27F y 12 años de revolución

La República Bolivariana de Venezuela solemniza este nuevo aniversario del 27F imaginando el saldo de una primera docena de años haciendo ―mejor dicho organizando― Revolución.

Y lo hace críticamente. Se conmemora  revisa el punto de inflexión, de nacimiento, la fuente misma de un quiebre drástico, radical, a mi juicio determinante de nuestra historia patriota hacia donde, al menos mayoritaria y protagónicamente nos dirigirnos.

Alguien pudiera rumiar que esta tesis no es sino una hipótesis o suposición entre voluntarista y propagandística. Sobre todo a contadas semanas de las pasadas elecciones parlamentarias que fotografiaron una apretada correlación de fuerzas entre bolivarianismo y oposición.

Pero no. Por un lado generalmente marcha la coyuntura del teatro electoral. Y por otro, muchas veces, la dimensión dialéctica del cambio histórico de las sociedades. Sobre todo de cara al acelerado colapso geo-político del sistema capitalista. Y más aún, de cara a la emergencia de una aguacero de levantamientos populares en diferentes rincones del planeta, incluyendo en foco mismo del capitalismo.

Todo proceso revolucionario es reversible, como lo muestra suficiente y dramáticamente la historia. Pero el juego es jugando. Y hay millones embarcados militantemente en esta apuesta.

Un tornado llamado Revolución

Pese al complejo, largo y muchas veces contradictorio camino hacia un nuevo socialismo a la venezolana y de cuño marxista todavía pendiente, es tal la cuantía y hondura de transformaciones revolucionarias que han sido llevadas a término en estos agitados pero productivos 12 años de luchas en Venezuela que el solo enunciarlos apabulla. Aunque su enumeración no justiprecia el nuevo estado masivo de emancipación alcanzado y el curso en ciernes. Y mucho menos caracteriza el estadio de mutación hacia un estadio post-capitalista que de hecho se viene desenganchando, primordialmente desde abajo, en diferentes costados de nuestra chisporroteante sociedad.

Con una mezcla de humildad pedagógica y de sentido profético Bolívar nos enseñaba que en medio de la tempestad que es por definición toda revolución incluso él, en su calidad de Libertador, no sería sino una brizna que se la llevaría el viento.

Tal el complejo desafío que encaramos intelectuales ―en el sentido abarcador en que lo definía Gramsci― y hombres y mujeres con responsabilidades de Estado y de activismos de partido y de poder comunal.

Producto de esta Revolución Bolivariana parida desde el trabajo e inspiración de millones ―y en especial de todo nuestro pueblo humilde, incluso el que engañado milita en contra de su propia clase―, vivimos hoy en Venezuela un quiebre profundo: mutación de la forma en que se estilamos hacer política. Y no menos importante, el quiebre de la forma de vivir la relación individual y colectiva con nosotros mismos. Vegetamos, además, el quiebre de una institucionalidad /mundo en insalvable crisis. Y de allí la urgencia de justipreciar y afianzar lo alcanzado y mejorar o transformar lo que no. De allí también la desesperación de cierta oposición. Sobre todo en su insistencia en criticar e infamar. Y particularmente su objetivo de cortar la nueva institucionalidad que fundan las leyes del Poder Popular y sus nacientes instituciones.

Desde luego, todavía parte importante de nuestro pueblo y del Estado realmente existente sufren todavía las mil y una contradicciones desarrollistas y extractivistas, reformistas y pequeño-burguesas. Y no podía ser de otra manera. 600 años de coloniaje y medio siglo de social-democracia no son conchas de ajo que uno se quita de encima así nomás.

Pero no solo yo sospecho que estamos trasponiendo esa frontera que Marx decía habría que salvar para hacer irreversible un proceso de transformación revolucionario camino del socialismo.

Ojo, no es que podamos dormirnos en los laureles de lo alcanzado sino que con sólo avanzar al ritmo revolucionario que llevamos y operar un replanteo en profundidad de las políticas de posesión y explotación de tierras, de empleo y mayor inclusión del sector informal de la economía, de industrialización y comunicación, de socialización de los medios y modos de producción y política cambiaria; y comenzar a cosechar éxitos en las políticas de seguridad ciudadana, administración de los centros penitenciarios y en general de la administración de la justicia, vivienda y control de la inflación y especulación, la revolución bolivariana me parece cosechará una nueva y decisiva victoria este venidero 2012.

Desde luego este avance en materia de política estatal/ gubernativa deberá ir escoltado por la inspiración y revolución de las carcomidas formas históricas de hacer política y activismo al interno del nuevo Polo Patriótico. Hay consenso sobre la necesidad de construir un sólido partido/ movimiento capaz de pensar y actuar con rebeldía, sentido crítico y eficacia de cara a cualquier debilidad interna, u ofensiva externa. Fallar en esto sería colocar en jaque el proceso en su conjunto.

Del neoliberalismo al sueño de Bolívar

En apenas 12 años pasamos de una política vertical, pragmática, gatopardiana, manipulatoria, cosificadora de la alteridad, en suma, maquiavélica, hobbesiana y de espaldas al pueblo, a una política de la discusión, la creación, la fabricación y confrontación de ideas, nuevas estructuras de poder y de proyectos de vida.

Es verdad, falta mucho para alcanzar un modo de vida plenamente humanista y socialista en términos de la socialización de los medios y modos de producción de un modo digno pero también competitivo. Pero vamos avanzando a un ritmo que la vorágine de los acontecimiento no siempre nos permite sopesar.

La que tuvimos hasta hace 12 años no fue una política peladamente populista/ paternalista/ antipatriota y entreguista. Negación misma de nuestra identidad venezolana, de raíz rebelde, libertaria y contestataria. Fue la negación además de nuestro arresto histórico en contra de toda forma de injusticia o práctica colonial conculcadora de derechos y dignidades. La que tuvimos hasta hace 12 años fue una negación cotidiana de nuestra identidad solidaria y nuestra tradición de liderazgo continental y mundial en la edificación de una región y de un nuevo espacio-mundo prósperos, fraternos y pacíficos.

La que vamos creando, cada uno con su aporte y su praxis crítica, es un nuevo Estado y una nueva sociedad. Un nuevo orden lanzado hacia una praxis descolonizadora, antiimperialista y más lentamente también, anticapitalista, esto es: valorizadora y significadora del trabajo, anti-extractivista, anti-individualista y anti-consumista.

Una praxis acerada desde la experiencia colectiva de un modo de gobierno y de vida, inspirados en una democracia radical y nuestra. Esto es nutrida en nuestra historia de luchas pasadas y presentes a nivel nacional y de las luchas y experiencias exitosas y fallidas del proletariado a nivel mundial. Y, sobre todo, orientada no a las consecuencias sino a la raíz misma generadora de los problemas.

Vivimos hoy el quiebre de la forma en que el pueblo se mira cosificadamente a sí mismo. Y quiebre también de la manera en que se proyecta a futuro desde el arsenal que constituye La praxis mirandina, bolivariana, robinsoniana, zamorana, martiana, neo-zapatista, sandinista, entre otras, hoy cada vez más recobradas y revivificadas. A lo que se le suman los aportes de los padres del socialismo científico y los nuevos desarrollos teóricos en pleno desarrollo que alimentan el socialismo del siglo XXI.

Trazos de este terremoto:

Como lo han aquilatado, entre otros, Luis Britto García, Alan Woods y Greg Wilpert, los cambios se cumplen en diversas áreas y ritmos, entre los que es posible agrupar:

En el plano de la política interna:

En 12 años hemos celebrado 14 elecciones democráticas consecutivas, la mayoría con la presencia de observadores internacionales. Tres de ellas fueron presidenciales. De las 14 elecciones el bolivarianismo ha ganado trece y perdido una, por mínimo margen.

Tal nivel de consulta y repolitización ha sido posible, entre otros aspectos, merced a la praxis de una novedosa y dinámica política comunicacional que ha privilegiado la comunicación directa entre presidente de la república y la ciudadanía.

Tal política de la mano de la maestría comunicacional del presidente Hugo Chávez ha resultado en que más de la mitad de los electores haya conseguido neutralizar la metódica e incesantemente ofensiva política, cultural, mediática, diplomática y militar librada por el todavía poderoso sistema capitalista mundial contra nuestra revolución.

Tal se ha traducido en que las mayorías hayan justipreciado la necesidad de defender ―con votos, marchas, organización comunal, activismo, estudio, debate, praxis teórico-crítica y contraloría social― nuestros intereses de clase.

En el plano social:

De 1998 al 2009 uno de cada dos venezolanos que padecía situación de pobreza relativa consiguió salir de ese estado; el número de hogares en situación de pobreza extrema se contrajo a menos de dos tercios, pasando del 21% al 6%; y la tasa de desocupación cayó de 11% en 1998 a 7,5% en 2009. Hoy Venezuela es el país menos desigual de la América Latina, exceptuando Cuba, según revela el Coeficiente Gini.

Además, Venezuela registró durante este periodo el incremento más drástico del Índice de Desarrollo Humano en el planeta, según registra el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD). Y por primera vez en la historia nos ubicamos como país en el grupo de países caracterizados con Índice de Desarrollo Humano Alto según la escala del PNUD.

En 1990, sólo 39,96% de los niños venezolanos seguían educación preescolar; en 2008 lo hace más del doble, el 84,8%. Para  1998-1999, apenas el 53,41% de los niños en edad escolar cursaba educación inicial pública. Para  2008, lo hace el 84.8%, esto es más de un tercio que hace una década. Tras la creación de 15 nuevas universidades públicas, en una década la matrícula universitaria se duplicó, pasando de 894.418 educandos en el 2000, a 2.109.331 en el 2009 (incremento del 136%). De una población total estimada en poco más de 27 millones de habitantes en Venezuela, un tercio de ella, vale decir exactamente, 9.329.703 están hoy estudiando, la gran mayoría en establecimientos públicos y gratuitos. Hoy registramos una casi paridad de alumnas y alumnos cursando educación primaria y secundaria. Y en el nivel universitario el sexo femenino supera al masculino.

En 1990 el porcentaje de venezolanos con acceso al agua potable se ubicaba en el orden del 68%. Hoy gozan de este servicio el 94% de la población, es decir más de 24 millones de habitantes. En 1990 un 60% de la población disponía de drenajes para aguas negras. Hoy este índice se ubica sobre el 84%.

El número de pacientes con VIH-Sida atendidos gratuitamente con fármacos antirretrovirales se multiplicó 25 veces, pasando de 1.059 pacientes en 1999, a 25.657 en 2008.

Producto de todo este cuadro de mejoras socio-económicas, culturales y sanitarias la expectativa media de vida del venezolano se elevó de 72,2 años para 1998; a 73,9 en 2009. Es decir, se ha incrementado casi dos años en una década.

En el plano de la soberanía económica: 

Hace 12 años Venezuela tenía hipotecados y en manos de trasnacionales sus principales sectores industriales y de servicios estratégicos. Tal anemia en la capacidad de ejercer efectivamente la soberanía incluía la entrega del petróleo, los minerales estratégicos, el gas, el hierro, la electricidad, la banca, la red de distribución y comercialización de alimentos de primera necesidad y las telecomunicaciones. Hoy buena parte de estas empresas o sectores han sido total o parcialmente re-nacionalizadas y sus ganancias, puestas al servicio de la inversión social.

Tan solo la industria petrolera ha recuperado para inversión social 360 mil millones de dólares en la última década. Dineros que habrían ido a las arcas de las trasnacionales si el gobierno bolivariano no hubiese tomado oportunas medidas de rescate.

Venezuela reasumió su aerolínea bandera y adquirió varios de los principales bancos, especialmente luego de la crisis internacional del sector; controló la fuga de divisas, elevó las reservas internacionales de 17 mil millones en 1998 a cerca de 40 mil millones de dólares en el 2009 y diversificó preventivamente las divisas antes de la estrepitosa caída del dólar.

En el 2.007 cancelamos la totalidad de esa pesadilla que fue nuestra deuda con el FMI; y en el 2010, tras un arduo trabajo técnico, PDVSA consiguió certificar el más vasto depósito de crudo del planeta con 297 mil millones de barriles, superando así a Arabia Saudita.

El Producto Interno Bruto venezolano se incrementó en un tercio en la última década, pasando de 42.066.487.000 bolívares actuales en 1998 a 56.022.729.000 en el 2009. Pero más relevante que el ensanchamiento presupuestario es observar cómo fue empleado.

Para 1988 se invertía apenas un 8.4% del PIB en gasto social. En 2008 se invierte el 18.8%, el porcentaje más alto en toda la región, exceptuando Cuba.

En el plano mediático:

Venezuela exhibe hoy la realidad de no tener un medio cerrado (RCTV no fue clausurado sino reasignada a una televisora de servicio público tras el vencimiento de una concesión por 60 años), y no hay un solo periodista preso. Para 1998 más de 90 diarios, 60 televisoras y 1.000 radioemisoras hacían oposición furibunda al proyecto bolivariano, mientras por el Estado se tenía solo una radio (Radio Nacional) y una televisora de servicio público (Venezolana de Televisión).

Nuestra topografía mediática muestra hoy que el Estado y el proceso disponen de decenas de emisoras radiales recuperadas para servicio público y comunitario, una televisora de servicio público (TVES), otra de contenido antiimperialista e integracionista del Sur (Telesur), otra de programación comunal (Vive) y otra del parlamento (ANTV), amén de una red con decenas de emisoras radiales comunitarias y pequeñas editoriales que mayormente bogan por profundizar la revolución. Todavía seguimos en clara desventaja hegemónico-comunicacional, pero se ha ganado cierto contrapeso.

Tal política de reasumir la soberanía comunicacional (para aguzar la hegemonía) se combina con una política de empleo selectivo de cadenas nacionales del sistema de radiodifusión y teledifusión del país en casos de crisis, en el marco de eventos patrios o de trascendentes anuncios de Estado.

En el plano cultural:

Hace apenas 12 años las mayorías lamentablemente veíamos como natural e incluso conveniente asumirnos como colonia. Venerábamos así todo lo que venía del extranjero y a quienes venían de Europa o Norteamérica. Gracias a una mezcla de analfabetismo (literal y funcional) y de décadas de colonialismo educativo y político desconocíamos y en consecuencia repulsábamos nuestra gloriosa historia.

Desde hace poco más de un lustro Venezuela exterminó el analfabetismo según reconoció la UNESCO, activamos una política de alfabetización mediática para enseñar a la población a leer guerra de IV generación y Chávez se la pasa dando lecciones de cultura popular, Pedagogía de la Liberación y, sobre todo, historia patria y nuestro-americana. Hemos vuelto así a sentirnos y asumirnos patriotas, venezolanos, nuestro-americanos y ciudadanos del Sur.

Nuestra historia y la política neo-bolivariana son temas de discusión cotidiana. Y el ideario libertario, emancipador y antiimperialista de nuestros próceres de la independencia y de los padres del socialismo utópico y científico comienza a navegar la mente, la consciencia y el sueño de millones.

Mención aparte cobra el activismo ético-estético que intelectuales, artistas, docentes, artesanos y etnias indígenas han ingeniado, no siempre con un coherente respaldo del Estado. Una tempestad creativa recorre Venezuela: la de una representación de un pueblo en revolución. Un pueblo con un renovado imaginario recuperador del sustrato popular y no popular de nuestros héroes e inmortales hazañas colectivas.

En el plano de la seguridad y defensa:

La Revolución Bolivariana impidió la instalación de bases militares imperialistas en su territorio desde el mismo año 1999; resistió la instalación de bases militares en Colombia; rechazó el golpe de Estado en Honduras, vetó sobrevuelos de aeronaves extranjeras sobre Venezuela; invitó cordialmente a salir de territorio de Bolívar a los muchachos de la DEA; deportó a Las Nuevas Tribus; diversificó los proveedores de armamentos y repuestos de equipos militares; modificó la doctrina militar para adaptarla a la Guerra de IV Generación y activó una maciza Reserva Popular con cerca de doscientos mil efectivos.

Recientemente constituyó y activó el Ejército Bolivariano y la Policía Bolivariana bajo un enfoque que objeta y condena el “disparen primero y averigüen después” recetado por Rómulo Betancourt inspirado en la Escuela de las Américas. Y hoy todos los venezolanos y venezolanas somos activos o potenciales miembros de la reserva.

En el plano eco-político:

Producto de la emisión criminal capitalista de emanaciones contaminantes, a un mes de asumir Chávez la presidencia en 1999, un gigantesco alud de lodo, árboles y pedruscos se precipitó bruscamente sobre la población indefensa del litoral central venezolano, vecino a la capital. El saldo fue más de 20 mil muertos. La dimensión de la tragedia se centuplicó debido a la entrega ilegal y criminal de permisos para construir en áreas próximas a lechos de ríos y quebradas por parte de autoridades de gobiernos anteriores. A diferencia de la actitud de otros gobiernos indolentes del mundo ante este tipo de catástrofes, en Venezuela el deslave encontró a un gobierno bolivariano activo y sensible al sufrimiento y desabrigo. La epidemia fue debidamente controlada y la zona fue del todo reconstruida en menos de un lustro. La capitalización de esta experiencia en gestión de emergencias durante y luego de desastres se ha puesto de relieve durante esta pasada tragedia vivida hace pocos meses debido al superávit de lluvias en diversas zonas del país.

Un 73% de nuestro  territorio fue recientemente resguardado como áreas naturales bajo protección. El país cuenta una política de preservación de las cuencas hidrográficas, control de emisiones contaminantes, eliminación del plomo de la gasolina y medidas de control preventivo de incendios y mantenimiento de represas. Producto de la peor sequía en los últimos 50 años, la población debió aprender a economizar el recurso hídrico y eléctrico con criterio de austeridad, suscitando un aprendizaje social estratégico.

Los transgénicos fueron ilegalizados y se impulsa una política de preservación de la biodiversidad, garantizando además el respeto de los derechos de los pueblos indígenas sobre el acervo de empleo de su medicina natural ancestral. La atención a los pueblos indígenas dejó de estar a cargo de un oscuro e irrelevante departamento ministerial para asumir el estatuto de Ministerio de Asuntos Indígenas con vice-ministerios para cada zona indígena del país. Los pueblos y culturas indígenas conquistaron una cuota fija de representación en el Poder Legislativo y sus derechos al ejercicio de sus formas culturales, sociales y políticas fueron constitucionalmente amparados.

En el plano internacional:

Venezuela decomisó en los pasados 12 años más droga que en toda su historia. Capturó y deportó más capos de la droga y presuntos terroristas que nunca. Pasó de ser mero mercenario de la unipolaridad a eje impulsor de la multipolaridad, de la unidad latinoamericana, coautor del descalabro del Alca, resucitador de la OPEP y del Movimiento de los No Alineados.

Conquistamos ser miembros activos del G-15, de Mercosur, de Unasur, del Alba, integrantes del Caricom, socios estratégicos de Cuba y de la mayoría de los países caribeños, aliados cercanos de China, Irán, Rusia, Belarús y de parte de la Liga Árabe. Somos propulsores de Petrosur, PetroCaribe, el Banco del Sur y de la popularmente llamada ONU sin EEUU ni Canadá: La Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños.

Hemos defendido activamente de diversos tipos de agresiones imperialistas a los pueblos y gobiernos de Palestina, El Líbano, Irak, Irán, Belarús, Cuba, Honduras, Ecuador, Bolivia, y Libia, entre otros.

Cierre

En una palabra, tras arduo trabajo y resistencia a presiones e intentos de coacción, hemos merecido ser hoy conceptuados como estandartes de una nueva y prometedora arquitectura de la multipolaridad, la solidaridad, la prosperidad compartida y la paz internacional.

Que persisten problemas irresueltos, decenas de contradicciones y lentitudes inexplicables en varios campos, es indudable. Pero el vector de mutación revolucionaria y avance de nuestra sociedad en su conjunto hacia una opción de vida más democrática y humana luce hoy incontestable. Y además, la conciencia sobre la necesidad de ahondar y multiplicar los logros y acelerar los avances hacia un socialismo nuestro, cada vez más inaplazable.

delgadoluiss@gmail.com



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Luis Delgado Arria


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