Binóculo Nº 234

Una Trump-ada a la inteligencia

Un gran amigo, que hace años abandonó la militancia política para incursionar en la religión, hoy reluciente pastor evangélico, conversaba conmigo hace poco y me aseguró que estaba cerca el fin de la humanidad, producto del castigo divino al que seríamos sometidos los mortales por nuestras taradeses y nuestras ambiciones, alejados de la espiritualidad y cada vez más ansiosos de lo material.

Bajo esa premisa, creo que el triunfo del todo poderoso Donald Trump, le daría la razón a mi amigo, es decir: pareciera que se acerca el fin del mundo.

Salvo cuestiones de forma y no de fondo, era lo mismo que ganará Trump o Clinton. Ambos son pro judíos, ultraderechistas, al servicio de la oligarquía estadounidense, lacayos de la banca, enemigos de todo aquello que huela a tercermundismo y racistas por nacimiento y por militancia. Ninguno de los dos va a hacer nada en favor del pueblo estadounidense, ni de los 30 millones que comienzan a morir de hambre, ni de los 70 millones de consumidores de droga, ni de los 80 millones de gordos, que en el caso de ese país, es un problema de Estado, pues ese es casi tres veces la población de Venezuela, cuyo sobrepeso está por encima de los 80 kilos.

Ambos candidatos incluso arreciarán la crisis con el problema racial, impulsando o solidarizándose con organizaciones con el Ku Klux Klan, la poderosísima Asociación Nacional del Rifle, dos organizaciones más fascistas que las SS alemanas, y miles de organizaciones racistas, segregacionistas, ultraderechistas, fanáticas religiosas y todo lo demás.

Porqué suponer que harían un gobierno distinto cuando son simples empleados al servicio de la banca y de los halcones del Pentágono. Cabe aclarar que Trump es millonario, pero no oligarca, es decir, no pertenece al selecto club de los apellidos de ese país, descendientes directos de ingleses, irlandeses y holandeses, que no se ven, no son públicos ni mediáticos, pero son los que mandan. Una burguesía vinculada a su vez al Club Bildelberg y a apellidos como Rosthchild, Goldman y una larga cadena de etcéteras. Es decir, las 130 familias que controlan el mundo. El nuevo presidente no entra en ese ranking. Es además, quizás un poco más tarado y menos cínico que Hillary, pero no es distinto.

Las campañas de ambos candidatos estuvieron centradas en el voto de la clase media, o eso que Lenin llamó la pequeña burguesía. Es un sector muy poderoso de la economía y de las decisiones cotidianas de ese país y todo mandatario quiere tener influencia sobre ella. Pero los asesores de Trump no erraron la estrategia, concentraron la campaña en los cuatro estados industriales que mermaron su capacidad económica y se habían venido a menos: Michigan, Ohio, Pensilvania y Wisconsin. A esa campaña le sumaron un discurso encendido de regreso al pasado cuando los blancos caminaban por las calles, los negros eran ciervos y los latinos cachifos que hacían cualquier cosa con la cabeza gacha. ¿Cómo no iba a encantar ese discurso en los estados del sur donde la esclavitud algodonera se mantiene bajo otros parámetros y con otra simbología? También tuvo la alianza de las más groseras y racistas organizaciones de la ultraderecha, de las que algunas sostienen que todo niño que nace con defecto debe ser sacrificado.

Es decir, Trump está prometiendo unos Estados Unidos que no es posible volver a ver, comenzando por las profundas contradicciones de esa sociedad, cada vez más sumida en sus desastres. Habrá sin duda, una política orientada a construir una clase social de la excelencia. Eso lo harán con lo más conspicuo de la clase media, con su ejército, sus policías, sus universidades y su confort. Y además, convencerá a esa clase media de que deben invadir otros países para acabar con el terrorismo, no importa a costa de qué. También culpará a rusos y chinos de la crisis gringa y a Maduro de que aumente el precio de la gasolina y se incremente los impuestos por uso de energía proveniente del petróleo. Ese sector de la clase media votó por un narcisista, misógino, mentiroso, racista, simplemente porque no conoce la realidad de mundo. Solo desea volver a los "viejos tiempos" cuando los negros no violaban a las personas ni mataban a la gente. 60 millones de esos votantes creyeron en Trump, pero otros 60 millones creyeron en Hillary. Eso significa que es un país bien jodido que espera el retorno a la grandeza del american way of life después de la Segunda Guerra Mundial, primer paso para abandonar este planeta y enrumbarse a nuevos sinos.

La otra parte del tema es el triunfalismo absurdo del partido demócrata. Subestimaron a un "loco" que decía incoherencias y resulta que el loco pasó coleto con ellos. De paso teniendo el poder en ambas cámaras. Una muestra más de que en política nunca se sabe porque la dialéctica exige el análisis global, sin perder variables. Debería ser una lección aquí en la región. Muestra de ello fue la derrota en los cuatro estados mencionados, siempre demócratas, hoy republicanos.

No solo es una curiosa forma de los gringos de ver las cosas, sino una peligrosa visión inmediatista. El problema está en que así es el común de los seres humanos. No están formados ni preparados para que les importe nada más allá de ellos mismos y su entorno. Y más una clase media absolutamente estupidizada que es feliz sin hace parrilla los fines de semana, se puede ir un fin de semana al lago o la playa más cercana, puede mandar a los hijos a la escuela, ver la televisión todo el día y reunir dinero toda la vida laboral para pagar la universidad cuando sea el momento. Si eso se mantiene en orden, no les importa quién gobierne, todos serán iguales. Pero en realidad todas las clases medias de todas las sociedades son así. No les importa absolutamente nada más allá de sus intereses.

De tal manera que el triunfo de Trump es, por decirlo de alguna manera, la evidencia de que la política está involucionando y de que se avecina una nueva generación de líderes sin aspiraciones de estadistas, con una visión simple de la solución de las cosas. No habrá disfraces ni discursos en torno al interés por los problemas sociales. Los pobres que deban morir, que mueran, los negros que deban ser asesinados, que los asesinen, y la segregación que exista como una forma de contener el avance de todo aquello que no sea una raza, más que una clase. Es la estupidización de la política, no solo en Estados Unidos, o no es igual de estúpido el presidente de México, o el narcotraficante de Paraguay, o el troglodita de Brasil, o el racista de Argentina. Esa es la nueva generación de líderes políticos e intento no imaginar a todos estos pillos juntos en una cumbre de naciones para medir cuál discurso será el más mediocre.

Creo que a eso se refería mi amigo cuando hablaba del acabose, del fin de la humanidad. Fue más allá de Fukuyama, porque no será posible hablar de la historia si no habrá humanidad.

Caminito de hormigas…

Los conflictos internos tanto en la MUD como el Voluntad Popular, tienen ribetes peligrosos donde se incluye campaña sobre la vida privada de los políticos. Fue de allí de donde salió la versión del supuesto embarazo de Tintori… Los médicos de la CHET están operando los fines de semana, pero cobran. ¿Y eso?... 1.500 bolos cuesta la bombonita de gas de 10 kilos. Está regulada en 600… 180.000 cobran los funcionarios del BNC por montar un punto de venta en algún comercio. Si el comerciante no se baja de la mula, no tiene punto… Alguien debe avisarle a Bernal que la bolsa de los Clap la están entregando sin pollo y sin carne, incluso muchas sin leche. Pero el Estado está importando mucho de todo, precisamente para que vengan llenas



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Rafael Rodríguez Olmos

Periodista, analista político, profesor universitario y articulista. Desde hace nueve años mantiene su programa de radio ¿Aquí no es así?, que se transmite en Valencia por Tecnológica 93.7 FM.

 rafaelolmos101@gmail.com      @aureliano2327

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