Socialistas Radicales, Libertarios Democráticos, Creativos y Bolivarianos

 

Como es rutina en cierto suelo de ventajistas, apostadores y correlones, no había terminado el CNE de publicar los resultados oficiales de las pasadas elecciones parlamentarias cuando algunos quienes se proclamaban a sí mismos “socialistas” o “Bolivarianos” ya estaban retozando en los recibidores de la “centro-derecha”… o de la derecha a secas.

De esa “venezolanísima” prontitud que lleva inercias de 5 y 6 a la pendencia político-electoral acaso esta ligereza de acompañar un proyecto… pero sólo mientras este venza comicios. Es decir, mientras opere el grifo dispersor de cargos, prebendas y contratos del Estado.

De ahí quizá también la pueril pugna por arrimar cada uno para su lado las brasas (y mieles) de la “victoria”. Cuando de lo que se trata es de profundizar hegemonía y acción revolucionaria socialista, tanto en el plano colectivo (comunas, comunidades, cooperativas, EPS, pueblos, ciudades, estados, organismos públicos, privados, PSUV, PC, etc.) como en el escaque individual.

Están también algunos tan respetables izquierdistas quienes a veces blandiendo un discurso más derrotista que crítico/ propositivo, en definitiva terminan alimentando el más abatimiento y abriendo las puertas a la ruptura de nuestra difícil pero primordial unidad en la diversidad.  

Junto con los aventureros y los inconstantes antes referidos este tipo de socialista pesimista y abúlico pudiera terminar tornándose sin querer en coautor o peor aun, en cómplice de derrotas históricas de la izquierda y convalidadores de la política de tierra arrasada típica de la derecha cuando asume el poder.

La historia de Venezuela es la de una izquierda atomizada, penetrada por el enemigo, generalmente blandengue en densidad teórica, en cualificación gerencial y electoralmente suicida. Una izquierda que jamás agenció ni un 15% de los votos válidos sino hasta que llegó Chávez.

Razón le cabe a Dussel cuando pide zanjar la falsa dicotomía entre un liderazgo fuerte y el fortalecimiento cuantitativo y cualitativo de la miríada de movimientos populares. Ambas lados de la ecuación se presuponen y fortalecen (o debilitan) mutuamente.

Tanto el crecimiento y arraigo del liderazgo de Chávez es causa y efecto del crecimiento y consolidación de miles y miles de sujetos y movimientos populares progresistas, como a la inversa. Dialécticamente hablando, ambos fenómenos son caras indisolubles de una misma moneda y su destino es uno y el mismo.

Pero el problema es complejo y no se resuelve sólo con llamados y sablazos en favor de la unidad. Tampoco espumando escenarios irrazonables e históricamente inviables como el de un chavismo sin Chávez. Y menos el de un chavismo sin utopía, activismo y protagonismo popular. A la dialéctica neo-zapatista de “mandar obedeciendo” debe aparejársele la de “obedecer aprendiendo” a cómo mandar desde arriba, desde el medio y desde abajo. Evitando caer en que los principales problemas estructurales del país se arreglan básicamente con la receta de Estado Mínimo, carácter castrense y superávits de voluntarismo.

Urge llamar a cada cosa por su nombre y poner los desafíos en su justa perspectiva histórica, estratégica pero también, táctica.

La revolución Bolivariana pro socialista de Venezuela no juega sola en el ajedrez nacional ni internacional. Opera en el marco de la más grave crisis estructural del sistema capitalista mundial y condicionado multidimensionalmente por esta.

Una crisis sin precedentes que literalmente excita a dicho sistema a armarse (ahora hasta sí) hasta los colmillos para preservar a cualquier precio los privilegios de un 5% de privilegiados del planeta en desmedro del 95% restante.

Dialécticamente esta crisis ofrece tanto restricciones como ventajas y oportunidades a nuestro proceso socialista revolucionario cuyo éxito y fracaso no solo afecta a nuestro país sino al mundo sensato que tiene sus ojos, oídos y esperanzas puestas en nosotros, en nuestro camino indo-afro-americano al socialismo.

Pero el carácter vampírico de la ofensiva imperial a nivel mundial exige de nuestras expoliadas y por ende frágiles economías y Pueblos la inversión en medios de seguridad y defensa que en otro contexto podrían destinarse a inversión social o infraestructura.

Pero estas son las reglas concretas y perversas de este coliseo capitalista. Y por ello mismo la inversión en aparatos de seguridad y defensa y la gestión de nuevos aliados internacionales son factores tan decisivos para nuestro desarrollo sustentable como la investigación en, digamos, el perfeccionamiento de nuevas cepas de semillas de sorgo o de maíz en ambientes tropicales o la red de distribución de alimentos.

Construir comprensión sobre el grado de los avances y sobre la coyuntura en que en cada escaque nos movemos, además de hegemonía patriótica y socialista, en este contexto es increíblemente difícil.

No sólo por un manejo a mi juicio insuficiente de la política comunicacional en su conjunto (casi que reducida a comunicación presidencial e información periodística, factores cardinales pero evidentemente insuficientes) sino también por la renovada ofensiva que Hollywood y sus procónsules situados en los mal llamados medios privados nacionales (industrias de inoculación de falsa conciencia) inscriben.

No haber construido a 11 años de gobierno bolivariano un sólido y generalizado imaginario anti populista, anti consumista/ clientelista, anti individualista, ecológico-político, libertario, creativo y pro solidario a estas alturas habla ya de un déficit en extremo delicado.

Debilidad que nutre las posiciones clientelares/ revanchistas en vastos sectores de la población, incluso entre algunos hasta hace poco presuntamente pertenecientes al “chavismo duro”.

El popular estribillo: “Maracaibo ha dado tanto que debiera de tener/ carreteras a granel con morocotas de canto…” es leído hoy por vastos sectores del país no como mera cantinela de gaita marabina. Se percibe como leit motiv desmoralizador de un país que debería estar mucho mejor, y se torna factor explicativo de buena parte del reflujo popular.

Otro factor ha sido el repliegue de las instancias de rebeldía y contraloría social bolivariana, como bien lo describió Reinaldo Iturriza, entregando gratuitamente la narrativa épica ciudadana a una derecha que por increíble que parezca emerge ahora revestida de un aura de eficacia, transparencia y ultra-democracia, virtudes por cierto que nunca demostró cuando ha ejercido gobierno en ninguna parte del mundo.

La neo-épica ciudadana blandida por Globovisión en su programa de laboratorio Aló Ciudadano demuestra su manipulatoria pero tan vigorosa como corrosiva eficacia. Empuje que contrasta con una difusión de las iniciativas y los logros del Gobierno Bolivariano (más que del Proceso Bolivariano) que no parece calar positivamente.

De cara al ascenso del conformismo postmoderno, la sensación de insignificancia, la omni-trivialidad y la cristalización del sujeto privatizado, individualista, pasatista e hiper-consumista se hace imperativo reaccionar. Y reaccionar con suficiente fuerza y calado teórico y práctico en la población.

Deberíamos esgrimir por todos los medios una renovada rebeldía creativa y una cepa de lucidez y esperanza Nuestro Americana y del Sur fundada en la potencia de nuevos sujetos individuales y colectivos impulsores de nuevas relaciones sociales: solidarias, productivas y supra-productivas, además de nuevos medios y modos de producción y de socialidad remisos a los viejos y nuevos reductos mentales socialdemócratas, reformistas, pro-fascistas o neo-estalinistas.

Chomsky lo ha dicho con todas las letras: El sistema capitalista mundial comandado por EE.UU. sólo ocupará militarmente países con estas dos características: A) que posean vastos yacimientos energéticos y B) que se encuentren militar y culturalmente débiles o indefensos. Chomsky no menciona el carácter disuasivo de una geo-política estratégica en la explotación compartida de los recursos energéticos. Pero es claro que dicha variable es decisiva y que es un logro inestimable y todavía poco mediáticamente explotado de nuestro proceso.

El problema es que si bien Chomsky no ve clara una ocupación armada de países como Venezuela, los tanques del pensamiento (y del sueño burgués pro capitalista y “mayamero dame dos”), básica pero no únicamente vía televisión tienen ya más de un siglo atracando silenciosa pero eficazmente en los puertos del imaginario socio-político y cultural venezolano y muy particularmente entre la población menos educada y politizada y entre los jóvenes.

El segmento neo votante precisamente más velozmente creciente. Y más débilmente interpelado por nuestro aparato (masivo y no masivo) de edificación de conciencia de clase y hegemonía patriota/ pro-socialista. Buen momento para encarar colectiva y creativamente la discusión y para conquistar estas trincheras de gustos, corazones y pensamientos.

Consientes estamos de que en momentos de crisis luce prudente enfocarnos en esta (y el desastre producido por las lluvias nos tienen a todos ocupados y consternados). Pero el asunto es que en la lógica de atajar crisis, los problemas (y oportunidades históricas) para re-encaminar las estructuras para impulsar procesos hegemónicos se nos han solido colar por debajo de la mesa.

Como dice Jorge Michell: “Una de las funciones más enigmáticas de la crítica es la de contribuir a descomponer un determinado estado de cosas que se prolonga por demasiado tiempo, aun dándose el caso en que tal estado de cosas no ofrece motivos de impugnación visibles. Pareciera que la condición humana fuese incompatible con una prolongada estabilidad. El tiempo se niega a quedar cesante. Viene al caso citar a Nietzsche: "Una gran verdad exige ser criticada y no ser adorada".

En un contexto como el referido no sólo urge una crítica de la empiria de los fenómenos más urgentes y obvios. Se impone, por lo demás, una faena crítica e hiper-crítica profunda de la economía política (Marx, Engels, Lenin); crítica del platonismo (Nietzsche); crítica de la Ilustración y de la razón instrumental (Adorno, Horkheimer); crítica de la ontología, de la ciencia y la técnica (Heidegger); crítica de la metafísica y del logo-centrismo (Derrida), crítica del saber y del poder (Foucault), crítica del lenguaje (Wittgenstein, Bajtín, Mainguenau, Fairclough), crítica del signo y la comunicación (Mc Luhan, Baudrillard, Eco), crítica de los medios (Jesús Martin Barbero) y crítica de las muchas novedosas teorías del rediseño del Estado y de la sociedad desde la centralidad de la creatividad individual y la responsabilidad colectiva (Paulo Freire, Cornelius Castoriadis, Allan Woods, Omar Acha, Daniel Campione, Miguel Mazzeo, Federico Polleri, Federico Stratta, etc.).

A nuestros camaradas que temen, resienten o desconfían de la crítica y la teoría como armas revolucionarias recomendamos leer a Louis Althusser para quien la filosofía no es sino lucha de clase en la teoría.

Por tal, como rogaba Cicerón: “Estemos siempre a punto para contradecir sin obstinación y dejarnos contradecir sin irritación”. En tal vive el arte de criticar constructivamente, criticándose y creciendo y transformándose uno siempre también.

delgadoluiss@gmail.com



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Luis Delgado Arria


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