Elecciones viscerales

La llamada clase media tiene en nuestro país un verdadero dilema existencial cuando se trata de elecciones entre modelos antagónicos cuyas diferencias, como las que definen las elecciones de este domingo, están fundamentalmente referidas al carácter incluyente o excluyente de cada uno.

Un dilema existencial porque en nuestro país la clase media, siendo probablemente la que más se ha beneficiado con el modelo económico adelantado por el Gobierno Revolucionario en los últimos diez años, es la que más rabiosamente expresa un antichavismo que en definitiva debería corresponder a los sectores verdaderamente pudientes y oligárquicos de la sociedad.

Desde la eliminación de los nefastos créditos indexados (conocidos también como los "créditos mexicanos") que se impusieron al final de la cuarta república como mecanismo orientado a acabar con las ya ínfimas posibilidades de la clase media, hasta la actual suspensión de la comercializadora colombiana DMG en Caracas, destinada a saquear inmisericordemente los bolsillos de este importante segmento de la población, todo cuanto ha hecho el gobierno nacional por esta gente suele ser desconocido por sus propios beneficiarios, incluyendo el inmenso crecimiento económico que el país, como nunca antes en su historia, ha reportado en todos estos años. Mas de veinte trimestres consecutivos de crecimiento sostenido dan cuenta de ello.

Lo único que en definitiva ha hecho el presidente Chávez en contra de la clase media venezolana es, quizás, el no haber renunciado al cargo para el cual fue electo legal, democrática y mayoritariamente. Algo que debe causar mucho escozor a algunos, es verdad, pero que no faculta a nadie a votar en ninguna elección en contra de sus propias convicciones.

Por eso, a la hora de votar el próximo domingo se debe tener en la conciencia, no sólo la noción de patria que nos legaron nuestros libertadores, sino la razón común de nuestra convicción política, que es la búsqueda del bienestar para todos y de la honestidad y la efectividad en la administración de la cosa pública. No la banda de libertinos, improvisados, asaltantes, mafiosos y narcotraficantes que algunos presentan hoy como opción de país bajo el falso ropaje de "oposición".

Mosca, una cosa es ser antichavista y otra muy distinta es que, por visceral, se termine eligiendo a delincuentes como esos.

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