Todos tenemos el supremo derecho a la Rebelión

La Declaración Universal de Derechos Humanos, que se adoptó por la Asamblea General de la ONU, en Paris el 10 de diciembre del año 1948, en el acápite tercero del preámbulo de dicha declaración, reza textualmente lo siguiente:

“Considerando esencial que los Derechos Humanos sean protegidos por un régimen de derecho, a fin de que el hombre no se vea compelido al supremo recurso de la rebelión contra la tiranía y la opresión”.

Esta declaración sin duda alguna fue muy importante para la época, que con ella se trataba de hacer un borrón y cuenta nueva al desastre de la segunda guerra mundial y las circunstancia era propicia para tratar de lavar lo que significó una guerra que como todas las guerras cobró demasiadas vidas, esta vez el pretexto de la misma fue justificable, acabar con el fascismo en aquel momento.

Tanto más importante como era pensar en el gran negocio de la reconstrucción de los daños de tanta calamidad bélica y luego la repartija virtual del mundo entre los “triunfadores”, los poderosos circunstanciales vieron la necesidad de una especie de agua bendita que pueda paliar o curar todos los males y así nació la Declaración Universal de los Derechos del Hombre. En ese entonces y ahora es muy difícil no estar de acuerdo con todos y cada uno de sus enunciados llenos de bondad y certidumbre, pues en similitud es como preguntarle a cualquier humano si ama a su madre.

En concreto esta Declaración importante, siempre ha servido y sigue sirviendo como instrumento y como alcahuete al mismo tiempo para los dueños del poder mundial que la usan y la manosean a su gusto y sabor pues siempre la aplican bajo la ley del embudo velando primeramente sus intereses de clases dominantes en el poder. Y la aprovechan en contra de todos aquellos que no compartan su manera de pensar y que se resisten a no aceptar la sumisión a sus intereses imperiales de dominación.

Especialmente el Capitalismo internacional a la cabeza del imperialismo norteamericano, pisotea dicha declaración a su gusto y sabor, la esconde cuando agrede países en su afán de intervención y la ensalza cuando con ella quiere justificar, sus invasiones, agresiones, saqueos y trata de justificar todas sus fechorías, como expresara nuestro libertador Simón Bolívar “y todo eso en nombre de la libertad”.

Y cuando los pueblos luchan en defensa de sus derechos fundamentales, a la vida, a la libertad, a la dignidad, al trabajo, a la soberanía, son tildados de terroristas y de violar los derechos humanos. Solamente en este caso el imperio norteamericano y sus satélites europeos y sus instrumentos burocráticos de la ONU y la OEA hacen coro general para estigmatizar a gobiernos y pueblos que transitan por su sagrado derecho a darse el gobierno que más convenga a sus intereses. Todos los pueblos que lucharon y lo seguirán haciéndolo bajo el “supremo recurso de la rebelión” amparados en sus derechos naturales y además en el preámbulo del acápite tercero de la famosa declaración de los Derechos Humanos, deben de rechazar enérgicamente el mote fácil de terroristas.

Mao, apoyándose en una ley física, dijo: “donde hay opresión hay resistencia”, entonces no es terrorista quien resiste, terrorista es quien agrede. Los pueblos están obligados a rebelarse cuando son sitiados, oprimidos o saqueados.


*Es ex Dirigente de la Central Obrera Boliviana (COB)


josejustinianol@hotmail.com


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