Venezuela a finales del siglo XX

En medio de una Venezuela oficial atónica, en que el Gobierno puntofijista en una Caracas burocrática y corrupta ignoraba las regiones, ignoraba la industria y los campos, cuando incluso la Universidad sufría rudos embates, el desarrollo del pueblo venezolano, a despecho de las estructuras caducas, iba a dar lugar a un florecimiento de la cultura y de múltiples corrientes del pensamiento. La enseñanza arrastraba una vida lánguida, falta de escuelas públicas, las existentes partes de ellas privadas, el ausentismo escolar era crítico y la población estudiantil del país aumentando a un ritmo de un millón por año. En 1999, muchos venezolanos(as) no sabían leer ni escribir, el analfabetismo más bien iba en aumento; los maestros seguían con salarios miserables y rara vez cobrados con puntualidad.

Sin embargo, ese final del siglo XX sería fiel testigo del esfuerzo creador de poderosas individualidades, representantes de sectores fundamentales de la nación y difusores de ideas llamadas a desempeñar un papel de primer orden en nuestra historia contemporánea.

El tingladillo político del puntofijismo, la Venezuela quietista de los señoritos del este de Caracas, la Venezuela ramplona de los funcionarios mayameros arbitristas y cafeteriles, no eran, por fortuna, Venezuela entera. Hemos visto cómo poderosas mafias económicas y sociales pugnaban por situarse “al nivel del siglo”. Bien por influencia directa o indirecta de dichas fuerzas, o bien por influencia de las ideas dominantes procedentes de Estados Unidos. Y así teníamos una Institución Carente de Probidad y Enseñanza.

No entra en nuestro propósito ni en nuestras posibilidades el trazado de un cuadro completo de aquella vida venezolana, sino que intentamos subrayar simplemente aquellas manifestaciones que han podido tener mayor influencia en la vida ulterior de Venezuela en el permanente esfuerzo por recobrar el ritmo de nuestro tiempo.

Ese criterio responde a una época en que la acción de los partidos que podríamos llamar clásicos limitaban su acción a los parlamentos y comités electorales. La realidad política no tardó en hacer caducar esas doctrinas. Ya en la época que nos ocupa, los partidos turnantes no defendían el interés nacional sino de un sector muy restringido, y por añadidura “quietista”, de la nación. En cuanto a los medios de comunicación comerciales, no había más que echar una ojeada al canal fascista Globovisión, Televen, Venevisión, el Nazional, el Universal, Ultimas Noticias y las cadenas de radiodifusión.

La situación del campesinado lindaba con la desolación, después de señalar la desaparición de pueblos enteros. ¿Qué ha sido de los habitantes de esos pueblos? Han tenido que salir de sus viviendas, alejarse de los campos regados con el sudor de su frente y emigrar muchos de ellos de su patria chica, maldiciendo quizá en su interior del terruño que los vio nacer y no les facilitó un pedazo de tierra para sustentarse; y eso que, al levantar sus ojos para despedirse de las llanuras y montañas, han visto quizá terrenos incultos que les hubieran proporcionado pan y trabajo.

El problema clerical estaba también candente. Inútil es repetir la conciencia de poder que tenía la Iglesia acrecentada en la medida en que también servía de basamento al régimen puntofijista. Tropezaba, sin embargo, con enemigos de extensos sectores del pueblo que no solo veía en ella un obstáculo a sus anhelos de poder avanzar socialmente y culturalmente, sino también un blanco hacia donde desviar su descontento de clase.

Si esos problemas eran importantes la tónica de la situación estaba dada preferentemente por un hecho que podríamos calificar como nuevo: la tensión social que había llegado a ocupar los primeros planos de la vida política. El régimen puntofijista tenía que apoyarse en los militares, en un momento en que sus cimientos no parecían muy sólidos, por eso, las agresiones de los militares contra el pueblo sobre todo en el año 1989, que sabemos pasa de los tres mil muertos. Sin embargo, otra medida gubernamental contribuyó a azuzar una cuestión que se encontraba doblemente actualizada a consecuencia de los desenlaces del PorAhora del 4 de febrero de 1992, seguido por los acontecimientos del 27 de noviembre de ese mismo año. Será bueno citar algunas de las disposiciones “sociales” de esos gobiernos, fruto de la continua tensión social. Como prueba curiosa de la mentalidad patronal puede citarse el argumento esgrimido contra la reivindicación de la antigüedad de las prestaciones sociales.

Ya vimos por las intervenciones del Comandante Chávez durante todos estos años su comprensión de la función revolucionaria del pueblo al derribar el viejo orden puntofijista, pero también hemos visto las contradicciones en que se vio envuelto cuando el (golpe de facto del 11 de abril 2002, y el paro económico y petrolero) con el poder entre las manos, se trataba de llevar a la práctica ese enérgico desmantelamiento del viejo régimen. Pero el Comandante Chávez comprendiendo la importancia creciente que adquiría el movimiento del pueblo, matizó socialmente la doctrina socialista que él preside. Vamos a integrar la representación socialista con el movimiento gradual, progresivo, constante, inspirado siempre en la justicia social que permitirá al trabajador venir ejercer el predominio como clase que le corresponde para el cumplimiento de su misión.

La revolución, tal como nosotros la concebimos, o más bien como la fuerza de las cosas la plantea hoy en día, tiene esencialmente un carácter continental. En vista de la coalición amenazante de todos los intereses privilegiados y de todas las fuerzas reaccionarias de las naciones “desarrolladas” del Norte disponiendo de todos los formidables medios que les da una organización sabiamente organizada; en vista de la escisión profunda que reina hoy día por todas partes en los países capitalistas, ninguna revolución sería lograda si ella no se extiende rápidamente sobre las demás naciones de Nuestra América; si no lleva en sí misma todos los elementos de esa universalidad, es decir, no es francamente una revolución socialista, destructiva del Estado burgués, creadora de la libertad por la igualdad y por la justicia porque nada sabrá desde ahora lograr, electrizar, sublevar la grande, la sola verdadera fuerza —los trabajadores— si no es la emancipación sola y completa del trabajo sobre las ruinas de todas las instituciones protectoras de la propiedad privada y del capital.

¡Gringos Go Home! Libertad para los cinco cubanos héroes de la Humanidad.

¡ChávezSomosTodos! ¡ChávezEsUnPueblo!

¡Chávez Vivirá y Vencerá!

¡Bolívar Vive!

manueltaibo1936@gmail.com


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Manuel Taibo


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