Fundamentación histórica de la unión cívico-militar para la defensa de la patria

Los sucesos ocurridos en la frontera venezolana el 23 de febrero del año en curso, son demostrativos de la esencia del actual conflicto político (nacional e internacional) que acogota al país. Por una parte, el imperio se despojó de su careta diplomática y asumió de frente, la tarea de derrocar vinolentamente un gobierno democráticamente electo, llevándose por delante toda la decencia del derecho internacional. Al mismo tiempo, este asedio imperial envuelto en la llamada guerra de "iv generación", fue resistido exitosamente por la unión cívico-militar(la calle más el ejército) de la revolución bolivariana. De esta manera, el imperio y su cipayaje latinoamericano han comenzado a entender aquella frase del Comandante Chávez cuando declaró que esta era una revolución "pacífica pero armada". En consecuencia, las pretensiones imperiales tendientes a balcanizar el territorio venezolano para esquilmarnos la riqueza minera y la biodiversidad, deberá enfrentar la sólida muralla cívico-militar, gestada de los tiempos aurorales de la república. Quedando así firmemente afincada en la historia inmediata del país, la disposición de nuestro ejército a defender como gato panza arriba, la renta internacional que nos deparan los hidrocarburos y demás minerales que subyacen en el territorio patrio; así como también, su distribución democrática entre todos los nacionales, tal como lo dispone la Constitución de 1999.

Lo paradójico de toda esta situación de resistencia política frente al imperio más poderoso del planeta tierra, radica en que de las tres patas internas sostenedoras del proceso revolucionario bolivariano: -La calle, el Petróleo y el Ejército-, el pueblo sabe muy poco de las grandes conquistas que en materia de soberanía petrolera hemos alcanzado en los último cien años, así como tampoco sabe de la actuación estelar de los hombres de armas criollos en la edificación de la república, la solidificación del estado nacional y en la defensa de nuestro principal rubro exportable.

En lo que sigue y con toda la intención de convertir en conciencia nacional la unión cívico-militar, intentaremos fundamentar la presencia del ejército como institución rectora que ha galvanizado a la sociedad venezolana desde del siglo XIX hasta la actualidad.

En una de sus más afamadas frases, Simón Bolívar declaró: "Colombia será una universidad, Ecuador un convento y Venezuela un cuartel". Esta frase ha sido interpretada por un analista venezolano como la justificación del militarismo en estas tierras, fundado por el propio libertador de Venezuela 1. En contrario, el diario El Espectador de Bogotá sobre la misma frase comentó lo siguiente:

| Lo primero que hay que decir es que si bien Bolívar creía que Colombia era una universidad, no por ello pensaba que este país fuera algo así como la encarnación tropical de la Ilustración francesa, es decir, de la libre discusión de ideas y opiniones. Algo va de la ciudad de París a mediados del siglo XVIII a la ciudad de Bogotá a principios del XIX. Las universidades colombianas eran ante todo facultades de Teología y de Derecho regidas por la Iglesia católica. Por eso Bolívar pensaba que la libertad y el progreso estaban más del lado de los cuarteles que de las universidades…2

En lo referente a nuestra patria, Bolívar recogió con la citada frase, lo que comenzó a ser una evidente realidad a partir del destape de la guerra de independencia, o sea, la preeminencia político-ideológica de la institución armada en la sociedad venezolana, sustituyendo a la rancia iglesia católica que había sentado su hegemonía cultural en estos menesteres, a partir de los comienzos de la conquista y colonización territorial por los invasores hispánicos.

Si bien en todo el periodo colonial, la iglesia como aparato del estado metropolitano, fue la institución que garantiza la reproducción de las relaciones sociales de explotación impuestas por el conquistador, la CUESTIÓN MILITAR también comenzó a gestarse desde los días iniciales de la invasión ibérica. Fueron nuestros pueblos aborígenes los que primero repelieron al invasor europeo, a través del expediente de guerras de todas las tribus, denominada también CONFEDERACIÓN DE PUEBLOS INDÍGENAS liderada por Guaicaipuro 3. Esta recia resistencia indígena le costó al invasor, más de un siglo de sangrientos enfrentamientos para someter a los bravos guerreros originales de estos linderos; fenómeno que no ocurrió con las conquistas de México y del Perú.

Simón Bolívar siendo conocedor de estos avatares indígenas, pronunció la frase en comento; sin embargo, fue en el Discurso de Angostura de 1819, donde la referida frase alcanzó su plenitud por las siguientes consideraciones:

1.-En la primera frase de dicho texto queda claramente establecido que la soberanía popular, fuente de todo poder, ha sido convocada bajo el escudo protector de los hombres de armas a su cargo. Para El Libertador no puede haber soberanía sin ejército.

2.- Los hombres de armas conforman una cofradía de notables ciudadanos que la república debe enaltecer y considerar para los altos cargos de la nación. En palabras de Bolívar:

los Libertadores de Venezuela son acreedores á ocupar siempre un alto rango en la República que les debe su existencia Creo que la posteridad vería con sentimiento, anonadados los nombres ilustres de sus primeros bienhechores: digo más, es del interés público, es de la gratitud de Venezuela, es del honor Nacional, conservar con gloria, hasta la última posteridad, una raza de hombres virtuosos, prudentes y esforzados que superando todos los obstáculos, han fundado la República á costa de los más heroicos sacrificios. Y si el Pueblo de Venezuela no aplaude la elevación de sus bienhechores, es indigno de ser libre, y no lo será jamás.

3.- Estos guerreros por la independencia que hunden sus raíces en los pueblos originarios, los guía una sola bandera: la consecución de la libertad del género humano. Dice Bolívar en el referido Discurso:

Nada ha podido llenar los nobles pechos de nuestros generosos guerreros, sino los honores sublimes que se tributan á los bienhechores del género humano. No combatiendo por el poder, ni por la fortuna, ni aun por la gloria, sino tan solo por la Libertad, títulos de Libertadores de la República son sus dignos galardones

4.-Los guerreros que conquistaron la independencia de casi toda la América del Sur, tienen derecho a ser recompensados materialmente con los bienes de la república, por los servicios prestados y por el rol que están llamados a desempeñar en el naciente estado nacional. En tal sentido, Bolívar sentenció:

Hombres que se han desprendido de todos los goces, de todos los bienes que antes poseían como el producto de su virtud y talentos: hombres que han experimentado cuanto es cruel en una guerra horrorosa, padeciendo las privaciones más dolorosas y los tormentos más acerbos; hombres tan beneméritos de la Patria, han debido llamar la atención del Gobierno; en consecuencia he mandado recompensarlos con los bienes de la Nación. Si he contraído para con el Pueblo alguna especie de mérito, pido á sus Representantes oigan mi súplica como el premio de mis débiles servicios. Que el Congreso ordene la distribución de los Bienes Nacionales, conforme a la Ley que á nombre de la República he decretado á beneficio de los Militares Venezolanos.

En el Discurso de Angostura, Bolívar le sacó carta de ciudadanía al ejército venezolano, como actor fundamental en la vida política de la nación que estaba estrenándose. A partir de entonces, el ejército nacional en sus dos versiones constitutivas (la de los libertadores y la del Castro-Gomecismo), va a estar desempeñando un papel de primer orden en la conducción de los asuntos de la patria. El ejército de los libertadores se diluyó en las montoneras caudillistas de los primeros setenta años de la república. El papel marginal que Venezuela jugó en la división internacional del trabajo, la condenó a una era de violencia y guerras civiles. Durante estos años no tuvimos un bien natural apetecido por el mercado mundial que rindiera una renta suficiente como para erigir un sólido poder centralizado y un estado fuerte.

Con la Revolución Restauradora de 1899, encabezada por Cipriano Castro asistimos a la segunda versión del ejército venezolano.

A partir de entonces, apareció una institución armada de carácter nacional que poco a poco fue adquiriendo conciencia institucional. La tríada Jefe-Ejército-Administración impuesta por Juan Vicente Gómez (1908-1935) estabilizó definitivamente el Estado-Nación en estas tierras, también sirvió para que nuestro ejército formado por el Gomecismo, se estrenará combatiendo a un sector de nuestras clases dominantes: los latifundistas que intentaron desestabilizar al Gomecismo en sus primeros años, fenómeno político que los historiadores han denominado como la oposición oligárquica a la dictadura gomecista.

El objetivo político de integración nacional propuestos por los andinos se encontró con la férrea oposición del caudillaje ancestral que se había adueñado del país en el periodo post independentista. Por consiguiente, la tarea inicial del binomio Castro-Gómez fue derrotar política, económica y militarmente a los señores de la tierra como expresión de poder de un país fragmentado. Con la finalidad de alcanzar esta meta, Cipriano Castro se empeñó en erigir un ejército, con suficiente poder de fuego que fuera imbatible por las montoneras latifundistas. Juan Vicente Gómez profundizó la consecución de este objetivo con la creación de la Academia Militar en 1912. Sin embargo, la sola represión no fue suficiente para domar a los terratenientes alzados en armas contra el andino invasor; en consecuencia, a J.V.Gómez le tocó dar un paso más en la búsqueda de liquidar el poder político del latifundismo y a tal efecto, desencadenó un proceso fraudulento de transferencia de la propiedad territorial de manos de los antiguos oligarcas antigomecistas, hacia las manos de los jefes de la Revolución Restauradora, tal como lo señala Luis Cipriano Rodríguez al comentar la terrofagia de los andinos recién llegados al poder: "Tierras baldías y ejidos, así como hatos, fundos y haciendas pertenecientes a familias oligarcas —arruinadas económicamente o derrotadas políticamente— fueron las bases de las nuevas apropiaciones"5 Mediante este expediente, el Gomecismo liquidó la base material que alimentaba a la montonera caudillista, condición necesaria para superar la frustración estatal heredada del siglo anterior.

La raíz antioligárquica del ejército castro-gomecista, no solamente se puso de manifiesto en la transferencia de la propiedad territorial de la vieja oligarquía hacia los nuevos régulos andinos, sino que fue aún más radical, cuando con su apoyo, el gobierno gomecista dio inicio a la política petrolera nacionalista-rentística, a partir de 1914, con el decreto de Márquez Bustillo, declarando inalienables y no negociables las riquezas nacionales del subsuelo patrio, corrigiendo de paso el decreto minero-liberal bolivariano de 1829. El nacionalismo petrolero del militarismo gomecista recibió un gran impulso con la Ley Petrolera de 1920, donde quedó sancionado el principio de la "propiedad nacional estatal" del petróleo venezolano, base jurídica para montar el petro-estado que hoy día conocemos.

El segundo empuje nacionalista-petrolero-militar lo dio el presidente Eleazar López Contreras (1935-1941), cuando intentó de manera infructuosa, apoderarse de las superganancias del capital petrolero internacional que operaba en el país. Sin embargo, dejó claramente establecido el criterio según el cual, con la soberanía política de la nación, se podía cambiar el entramado jurídico que envolvía las concesiones petroleras, dando origen a una legislación más nacionalista.

El tercer jalón nacionalismo-petrolero-militar lo concretó el general Isaías Medina Angarita (1941-1945), cuando aprovechando las contradicciones interimperialistas, logró imponer una nueva ley petrolera en 1943, llevando nuestra soberanía petrolera a las estrellas, pues, no solamente se aumentó significativamente la renta petrolera internacional, sino que también, por primera vez y con éxito, se utilizó el petróleo como arma geopolítica. Medina Angarita le ganó una trascendental batalla al imperialismo petrolero de su época.

El cuarto arresto nacionalista-petrolero-militar lo alcanzó el general Marcos Pérez Jiménez (1952-1958), cuando desmontó las banderas adecas centradas en la política de "no más concesiones petroleras" y el fifty-fifty; además, profundizó la competencia por el petróleo venezolano, al abrirle las puertas a las empresas que no formaban parte del Cartel petrolero de las Siete Hermanas. Pérez Jiménez fue aún más lejos en materia de nacionalismo petrolero, al elevar la regalía petrolera hasta un 25 % y sembró la idea de crear una organización defensora de los intereses petroleros de los países periféricos, o sea, la futura OPEP.

El quinto y último envión nacionalista-petrolero-militar lo dio el más emblemático guerrero salido de los cuarteles de la patria: Hugo Chávez Frías. Este aguerrido comandante no solamente visualizó los tres ángulos del poder en Venezuela: Ejército-petróleo y la calle, sino que al mismo tiempo, amalgamar en un solo compromiso político y geopolítico el destino histórico de la nación. Con Chávez el ejército salió de los cuarteles para defender la valorización de la fuerza del trabajo y de los bienes naturales del país, así como también, para imponer una nueva redistribución de la renta petrolera, tanto en el plano nacional como en el interamericano. El comandante resumió el gran legado de los gobierno militares que le precedieron, sobretodo el de Medina Angarita y Pérez Jiménez. Otra vez, un presidente venezolano usó con éxito el petróleo como arma geopolítica y puso a temblar el imperio anglo-yanqui-israelí. Tres fantasmas anticapitalistas emergieron redivivos con Chávez: El nacionalismo petrolero, la tentación rentista y el socialismo. A partir de 1998 con la llegada de la revolución bolivariana, la unión cívico-militar, que hunde sus raíces en la resistencia indígena frente al invasor hispánico, se puso los pantalones largos de la historia, al anotarle al cambio antiimperialista y anticapitalista.

En atención a esta fundamentación, consideramos que los avatares que corre la patria en estos tiempos de transición hegemónica, donde el imperio más poderoso que ha parido la humanidad amenaza a los pueblos periféricos con una recolonización, tendiente a subsumir su fuerza de trabajo y sus bienes naturales, solamente será resistida con el escudo de la unión cívico-militar que nos ha legado nuestra historia. La independencia y la soberanía de la nación hoy más que nunca dependen de este par categorial, tal como lo dibujó El Libertador en su Discurso de Angostura.

La consideración bolivariana de que Venezuela era un cuartel, ha tenido dos lecturas historiográficas. La primera proveniente de la pluma manipuladora de Rómulo Betancourt, para quien los hombres de armas venezolanos eran la personificación de regímenes políticos oprobiosos, corruptos, entreguistas y conculcados de las libertades y derechos humanos. Esta visión adeca de la cuestión militar cargada de negatividad y oscurantismo, fue inoculada a la sociedad como expediente utilizado por su máximo líder para legitimar su lucha contra el Gomecismo y postgomecismo. Dicha visión impregna la historiografía contemporánea del país, tanto desde el lado liberal- socialdemócrata como en la propuesta marxista-leninista criolla.

La segunda lectura de la referida frase de Bolívar, se nos antoja más puesta en razón. Es la que procede del lado colombiano manifestada por el periódico El Espectador (ver supra). Según esta visión, Bolívar lo que quiso decir fue que tanto Ecuador como Colombia, representaban lo más retrógrado de la patria grande, pues allí se anidaban la teología, el derecho canónico y la iglesia; mientras que de los cuarteles emanaba la libertad, las ideas liberales y la lucha contra el absolutismo hispánico. La nueva manera de vivir de la América hispana no salió de las universidades ni de los conventos neogranadinos, sino que brotó de los cuarteles libertarios. Consideramos que esta es la lectura entre líneas del Discurso de Angostura.

En conclusión, hoy cuando la patria está amenazada por las apetencias imperiales de una hegemonía capitalista decadente, pero voraz de bienes naturales, la salvaguarda de la independencia debe centrarse en la unión cívico-militar, pues, los hombres de armas junto a nuestro pueblo son lo que históricamente han llevado la llama de la libertad hasta los confines de este continente. Mas sin embargo, para sacarle carta de ciudadanía a este par categorial, es de urgente necesidad alfabetizar a este pueblo tanto en la historia de la cuestión militar, así como también en la historia de la cuestión petrolera.

Se impone la desadequizacion de la historia contemporánea de Venezuela. Petróleo, calle y fuerzas armadas constituyen la muralla inexpugnable de nuestra soberanía nacional. Venezuela es un cuartel.

NOTAS

1.- Ibsen Martínez. El cuartel. https://elpais.com/elpais/2014/08/04/opinion/1407174186_676939.html

2.-El Espectador. Un cuartel y un convento--18 Jun 2010 –

El Espectador. https://www.elespectador.com/impreso/articuloimpreso-209206-un-cuartel-y-un-convento

3.-OVIEDO Y BAÑOS, JOSÉ DE. HISTORIA DE LA CONQUISTA Y POBLACIÓN DE LA PROVINCIA DE VENEZUELA

4.-Simón Bolívar. Discurso de Angostura. https://storicamente.org/sites/default/images/articles/media/1880/Bolivar_Discurso_de_Angostura.pdf

5.- Rodríguez, Luis. "Gómez y el agro". En Pino Iturrieta, E. (comp.) Juan Vicente Gómez y su época. Caracas. Monte Ávila. 1993, p.112.


 



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Humberto Trompiz Vallés

Historiador y profesor universitario jubilado, especializado en historia petrolera de Venezuela.

 htrompizvalles@gmail.com      @trompizpetroleo

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