Mis senderos por el ajedrez

No conocí afición en la familia; mi padre, ignoraba todo juego, pues fue estudiante de medicina a los 14 años, i se graduó menor de edad a los 20 años. Solamente recuerdo que mis dos primos más afines –Heberto i Juan-Juan−, casi de la misma edad, tuvimos en las manos un juego de ajedrez, nadie nos orientó i nos pareció tedioso i largo cada partida, según vimos en alguna película como Escuela de Sirenas con Red Skelton, Van Jhonnson i la bellísima Esther Willians nadadora olímpica. Al comienzo aparecen en un lujoso hotel dos señores de edad ante un tablero de ajedrez pensando; de tiempo en tiempo los enfocaban en la misma actitud sin moverse ni pestañar i casi al final de la cinta, uno de ellos hace una movida i dice: −Juegas tú. Cuando estudiaba medicina, escuché alguna vez que algunos profesores, entre ellos el de Anatomía, José León García Díaz, jugaba ajedrez con algunos otros en la AAZ (Asociación Atlética del Zulia) i eso en un salón cerrado donde no entraban ni moscas. Ya cuando graduado de médico, estudiaba Filosofía, otro García Díaz mexicano (mi amado profesor de filosofía) i ni pariente del primero nombrado, me hablaba del Ajedrez, me nombraba a Alhekine i a Capablanca, i me dio nociones del juego i hasta me ponía problemas de esos que traen libros o revistas, i exponen: la blancas dan mate en dos jugadas; o las negras ganan con sacrificio de torre o de reina, etc. Además había compañeros de generación que eran extraordinarios ajedrecistas, como los Pérez Matheus, mui amigo mío Evaristo. Entonces empecé jugar, a comprar libros, aperturas, juego medio, finales, historia del ajedrez, diccionario, etc., i conseguí un joven entusiasta, inteligente como pocas personas he conocido en la vida, amante de la música i ejecutante virtuoso con muchos instrumentos, desde el piano, el arpa, la guitarra, al acordeón, la mandolina, la flauta, hasta un instrumento raro que traje de España, que era una flauta en forma de aguacate con diversos pitos para soplar o sonar, i que intuitivamente empezó a tocar. Se llamaba, Julio César Paredes; era hábil carpintero que ayudaba a su padre, electricista i mil cosas más. Se graduó en Filosofía i escribió un Problemario de Lógica. Le quise como a un hijo, i lo asesinó un loco del volante. Nos entusiasmó el ajedrez i los sábados sobre todo, empezábamos a jugar de tarde i amanecíamos el domingo sobre el tablero i haciendo estudios de jugadas. Mi biblioteca se fue llenando de libros –a veces casi imposible de estudiarlos todos− i biografías de José Raúl Capanblanca, el genial cubano número uno del mundo i de la historia; de Alhekine, Euwe, Petrossian, Spasky i principalmente Bobby Fischer, me fascinaron. A Fischer, lo destruyó el capitalismo i el criminal imperio. Fue un campeón extraordinario, que demostró que no todos los norteamericanos son brutos como Reagan, o los Bush.

Sin embargo hubo un tiempo maravilloso para el juego, cuando viví mis dos años en Europa, entre ellos 15 meses en Lovaina; Bélgica. Allá, en mi inolvidable Korbeek-Lo (en las afueras de Lovaina) alquilé una casita bella que parecía de muñecas, con unos vecinos maravillosos (supe lo que es tener vecinos de verdad) i un amigo venezolano que conocí entonces, el Dr. Jorge Sosa Chacín (abogado i criminólogo; i a su esposa e hijos también) hicieron parte de la felicidad que proporciona la amistad; lamentablemente, luego del regreso no he sabido de ellos jamás. Pues bien; Jorge, Rogelio Áñez nuestro embajador cultural allá), i un joven médico venezolano, alto, inteligente i bella persona como pocas conocí entonces, junto a otros, hacíamos del ajedrez nuestro encuentro más hermosos, con los exteriores fríos o nevados, i tomando café con leche bien caliente i uno que otro trago de brandy Duque de Alba (mi único amigo aristócrata). José Luis Ávila era científico; trabajaba con el profesor De Duve que luego fue Premio Nobel de Medicina, i este venezolano se ocupaba de las mitocondrias i los lisosomas, para ser luego colaborador del Dr. Convit, en el logro de la vacuna contra la lepra. Ganó un Premio Nacional de Ciencias, i cuando trataba de localizarlo, supe de su lamentable muerte. Le he llorado en silencio.

Ahora, cuando regresé a Venezuela, los senderos por el ajedrez me proporcionaron dos grandes recompensas o premios; escribía por La Columna sobre la necesidad del Ajedrez en la escuela primaria, cuando conocí a Eddy González personalmente, puesto que le conocía a través de la prensa i otros medios, como Campeón de Ajedrez i, además, como insigne cultor del idioma español, en lo que es un maestro respetable i notable intelectual. Ese es un campo en el cual destaca con brillantez i por su connotada modestia. Por eso propuse sus clases de ajedrez en el Colegio Médico. La otra grande i hermosa recompensa, fue conocer a la bella e inteligente damita de escasos 16 u 17 años, no preciso, que había sido campeona nacional juvenil por tres años i luego campeona nacional con proyección internacional; ese hermoso ejemplo de talento, belleza i ternura, fue i es, Tibaire de Pool, con la única persona que me he atrevido a jugar en privado para ocultar la paliza i acostúmbrame al uso del reloj, aunque en una ocasión en Ciudad Ojeda estuve en una simultánea, que nos ganó a todos. Tengo proyectado hace tiempo un gran cuadro al óleo, donde estos dos personajes, afectos a mi mente i corazón, sean protagonistas, i sobre todo mostrar a los jóvenes esa maravilla insuperable entre todos los juegos humanos, que se llama el Ajedrez, por alguna razón bien fundada, el Juego Ciencia.

Este Escalio breve, fue escrito como colaboración también, para un periódico mensual tamaño tabloide, que dirige i corre con todos los gastos, mi apreciado Eddy González que pasó de Campeón Nacional i Regional, a ser maestro, docente i escritor de dos de sus pasiones en la vida; el Ajedrez i el cuido del idioma, por lo que pienso que, PDVSA u otras instituciones oficiales, deberían darle el apoyo económico necesario al periódico mencionado que se llama TERCERA EDAD, con un lema bajo el título: No se es joven ni viejo, se está vivo. Es un instrumento de cultura, i en letras grandes para facilitar la lectura a los de la llamada Tercera Edad, que amerita reconocimiento por los ministerios que tienen que ver con la educación i la cultura. Advirtiendo que sin este párrafo final que le he agregado. Más adelante escribiré otras cosas sobre el ajedrez i las cosas interesantes que observé durante mi estada (no debe decirse estadía) en Europa.


robertojjm@hotmail.com


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Roberto Jiménez Maggiolo


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