Por sus letras, los conoceréis

Dedicado a JH

Con trazos cargados de subjetividad y un poco de madurez a cuestas me animé a escribir. Producir desde la conciencia política que aglutina mis intereses para tributar al cambio social. Empiezo por un tema nada benévolo a la cruda realidad que nos circunde, bajo las reflexiones de un camarada que hace del sexo un acto pedagógico, asumo que: la escritura es un arma política.

La importancia de producir desde la interpretación subjetiva –defendiendo acérrimamente la premisa de no perder este último elemento - es un proceso de desmembrar autores, porque como bien lo dijo Ludovico Silva, no se trata de repetir frases memoristas, sino más bien de transformar esas letras y contextualizarlas a las realidades sociales. Esto, por humanismo o marxismo, debe estar alejado de la asunción a un estatus o jerarquía signada por la "superioridad del conocimiento", es decir, no creo que el intelectual orgánico del que habla Gramsci, sea un o una caraja que ostente prepotencia intelectual y ¡vaya que es una lucha interna contra el ego!

El europeo latinoamericanizado Armand Matterlart, en su libro "comunicación y lucha de clases" encendió mi placer por el saber solidario, pues una de exhortaciones es sobre "la documentación como un acto político", o sea, en ejercicio de la colectivización como práctica de transformación social juega un papel fundamental la noción de que mientras nos formamos o des-formamos es tarea fundamental de un militante de izquierda, escribir para depurar en tanto se plasman las referencias bibliográficas de lo que se ha leído.

En una entrevista a Walter Mignolo, parafraseada por Javier Lorca se habla acerca de la colonialidad del saber persistente tanto "en el capitalismo como en el socialismo"; muchos de nuestros intelectuales se ciñen del eurocentrismo u occidentalismo como la suma de un todo que explica a los fenómenos sociales y los re-escribe como una manera de negar otras explicaciones subyacentes quizá más sencillas y oriundas.

A decir de Mignolo, son "universidades corporativas" las que marcan la pauta de las interpretaciones sociales y cabría decir que son los intelectuales colonizados los que escriben para legitimar ese hecho, sin al menos pisar a fondo la episteme del sur; es que seguramente ésta es demasiado vaga, difusa o no está completa ante la plenitud de las ciencias sociales. Pero me pregunto, ¿por qué y para que escribir? O desde ¿qué connotación escriben los intelectuales?

Me hace ruido la idea de que escribir es un acto mezquino; hace ya un tiempo, una destacada profesora de la UCV recordaba a Maza Zabala, quien según ella aseguró un día: "uno escribe para que lo critiquen, hasta los momentos todo el mundo me ha felicitado". Desde este punto de vista, quien escribe es obrero de sus propias ideas sustentadas en un cúmulo de autores, es por ello que aún en esa circunstancia somos llamados bajo el sustantivo de "lector"-es, pero cuando pasamos a "escritor"-es-, hay que tener altísima responsabilidad discursiva sobre lo que se codifica.

Además, esta mismísima responsabilidad es equivalente a igualdad, porque de lo contrario la opresión tendría cabida en la "división social del conocimiento", ¿cómo se produce esto? Lo explica Aníbal Ponce en: educación y lucha de clases, "cualquier desigualdad de inteligencia, de habilidad o de carácter justificaba una diferencia que podía a la postre engendrar un sometimiento", esto por supuesto era contexto de la comunidad primitiva y el advenimiento de las clases dominantes, pero tiene mucho que ver con lo aquí planteado, pues si como cuadro político no contribuyo a la socialización de esos saberes, aún no se ha entendido ni adjudicado desde una arista tan sencilla cómo ésta el auténtico "alborozo de la revolución" –recordando a Alí-.

Los intelectuales de hoy, sobremanera los revolucionarios, deben repensar la filosofía y la praxis a un saber más epistémico a la luz de Zemmelman, que parta de lo vacío sin reduccionismos ni fundamentalismos, un vacío poco o nada abismal sino más bien posible para ser construido en el sólidas bases de producción social del conocimiento. Sin ser reformistas, hay que transformar la propia práctica habitual en posibilidades de de-construcción ortodoxa y re-construcción revolucionaria. Seamos ideólogos e ideólogas de lo nuestro, con autonomía pedagógica para trascender la mera explicación academicista de los modos de producción y las relaciones sociales. Mao Tse Tung lo afirmaba, "la vía de las vías no es la vía común", la vía: la insurgencia intelectual.

magalyvaldez@gmail.com



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Magaly Valdéz

Licenciada en Comunicación Social de la Universidad Bolivariana de Venezuela. Estudiante de Educación en la Universidad Central de Venezuela. Docente asesora de la Mision Sucre. Poeta.

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