Ideología o muerte

El aspecto más importante en el resultado de las pasadas elecciones presidenciales, es sin lugar a dudas el avasallante triunfo de la Revolución Bolivariana frente al inmenso esfuerzo del imperio norteamericano por derrotar el proyecto de país independiente y soberano que nos hemos propuesto construir bajo la guía y el liderazgo del Comandante Chávez.

La oposición, torpe y atrabiliaria como es, fracasa de nuevo por su propia ineptitud para construir un liderazgo verdadero capaz de presentar una fórmula viable y creíble como alternativa al proyecto de justicia e igualdad social que el socialismo bolivariano comprende.

El absurdo fenómeno de sectores populares que terminan votando por esa insustancial propuesta de la derecha, es con toda seguridad el otro aspecto más relevante.

Encantados con el sensiblero y falso discurso de la unidad nacional, esos electores de los barrios se separan de su propia gente para ir a votar por los ricos con los cuales nada tienen en común. Es absolutamente irracional suponer que quienes generan la exclusión y la miseria se conduelan en verdad con el dolor del excluido. Pero hay pobres que lo creen.

La explicación a ese fenómeno es la falta de atención del PSUV a la formación ideológica. Es evidente que un pobre, un trabajador del campo o un mecánico del barrio que vota por la oligarquía, padece una profunda carencia de formación ideológica, que es precisamente el área de oportunidad que tendría la mayor organización política del país.

La maquinaria revolucionaria no puede orientarse solo a la movilización de la militancia para el evento electoral. De eso se habló hasta la saciedad en el debate de las cinco líneas estratégicas de acción política que Chávez presentó al partido hace más de un año. El desprecio al debate ideológico en la revolución se ve hasta en el uso indebido de los instrumentos de lucha. Mi programa de radio, por ejemplo, hubo de ser sacado del aire porque la directiva de la “emisora revolucionaria” considera que lo que quiere el pueblo es oír salsa y no reflexión política.

Lo que queda claro cuando vemos que Capriles obtiene la alarmante cifra de casi veinte mil votos en la combativa parroquia 23 de Enero, es que esa gente tal vez esté oyendo mucha salsa pero quizás muy poco socialismo.

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