta y deja de creer en pajaritos preñados, nunca logrará salir de la miseria en la que lo han tenido sumergido por tanta ingenuidad.

Por ahora, unos ofrecen los miserables bonos, las cajas CLAP, el carnet de la patria y la protección de chinos y rusos. Los otros prometen el Sueño Americano y la felicidad de ser amigos de los gringos. Todo lo que hacen y dicen las cúpulas es para mantenernos engañados y esperanzados en un futuro que todos sabemos incierto, pero no tienen, ni nos muestran, ni nos permiten conocer ningún proyecto o plan coherente para el pais, sino por el contrario, sus intenciones son acabar de entregar las riquezas de Venezuela a las corporaciones extranjeras.

Pero lo más importante es lo que nó mencionan, o nos ocultan, como son nuestros cuantiosos y valiosos recursos naturales: las mayores reservas petroleras del planeta, las inmensas concentraciones de gas, las grandes minas de oro, bauxita, hierro, coltan y muchos otros minerales distribuidos en el Arco Minero, abundantes fuentes de agua dulce, praderas inmensas y tierras fértiles y el mejor clima del planeta. Pero por otra parte, el más importante de todos nuestros recursos: nuestro recurso humano, huye despavorido de su país en busca de lo que aquí le sobra, como son las enormes riquezas, la alegría, la generosidad y hospitalidad de su gente, la excelente y sana comida, las incomparables playas, el trabajo variado, suave y placentero, etc.

¡Cómo cuesta entenderlo!

La clase trabajadora y en general el pueblo organizado en asociaciones, sindicatos, colegios de profesionales, periodistas honestos, estudiantes y demás agrupaciones deberían conformar un frente común con el objeto de hacerle “un parao” a este par de cúpulas corruptas, ineptas e insensibles y por demás serviles y dóciles a los intereses extranjeros, para sacudirse de una vez por todas del yugo de sus majaderías.

Para superar la crisis estructural y multidimensional que azota actualmente a Venezuela, es indispensable una total y profunda transformación.

La apuesta por el progreso sin producir lo que necesitamos, es inviable y está condenada al fracaso. Tampoco es viable un pueblo con un mísero salario de dos dólares mensuales, insuficiente para satisfacer las necesidades básicas y poder vivir con dignidad.

Por otra parte, nadie está dispuesto a protegernos y alimentarnos a cambio de nada. Si lo hace es para expoliarnos, para explotarnos, para someternos.

La única salida para Venezuela consiste en recuperar y aumentar sustancialmente nuestra producción nacional, pero para lograr este objetivo, ante todo debemos combatir la nefasta corrupción, hasta barrerla y extinguirla totalmente de nuestra cultura.

¡La corrupción es tal vez la más fatal consecuencia del capitalismo y el peor de los males. Debe ser señalada, estigmatizada, perseguida y castigada!

La corrupción es el origen y consecuencia de todos los males: del nepotismo, del amiguismo, del influyentismo, etc. Es la causa principal del desborde delictivo que hay en el país y se origina en los más altos niveles del gobierno, pero a todos nos perjudica. Es querer enriquecerse sin trabajar. Nada ha hecho más daño a la sociedad, que la corrupción pública y privada.

Los corruptos son malvados y despreciables, pero no obstante, son altivos y prepotentes, andan orondos y se sienten orgullosos de su comportamiento, son ostentosos porque cuentan con la impunidad de sus actos y además se sienten merecedores de respeto. Son crueles, presumidos, superficiales y vanidosos. Para ellos, toda persona tiene un precio. Para ellos ser corrupto es ser inteligente, es pisotear a los demás, es tener influencias, es tener éxito sin importar los medios, es ser un “vivo”. Esa mentalidad tenemos que extirparla, tenemos que barrerla como se barren las escaleras: de arriba para abajo. De otra manera no será posible.

Después de acabar con la corrupción, lo primero que tenemos que hacer es fortalecer la economía popular y para lograrlo es imprescindible eliminar los perversos bonos, las perniciosas cajas CLAP y destinar el Carnet de la Patria para unos fines más útiles y funcionales, como por ejemplo, sustituir y modernizar la cédula de identidad.

Ante todo, necesitamos un gran Proyecto Agrícola Nacional, debemos desarrollar urgentemente la agricultura y la producción de alimentos primarios y derivados de alta calidad. Hemos llegado a tal grado de retroceso en nuestra economía que tendremos que comenzar como comienza toda civilización: con la producción de alimentos.

Ver: http://propuestaagricolanacional.blogspot.com/

En todos los municipios del país se deberian crear y reactivar cuanto antes, microempresas y miniempresas productivas con el fin de generar como mínimo tres millones de puestos de trabajo en los primeros seis meses y alcanzar en un tiempo suficientemente razonable, unos 15 o 20 millones de trabajadores y trabajadoras para satisfacer inicialmente el mercado interno de productos básicos y posteriormente poder abastecer el mercado internacional.

Con el desarrollo de la agricultura se dinamizará la agroindustria, la agricoindustria, el transporte, la construcción, las comunicaciones y todo el resto de la economía nacional, generando millones de empleos bien remunerados, al mismo tiempo que mejorará la calidad de vida del pueblo venezolano, aumentará la capacitación laboral, y en consecuencia, el empleo para muchos jóvenes que hoy están abandonando el país en busca de trabajo y mejores condiciones de vida.

Tenemos tierras, aguas, petróleo, hiero, aluminio, maderas y materia prima en abundancia y solo necesitamos producir y transformar una mayor cantidad de productos primarios y secundarios o derivados. Debemos impulsar y crear inicialmente pequeñas y medianas unidades productivas de alimentos y productos básicos, como carnes, frutas, leche, plátanos, maíz, caraotas y sus derivados como harinas, aceites, jugos de frutas, pan, arepas, caramelos, pastas, comidas procesadas, utensilios, pinturas, jabones, etc. en todos los municipios de país, dando prioridad a nuestras empresas nacionales por sobre las transnacionales.

Cuando la producción es realizada por empresas transnacionales, los precios de los productos al consumidor nacional son más altos y generan inflación pues las ganancias son repatriadas a sus respectivos países de origen. Igualmente, estimulan el consumismo exagerado.

En el mundo entero se producen excelentes equipos y pequeña maquinaria para elaborar y procesar todo lo anteriormente mencionado, lo cual nos permite dar los primeros pasos en la primera etapa de la producción.

Venezuela en particular, no tiene derecho a permitirse el absurdo lujo de tener la mayor parte de su población desocupada y en situación marginal, huyendo del país, sin la posibilidad de tener un trabajo digno y bien remunerado en su propia tierra.

Una de las razones del éxodo de venezolanos en los últimos años es, sin duda alguna, la falta de fuentes de trabajo en el interior del país, que se debe en gran medida a la regaladera de bonos con que el gobierno pretende solucionar el problema de la pobreza. El pueblo venezolano no necesita ni bonos en dinero, ni cajas de comida de mala calidad. Lo que necesita el pueblo venezolano es el estímulo de una buena capacitación laboral con la garantía de un trabajo honesto, digno y bien remunerado o el asesoramiento y financiamiento para establecer una empresa productiva. Eso es lo que debe promover el gobierno en todos sus niveles.

Poco a poco deberemos ir conformando la organización de estas pequeñas empresas o unidades productivas con el objeto de estandarizar la producción en cuanto a calidad, empaque, presentación, precios, etc., para lo cual se requiere la coordinación de los diferentes institutos tecnológicos y universidades del país.

Igualmente debemos destinar y contar con instituciones y bancos apropiados y específicos para atender y financiar con prontitud y eficiencia estas pequeñas y medianas unidades de producción. Tengamos presente los buenos ejemplos que nos muestran las experiencias que han tenido algunos países como Japón, Corea del Sur, China, etc.

Desde el pueblo organizado pueden surgir los mejores planteamientos para generar nuevas políticas y así ir transformando nuestro modelo de producción para dejar en segundo plano el modelo rentista que tanto daño no ha hecho durante casi cien años.


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Gilberto Hernández Ortíz

Graduado en la universidad Nacional de Colombia en Licenciado en Ciencias de la educación especializado en el área de Física y Matemáticas Postgrado en Educational Media en la Universidad de North Carolina A&T State University año 1984 - Greensboro, N.C Prof. Jubilado de la Univ. de Oriente (Núcleo Anzoátegui)

 gilnandez@hotmail.com

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