Honduras: cualquier excusa cuenta

En las últimas horas el gobierno de facto (es decir, de hecho y no de derecho) de Honduras ha expresado que de acuerdo a sus leyes internas lo que ocurrió en su país es una sucesión constitucional. Que de acuerdo a sus leyes es perfectamente aceptable jurídicamente tomar las riendas de dirección del gobierno cuando, desde su punto de vista, el mismo ataca los preceptos de la Constitución. 

La Constitución de Honduras es un instrumento creado para unificar criterios de sus nacionales en lo que respecta a la convivencia, deberes, derechos y estructura de sus instituciones; hay, ciertamente un margen destinado a su protección, pero ello no implica que las acciones de “guerra” y conflicto se impongan sobre las del diálogo y el debido proceso. 

El gobierno de Manuel Zelaya ha sido vulnerado por una decisión política, no constitucional; se han paseado las normas y han ingeniado excusas y contra excusas para justificar una razón clara en política “real”: se quería tomar el poder y punto. 

En el pasado lo han hecho muchos personajes en Latinoamérica; no es una novedad, lo que si es novedoso es que un país con plena vigencia de convenios internacionales, asuma un cambio de gobierno saltándose las normas y el sentido común que mueve las democracias en la actualidad. Esa violación y falta de tino hacia la inteligencia de los pueblos latinoamericanos, ha traído consigo un golpe directo a las democracias progresista de la América del Sur, buscando generar un “efecto dominó” que permita doblegar el alcance de la izquierda y el nuevo discurso social que no han podido enarbolar la derecha en los últimos años. El ejemplo de lo que ocurre con la derecha en Latinoamérica es la del niño “malcriado” que perdiendo en el juego tira todo al suelo. Lo digno que ese niño si asume su responsabilidad: “lo eché todo a perder porque me puse bravo”; pero lo absurdo, es la posición del gobierno de facto de Honduras que ha dicho: “aquí nadie atentó contra la democracia ni hay golpe; sólo que el presidente atentó contra la Constitución y se impuso el orden constitucional”. Es decir, el culpable de que casi le matarán y perdiera el poder fue la propia victima, es decir, el presidente Zelaya. 

Esta actitud cínica, autoritaria y anti-democrática es hoy la excusa para mantener fuera del poder no sólo a Manuel Zelaya, sino a un pueblo soberano que apostó a un cambio y que desde las calles de Tegucigalpa, lleva más de veinte días haciéndose sentir y exigiendo que le devuelvan sus sueños y sus esperanzas. Lo de Honduras son vagas excusas de un grupo de presión de las clases pudientes de ese país que vieron una amenaza en un discurso social que recorre Latinoamérica y que busca cambiar el orden excluyente con que más del 80% de la población es tratada por el capitalismo global y los intereses de las transnacionales. 

Lo que le queda a los creadores de este gobierno de facto es acatar la decisión internacional; y al pueblo, seguir resistiendo hasta lograr volver a la institucionalidad democrática.   

ramonazocar@yahoo.com



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Ramón E. Azócar A.

Doctor en Ciencias de la Educación/Politólogo/ Planificador. Docente Universitario, Conferencista y Asesor en Políticas Públicas y Planificación (Consejo Legislativo del Estado Portuguesa, Alcaldías de Guanare, Ospino y San Genaro de Boconoito).

 azocarramon1968@gmail.com

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