Capitalismo con involución o revolución con evolución

Si aceptamos el significado del diccionario sobre el término revolución, es decir cambio o transformación, se puede deducir que la naturaleza es revolucionaria. Desde la conformación del universo y del planeta Tierra, es decir, desde hace más cuatro mil millones de años hasta nuestra era, se conocen las evidentes alteraciones sufridas por la pacha mama. Una vez que el antiguo primate evolucionó hacia el homínido, es decir el homus erectus, transcurrieron millones de años. De igual manera por alguna misteriosa mutación genética, el antiguo primate bípedo comenzó a hablar y como consecuencia empezó a manejar ideas, es decir, surgió el pensamiento. El cerebro primitivo, el paleocéfalo (el viejo encéfalo), se convirtió, tras millones de años, en el cerebro cognitivo o neocéfalo (el nuevo encéfalo).

Ciertamente, la naturaleza evolucionó hacia un nuevo ser racional que debía decidir conscientemente sobre numerosos aspectos sin tener la información suficiente y adecuada sobre estos, uno de los rasgos principales de la condición del homo sapiens. Aquel antiguo simio que actuaba en función de sus instintos para satisfacer sus necesidades primarias, transcurridos millones de años, se convirtió en un ser inteligente, dado que su neocéfalo estaba dotado con nuevas armas para actuar más allá de sus necesidades básicas. Lamentablemente la naturaleza no discierne entre los problemas morales, ni políticos ni muchos menos éticos para determinar si los seres humanos se conducen por los caminos adecuados.

El preámbulo anterior lo escribo para señalar que los seres humanos, como consecuencia de la evolución del cerebro hasta llegar al neocéfalo, mantiene en su mollera una cantidad de información, buena o mala, que hace a tal entidad responsable, tanto de las actuaciones estólidas como de las acertadas. El cerebro de la gente tiene los suficientes dispositivos para criticar o rechazar lo que le conviene a él y al entorno (social y ambiente). De igual manera, está dotado de harta imaginación para idear lo que supuestamente era imposible y para inventar lo que en el futuro se convierte en algo real.

Indudablemente, por ser los humanos producto de una mutación genética (nadie sabe si acertada o no) y peor aún, como nadie viene al mundo con un fin determinado, es algo difícil en pensar en una razón de la vida, dado que esta no es más que el camino hacia la nada (la muerte). Una extraña paradoja. Pero una vez que estamos navegando es las procelosas aguas existenciales, la finalidad de toda persona es la búsqueda de la felicidad. Una existencia que le asegure una calidad de vida adecuada y para eso debe conocer todo lo que le resulta útil para vivir en la Tierra.

Es aquí donde aparecen los modelos políticos, aquellos que por engaños o por mentiras reiteradas intentan augurarle a los seres humanos la felicidad, convencidos de que tienen el tiempo y la capacidad para hacerlo. En otras palabras, pueden satisfacer lo que el paleocéfalo del humano antiguo deseaba: una vida familiar feliz, un trabajo adecuado y un tiempo de ocio que le permita utilizar el tiempo desocupado en un esparcimiento placentero.

En Venezuela la oligarquía gobernó durante más de cien años y le pide a la revolución que en catorce años la revolución alcance lo que ellos no hicieron en un siglo. A manera de información, en menos de cien años Francia pasó del directorio, al consulado, luego primer imperio, después la restauración, continuó con la segunda república, prosiguió con el segundo imperio hasta la tercera república, todo esto en menos de un siglo. Y pensar que las dificultades de Francia están cruditas, en lo relativo a los problemas sociales: desempleo, problemas ambientales, delincuencia, consumo de drogas, racismo, dificultad en materia de viviendas, pobreza, contaminación de alimentos, complicaciones energéticas…A pesar de que en algún período de la historia Francia fue uno de los imperios más poderoso del universo.

Con la llegada del capitalismo, con la revolución industrial, ciertamente hubo un cambio para la humanidad, pero acentuado más en los beneficios de grupos poderosos y no para el provecho de millones de hombres provenientes de episodios de aciagas hambrunas y de ignominiosa esclavitud. Pero han pasado miles de años y los problemas humanos se agravan y el capitalismo es vez de evolucionar ha involucionado de una manera sorprendente, a tal magnitud que está en peligro la existencia del planeta. La herencia del capitalismo es nefasta y para eso basta enumerar algunas de sus anacronismos: el reforzamiento del racismo al crear sociedades de desiguales; responsable de la pestes al llevar en los barcos, en su afán de enriquecerse, diversos virus y bacterias a otras regiones del planeta; degradación ambiental; monopolios; crisis financieras responsables de desempleo y pérdida de hogares de millones de personas; causante de innumerables guerras para mantener las ganancias de la industria armamentistas de los países desarrollados; hambrunas, secuela de la desigualdad en el repartimiento de las riquezas; conservar un aparato industrial culpable del calentamiento global; mantener en situación de estrés a millones de seres en el mundo, generando necesidades a través de un sistema mediático universal; propiciador de la violencia, consumo de drogas y prostitución, fruto del mal uso de los medios de comunicación de masas; obesidad de millones de seres humanos al lanzar al mercado miles de productos causantes del sobre peso y como consecuencia, enfermedades derivadas de este mal; la violencia en las grandes ciudades dado la posesión de armas en manos de civiles; el desequilibrio trágico de la balanza de pagos de varias naciones; la imposición de gobiernos neoliberales; la extinción de materias primas, simplemente para satisfacer los caprichos de un grupo de electores; dispendio exagerado de las diversas formas energéticas; el consumismo depredador y productor de basura…Todo esto por culpa de los neocéfalos de los arteros capitalistas, quienes usan el cerebro para satisfacer sus propias necesidades: el aumento de sus capitales.

Venezuela tiene la oportunidad de que la revolución bolivariana y protagónica apunte hacia la evolución de la humanidad. Tristemente no tenemos un modelo a seguir, dado que venimos, no de un modelo capitalista, arrancamos de un modelo rentista, de una burguesía criolla depredadora que lo único que hizo fue vivir a costa de las ganancias petroleras (la cleptocracia) y no desarrolló un prototipo agropecuario, industrial y social autosuficiente, capaz de autosustentarnos. Durante muchos años exportamos la mayoría de los productos que consumíamos, desde una panela de jabón, un desodorante, un champú, harina de trigo, aguardiente hasta automóviles bajo el engaño de que estaban ensamblados en el país, con un 40 % de repuestos fabricados en Venezuela. Con la desgracia, que tales repuestos eran producidos con maquinaria y materia prima importada. Nos convertimos en un país consumidor o ¿consumista?, muy lejos de uno productor.

Esta revolución bolivariana debe apuntar hacia la evolución tanto social como material, esto último para darles calidad de vida a los habitantes del país. No podemos dejar de lado las manufacturas, la producción industrial, el comercio, pero se debe dejar de lado la corrupción, la acumulación de riquezas y los lujos. Nos obligamos a desarrollar una revolución con calidad humana que abandone el individualismo y trabaje en función del entorno social, el decir, la solidaridad y la protección ambiental.

Todo lo anterior pareciera pura retórica, que hasta los mismos capitalistas la utilizan para captar votos y luego de estar en el poder se olvidan de sus votantes y gobiernan solo para grupos poderosos: tememos como ejemplo a España, Grecia, Italia, Irlanda, Portugal…Para que lo referido en los párrafos anteriores sea algo más que pendejadas, los venezolanos están obligado entender que no se logra un objetivo sin sacrificio. Si pensamos en empresas socialistas se debe vencer los trastornos del capitalismo y concebir que sin trabajo y sin abnegación no se logra nada. Debemos intentar una producción que no genere desempleo ni inflación, además, el trabajo se debe realizar con disciplina, responsabilidad y eficacia. Nos hace falta un nuevo estilo de producción, bien planificado, que reemplace el consumo exagerado y la competencia. Las empresas socialistas deben ser administradas, sin burocracia, con probidad, con alto grado de eficacia. Es imperioso evitar el flujo de dólares hacia el exterior como consecuencia de la importación de productos que pueden ser fabricados en nuestro país. Es indispensable darle buen uso al neocéfalo y sobre todo, de manera constructiva. Tal como lo afirmó nuestro comandante Chávez y lo reitera el presidente chavista MM: eficiencia o nada. Revolución con evolución social, lo demás, no es más que un discurso insustancial.



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Enoc Sánchez


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