Paguemos a cada trabajador según su trabajo mancomunado, y no según su trabajo

Para los redactores de la LOT: El carácter complementario de los trabajadores entre sí

Se podría imaginar que si el valor de una mercancía lo determina la cantidad de trabajo invertida durante su producción, cuanto más perezoso e inhábil es un hombre, más valor tiene su mercancía, puesto que emplea más tiempo en sus fabricación. Pero el trabajo que forma la sustancia del valor es trabajo igual e indistinto, una inversión de la misma fuerza. La fuerza de trabajo de la sociedad toda, que se manifiesta en el conjunto de los valores, sólo cuenta, pues, como fuerza única, aunque se componga de innumerables fuerzas individuales. Cada fuerza de trabajo individual es igual a cualquier otra, en la medida en que posee el carácter de una fuerza social promedio y funciona como tal, es decir, que en la producción de una mercancía sólo emplea el tiempo de trabajo necesario, o socialmente necesario. El tiempo socialmente necesario para la producción de las mercancías es el que exige todo trabajo, ejecutado con en grado medio de habilidad” Tomado de: http://www.aporrea.org/actualidad/a140976.html

De entrada: El Principio socialista de distribución debe revisarse por representar un perverso atavismo burgués que mantiene dividido en la base al proletariado. No puede ganarse una conciencia social proletaria uniforme con unos trabajadores mejor remunerados que otros. Esto es difícil de digerir, pero así suelen ser los mejores remedios para los grandes males.

La cita del epígrafe se halla en Carlos Marx (El Capital, Libro I, Cap. I.I-Cartago). Su contenido es uno los fundamentos más importantes de las relaciones de producción burguesas, y un poderoso pivote aportado por Marx para desjustificar que unos asalariados ganen menos que otros, un atavismo que ha pasado a todos los ensayos “socialistas”, a pesar de que, curiosamente(?) , toda la obra de este científico versa sobre el trabajo social, no sólo en la fábrica, puertas adentro, sino en todas las empresas pertenecientes a una ciudad, a un estado, a una nación y, si a ver vamos, a todas las empresas burguesas del mundo.

Marx escribe, se apoya y acude al hombre en sociedad que se halla fuera de la fábrica para que este se dé cuenta de que esa mancomunión practicada en su casa, en sitios de recreo, de convivencia entre vecinos y amistades, es decir, fuera de la fábrica, sigue rigiendo dentro de esta. Y, a propósito, es bueno sobrentender que en la cita se está precisando el valor promedio correspondiente a la mezcla de fuerzas de trabajo simples y complejasii que necesariamente opera en cada fábrica, en primer lugar, una mezcla que será determinante a los efectos intercambiaros mercantiles, en el mercado.

Así, una cosa es que una mercancía A insuma más valor por ser el resultado de mano de obra más compleja, término medio, y otra, que a los trabajadores de una misma fábrica deba reconocérseles salarios según su trabajo en particular, según su mayor o menor simpleza o complejidad cualitativa. No, en la empresa, puertas dentro, la mezcla de labores desde el mejor especialista hasta el de menor preparación técnica, deben entrar como partes laborales concomitantes e inevitablemente complementarias, de la misma manera que los trabajadores de la misma especialidad entran fusionados estadísticamente, a pesar de ser unos más productivos o perezosos que otros. En cada fábrica, su mano de obra actúa como una fuerza in sólidum, y así, término medio, se reparte el capital de la paga salarial o variable correspondiente.

Por esa razón, las diferencias en los grados de complejidad laboral no vienen al caso, salvo para la determinación de los rendimientos. Los trabajadores de cada tipo de empresa deben ganar salarios iguales, independientemente del tipo de trabajo realizado por cada uno de ellos, para una jornada y disciplina constantes. Hasta el mejor cirujano pierde argumentos para recibir una mejor paga en el quirófano que el de la enfermera del equipo o el de sus colegas con menores grados de especialización. Este es el punto: Ninguno de estos cirujanos y paramédicos podría ejercer bien su trabajo de equipo sin el resto del equipo, así de sencillo.

Las diferencias en razón de mayor preparación o complejidad laboral sólo se respetarían en los tipos de labores que jerárquicamente competan en atención a las fases involucradas en el proceso de producción. Serían distinciones honoríficas que formarán parte del trabajo de cada miembro del equipo. Habrá directores, asesores, Ingenieros varios, obreros raso, aseadores, etc, pero ninguno de ellos podrá sentirse alienado ni infatuado ni desmejorado o mejorado social y económicamente.

Entonces, la diferencia en la calidad o complejidad entre las labores propias de cada empresa queda reservada al mercado donde obviamente habrá mercancías de mayor precio que otras por ser de mejor calidad y exigencia de mano de obra, no ya en cantidad, sino en calidad. Los estímulos para que unas personas estudien más que otros quedará explicado por las naturales vocaciones, y porque las empresas necesitan de esos diferentes especialistas, y de allí que no todos puedan quedarse en cero complejidad, ni todos pueden ser especialistas de levad formación. La sociedad necesita el concurso de los diferentes especialistas, pero eso no es licencia abierta para sembrar las divisiones oprobiosas salariales que hasta ahora reinan. Al respecto, Marx señala:

“…se advierte, a simple vista, que en nuestra sociedad capitalista, según la orientación variable de la demanda de trabajo, determinada porción de trabajo humano debe ofrecerse, ora en forma de una oficio o profesión A, ora en B, en C, D, etc. Sean cuales fueran las fricciones provocadas por tales mutaciones de forma del trabajo, estas tienen que producirse.”. Véase: Carlos Marx, El Capital, L1, Cap. I. II

En corroboración a estas deducciones y recomendaciones en la literatura económica marxista y no marxista se trata el tema de los bienes complementariosiii, aunque estos no son calificados como es debido. Cuando Marx llama a la “unión de los proletarios del mundo” lo hace precisamente sobre esa base social del trabajo mancomunado, del proletariado actuando como una sola fuerza de trabajo en funciones productivas. Si eso es así, la paga de salarios sobre el anticientífico principio de “a cada quien según su trabajo” debe revisarse urgente y definitivamente, en lo que respecta a los trabajadores de cada empresa en particular.

Habrá quien objete de la manera siguiente: Como se prevé salarios superiores para los trabajadores de la empresa productora de mercancías más exigentes en la complejidad del trabajo de sus trabajadores, los especialistas afines de la empresa cuyo valor medio sea menor se hallarían disconformes o subpagados. En estos casos, sólo podemos anticipar que, la idea macroeconómica es que todos los trabajos especializados en diferentes mercancías no tiene porqué ser unos mejor pagados que otros.

Ciertamente, el trabajo aislado, mecanicistamente entendido cual piñones de un reloj cualquiera, no tiene cabida por ahora ni lo ha tenido jamás. Cuando se afirma que “el trabajo hizo al hombre”, por alguna razón desconocida se omitió calificarlo como trabajo social, puesto que tampoco ni siquiera el hombre más remoto pudo hacerlo a solas; para esa imposibilidad rige la quimera de Robinson Crusoe.1, anticientífica y novelesca por todos sus costados. Veamos estas definiciones:

“El trabajo es la fuente de toda riqueza y de toda cultura y como el trabajo útil sólo es posible dentro de la sociedad y a través de ella, todos los miembros de la sociedad tienen igual derecho a percibir el fruto íntegro del trabajo” Carlos Marx, Cartas Marginales al Programa del partido Obrero Alemán.

Es que ni siquiera esa comparación de los piñones engranados se corresponde en una realidad donde nada, absolutamente nada, se halla separado y sin conexión del resto de las más cosa conocidas y por conocer. Marx, usa el método del trabajo social o del conjunto que más adelante dio en llamársele trabajo holístico, más trascendente aun ya que recoge al proletariado del mundo.


1 

ii Por trabajo simple y complejo se entiende, respectivamente, trabajos realizados por personas con menor formación técnica que otras, desde el operario con menos esfuerzo en su formación hasta el más acabado que concurra en las plantillas laborales de la empresa de cualesquiera mercancías.

Con esta observación queremos despejar una de las más importantes confusiones e injusticias que viene practicando el sistema capitalista, pero que se agrava cuando los teóricos posmarxistas, Lenin entre ellos, y los académicos soviético rusos y de otros países en la actualidad, han extendido semejante confusión al modo precomunista o socialismo.

Efectivamente, una cosa es que las labores y el valor de la fuerza de trabajo promedia invertida en la elaboración de la mercancía A insuma más trabajos complejos que la empleada en otras de menor exigencia técnica o superior. Y otra cosa es pagar salarios diferentes dentro de la fábrica porque así lo digan las credenciales o el currículum de cada trabajador. Esto último es pagar según un trabajo abstracto, y no según el trabajo concreto prestado sólo en mancomunión laboral cuando actúa el equipo completo.

iii La complementariedad a la que se refieren los ingenieros, contables y economistas poco científicos, es más o menos esta:

Según Heinrich f. v. Stackelberg (Principios de Teoría Económica), “La productividad marginal del trabajo sobre una extensión fija de tierra disminuye a partir de cierto límite a medida que aumenta el trabajo empleado” .Y sigue: “La certidumbre de esta ley resulta, por fuerza, de la experiencia común. Si no rigiese, doblando la aportación de trabajo se duplicaría el producto por hectárea, y cuadruplicando la aportación de trabajo se cuadruplicaría el producto. El resultado sería absurdo, pues concentrando sobre una sola hectárea todo el trabajo que en el mundo se dedica a la Agricultura, se conseguiría una cosecha igual a la producción mundial”.

Aquí mismo podemos dilucidar la falsedad interesada de estas supuestas leyes. Obsérvese que, cual modelo notable y matemático, Stackelberg y su pléyade de seguidores (José Castañeda, entre muchísimos desparramados sobre la Tierra, con tanta abundancia como las mercancías de las transnacionales a las cuales apologizan) reconocen que el proceso de trabajo es una inevitable y común interacción combinatoria e intercomplementarísima ya que “Sólo la combinación de diversos medios productivos permite obtener el bien trigo”. Ibídem.

Como eso es así, se ve obligado a congelar cada uno por separado de esos medios, la tierra, los trabajadores, la semilla, etc, mientras estudia, mide y... ¡milagro!: descubre el rendimiento decreciente (en el argot ingenieril, o productividad en el económico) del medio que siga moviéndose mientras el resto (céteris páribus) permanezca constante. Un rendimiento marginal decreciente, sí, pero sólo en razón de la falta de armonía en recursos necesariamente complementarios, para los diferentes insumos de medios y mano de obra que lleva consigo todo proceso de producción.

En su inconsistente modelo, el rendimiento se ve forzado a decaer irremisible, contable e ingenierilmente. ¡Vaya leyes!, ¡vaya estudios!, ¡vaya cálculo estadisticomatemático! para un paquete productivo que jamás podrá moverse sin el concurso y la concomitancia de determinados medios que por fuerza deben estar todos allí, moviéndose todos, comprados y reunidos allí, en la fábrica, para que pueda elaborarse cualquier tipo de mercancía por simple que sea su más íntima composición fisicoquímica.

Esta demostración de decrecimiento en la productividad de medios complementarios, si se detiene o desbalancea la combinación de los factores de la producción, es usada por la Contabilidad e Ingeniería burguesas para justificar su famosa teoría de la utilidad marginal decreciente, y, lo grave del asunto, de paso esconden el hecho de que ningún trabajador puede rendir suficientemente en una empresa de varios, desde el trabajo simple hasta el complejo, si el equipo laboral no se mantiene completo y a gusto por partes iguales.

Por supuesto, con salarios diferentes reconocidos en función de la calidad personal y aislada de cada trabajador, es virtualmente imposible que los trabajadores lo den todo, a sabiendas que sus colaboración mejoraría la productividad de los mejor pagados mientras él se mantiene marginado dentro de su propia empresa. Ahora bien, la complementariedad de los bienes y recursos de la empresa pone en evidencia que si falla el fósforo, el cigarrillo no sirve para nada, si falla la enfermera, el médico queda virtual y realmente anulado, cosas así.





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Manuel C. Martínez M.


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