El discurso electoral en Venezuela (IV)

  
     
  1. La campaña opositora —hoy en día personificada en el candidato de la MUD Capriles Radonski— hasta ahora presenta múltiples visos de resultar de una meticulosa confección, adiestramiento previo y gestión dirigida desde laboratorios de ingeniería electoral.
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  1. Las múltiples concomitancias con la campaña de Obama permite pensar que Capriles apelará a dicho modelo ideológico-discursivo como expediente para construir una nueva hegemonía auto-denominada de centro-izquierda que pareciese evitar desafiar frontalmente el arraigado sentimiento de simpatía/ afinidad popular hacia el mito Hugo Chávez, tramitando sibilinamente identificarse con una suerte de lulismo brasileiro.
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  1. Su estrategia capitaliza importantes aprendizajes recientemente derivados de confrontaciones electorales durante las cuales noveles candidatos de la derecha —incluso muy poco o en lo absoluto conocidos por el electorado—consiguieron arrastrar un inusitado y masivo respaldo, especialmente de los segmentos más desencantados e incluso refractarios a participar en política. Es previsible la vinculación por le discurso opositor entre el socialismo/ comunismo y algunas prácticas reñidas con el humanismo y el cristianismo (conculcación de la propiedad privada personal y familiar, legalización del aborto, vulneración de los DDHH, ilegalización de cultos, persecución de cuadros políticos y partidos opositores, etc.).
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  1. Particularmente revelador es constatar cómo Capriles Radonski está apelando a una aclimatación de la estrategia base de campaña electoral construida por el escritor de discursos de Obama, Jon Favreau quien declaró que obtuvo el puesto de escritor oficial de los discursos de Obama una vez le explicó lo siguiente: "Un discurso puede ensanchar el círculo de personas que se preocupan por estas cosas (de la política) ¿Cómo apelas a una persona promedio que (socio-políticamente) has estado lastimando? Diciéndole: Te escucho, estoy aquí, Y a pesar de que has sido tan repetidamente decepcionado y te has hecho desconfiado respecto de la política en el pasado, y con razón, te aseguro que podemos marchar ahora juntos por un camino acertado. Sólo dame una oportunidad.". De este tipo de apelación al segmento desencantado del electorado de EE.UU. —explotado persistentemente por Obama— al discurso pseudo-humanista y pseudo-progresista de Capriles Radonski hay solo un paso. Capriles Radonski repite una y otra vez: “En un momento dado los que estamos hoy aquí teníamos caminos diferentes (…) Pero llegó la hora del futuro. Llegó la hora de cada uno de ustedes. Llegó la hora de Venezuela. No es la hora de la izquierda ni la hora de la derecha. Es la hora del país… de toda Venezuela”. Un discurso como este claramente se dirige ―más que a consolidar la base propia― a animar y movilizar a la población desmovilizada, apática y desengañada de la política. Y, desde luego, paralelamente, a socavar la base electoral del chavismo.
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  1. Una parte decisiva de la eficacia discursiva de Capriles resulta de apelar a un cierto imaginario liberal burgués todavía vigorosamente emplazado en importantes segmentos del imaginario en ascenso social en la población venezolana. Dicho imaginario liberal burgués asocia prosperidad con consumismo, mejoras educativas con desclasamiento y ascenso socio-económico con deposición de la lucha de clases, percepción que sirve de púlpito para legitimar la tesis defensora a ultranza de la propiedad privada según la cual invariablemente “expropiar es robar”, bandera emblemática de la campaña de María Corina Machado.
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  1. Tal imaginario pequeño-burgués soportado en la mitología liberal del progreso es blandido por Capriles Radonski como la antítesis del proyecto socialista. Un proyecto que incrimina de conculcador de todo tipo de propiedad privada, incluyendo los bienes imprescindibles para la supervivencia humana de los trabajadores y otros sectores oprimidos. Es previsible esta misma política de amedrentamiento será utilizada como metáfora para aterrorizar con la tesis de que el Estado socialista en una hipotética nueva etapa en Venezuela de seguro no solo expropiará los bienes personales y familiares sino que además arrebatará y asumirá la guardia, custodia y educación de los niños pequeños de todas las familias venezolanas.
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  1. Un mecanismo con que la oposición tramita “demostrar discursivamente” la inviabilidad del modelo de gobierno socialista dirigido por Hugo Chávez es explicar que con este pasó algo similar a lo ocurrido con las Revoluciones Francesa y Bolchevique. Revoluciones que, producto de múltiples determinaciones históricas y contradicciones relativas a lo que se vendió como la intrínseca inviabilidad socio-histórica del socialismo, traicionaron su inicial vocación de Revoluciones Populares para derivar básicamente en sediciones utópicas y aberraciones estado-céntricas.
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  1. Dada la minuciosidad con que ha sido ideada y orquestada esta campaña opositora, no parece prudente subestimarla. Capriles procede de un partido nacido de un programa de un talk show televisivo bautizado Justicia para Todos, que a la postre fue convertido en el nuevo partido político de la derecha Primero Justicia. Su itinerario de expansión guarda semejanzas asombrosas con la del Partido Primero Colombia del cual emergió el expresidente Álvaro Uribe y también se parece mucho a un partido similar denominado Cambio Democrático, fundado en 1998 (dos años antes que Primero Justicia) del que brotó el hoy presidente panameño Ricardo Martinelli, próspero empresario con amplios lazos con multinacionales estadounidenses. La vertiginosa pérdida de vigencia de la agenda bipartidista en buena parte de América Latina puede asociarse con una evaluación temprana que desde el sistema capitalista capitaneado por Washington se hizo de la inviabilidad de conservar por mucho más tiempo la influencia sobre Venezuela soportado en dicho aparataje tradicional. De dicha apreciación se concluyó la necesidad de remozar y suplantar dichas estructuras bipartidistas de centro-derecha con un conjunto de movimientos que se transformarían a la postre en partidos políticos veladamente pro-estadounidenses y pro-capitalistas aunque despojados de nexos manifiestos con el pasado bipartidista tradicional fuertemente desprestigiado por causa de su connivencia con la aplicación de los leoninos paquetes de ajuste neo-liberal.
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  1. Para triunfar el 7 de octubre de 2012 es clave evitar hundirse en el chinchorro del triunfalismo. Y para sortearlo tendremos que aprender a sopesar la magnitud de las propias fuerzas, incluyendo la potencia político-discursiva propia y la del contrario. Sólo así alcanzaremos advertir los peligros y exorcizar nuestros flancos débiles. Un 36% de los votantes en Venezuela expresa no comulgar hoy con ningún partido político y opinan conservarse indecisos, segmento que representa más de un tercio del total del electorado.
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  1. Urge atreverse a transitar la rigurosidad del análisis político-mediático y ahondar en su debate público. Es preciso evitar confiarse en un discurso más voluntarista que realista. Un discurso en ocasiones promotor de los grandes logros revolucionarios pero escasamente propulsor de la utopía encarnada en la creación de una sociedad promotora de nuevos medios de producción y nuevos modos de producción que posibiliten hacer un trabajo significativo y creativo, y además propulsor de nuevas relaciones humanas básicamente solidarias, gratificantes y significativas, escenarios inherentes a toda sociedad genuinamente humanista/ cristiana/ socialista.
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  1. Del mismo modo parece clave sospechar de una peligrosa tendencia a confiarnos en cierta encuestología que puede imponer como "verdad científica" y relativamente firme una versión parcializada del mapa electoral presente y futuro venezolano. Contentarse con preconizar que la torta electoral está partida en tres trozos más o menos equivalentes pero que el pedazo de pastel del chavismo es algo más grande que la del enemigo de clase —que dista mucho de ser lo mismo que adversario de clase— poco ayuda, como plantea Iturriza. A más de, tememos que esta fotografía de una justa ya ganada pueda incluso debilitar el arrojo de clase preciso para activar e inspirar a todas las fuerzas progresistas y pro-socialistas durante estos 7 agitados meses que restan.
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  1. Urge acelerar el paso para levantar una sociedad fundada en nuevas instituciones cada día más consubstanciadas con los sectores pobres y medios que componen la mayoría inmensa. La propensión a abusar de los recursos de la encuestología política como expediente de la propaganda política y de la economía de las movilizaciones (marchas y concentraciones) se desprende en buena parte de un paradigma impuesto desde la práctica del discurso propagandístico. Según este discurso más importante que introducir políticas que profundicen la conciencia de clase para sí y levantar el ánimo en la propia base aliada, lo clave es desmoralizar a la base electoral opositora. Pero desmoralizar la voluntad de participación masiva del bando contrario más que inspirar la del campo propio, que es sin duda el campo mayoritario, no pareciera ser el mejor plan.
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  1. La confección de una práctica político-discursiva de cuño poli-clasista (clase proletaria y otros sectores dominados y oprimidos incluyendo los atascados en la economía informal) dotada de un alto grado de coherencia, autoconciencia y organización, como lo plantea Antonio Gramsci en su reflexión carcelaria, pasa por alcanzar: “la conciencia de que los propios intereses corporativos en su desarrollo actual y futuro, superan el círculo corporativo (…) y pueden y deben convertirse en intereses de otros grupos subordinados. De ese modo la lucha pasa del plano corporativo al `universal΄ (…) implantando así la hegemonía de un grupo social fundamental sobre una serie de grupos subordinados”. (Cuadernos de la cárcel, V, 36-7. Puebla. 2000. Era).
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  1. En concordancia con la aserción anterior creemos que se debe responder con contundencia a las imputaciones que el discurso opositor viene formulando contra el campo bolivariano. Una de las principales imputaciones es incriminarlo de que la clase trabajadora que labora para el Estado está siendo forzada a ponerse las camisas del color del partido de gobierno a fin de evitar ser despedida por razones de persecución política. La masiva discusión pública y participativa de una nueva y revolucionaria Ley Orgánica del Trabajo que brinde plenas garantías contra el despido no justificado, tanto en el sector público como en el privado, entre otras trascendentales disposiciones, será evaluada como una conquista histórica y resultará de una importancia capital para revertir de raíz esta matriz y afianzar la progresividad de derechos al interno de un esquema de gobierno de cuño resolutivamente socialista.

 

 

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Luis Delgado Arria


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