La Carta de Jamaica: por sus 200 años

Día 6 de septiembre de 1815, en Kingston, Jamaica, Bolívar responde una misiva de Henry Cullen, comerciante de origen inglés residenciado en la isla. Se le ha preguntado acerca de la visión que tiene sobre nuestra América, su destino y sobre otras cosas más, como su proyecto político. Bolívar responde con el brillo intelectual y fundamentalmente con la amplitud de miras que tiene sobre la América nuestra, lo que acontece y en buena parte lo que ha acontecido en el continente todo y en el mundo. Pero hay algo transcendente, vislumbra lo que pudiera suceder en función de las tendencias de los bloques económicos y lo que en América hispana debiera suceder para no quedar atrapada y mantenida en lo que la España la convirtió:

"Bajo el orden español, los americanos no ocupan otro

lugar que el de siervos para el trabajo, y cuando más

el de simples consumidores".

Lo hace con la mente abierta de hombre quien, como suele decir Rafael Correa, el presidente ecuatoriano, "pensaba en siglos y miraba en continentes". Por esto mismo expuso:

"Yo deseo más que otro alguno ver formar en América la más

grande nación del mundo menos por su extensión y riquezas

que por su libertad y gloria".

Es la opinión, si se quiere todavía temprana, lejos estamos de la batalla de Carabobo, un poco aún de la reunión del Congreso de Angostura y del inicio de la hazaña que le llevará al sur a constituir la Gran Colombia, del hombre que como dijese el historiador cubano Francisco Pividal, caminó sobre el planeta, "cinco veces más que Alejandro, Aníbal y Napoleón, juntos", pero agregamos nosotros, no para constituir imperios o gobiernos personales, sino crear repúblicas libres y promover la participación de la gente en el diseño de su destino, procurar que el continente como componente territorial, geográfico, humano, económico y político avanzase de manera armónica y cambiar el destino que según su aguda percepción, estaba previsto para nosotros si no superábamos el esquema de pequeñas repúblicas dispersas, política y económicamente mientras al norte se consolidada un bloque sólido con un proyecto de dominio y control, para el cual jugaríamos el rol de "patio trasero", productor de materias primas. Era la vuelta de aquello del "Laissez Faire" que los ingleses aplicaron por años a los norteamericanos, aún independientes y que para el siglo veinte intentarán aplicarnos con el nombre de ALCA, pero en una fase mucho más elevada y despiadada, sólo que en "Mar del Plata", por la brillante gesta y actuación diplomática de Hugo Chávez y Néstor Kirchner, se le derrotó de manera apabullante. Pero más todavía, en 1815, si bien es verdad ya había estado en Europa y pudo estar allá mientras Napoleón Bonaparte se hizo coronar emperador, caminado más a través de los libros de historia y los documentos que informaban del pasado y presente del acontecer mundial, que lo que evaluó Pividal, como para haber comprendido la dinámica de aquel tiempo y escrito lo que está en la Carta dirigida a míster Cullen. Pero en su recorrido por Europa estuvo acompañado, para no decir conducido, por quien fuese su maestro en la temprana juventud caraqueña; aquel extraño personaje, humilde educador de escuela primaria quien en su tiempo, en aquel tiempo de la Venezuela colonial, había alcanzado en el campo de la educación y el manejo de las concepciones más modernas sobre ese campo, un nivel envidiable para cualquier académico, especializado en el área, de Europa u otra parte del mundo. Maestro que llegó a contradecir las teorías pedagógicas tenidas en el viejo continente como lo más moderno y proponer otras más frescas y correspondientes a la realidad de su espacio y tiempo, el mismo que sentencio sabiamente "Inventamos o erramos". Recorrió Europa, en el período posterior a la revolución francesa y pudo observar de cerca las ruinas de esta y escuchar las enseñanzas del aquel sabio maestro, Simón Rodríguez, Carreño o Robinson.

Todavía no ha transcurrido un año de la muerte de Boves y el desastre que la batalla de Urica significó para las fuerzas patriotas. Quizás por eso, y el haber salido derrotado y precipitadamente del país a reorganizar su pensamiento, recomponer sus maltrechas relaciones con el resto de la vanguardia republicana de Venezuela, la que se quedó escondida en los morichales, riberas de los ríos y en todo recodo donde se podía evadir la represión del ejército enemigo hasta ese momento triunfante y la que salió junto con él o por otros caminos hacia afuera; no había podido evaluar con la intensidad necesaria la significación del aquel fenómeno casi telúrico que significó José Tomás Boves. Posiblemente, no había medido en su exacta dimensión las razones por las cuales aquel hombre a quien con frecuencia los historiadores llamaron impropiamente "el asturiano", al margen que haya nacido en aquella región de España, pero que tenía la connotación de extraño, ajeno, fue capaz de arrastrar tras de sí inmensos contingentes de combatientes enardecidos. Los mismos historiadores que aparecieron después de muerto Bolívar, tomaron las consecuencias como causas y explicaron el fenómeno Boves, su "magia" para reclutar enormes contingentes en el odio racial y las propuestas de él fundamentadas en aquel resentimiento y en otros simplismos.

Quien se acerque sin mucho detenimiento al Manifiesto de Cartagena, escrito tres años antes que el documento que ahora estudiamos y el cual tratamos detalladamente en otro trabajo, podrá constatar que al intentar enumerar las causas de la caída de la primera república, la nacida con la constitución de 1811, pese mencionar 12 de ellas, que según él, Bolívar, contribuyeron a aquel fatídico acontecimiento, quizás por razones derivadas de la incomprensión del fenómeno social en su exacta dimensión, prejuiciado por su condición social y la opinión que privaba entre los próceres, no hizo mención a cuatro circunstancias, por lo menos esas cuatro, que también ayudan a explicar bastante bien el fenómeno; ellas fueron, sin que el orden en que se enumeran obedezca a valoración alguna, las relaciones esclavistas de producción, la tenencia de la tierra, la propiedad sobre el ganado orejano o salvaje, otorgados a los mantuanos y grandes propietarios. Por supuesto, la exclusión del campesino libre, blanco, indígena o negro de la propiedad de esos bienes y la exclusión de todos los pobres, colocados por debajo de un límite determinado de ingreso o propiedad cuantificable en signo monetario, del derecho a votar o ser elegido para escoger las autoridades de la república. Lo que es lo mismo, la inmensa mayoría de los venezolanos de entonces, fueron marginados en todo sentido por la república y los republicanos. Siendo estos últimos, en gran medida, los propietarios de tierras y esclavos, manejadores del comercio interno y externo y al mismo tiempo próceres de la república nueva e independencia. ¿Cómo esperar que aquellos campesinos y esclavos saliesen a combatir a favor de la república y los republicanos con el mismo entusiasmo y hasta furor que lo hicieron al lado de Boves? ¿Cómo esperar se pusiesen del lado de quienes de verdad les oprimían? ¿No fue acaso aquella república concebida y estructurada para de ella se sirviesen los mantuanos, los patiquines? Siendo así, entonces serían ellos sólo ellos, quienes debían cuidarla y defenderla. La república aquella le era ajena a los explotados, marginados, pobres, quienes no podían sentir ningún atractivo por aquella. Por eso y otras cosas, apareció el fenómeno Boves.

Es decir, el cuadro que hemos pintado anteriormente, causa profunda del odio racial, clasista y económico, aparece ignorado en el Manifiesto de Cartagena. Por supuesto, para el año 1814, muerto Boves, se produce un campanazo en las fuerzas independentistas y como dijimos en un viejo trabajo, en aquel momento, las banderas republicanas "van a empezar a pasar de las manos del Marqués del Toro a la del centauro llanero, de los gloriosos hasta entonces guerrilleros de los morichales, orillas de los ríos, de la costa y las montañas y también de la negritud y campesinado ansiosos de justicia, que creyeron estar representados hasta entonces en la figura del "asturiano". Pedro Camejo, el Negro Primero, dejará de ser de los tantos hombres que siguieron a Boves buscando justicia y libertad, dentro de un confuso proyecto vengativo y arbitrario, pródigo en ultrajes y humillaciones, para formar parte, como figura descollante entre los invencibles llaneros que acompañaron a José Antonio Páez y con éste llegarán a Carabobo llenos de gloria."

Pero en 1815, en la Carta de Jamaica, Bolívar muestra haber tomado conciencia ante aquella rotunda realidad; por supuesto, vista con los ojos del analista de hoy. En ella, cuando habla acerca de cómo debe ser el gobierno de Venezuela clama por la "proscripción de la esclavitud". Un año después, el dos de junio de 1816, promulgará en los alrededores de Carúpano y Río Caribe aquel decreto en el cual se dijo "considerando que la justicia, la política y la patria reclaman imperiosamente los derechos imprescindibles de la naturaleza, he venido en decretar la libertad absoluta de los esclavos….." Para agregar luego "Todo hombre robusto, desde la edad de 14 años hasta los sesenta, se presentará….a alistarse". Hay en ese documento, la Carta de Jamaica, avances transcendente con respecto al anterior, al de Nueva Granada de 1812 y una demostración como dijimos arriba de haber comprendido como se movían los intereses en este continente, los nacionales, de bloques, de los componentes sociales y los factores que podían conducir a la unidad, a un concepto de ella más amplio y las bases que sustentarían esa necesidad continental.

Llegado aquí, queremos significar la grandeza de Bolívar, el valor que para esta América Mestiza nuestra tuvo el genial caraqueño, por el cual aún las multitudes, en nuestro espacio y en cualquier rincón del mundo donde existe un inconforme y ansioso de justicia, clama: "¡Alerta, alerta que camina la espada de Bolívar por América Latina!, y nada mejor que con algunos versos del poema de Pablo Neruda, "Canto a Bolívar:

Padre nuestro

que estás en la tierra

en el agua, en el aire

de toda nuestra extensa

latitud silenciosa"

Tú pequeño cadáver de capitán valiente

ha extendido en lo inmenso su metálica forma,

de pronto salen dedos tuyos entre la nieve

y el austral pescador saca a la luz de pronto

tu sonrisa, tu voz palpitando en las redes".

"Por eso es hoy la ronda de manos junto a ti.

Junto a mi mano hay otra y otra junto a ella,

Y otra más, hasta el fondo del continente oscuro.

Yo conocí a Bolívar una mañana larga,

en Madrid, en la boca del Quinto Regimiento,

padre, le dije, ¿eres o no eres o quién eres?

Y mirando al cuartel de la montaña, dijo.

Despierto cada cien años cuando despierta el pueblo".

Citamos este poema de Neruda por lo mismo que el Libertador en la Carta de Jamaica hace mención a la deidad mesoamericana Quetzalcóatl, dice Bolívar al respecto:

"Los americanos meridionales tienen una tradición que dice que

cuando Quetzalcóatl, el Hermes o Buda de la América del sur,

resignó su administración y los abandonó, les prometió que vol-

vería después que los siglos desiguales hubieran pasado, y que

él restablecería su gobierno y renovaría su felicidad."

El anterior texto relativo a la deidad de los pueblos mesoamericanos, área de México y parte de Centroamérica, que Bolívar llama "pueblos de la América del sur", define también la concepción que el Libertador tiene sobre la organización política y de los bloques, fundado en la historia, cultura, tradición e intereses; lo que le lleva a hacer el siguiente comentario:

"¿Esta tradición no opera y excita una convicción que muy pronto

debe volver? ¿Concibe Ud. Cuál será el efecto que producirá si un

individuo, apareciendo entre ellos, demostrase los caracteres de

Quetzalcóatl, el Buda del bosque…?

Es como si adelantando el tiempo, saltando sobre los siglos, hubiese leído a Mario Benedetti, aunque en verdad, fue que el gran poeta uruguayo, mesoamericano, austral, se inspiró en Bolívar, como aquellos "quienes se desviven":

"pero aquí abajo

cerca de las raíces

es donde la memoria

ningún recuerdo omite

y hay quienes se desmueren

y hay quienes se desviven

y así entre todos logran

lo que era un imposible

que todo el mundo sepa

que el Sur también existe".

Pero de seguidas, el Libertador, sin dejar de lado a la deidad y el gobernante mesoamericano que prometió volver, el político realista y visionario agregó lo siguiente:

"¿No es la unión todo lo que se necesita para ponerlos en

estado de expulsar a los españoles, sus tropas y………

establecer un gobierno libre y leyes benévolas?".

Quizás Bolívar pensó también en Túpac Katari, el mismo de quienes sus partidarios buscan sus partes para unirles y vuelva a ellos a ponerse al frente del combate por la justicia y rescate de su gloria. Sólo que en el Libertador aquellas tradicionales creencias toman sentido con el concepto de la unidad americana, como unir la partes de Túpac Katari para que regrese Quetzalcóatl, por lo que formuló en la carta a Míster Cullen la anterior interrogación relativa a la unidad de nuestros pueblos. Él, Bolívar, con su proyecto de unidad aspira "ponerlos en estado de expulsar a los españoles" y sus tropas.

Pero a esta altura, se hace necesario llamar la atención, como para Bolívar, nuestra América del Sur comienza en el mismo espacio que los españoles conquistaron y colonizaron a partir de la llegada de Hernán Cortés. Es lo que el en otras oportunidades llamará la América "antes española".

Para él no hay marcha atrás porque:

"Más grande es el odio que nos ha inspirado la península que el

mar que nos separa de ella, menos difícil es unir los dos con-

tinentes, que reconciliar los espíritus de ambos países."

Y luego, sobre lo mismo agrega:

"Más vasto es nuestro odio que el océano que la separa de noso-

tros, y menos difícil es juntar los dos océanos que conciliar a

las dos naciones".

Como para fundamentar eso que él ha llamado "odio" hace mención a la siguiente información:

"A Venezuela se le atribuía casi un millón de habitantes, y con

toda verdad puede afirmarse que una cuarta parte ha sido sa-

crificada por los terremotos, por la guerra, el hambre, la pes-

te y las migraciones, estas causas con excepción de la prime-

ra, son todas efectos de la guerra".

Pero su denuncia va más allá de los límites de Venezuela, Bolívar no tiene concepto y vocación provincial, piensa en la América "antes española toda". Por esto dice en ese documento:

"Este panorama abarca una escena militar de dos mil leguas

de longitud y en su mayor ancho, de 900 leguas de extensión,

en la cual, defendiendo sus derechos o doblegándose bajo la

opresión de la nación española, se encuentran 16 millones de

americanos".

Pero ante ese "panorama" al parecer nada espera de las entonces grandes potencias; por lo que ha observado se pregunta:

"¿Está Europa sorda al llamado de su propio interés?¿Está ciega,

que no puede discernir la justicia?

Luego agrega:

"¡Cuán decepcionados hemos quedado! Porque no sólo los euro-

peos, sino nuestros hermanos los norteamericanos, han sido

espectadores indiferentes de esta gran contienda que por la

fuerza de sus motivos y los grandes resultados que persigue, es la

más importante….."

Por esta afirmación del Libertador, o queja con respecto a la actitud indiferente de los Estados Unidos, es bueno leer la siguiente relación en materia de reclamos por parte de nuestros libertadores para se nos prestase apoyo, por lo menos reconocimiento y se estableciese con la nación venezolana las elementales relaciones diplomáticas:

Cuando Miranda se entrevistó en 1805 con Thomas Jefferson, presidente del país del norte y James Mason, Secretario de Estado, en solicitud de ayuda nada obtuvo. Le alegaron las buenas relaciones entre ellos y España y la vigencia de un decreto que prohibía a los particulares la exportación de armas.

Desde 1810, los nacientes gobiernos independientes de América hispana aspiraron establecer relaciones comerciales con los norteamericanos. La respuesta a ese deseo la dio bien pronto el Congreso norteño, en el sentido que sólo establecerían vínculos con ellos, cuando hubiesen alcanzado el rango de Estados soberanos e independientes. Esto implicaba que tal calificación la harían los propios Estados Unidos, según su conveniencia y en vista sus buenas relaciones con España.

Mientras tanto, los americanos del norte se mantendrían neutrales y en sana y provechosa paz con la nación ibérica.

El presidente Monroe en 1817, después de la "Carta de Jamaica", juzgó el conflicto de América meridional como una "guerra civil, no de independencia" entre, como afirmara él mismo, "bandos o partidos que son mirados sin preferencia por los poderes neutrales".

De remate podemos agregar que una disposición de 1818, prohibía a los suramericanos cualquier acción, dentro del territorio norteamericano, dirigida a ayudar las guerras de independencia.

La relación es larga e incluye la invasión de la isla Amelia y el envío de embarcaciones yanquis con provisiones y armas para el ejército español, pese haberse declarado el gobierno de Estados Unidos neutral.

En carta del 29 de julio de 1818, dirigida al agente diplomático norteamericano J.B. Irvine, en uno de los tantos enfrentamientos con las autoridades de aquel país, Bolívar acusó a los yanquis de intentar romper el bloqueo que la naciente república impuso contra España y les dijo, "para dar armas a unos verdugos".

En 1819 se reunió el Congreso de Angostura y se decretó la República, Estados Unidos se negó a reconocer nuestro gobierno.

En 1820, cuando el propio gobierno español, a través del Armisticio y Tratado de regularización de la Guerra, reconoció nuestras fuerzas, el gobierno norteamericano continuó desconociendo nuestro gobierno.

Todavía se negaron a hacerlo para 1821, cuando se libró la batalla de Carabobo y se instaló el Congreso de Cúcuta.

Tardíamente, cuando ya Bolívar ha consolidado su poder y se dispone a seguir su lucha liberadora en el sur, el gobierno norteño decidió reconocer a la Gran Colombia.

Es decir, la historia, los hechos, confirmarían aquella duda, sospecha, envuelta en aquella queja dolorosa de Bolívar en la Carta de Jamaica.

Dedica suficiente tiempo el Libertador a exponer sus ideas acerca del sistema de gobierno que pudiera nacer entre los pueblos americanos. No obstante se muestra discreto y comedido acerca de lo que pudiera suceder:

"Es lo más difícil vaticinar cuál será la suerte del Nuevo Mundo,

establecer algunos principios sobre su constitución política, y

predecir la naturaleza o clase de gobierno que finalmente adop-

tará. Cualquier conjetura relativa al porvenir de esta nación

me parece arriesgada y aventurada. Durante sus períodos ini-

ciales, cuando la humanidad se hallaba obnubilada por la in-

certidumbre, la ignorancia y el error ¿podría acaso haberse

previsto qué asumiría para su preservación?¿Quién habría

osado afirmar que tal nación será república, aquella monar-

quía, esa pequeña, la otra grande?

En este texto Bolívar desautoriza a quienes suelen calificarle de profeta, cuando oteando en el porvenir fundamentado en su experiencia, conocimiento de la historia, las costumbres sociales y las tendencias de la economía y política, formula alternativas o hace pronósticos acerca de lo que habrá de sobrevenir.

Le parece para el momento "difícil" predecir "qué será del Nuevo Mundo", lo que no quiere decir que esté desarmado frente aquellas circunstancias y desasistido de ideas acerca de lo que debería hacerse y carente de razones en qué fundamentarse.

Porque está claro y definido que:

"Formamos, por así decirlo, un pequeño género humano.

poseemos un mundo aparte, cercado por diversos mares,

extraños a casi todas las artes y las ciencias, aunque ya

experimentados en los hábitos comunes de todas las socie-

dades civilizadas".

Algo de todo aquello, de los "hábitos comunes de todas los sociedades civilizadas", habrá de nacer entre nosotros, tomando en cuenta que tenemos nuestras propias peculiaridades.

Justamente, por estar lo suficientemente informado y dotado de conocimientos e ideas acerca de cómo debe organizarse el Nuevo Mundo, tomando en cuenta de los rasgos de sus antiguas relaciones con España, lo que esta continúa aspirando acerca de nosotros y las conocidas formas y exigencias del desarrollo de nuestro vecino del norte, Bolívar en esta Carta amplía su viejo concepto, ya vislumbrado en "El Manifiesto de Cartagena", acerca de la forma de gobierno que a su parecer debería estructurarse para nosotros y sobre todo en la relativo a la unión del continente formado por las "antes colonias españolas".

Piensa que los Estados americanos:

"Han menester de los cuidados de gobiernos paternales que

curen las llagas y las heridas del despotismo y la guerra. La

Metrópoli, por ejemplo sería México, que es la única que pue-

de serlo por su poder intrínseco, sin lo cual no hay metrópoli".

Esta opinión pareciera fundir la idea de crear naciones, por lo que habla de "los Estados americanos", atendiendo quizás al origen de su nacimiento y lo determinado por la larga imposición hispana, pero introduce su visión acerca de la unidad continental, de bloque. Por eso habla de México como "Metrópoli", por supuesto de todas esas naciones.

Pero también descarta reinados e imperios y por distintas razones piensa:

"que los americanos ansiosos de paz, ciencias, artes, comer-

cio y agricultura, preferirían las repúblicas a los reinos, y

me parece que estos deseos se conforman con las miras de

Europa".

Por algo ha dicho "deseo más que otro alguno ver formar a la América la más grande nación del mundo".

Pero además, en esta Carta de Jamaica de 1815, vuelve a mostrarse contrario al sistema federal, por considerarle débil, muy complicado y propio de sociedades más avanzadas que las nuestras.

Ya en "El Manifiesto de Cartagena", del 15-12-1812, le señala como una de las causas fundamentales de la caída de la primera república, tanto como para decir:

"Pero lo que debilitó más al gobierno de Venezuela fue la forma

federal de gobierno que adoptó, siguiendo las máximas exagera-

das de los derechos del hombre, que autorizándolo para que se

rija por sí mismo, rompe los pactos sociales y constituye a las na-

ciones en anarquía. Tal era el verdadero estado de la Confedera-

ción. Cada provincia se gobernaba independientemente; y a ejem-

plo de éstas, cada ciudad pretendía iguales facultades alegando la

práctica de aquellas, y la teoría de que todos los hombres y todos

pueblos gozan de la prerrogativa de instituir a su antojo el gobierno

que les acomode".

Sobre el mismo asunto y documento insiste:

"El sistema federal, bien sea el más perfecto y más capaz de propor-

cionar la felicidad humana en sociedad, es, no obstante, el más

opuesto a los intereses de nuestros nacientes estados".

Como hemos dicho, en la "Carta de Jamaica", reitera su oposición al régimen federal y dice en ella:

"No convengo en el sistema federal entre los populares y representa-

tivos, por ser demasiado perfecto y exigir virtudes y talentos políticos

muy superiores a los nuestros".

Queremos detenernos en este asunto porque tiene mucho que ver con la realidad venezolana de entonces y hasta con la de ahora mismo, cuando el Libertador pone énfasis en aquello que el sistema federal exige "virtudes y talentos políticos muy superiores a los nuestros", razón por la cual se opuso a él en el "Manifiesto de Cartagena" de 1812 y en la "Carta de Jamaica", de 1815.

Cuando el Libertador está Kingston, 1815, aún no ha podido alcanzar la necesaria unidad del movimiento patriota y republicano. Importantes próceres de distintas partes del país, como los de la región oriental, todavía no aceptan su jefatura y menos sus proyectos, ni siquiera su estrategia de Guerra, como mencionaremos más adelante, cuando en 1817 se entrevista con el General Manuel Piar.

Cuando la provincia de Caracas, el 19 de abril de 1810 se declara independiente, días después, no como consecuencia de lo sucedido allá, sino por lo que sucede en España y por el rompimiento de las relaciones comerciales entre esas provincias y la Metrópoli, por ejemplo, Cumaná, Barcelona y Margarita hacen lo mismo. Estas hasta redactan sus constituciones y se declaran "repúblicas independientes y para siempre libres". Cumaná era entonces un puerto de enorme fluidez e importancia. Según cifras que manejamos y mencionamos en otro trabajo relativo a los hechos del primer semestre de 1810, lo era en muy buena medida. Además, esta provincia recibía de manera constante y dinámica información de lo que sucedía en España, aún por encima de la censura impuesta por esta a sus colonias, por el estrecho y voluminoso vínculo con Trinidad. Inglaterra, o mejor la prensa inglesa, desde aquella isla informaba en abundancia lo que acontecía en Europa y en Cumaná se sabía, por los mecanismos del contrabando de mercancías y noticias, mucho de lo que en las otras provincias se ignoraba. No fue cosa de azar que a la ciudad del Manzanares le tocase desempeñar aquel importante rol en la guerra de independencia. Como tampoco el de Ciudad Bolívar y Maturín.

Largos años de existencia colonial llevaban las provincias orientales y la de Caracas sin que entre ellas hubiese relaciones significativas; el sistema colonial les impedía hasta comerciar entre sí. El colonialismo las quiso separadas, provincias distantes unas de otras, precisamente para favorecer el sistema de dominación. Mientras Caracas, dependía del Virreinato de Santa Fe de Bogotá, los orientales dependían de la "Española o la Dominica".

Cuando Bolívar decide después de escrito el "Manifiesto de Cartagena", en 1812, pese haber vivido la experiencia de la primera república, bajo ese régimen federal al cual criticó severamente en el mismo y como lo hará luego en la "Carta de Jamaica", lanzarse a aquella colosal hazaña que se ha llamado "Campaña Admirable", iniciada el 14 de mayo de 1813, desde Chacachacare, territorio de Trinidad, los patriotas orientales, al mando del general Santiago Mariño, en enero del mismo año, invaden Venezuela y terminan tomando territorio venezolano hasta Maturín. Son dos gestas igualmente importantes, y cuando se midan con equidad los resultados, se sabrá el fundamento de lo que estamos diciendo. Por ahora lo que interesa es que los jefes que invaden por un lado u otro, ni siquiera se reconocen estrictamente como compatriotas, pese a haber vivido la experiencia de la primera república. En muchos casos no se conocen personalmente y por supuesto, los cuerpos dirigentes de ambos no admiten la supremacía de un grupo sobre otro. Y eso era lo más natural y lógico, tomando en cuentas las circunstancias en que Venezuela se aparece al mundo como república, alguna de ellas apenas pinceladas aquí párrafos atrás. Hay un documento, de años más tarde de aquellos de 1816 ó 17, promulgado como decreto ley por el Libertador, en el cual se establece castigo severo, contra aquellos soldados del bando patriota, quienes por su propia cuenta se pasasen de un batallón a otro, porque en aquel donde estaba comandaba alguien no nacido o formado en su provincia.

Si volvemos a los juicios emitidos por el propio Bolívar acerca del sistema federal, podremos comprender la magnitud de las dificultades y el natural recelo que un sector abrigaba contra el otro. Detrás de ellos, o por encima de sus espaldas, hay una larga historia de políticas y prácticas económicas que mantuvieron separados, viéndose como distantes, a esos hombres de 1813, 1815 y hasta 1817. De esa misma indiferencia estuvieron impregnados sus ascendientes y a éstos sólo les unía la sujeción a la corona española y el creerse falsamente como una prolongación de España en esta parte del mundo. En los tiempos de la guerra federal, cuatro o cinco décadas después, volverán a aparecer esos sentimientos.

La figura de Boves, a esta altura vuelve aparecérsenos, es el año 1814, junio, cuando las tropas de Boves derrotan a los patriotas en la primera batalla de La Puerta, quedando el camino abierto hacia Caracas. Bolívar había poco tiempo atrás reinstaurado la segunda república, tomando a Caracas como capital, empeño en el cual perdurará por mucho tiempo y asunto sobre el cual hablaremos más adelante. En este instante Boves constituye el imán que atrae tras de sí los enormes contingentes de los cuales hemos hablado antes en virtud de los rasgos de la confrontación clasista venezolana que se refleja en la guerra y composición de los ejércitos. Este Boves que une a campesinos arruinados, dejados en la indigencia por la república y los esclavos que ansían su liberación y creen ver en él el líder que les conducirá hacia sus fines acariciados, es también la fuerza telúrica que empezara a unir los republicanos y patriotas, por la necesidad de defenderse de aquella fuerza hasta entonces incontenible.

El avance de Boves sobre Caracas, marchando desde los llanos centrales, obliga a Bolívar a mover sus fuerzas y gran parte de la población caraqueña aterrorizada por lo que significaba "el terrible asturiano", hacia oriente en busca de refugio y protección en aquel movimiento que se ha llamado "la emigración a Oriente". Boves destruye las fuerzas republicanas, en "El Salado", en los alrededores de Cumaná, le producirá la primera y única derrota al casi siempre victorioso general Manuel Piar. Aquella masacre produce la dispersión de los patriotas y poco tiempo después la salida de Bolívar a las Antillas, en un periplo durante el cual redactará "La Carta de Jamaica".

Poco tiempo después, diciembre de 1814, lo que apenas son los restos del ejército patriota, comandado por José Félix Ribas, secundado por una gran mayoría de oficiales y soldados del llano y costa oriental, como los hermanos Monagas, Sotillo, José Francisco Bermúdez, Pedro Zaraza, Manuel Cedeño, Francisco Parejo, etc. se enfrentan a José Tomás Boves con los resultados conocidos.

Se inicia un nuevo proceso que comienza a acercar a los patriotas de todas las partes del país, a precisar el concepto de patria y el relativo a las responsabilidades de cada uno de ellos dentro de aquel complejo proceso. Pero todavía falta más. Viviremos la experiencia de la dolorosa derrota y pérdida de la Casa Fuerte de Barcelona, en los alrededores de Aragua de Barcelona y las nuevas discrepancias entre Bolívar y los orientales y la exitosa entrevista entre Manuel Piar y Simón Bolívar.

Mientras esperamos por esos sucesos, como el llamado "Congresillo de Cariaco", nombre que poco gustó a historiadores regionales de oriente como Bernardo Tavera costa, reunido en 1817 con la intención de restablecer la república federal de 1811, volvamos al contenido de "La Carta de Jamaica".

Con el replanteamiento contrario al federalismo y en favor del centralismo Bolívar considera aquello, pese a su preocupación e insistencia, como un asunto de menor importancia en el cual no parece querer distraerse demasiado; hay otras cosas más transcendentes para estar en el centro de su interés.

Por eso dice, ya pensando más allá de nuestras fronteras, y pudiendo estar centrado en la idea de la gran nación de Suramérica o la Gran Colombia:

"Los Estados del istmo de Panamá hasta Guatemala formarán

quizás una gran asociación. Esta magnífica posición entre los

dos grandes mares podrá ser con el tiempo el emporio del uni-

verso, sus canales acortarán las distancias del mundo, estrecha-

rán los lazos comerciales de Europa, América y Asia".

Es obvio que en esta parte Simón Bolívar está hablando de lo que posteriormente sería el canal de Panamá, inaugurado el 15 de julio de 1915; doscientos años después de escritas las anteriores palabras. Sería exagerado decir, como en efecto han dicho algunos, que ese texto implica un avizoramiento por parte de Bolívar de la construcción de esa gran obra de ingeniería con los efectos que ella ha significado. Sería exagerado, porque el Barón de Humboldt con anterioridad habló del asunto y otros osados exploradores habían advertido sobre la posibilidad de abrir un camino, un canal que uniese los dos grandes mares. De hecho, existían caminos terrestres que les unían y hacían posible, en pequeña escala, el transporte de mercancías y personas. Lo importante en esto es que Bolívar, pensando en la unidad de la América Meridional y como aspirante a estar en ese nivel dirigente, haya querido llamar la atención sobre aquella gigantesca y provechosa posibilidad. Quizás nadie lo dijo como él, con el entusiasmo y la fuerza de su palabra.

Pero señala lo que es su proyecto político, mucho más allá de la república unida y centralizada de Venezuela, lo que le convierte en el gran capitán y estratega de la unidad de la América Meridional:

"La Nueva Granada se unirá con Venezuela, si llegan a

convencerse en formar una república central, cuya capital

sea Maracaibo, o una nueva ciudad, con el nombre de las

Casas, en honor a este héroe de la filantropía".

"Esta nación se llamaría Colombia, como tributo de justi-

cia y gratitud".

Pero cuando habla de la "Gran Colombia", con la grandeza, agudeza de su enorme talento que mira lejos y quiere llegar al debate con una clara idea por delante, sin dejar las cosas en manos de la improvisación y el calor del mismo, se adelanta a proponer:

"En lugar de un rey, habrá un poder ejecutivo electivo,

cuando más vitalicio, y jamás hereditario, si se quiere una

república. Una cámara o senado legislativo hereditario, que

en las tempestades políticas se interponga entre las olas po-

pulares y los rayos del gobierno y un cuerpo legislativo de li-

bre elección".

Luego, el 15 de febrero de 1819, cuando pronuncie el Discurso de Angostura, ante la instalación del segundo congreso de la república, volverá a proponer esas mismas cosas, lo que ha sido su proyecto político:

"¡Dichoso el ciudadano que bajo el escudo de las armas de su

mando ha convocado la Soberanía Nacional para que ejerza

su voluntad absoluta!"

Y como lo ha venido diciendo desde 1812, cuando escribió el "Manifiesto de Cartagena", dirá:

"Cuanto más admiro la excelencia de la Constitución Federal

de Venezuela –se refiere a la de 1811 – tanto más me persuado

de la imposibilidad de su aplicación en nuestro estado".

Pero antes de eso, hemos llegado el 31 de diciembre de 1816 a Barcelona. Bolívar pasó por Margarita procedente de Haití, viene con un importante armamento para la continuación de sus planes. Como en el pasado, pretende insistir en llegar a Caracas, allí hacerse fuerte y solicitar la buena voluntad de los pueblos del mundo que reconozcan la república de Venezuela y hasta procedan a prestarle ayuda.

Mientras culmina los preparativos deposita en el Convento barcelonés el parque que porta e intenta convencer a oficiales patriotas, sobre todo del bando oriental que andan en campaña por los alrededores para le acompañen en su empeño. Esa había sido siempre la aspiración del Libertador; Caracas se le había vuelto una obsesión. En este momento se me ocurre invitarles a leer mis trabajos sobre "Eulalia Buroz" y de "Barcelona a San Félix", en los cuales se trata de esos acontecimientos.

El fracaso de sus primeros escarceos militares con el fin de dar inicio a su campaña, el desastre de Aldama contra los defensores de la "Casa Fuerte", la derrota de "Aragua de Barcelona", las nuevas desavenencias con los generales Santiago Mariño y José Francisco Bermúdez y la entrevista con Piar, quien habiendo sido invitado por el Libertador para le acompañase hacia Caracas, le expuso el plan de la toma de Guayan, hacen que Bolívar cambie sus planes y por su lado se enrumbe hacia la misteriosa región de Venezuela.

"Una temprana obsesión por Guayana de los patriotas orientales" se llama un trabajo nuestro. Desde los primeros días de caída la "Primera República", los guerrilleros del llano oriental que subsistían en pequeños grupos entre morichales y a las orillas de los ríos, soñaron y hasta intentaron con tomar Guayana. Era ella una casi inexpugnable plaza, siempre en manos de los españoles, donde los hechos posteriores al 19 de abril de 1810 no tuvieron eco alguno y los españoles pudieron tener una segura retaguardia que hacia expedito y seguro la comunicación con el mundo exterior a través de los ríos, suministraba alimentos en grandes cantidades, adquirir armamentos y permitía descansar las tropas sin contratiempo alguno y curar con tranquilidad los heridos y hasta poseer espacios para reparar las armas. El río Orinoco le servía de protección segura de las fuerzas que pretendiesen invadirles desde la parte norte o procedentes de los llanos, donde los guerrilleros heroicos de Venezuela habían establecido un sólido dominio sólo interrumpido a veces.

Años más tarde, cuando estemos en pleno desarrollo de la Guerra Federal, los adversarios del federalismo, dirigidos por Juan Bautista Dalla Acosta, usarán la barrera del río justamente para defenderse de las amenazas de ataques e invasiones del Ejército Federal comandado por los generales Juan Antonio Sotillo y su hijo Miguel.

Uno no sabría en este momento decir nada que pudo más en la decisión de Bolívar de incursionar primero por Guayana, no entorpecer el proyecto de Piar quien le puso Angostura a sus pies, si la convincente argumentación del curazoleño o las dificultades por las que atravesaba después de los acontecimientos antes mencionados. Lo importante es que llegaron a Angostura y dos años después pudieron reunir el segundo Congreso de Venezuela, diseñar la Gran Colombia, e iniciar la colosal "Campaña del Sur". Sin olvidar que en el curso de los acontecimientos, se produjo la transcendente y controversial decisión que concluyó con el fusilamiento del General Manuel Francisco Piar Gómez", el héroe de la "Campaña de Angostura".

Bolívar dijo en "La Carta de Jamaica":

"Es una idea grandiosa pretender formar de todo el Mundo

Nuevo una sola nación con un solo vínculo que ligue sus

partes entre sí y con el todo. Ya que tiene un origen, una

lengua, unas costumbres y una religión, debería por consi-

guiente, tener un solo gobierno que confederase los difieren-

tes estados que hayan de formarse, más no es posible………

diversos factores dividen a la América".

He aquí la propuesta central del pensamiento latinoamericanista de Bolívar, la creación de la patria grande a partir de las colonias antes españolas, de "todo el Mundo Nuevo". Idea que viene desarrollándose desde la elaboración del "Manifiesto de Cartagena", de conocimientos que tiene de la historia antigua y de la comprensión de las leyes de la economía que comporta el liberalismo económico y la perspicaz observación que le ha permitido comprender que el crecimiento del bloque del norte significa un enorme desafío para las "antiguas colonias españolas". Por eso esa nación nueva, grande y poderosa habrá de formarse uniendo a quienes tienen un mismo "origen, una lengua, unas costumbres y una religión". No hay en eso duda alguna, por eso cuando convoque el congreso de Panamá partirá de las mismas condiciones y no de otras. La presencia del norte rompería el significado histórico del bloque.

Por lo anterior y no otras razones, expresa en la carta que continuamos estudiando:

"¡Qué bello sería que el Istmo de Panamá fuese para noso-

tros lo que el Corinto para los griegos!

Ojalá que algún día tengamos la fortuna de instalar allí un

Augusto congreso.

Esta especie de corporación podrá tener lugar en alguna

época dichosa de nuestra nación".

¿Qué significa la invocación relacionada con los Istmos de Panamá y Corinto? Es muy importante que cualquier joven se interrogue sobre eso y no deje el párrafo en un apartado y hasta oscuro rincón como las cosas que se desechan por inútiles o sin significado alguno. No fue esa una frase puesta allí para embellecer el discurso.

Los griegos no formaban naciones. Eran ciudades Estados. Como Esparta, Atenas, Corinto, etc. Se mostraban débiles frente a los avatares de aquellos tiempos, pese a su enorme aporte cultural y sus viejas glorias. Entonces, Filipo II, rey de Macedonia en el siglo IV a. de C., convocó a los pueblos griegos al Congreso de Corinto en el año 338 a. de C. y constituyó "La Federación de Estados Griegos" o "Liga de Corinto", lo que terminó convirtiéndose en una gran potencia de su tiempo y luego en el "Gran Imperio Macedónico", conducido por Alejandro Magno, el hijo de aquel Filipo II.

Por esto mismo clama:

"Cuando seamos fuertes por la unión entonces las ciencias y

las artes que nacieron en el oriente y han ilustrado la Europa,

volarán a Colombia libre, que las convidará con un asilo".

Ese era y es el pensamiento bolivariano; nos unimos o perecemos, pensó él, bajo las garras del liberalismo económico, del cual se liberaron los Estados Unidos por la guerra contra Inglaterra por la independencia y luego con la de Secesión conducida por Abraham Lincoln. Sólo que ahora han cambiado las circunstancias, quien amenaza a esta parte de América, la antes española con asumirla como su patio trasero para aplicarle aquel plan de liberalismo y consumirla a la condición de mano de obra barata y productora de materias primas, como antes lo hizo España, es Estados Unidos de América, quien fue víctima del mismo plan. Bolívar lo sabe, es la dinámica y lógica del sistema que crece y se desarrolla rápidamente. No hacía falta que nadie lo declarase.

Más tarde, ya en 1829, sin que mediaran las circunstancias políticas que le obligaban en 1815 y aún años después, a mantenerse discreto, dirá en carta al coronel Patricio Campbell, embajador Inglés en Norteamérica:

"Los Estados Unidos parecen destinados por la providencia a

plagar a América de miseria en nombre de la libertad".

¿No es acaso la palabra libertad la significación de las francesas Laissez Faire, Laissez Passer, del liberalismo económico? ¿Pero libertad para quién? ¿Para que los fuertes opriman a los débiles? ¿No es el mismo llamado a levantar las barreras económicas, las imposiciones aduanales, para que el "tiburón se coma la sardina", como años más tarde diría el presidente Juan José Arévalo? ¿No es prédica a la que años más tarde, en pleno siglo XX y todavía en el XXI se volverá sobre nosotros con el atractivo y engañoso nombre de ALCA? Ese es el sentido de la palabra libertad en las sabias de Bolívar en la carta al embajador inglés.

Claro, en nuestro tiempo, el capitalismo está en lo que Lenin llamó la fase imperialista. La formación de grandes monopolios y la exportación de capitales, fenómenos que Bolívar no pudo estudiar porque fueron ajenos a su tiempo, pero sí pudo percibir la tendencia al desarrollo y crecimiento de bloques que terminarían engulléndose a los más débiles con sus fuerzas militares, sus mercancías salidas de sus ya gigantescos talleres nacidos de la Revolución Industrial y en donde nuestros pueblo, como ya lo dijo el propio Bolívar, sólo serían suministradores de materias primas y mano de obra barata. Por eso aquella prédica de unidad y la expresión en la carta dirigida al coronel Campbell.

Razón le sobran a Rafael Correa al decir que Bolívar "pensaba en siglos y miraba en continentes".

Pero en buena medida, observando cómo se va desarrollando el pensamiento bolivariano hasta llegar a 1829 y pensando en la Venezuela de ahora, vale la pena, sólo por dejar una sentencia que pudiera servir para conservar la sensatez, ocurrir al poema de Antonio Machado:

"Caminante, son tus huellas

el camino y nada más;

se hace camino al andar.

Al andar se hace camino,

y al volver la vista atrás

se ve la senda que nunca

se ha de volver a pisar.

Caminante no hay camino

sino estelas en la mar.

 

 

 



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Eligio Damas

Militante de la izquierda de toda la vida. Nunca ha sido candidato a nada y menos ser llevado a tribunal alguno. Libre para opinar, sin tapaojos ni ataduras. Maestro de escuela de los de abajo.

 damas.eligio@gmail.com

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