Estado imperial, imperialismo e imperio

Introducción

 

El imperialismo, la dominación político-económica y la explotación de los países mediante la penetración económica y/o la conquista o intervención militares, es el impulsor de la historia contemporánea. Regiones enteras de Europa oriental, la antigua URSS, África, Asia meridional y central y América Latina han sido convertidas en neo-colonias, colonias o esferas de influencia de los Estados Unidos, la Unión Europea y Japón. Países capitalistas emergentes, como China, ponen en peligro los poderes imperiales establecidos para mercados, materias primas y fuentes de energía. Las guerras imperiales, ocupaciones coloniales, intervenciones y golpes militares para extender el imperio son denominados, de manera eufemística, "cambio de régimen" y "democratización". Para comprender la naturaleza, estructura y dinámica del sistema imperial es preciso determinar y explicar conceptos políticos clave y su lugar en la construcción del imperio mundial contemporáneo.

   

Fundamentales para comprender el mundo contemporáneo son tres conceptos que están relacionados entre sí: estado imperial, imperialismo e imperio. La dinámica de la acumulación a escala mundial, la necesidad de disponer de grandes concentraciones de capital en grandes unidades económicas para extenderse por todo el mundo, se basa en la hipótesis de que ellos pueden ir al exterior y pueden encontrar territorios seguros y lucrativos y fuerza de trabajo para explotar. La reubicación del capital (mediante empresas multinacionales), su capacidad para explotar materias primas, asegurar fuentes de energía, prestar capital y ejecutar el cobro de la deuda, dominar mercados cautivos y montar subsidiarias manufactureras de bajos jornales, depende totalmente de las relaciones políticas que facilitan esas condiciones.

   

Las instituciones políticas esenciales para facilitar la expansión en el exterior del capital son el estado imperial y, en las regiones objeto de interés, regímenes y clases dirigentes orientados hacia modelos de acumulación de capital, que estén centrados en el estado imperial.

   

La organización y actividad del estado imperial son decisivas para crear las condiciones políticas para el imperialismo: la ampliación económica del capital. El imperio es el producto conjunto de la actividad combinada del estado imperial y el proceso de expansión económica imperialista. Mucho se ha escrito sobre los aspectos económicos del imperialismo: el crecimiento y el papel de las empresas multinacionales, la importancia de los recursos energéticos y la industria del petróleo, la absorción y adquisición de firmas privatizadas, las condiciones económicas y las políticas de ajuste estructural impuestas por instituciones financieras internacionales (IFI) como el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial (BM). En algunos estudios, estas fuerzas económicas imperialistas se han vinculado a políticas imperialistas y sus resultados favorables para las empresas multinacionales y a sus negativas consecuencias socioeconómicas para los países donde estas se han aplicado. Lo que comúnmente se supone o no se dice es que el estado imperial es simplemente un reflejo pasivo, un receptáculo vacío del capital imperialista, que el estado imperial se reduce a ser un simple instrumento de los intereses colectivos y las fuerzas del capital imperial. Esta suposición confunde el análisis de las estructuras políticas del imperialismo con los procesos económicos de este (la ampliación del capital). Se supone que hay una coincidencia de propósitos tan grande entre "estructura" y "proceso" que solo se necesita considerar el proceso (acumulación de capital) para deducir la naturaleza y la dinámica interna del estado imperial.

   

Este simplista enfoque económico deductivo tiene varias fallas importantes para la comprensión de la formación del imperio. En primer lugar, el estado imperial formula estrategias y tácticas que van más allá de las exigencias e intereses inmediatos de todas o de la mayoría de las capitales que participan en la ampliación en el exterior. En segundo lugar, este enfoque reduccionista no tiene en cuenta conflictos de intereses entre las esferas decisorias político-militares y los ideólogos del estado imperial y los estrategas de las empresas multinacionales. Los reduccionistas meramente suponen que cualesquiera decisiones que los encargados de formular las políticas imperiales adopten benefician automáticamente a las corporaciones económicas imperiales. Se da por sentado una unidad de políticas, estrategia e ideología cuando, de hecho, lo que debería haber es solo una hipótesis de trabajo que hechos históricos o empíricos perceptibles han de confirmar.

 

El estado imperial: mito y realidad

La relación del estado imperial con los intereses económicos imperiales dominantes es compleja y variable, aun cuando parezcan compartir el objetivo común de crear un imperio mundial y/o trabajar para alcanzar ese objetivo.

   

El estado imperial representa a los intereses económicos dominantes, pero no es igual. Esta diferencia es fundamental porque comprende dos conceptos. Por un lado, cuando nos referimos al concepto de .representación., lo que queremos decir es que el Estado Imperial (EI) está, en todos los casos, organizado para ampliar y defender los intereses económicos dominantes de la clase dirigente, buscando y creando oportunidades económicas para inversiones, ventas, utilidades, rentas y pago de intereses a escala mundial. Igualmente importante es que el EI funciona para crear un entorno político óptimo para conseguir ventajas económicas sobre, y en contra de, adversarios y competidores nacionales e internacionales.

   

Por otro lado, cuando decimos que el EI no es igual a la clase dirigente, queremos subrayar el hecho de que las esferas decisorias y los organismos clave del EI deciden cómo, cuándo y dónde defender y representar los intereses imperiales. Entre los intereses económicos de la clase dirigente y las políticas imperiales están las ideologías, los intereses burocráticos, las lealtades particulares y las concepciones estratégicas de los organismos y esferas decisorias del estado imperial, quienes determinan prioridades, formulan estrategias y tácticas y asignan recursos del EI, a saber, a tropas del ejército, agentes de la CIA, para pagos a conspiradores militares y así sucesivamente. Los intereses económicos imperiales de las empresas multinacionales pasan por el filtro de esta red de intereses e ideologías de las esferas decisorias del EI.

   

Si bien algunos autores se refieren a esta diferencia entre representación y desigualdad como la .relativa autonomía del estado., el término evoca múltiples preguntas: ¿Relativa respecto de qué? ¿Dónde? ¿Cuándo? ¿En qué circunstancias y momento? El término "autonomía" evoca otras preguntas conexas: ¿De qué? ¿Para hacer qué? ¿A veces, casi siempre o siempre?

   

El uso y abuso del término "relativa autonomía del estado" ha llevado a algunos autores a considerar que el Estado es independiente de la matriz económica y clasista que lo contiene. El análisis "centrado en el estado" sirve mecánicamente de contrapeso al enfoque "centrado en la sociedad" (determinado por las clases). A uno y a otro enfoque les falta la comprensión dialéctica de las interrelaciones entre clase y Estado, y reducen las políticas de Estado a las concepciones políticas de las esferas decisorias o a una reflexión directa de los intereses económicos de la clase dirigente

   

El enfoque "centrado en el Estado" elude el análisis, eliminando las estructuras del poder económico, la socialización y el proceso selectivo que determina la elección de los encargados de la adopción de decisiones en el estado y las influencias históricas acumulativas que determinan los propósitos e imperativos del aparato estatal. Como resultado de ello, el enfoque centrado en el estado no puede explicar la dirección económica a largo plazo y en gran escala ni los imperativos capitalistas que guían la acción del estado. Lo que este enfoque sí nos da es una descripción y, en algunos casos, un análisis de la variedad idiosincrásica y política que existe entre las esferas decisorias del estado y la pluralidad de políticas aplicadas dentro del marco estructural e histórico más amplio.

   

De manera similar, el llamado análisis "centrado en la sociedad" (análisis de las clases) describe a la clase dirigente, algunos de los vínculos, orígenes sociales y patrones de trayectorias profesionales de encargados de la adopción de decisiones en el Estado específicos y atribuye determinadas políticas del EI a los intereses de la clase dominante. Este enfoque parte del supuesto de que todas las esferas decisorias del EI son correas de transmisión directas de los intereses de la clase dirigente, vaciándolas de sus lealtades ideológicas y políticas y su poder burocrático. Este enfoque no explica o sencillamente no tiene en cuenta políticas del EI que perjudican a intereses de la clase dirigente y dan prioridad a intereses no económicos (el ejército-gastos/guerras de conquista) que podrían poner en peligro la estabilidad económica de la clase dirigente imperial. También es importante señalar que este enfoque supone la existencia de un Estado imperial monolítico que siempre actúa de común acuerdo, y no entiende los conflictos internos que reflejan diferentes centros de poder fuera del Estado.

   

Los ejemplos más notorios de esta falacia de la unidad, erróneamente imputada, se encuentran en las políticas del EI en el Oriente Medio. Muchos analistas de la izquierda vinculan la invasión de Iraq por Estados Unidos a los intereses petroleros, basándose en un silogismo simplista: los Estados Unidos necesitan petróleo, el Oriente Medio tiene petróleo, por tanto, los Estados Unidos van a la guerra para asegurar petróleo. Este análisis es deficiente por más de una razón. Primero, porque supone que la única influencia que actúa sobre las esferas decisorias es la de los "intereses petroleros" o una "estrategia de guerra por el petróleo". Así, se excluye totalmente el influyente papel de los grupos de presión a favor de Israel y los sionistas y pro-sionistas en la formulación de las políticas estadounidenses para el Oriente Medio.

   

En segundo lugar, y no menos importante, se pasan por alto los acuerdos políticos, diplomáticos y económicos (todos de carácter civil) que han facilitado el acceso de los Estados Unidos al petróleo por intermedio de clientes políticos de la región. En tercer lugar, no explica la ausencia de grandes esfuerzos por parte de la Industria Petrolera para asegurar el petróleo por medio de la guerra (antes y durante la guerra) a diferencia de los militaristas civiles y los sionistas. Por último, no aborda los efectos perjudiciales que la guerra ha tenido en la industria petrolera, desde el punto de vista del acceso, seguridad y estabilidad que existían antes de la guerra y de las dificultades para obtener nuevos contratos petroleros durante la guerra.

   

Al pasar por alto las especificidades del estado imperial (divisiones entre pro-sionistas y antisionistas), y atribuir las causas a un solo conjunto de intereses económicos (petróleo), reducir las políticas a una sola opción (la guerra en lugar de pactos con clientes), lo que parece un análisis de clase se convierte en una vulgar caricatura de la realidad, que oculta la compleja naturaleza del estado imperial y sus contradicciones internas.

 

El estado imperial: complementariedad, convergencia, competencia y conflicto

Los estudios sobre el imperialismo adolecen de varios problemas. En primer lugar, no analizan adecuadamente al estado imperial. En la mayoría de los casos, estos análisis se centran exclusivamente en los aspectos económicos del imperialismo y pasan por alto el papel fundamental del EI en la creación de condiciones para el progreso y la seguridad de las empresas multinacionales. En segundo lugar, lo que se considera un análisis de la política del imperialismo tiene carácter de anécdota (intervención de la CIA para derrocar un régimen), o es unidimensional (función del Pentágono, de los militares) o muy general .Washington.. Pocos autores, si es que los hay, analizan los múltiples organismos del estado imperial de manera sistemática. En tercer lugar, muchos autores que sí mencionan el aspecto político del EI cometen dos errores de concepto. Algunos consideran que el EI es un bloque homogéneo que siempre actúa exclusivamente a instancias de un conjunto particular de intereses económicos. Otros, por lo general expertos en ciencias políticas estadounidenses, que no tienen en cuenta el contenido imperialista del estado, se centran en los conflictos internos y en la fragmentación que se produce en el seno del aparato burocrático estatal. El primer grupo de autores no aporta conocimientos sobre los múltiples organismos y actividades relacionadas entre sí del EI ni sobre cómo convergen y entran en conflicto por políticas en distintos grupos de circunstancias. La segunda escuela, la que se centra en las rivalidades internas, no explica la convergencia a largo plazo y en gran escala de intereses y políticas entre los organismos del EI, en particular respecto de los adversarios más importantes y en defensa de mercados, empresas multinacionales y materiales estratégicos.

   

Entre los autores izquierdistas y marxistas tienen lugar pocos debates serios sobre el estado imperial, a diferencia de los que se tienen sobre el estado capitalista. Las categorías utilizadas son muy generales para referirse a los aparatos coercitivos, ideológicos y reguladores, cada uno de ellos, a su vez, asociado a un número limitado de organismos del estado (Departamento de Estado, Pentágono, CIA).

   

Una vez más, los autores hacen amplias generalizaciones, atribuyendo a los militares las posiciones beligerantes agresivas y a los administradores civiles el enfoque político "suave" y diplomático. En la realidad, casi todos los principales organismos del estado están en su mayor parte involucrados en la ampliación del imperio, además de las actividades que realizan en el frente interno. Los departamentos de Agricultura, del Tesoro, Comercio y muchos otros gabinetes ministeriales y organismos específicos participan, y destinan el grueso de su personal y presupuesto a promover los intereses económicos de las empresas multinacionales, para competir y conquistar mercados extranjeros y oportunidades de inversión. En la era del imperialismo, especialmente en una coyuntura en que la mayoría de las ganancias de las mayores empresas multinacionales provienen de las actividades en el exterior y en que el Gobierno ha determinado un estado de conflicto mundial permanente, el centro de la actividad del estado imperial está enfocado hacia la formación de un imperio mundial y su defensa.

   

El papel predominante del EI se hace evidente por la enorme cantidad de recursos y personal destinados a promover las inversiones en el extranjero y los préstamos, por un lado, y por el otro, por las enormes sumas dedicadas a las guerras coloniales, operaciones encubiertas, bases militares y armas ofensivas. Por el contrario, el estado capitalista, centrado en la economía interna, ha ido acumulando enormes déficit presupuestarios y déficit en cuenta corriente y ha dejado que los productores nacionales de los sectores industrial y agrícola pierdan competitividad y dependan de subvenciones oficiales masivas y leyes protectoras. En la era de la formación de un imperio, el EI es la unidad principal para comprender la dirección y la corriente de políticas internas, política presupuestaria y comercio, así como cuestiones relacionadas con la guerra y la paz. Las .políticas internas. se subordinan al bienestar del imperio y las prioridades del EI determinan los parámetros del debate político interno.

   

El estado imperial tiene diferentes .componentes., organismos con funciones o actividades especializadas, pero que se trasladan. Estos organismos son todos los departamentos económicos, militares, reguladores y de inteligencia. Bajo cada uno de ellos existe una enorme estructura jerárquica que, a su vez, tiene dependencias especializadas que se ocupan de tareas específicas, organizadas para tratar esferas normativas particulares, unidades territoriales y operaciones. En la cima, estos organismos del EI se complementan entre sí, para alcanzar los objetivos imperiales, convergen igual que compiten y entran en conflicto por jurisdicciones, recursos y posiciones privilegiadas en la estructura decisoria imperial.

   

Dentro de los límites del trascendental objetivo de la formación del imperio, y con arreglo a los imperativos de la expansión y conquista permanentes, los distintos organismos luchan por la preeminencia, dando la impresión de ser una estructura de poder fragmentada y plural. En realidad, el control, vertical y muy sólido, y la homogeneidad de los intereses imperiales de todos los organismos y su convergencia a los objetivos imperiales superiores, determinan las fronteras de la rivalidad dentro de la burocracia. De hecho, los principales puntos de conflicto entre el Departamento de Estado, la CIA y el Pentágono son los relacionados con cuáles políticas y qué personal de los organismos son los más adecuados en un momento y lugar específicos para aplicar la política imperialista acordada en común. En casi todos los casos sobre cuestiones de penetración económica, guerra, mercados, desestabilizaciones de regímenes nacionalistas, las actividades de los organismos del EI convergen y se complementan entre sí.

   

Existen tres amplios componentes del EI, cada uno con su conjunto específico de actividades y extensiones en la sociedad civil en el exterior.

   

El primer componente del EI centra su atención en las actividades políticas, ideológicas, diplomáticas y culturales, usualmente asociadas al Departamento de Estado, pero que coinciden parcialmente con las del Pentágono y la CIA. En esencia, este componente está dirigido a consolidar aliados o clientes, poner de su lado a regímenes políticos del centro o centro-izquierda o dirigentes y aislar a los antiimperialistas.

   

El segundo componente del EI son los organismos económicos como el Departamento del Tesoro, Comercio, la Reserva Federal y Agricultura, dirigidos a promover a las empresas multinacionales estadounidenses, conquistar mercados, romper barreras para las inversiones y comerciales, asegurar energía estratégica y materiales primarios, financiar exportaciones, crear circuitos financieros y debilitar a los competidores. Una vez más, estos "componentes económicos" del estado imperial funcionan al unísono con los componentes político y militar para alcanzar sus objetivos. La presión diplomática, la guerra ideológica y las operaciones encubiertas de la CIA crean interlocutores dóciles en países seleccionados, a los que se les puede convencer para que firmen tratados comerciales y de inversiones, favorables a las empresas multinacionales estadounidenses.

   

El tercer componente del EI es el aparato militar y de inteligencia que usualmente, aunque no siempre, trabaja conjuntamente con los componentes político y económico. Como mínimo, hay 10 organismos de inteligencia diferentes involucrados en asesinatos, reunión y tratamiento de información, campañas de desestabilización y otras actividades encubiertas y declaradas en las que participan agentes civiles del estado, ONG, oficiales del ejército y minorías selectas del sector privado, incluidos especialmente a los medios de información. El imperio militar cuenta con más de 180 bases en más de 125 países, y comprende desde ocupaciones coloniales directas, pasando por la penetración profunda de ministerios de defensa, hasta la influencia directa sobre actividades operacionales contra la insurrección y el asesoramiento y la financiación de clientes mercenarios contra estados adversarios. El aparato militar y de inteligencia participa en guerras consecutivas, guerras múltiples, amenazas de guerra (guerra psicológica), guerras por poder, guerras separatistas, así como en asesinatos, secuestros y tortura de adversarios. El componente militar de inteligencia del estado imperial se rige por el principio imperial de que las leyes, edictos e intereses del imperio son lo primero y tienen precedencia sobre el derecho internacional, los Acuerdos de Ginebra y los principios constitucionales de los Estados Unidos. El imperio no reconoce fronteras, rechaza la soberanía nacional, salvo cuando le conviene a sus intereses, declara el carácter supremo de sus leyes y el derecho a perseguir adversarios dondequiera, en cualquier momento: el principio imperial de "extraterritorialidad".

   

Corolario de este principio imperial es la doctrina de las guerras ofensivas permanentes (eufemísticamente llamadas "guerras preventivas"), enfoque concebido específicamente para asegurar el dominio mundial incuestionable. Dado el amplio carácter de las misiones históricas mundiales emprendidas por el estado imperial y su limitada capacidad formal, un elemento clave para el funcionamiento del EI es la contratación y el aseguramiento de fuerzas mercenarias, regímenes clientes y grupos cívicos que actúen como "extensiones del EI". Esto se refiere a organizaciones que no están formalmente vinculadas o legalmente adscritas al EI, pero que están muy penetradas, financiadas y dirigidas por agentes o representantes clave del estado imperial.

   

Cada uno de los componentes del EI tiene vínculos especiales con aquellas organizaciones e instituciones de la sociedad civil que desempeñan un papel muy importante y exitoso en el proceso de formación del imperio. En buena medida, el éxito de estas organizaciones e instituciones en la formación del imperio depende de su pantalla ideológica, de dar la apariencia de no estar afiliadas al imperio, de ser "internacionales" y no imperiales, de ser "no gubernamentales" en lugar de correas de transmisión imperiales, de ser de la "sociedad" y no de existir por y para el EI. De esa manera, desvían la atención hostil del papel del EI hacia las instituciones internacionales, convierten la expansión internacional en una "lucha interna" entre antagonistas locales, y utilizan la pantalla ideológica de "extender la democracia" para justificar la hegemonía o el dominio imperiales.

   

Las extensiones civiles de los componentes económicos del estado imperial son:

   

1) las instituciones financieras internacionales (IFI), incluidos el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial y bancos regionales. Los miembros estadounidenses de las IFI son seleccionados por el Tesoro de los Estados Unidos y reciben instrucciones de este, y sus decisiones sobre préstamos se basan exclusivamente en los intereses políticos y económicos del EI y de las empresas multinacionales estadounidenses.

   

2) Las empresas multinacionales funcionan como dependencias económicas y también como instrumentos políticos; proporcionan información, cargos para agentes del EI, desinvierten o invierten, prestan servicios y suministran productos terminados o piezas o los retiran, de acuerdo con las políticas del EI.

   

3) Las fundaciones y universidades cívico-privadas son instrumentos clave para enrolar a políticos, periodistas, intelectuales, artistas y otros "formadores de opinión" por medio de becas, subvenciones, nombramientos académicos y premios honoríficos. El mundo académico frecuentemente proporciona información especializada después de trabajos de campo mediante reuniones de información a agentes de alto rango del EI. El papel de organizaciones filantrópicas privadas como la Fundación Ford, la Fundación Soros y muchísimos otros fondos, es subvencionar y adoctrinar a estratos enteros de futuros ideólogos y tecnócratas pro imperiales de los países ex comunistas. Todo lo que se diga de la función que realizan nunca será exagerado.

   

4) En este sentido, se debe conceder especial importancia a las autoproclamadas "organizaciones no gubernamentales", nombre inapropiado como no hay otro. Las ONG son financiadas por los gobiernos (mayormente por estados imperiales), trabajan con los gobiernos y crean o captan ONG colaboradoras en países seleccionados para ejecutar las tareas políticas y económicas que benefician al imperio. En la esfera socioeconómica, compiten con movimientos sociopolíticos y les hacen frente, dividiendo a las comunidades pobres, invitando a los dirigentes a que formen parte de ellas, despolitizando las luchas, encontrando "soluciones" en micro-proyectos y desviando la atención del pillaje y la explotación de que son objeto por la élite neoliberal. En la esfera política, las ONG reciben millones para hacer propaganda y movilizar el apoyo de las masas para desestabilizar regímenes antiimperialistas, promover clientes electorales pro-imperiales y proporcionar cuadros y dirigentes para los subsiguientes regímenes clientes. Las ONG realizan abiertamente las mismas tareas que la CIA solía realizar de manera encubierta. El programa económico orientado hacia el mercado de las ONG al nivel de las masas complementa el programa de las IFI al nivel nacional.

   

Más recientemente, han surgido varias organizaciones internacionales, como la Organización Mundial del Comercio (OMC), que están bajo el control conjunto de los estados imperiales de Europa y Estados Unidos y que proporcionan un marco legal de aplicación para facilitar la ampliación y conquista de mercados y la penetración mediante inversiones, en todo el mundo, lo que beneficia a las poderosas empresas multinacionales en los países imperiales y a la élite que exporta productos agrícolas y minerales en los estados clientes.

   

Los componentes políticos de las empresas multinacionales utilizan para organizarse algunas de las mismas armas "civiles" que emplean los componentes económicos. Las fundaciones privadas proporcionan fondos para el adoctrinamiento ideológico, la capacitación de economistas, especialistas en ciencias sociales y otros profesionales, para formar cuadros capitalistas "empresarios" y proporcionarles una doctrina que legitime el pillaje de la economía – privatización - la desnacionalización de la propiedad - mercados libres - y la promoción de la desigualdad - movilidad social individual . Los miembros de la fundación sirven de "intermediarios" entre el estado imperial y el estado cliente, entre las empresas multinacionales y los lucrativos recursos locales.

   

Las organizaciones cívicas y las ONG, financiadas en buena medida por canales del EI, también desempeñan un importante papel en la ampliación del alcance político del imperio. A partidos políticos, grupos cívicos y ONG localmente promovidos, algunos que ya existían y otros recién creados, se les proporcionan fondos, escuelas de capacitación, abundantes asesores del EI, procedentes de los sindicatos, partidos políticos y organismos de consulta imperiales, sobre estrategias y tácticas, comités parciales de vigilancia electoral y en las urnas. La profunda penetración de la sociedad civil por el EI mediante los mecanismos de transmisión locales subraya la creciente importancia de las "organizaciones civiles" para la formación del imperio y la extrapolación de políticas imperiales a nuevos territorios.

   

El óptimo resultado de la estrategia civil del EI es la creación de "estados clientes viables y legítimos" que proporcionen una fachada de democracia a la subordinación a los intereses económicos, militares y políticos del imperio.

   

El componente militar del estado imperial trabaja con grupos paramilitares locales, organizaciones de oficiales del ejército retirados, y también por conducto de tratados bilaterales y alianzas militares, en las que en gran medida prestan servicio y dirigen funcionarios imperiales.

   

Por intermedio de la élite militar local, y en consonancia con los clientes políticos del estado imperial, el ejército imperial recluta ejércitos mercenarios para que sirvan en guerras coloniales y ocupaciones. Por medio del adoctrinamiento, capacitación y suministro de armas a oficiales de los ejércitos clientes, el ejército imperial puede ampliar su capacidad para hacer la guerra e intervenir por encima de su capacidad nacional. La proximidad de estados clientes a nuevas regiones de conquista potencial facilita la penetración y, al mismo tiempo, reduce los costos de logística.

   

Las bases militares brindan seguridad conjunta al estado cliente local y al EI: el régimen cliente puede contar con que el imperio lo protegerá de una revolución popular; la dependencia del régimen cliente asegura la continuidad de los puestos de avanzada del ejército imperial.

   

Al evaluar los puntos fuertes o débiles del imperio, un analista serio debe ir más allá del análisis costo-beneficio de los rendimientos y gastos internos del imperio, para tener en cuenta los múltiples efectos que las extensiones en el exterior pueden tener en la perpetuación y ampliación del imperio. La exitosa multiplicación de extensiones políticas, económicas y militares alivia los gastos económicos y de personal de mantenimiento del imperio. Además, al medir los costos y beneficios del imperio para examinar su viabilidad se tienen que tener en cuenta los elevados costos iniciales que tendrá el estado (hasta que se logre la conquista y se inicie la explotación) y los beneficios en fases posteriores al proceso de producción que acumula el sector privado (una vez implantado en la economía).

   

Además, todos los cálculos de costo-beneficio tienen que hacer la distinción fundamental entre el público en general (contribuyentes, soldados) y las clases que forman la élite (que se benefician). Lo que para algunos autores es el "gran costo del imperio" para una nación mal definida (los Estados Unidos) en realidad es la redistribución de ingresos de las clases asalariadas a los ricos por medio del EI.

   

Mientras que una estrategia específica del EI dirigida a la formación del imperio no ponga en peligro las utilidades, las oportunidades para la inversión y las asociaciones de las élites económicas, los costos del imperio para los ciudadanos pasivos no tienen ninguna importancia. Sin embargo, cuando los encargados de formular las políticas adoptan estrategias que perjudican los intereses económicos de las empresas multinacionales y provocan el descontento popular, en el

 

Estado Imperial surgen divisiones entre la élite, entre los componentes y en el seno de los componentes del EI.

 

Complementariedad de los componentes del Estado Imperial

La diaria realidad de las operaciones de los organismos del EI es la complementariedad de sus actividades. En la cumbre del poder la Casa Blanca y el Consejo de Seguridad Nacional siempre se suele negociar una posición común. No obstante, las políticas están dictadas por los imperativos de la formación del imperio, inherentes a la perpetua expansión y acumulación de capital, la esencial necesidad de extenderse o decaer. La acumulación y expansión en el exterior significan aumento del poder político imperial, seguridad de mercados, imposición de regímenes clientes y establecimiento de esferas de influencia donde hay políticas macroeconómicas ventajosas favorables para las empresas multinacionales; significan ampliación de la influencia militar por medio de bases o funcionarios locales, desplazamiento de competidores, debilitamiento de los antiimperialistas (nacionalistas, socialistas, islamistas), derrocamiento de regímenes y promoción de partidos y organizaciones cívicas pro-imperialistas. Cada componente del EI funciona en gran medida dentro de su esfera de especialización: el Departamento de Estado financia grupos políticos, ejerce presión sobre políticos, recluta intelectuales; el Pentágono moviliza al ejército; el Tesoro por medio de las instituciones financieras internacionales interviene en la formulación de la política económica; y la CIA infiltra grupos, participa en acciones violentas directas por medio de operaciones clandestinas. Los "grupos de extensión" de la sociedad civil se movilizan para denunciar y hacer propaganda y manifestaciones para elecciones o contra funcionarios electos, para dar una apariencia de legitimidad a los golpes de estado o desestabilizar regímenes.

   

El punto teórico más importante es que, por encima de las usuales rivalidades burocráticas, los componentes del EI convergen a la movilización de recursos, humanos y materiales, especialmente en tiempos de crisis, guerra, revoluciones, preparación de golpes de estado y contrarrevoluciones, para asegurar el imperio. Cuando se trata de cumplir con los imperativos de la formación del imperio, suele no haber grandes divisiones entre el Departamento de Estado, el Pentágono y la CIA.

   

No hay gobiernos "invisibles" que funcionen "detrás" del aparato del EI. Eso no quiere decir que las actividades y operaciones organizadas y dirigidas por los organismos del EI están sujetas a examen público o a la rendición de cuentas; pero sí significa que las acciones clandestinas violentas o actos de subversión política son organizados por organismos oficiales identificables del EI, y están concebidos para aplicar políticas imperiales específicas.

 

Conflictos en el seno del EI

Habiendo expuesto la norma general de la complementariedad de las actividades en el seno del EI, cabe decir que existen, sin embargo, dos tipos y momentos de conflicto interno entre los componentes del EI.

   

Lo que más comúnmente ocurre es que los organismos compiten entre sí por recursos, jurisdicción, personal y presupuestos, lo que puede llamarse mejoramiento burocrático. Esto puede actuar sobre el grado en que uno u otro organismo del EI puede aumentar su papel en la aplicación del programa de formación del imperio. Estos "conflictos intraburocráticos" son temas comunes de los expertos en ciencias políticas convencionales, quienes califican estos conflictos de factores determinantes más importantes de la política exterior, no prestando atención tranquilamente a las convergencias y complementariedades más grandes. En la mayoría de los casos, estos conflictos revelan diferencias tácticas y prioridades en la formulación de las políticas imperiales.

   

El segundo tipo de conflicto que se produce en el seno del EI, muy poco frecuente, y, sin embargo, el más grave, está relacionado con la ideología, estrategia, prioridades y lealtades políticas. En el seno del EI, los mayores conflictos ocurren, por lo general, cuando tiene lugar un giro importante en la política exterior, que subraya la escalada de una agresión, el inicio de una guerra, un cambio de alianzas. Por ejemplo, en el seno del EI hubo debates y discrepancias sobre el inicio de la Guerra Fría contra Rusia, y algunos funcionarios favorecían, en contra de la mayoría belicosa, el mantenimiento de políticas de cooperación como una forma de socavar gradualmente el poder comunista. El debate fue corto y acabó en una total debacle política: los Guerreros de la Guerra Fría no solo dictaron las políticas, sino que también purgaron a sus opositores del Departamento de Estado. Igualmente, cerca del clímax de la guerra que Estados Unidos estaba perdiendo en Vietnam, surgió un debate en el seno del EI entre los que exhortaban a reducir las pérdidas, poner fin a la guerra para defender otras regiones estratégicas del imperio y acabar con la agitación política interna y los funcionarios que intentaban continuar o intensificar la guerra con un ejército colonial que se desintegraba. Los dos grupos llegaron a un arreglo: la vietnamización de la guerra que entrañaba la retirada del grueso de las tropas estadounidenses y la dependencia de asesores estadounidenses y tropas vietnamitas. En estas divisiones que ocurren en el EI, está claro que todas tienen lugar en el marco del mejor enfoque para la formación del imperio. Ninguno de los participantes pone en tela de juicio al imperio en sí, solo a la mejor combinación de fuerza militar, diplomacia, prioridades políticas e intereses económicos. No obstante, estas diferencias sí tienen consecuencias sustanciales a corto y mediano plazos para los pueblos afectados y el futuro del imperio.

   

A finales del siglo XX y a principios del nuevo milenio, se ha producido una nueva gran división en el seno del EI respecto de la estrategia, ideología y lealtades políticas, entre los extremistas sionistas (E-S) y los conservadores y tradicionalistas constructores del imperio. Los E-S ocupan puestos clave en varios componentes del EI, incluidos el Pentágono y el Departamento de Estado, y han creado sus propias redes de inteligencia. Cuentan con el respaldo incondicional de las principales organizaciones judías y sus redes cívicas, que tienen influencia en los partidos Demócrata y Republicano, el Congreso y los medios de difusión. En el EI, en la formulación de su política exterior, los extremistas sionistas han hecho de la ampliación y el aumento del poder israelí en el Oriente Medio la máxima prioridad. Los E-S han sido los arquitectos estratégicos de la guerra de Iraq, cuyo costo asciende a más de 250 000 millones de dólares, en sus primeros dos años, y varias decenas de miles de bajas estadounidenses. En el EI, los E-S, más que cualquier otro grupo influyente anterior, tienen en la sociedad civil un conjunto activo y poderoso de partidarios organizados e influyentes, un conjunto bien organizado de .grupos de estudio. ideológicos extremistas vinculados a los medios de difusión que hacen mucha propaganda de las clases cultas y un poderoso grupo de organizaciones judías que censuran e intimidan a los críticos de los partidarios de la política de Israel Primero en el EI. Este poderoso aparato civil está políticamente vinculado al poder legislativo, al ejecutivo y a los partidos y brinda protección a un grupo, aparte de eso, extremadamente controvertido en el EI, un grupo que es fiel a un estado extranjero (Israel), pasando por encima de sus compromisos con la formación del imperio estadounidense. Más exactamente, los E-S han adaptado la formación del imperio estadounidense a las necesidades de la hegemonía regional israelí. Además, cuando surge un conflicto de intereses entre la formación del imperio y los intereses israelíes, han perjudicado a la primera para beneficiar a los segundos. El mantenimiento y la ampliación del poder sionista en el EI, a pesar de los grandes problemas que han creado para la formación del imperio (aislamiento político, mentiras puestas al descubierto y hostilidad universal), sin hablar de las horrendas bajas que han causado a los pueblos del Oriente Medio que han sido sus víctimas, solo pueden explicarse por el alto nivel de influencia o hegemonía que el aparato judío pro-israelí tiene sobre la sociedad estadounidense y especialmente las instituciones políticas.

   

Dado el despliegue de fuerzas que se oponen a los extremistas sionistas en el EI, solo su poderoso elenco de apoyo fuera del EI puede explicar la continuación de su predominio en la política exterior de los Estados Unidos, en particular en el Oriente Medio. La oposición a los E-S se ha visto obligada a funcionar de una manera semiclandestina, y ha sido, en el mejor de los casos, una fuerza decisiva que suele perder más que ganar los debates de política en el seno del EI.

   

La política de guerra en el Oriente Medio, diseñada, promovida, ejecutada y dada a conocer por los E-S en el EI, suscitó la oposición dentro del ejército profesional, la CIA y el Departamento de Estado, así como de multitud de antiguos funcionarios. Creó preocupación entre las principales compañías petroleras, diplomáticos y los mercados energéticos. La estrategia de ocupación de los E-S después de la invasión, en armonía con los intereses israelíes, favoreció la destrucción del estado iraquí y la desarticulación de la sociedad, obstaculizando la reconstrucción, pero destruyendo a un gran adversario de la conquista israelí y la anexión de Palestina. La fragmentación de Iraq en sub-regiones étnico-religiosas, la aplicación de técnicas de guerra urbana israelíes y la tortura fueron alentadas por los E-S. Las políticas de guerra, la ocupación y el desmembramiento de Iraq fueron realizados por militaristas civiles del Pentágono, a saber, los E-S en contra de muchos oficiales profesionales. Todos los pretextos fabricados para la guerra las armas de destrucción en masa, los vínculos con Al Queda, etc. fueron propagados por los E-S para justificar su verdadero plan, a veces explícito, y, a veces implícito, de promover al Gran Israel. Las mentiras políticas estuvieron al servicio de fines superiores.

   

No obstante, el descubrimiento de sus mentiras y su desleal colaboración con un estado extranjero no condujo a la celebración de audiencias, a despidos ni a dimisiones forzosas, como normalmente ocurriría en una situación en que una guerra se ha convertido en una costosa debacle. La razón es el respaldo unánime e incondicional que los E-S recibieron de la sociedad civil judía organizada y su hegemonía sobre las instituciones políticas. Por otro lado, en el EI, los críticos, el poder legislativo, los medios de difusión y los círculos académicos, que han impugnado o criticado a los sionistas en el EI han sido castigados (como antisemitas), marginados y, en algunos casos, depuestos de sus funciones. Como consecuencia de esto, los E-S mantienen sus cargos o han pasado a cargos más influyentes todavía, por ejemplo, Elliot Abrams, neofascista, autor convicto de delitos graves, ahora está a cargo de la política para el Oriente Medio en el Departamento de Estado.

   

La política de guerras consecutivas de los E-S contra los adversarios de Israel es el primer punto del programa del EI: objetivos anunciados son Irán y Siria. Nuevas divisiones han surgido con relación a la siguiente guerra, entre una minoría que favorece un acuerdo negociado y la estridente multitud que apoya a Israel y exige ataques militares inmediatos. Las cuestiones mayores: el acceso al petróleo y sus precios, la guerra en gran escala a largo plazo y la inestabilidad en el Oriente Medio, planteadas por las poderosas compañías petroleras, banqueros internacionales y consultorías ocupan un lejano segundo lugar en el programa sionista de destruir a Irán, desafiante vecino de Israel.

   

Esto plantea varias cuestiones teóricas mayores: ¿en qué circunstancias se abre una brecha entre los encargados de formular las políticas del EI y los intereses de las empresas multinacionales y la formación del imperio? ¿Con cuánta eficiencia el EI representa a sectores muy importantes de la clase dirigente hoy día?

   

Solo un ignorante puede suponer que, como los Estados Unidos tienen grandes intereses petroleros en el Oriente Medio, la política exterior estadounidense sigue o lucha por esos intereses, excluyendo otros, o que son el factor determinante de esa política. Este último punto de vista fue expuesto por varios progresistas bien intencionados que no han hecho un análisis profundo o que por omisión o comisión no desean ofender a sus colegas judíos, ni siquiera frente a pruebas contrarias.

 

El Estado Imperial: ¿representa siempre a la clase dirigente?

En la mayoría de las circunstancias (aunque no en todas, como ya analizamos previamente), los encargados de formular políticas en el estado imperial representan los intereses de la clase dirigente, los bancos y las empresas más importantes. No obstante, cabe preguntar con cuánta eficacia el estado imperial , sus diversos componentes, representan esos intereses?

   

Es importante evaluar la eficacia del EI al analizar su papel en la formación del imperio. Para responder a esa pregunta se necesita formular otras: ¿El personal, políticas y estrategias amplían oportunidades y aumentan la seguridad de las empresas multinacionales, amplían el acceso a recursos estratégicos o su control, amplían mercados y facilitan el establecimiento de asociaciones lucrativas con élites locales?

   

¿Los encargados de formular las políticas imperiales aplican políticas militares compatibles con los intereses económicos?

   

Estas preguntas son complejas porque una de las justificaciones esgrimidas por los encargados de formular políticas, cuando se les enfrenta a .políticas por lo visto fracasadas, es que los resultados positivos se manifiestan a la larga. Por complejo que sea medir el éxito o el fracaso de las políticas imperiales en tiempo y lugar, en la mayoría de los casos, es posible realizar una evaluación objetiva. Por ejemplo, las decisiones de ir a la guerra en Corea y Vietnam, de invadir Cuba e intervenir en Somalia fueron, sin duda, políticas fracasadas desde el punto de vista de los costos para la economía imperial y los resultados negativos en cuanto a la apertura de nuevas oportunidades económicas y la expansión del control territorial. En otros casos, las políticas imperiales de intervención en países más pequeños, indefensos, como la República Dominicana, Guatemala, Nicaragua, Panamá, Granada y El Salvador tuvieron éxito en la destrucción de regímenes o movimientos progresistas y la imposición de regímenes clientes, pero proporcionaron pocas oportunidades económicas sustanciales a las empresas multinacionales, ya que las economías se estancaron, la capacidad de consumo se contrajo, pocos recursos naturales se explotaron y la emigración de mano de obra redujo las reservas de mano de obra barata.

   

En el caso de las políticas imperiales para países en los que abundan recursos más lucrativos, como Irán, Chile, Argentina, Brasil, Bolivia y el Congo (Zaire), los resultados son mixtos. Las ganancias a corto plazo, al derrocar al régimen nacionalista de Mossadegh, en Irán, e instalar al Shá, proporcionaron grandes oportunidades a las empresas multinacionales estadounidenses y un incondicional cliente político-militar en la región del Golfo durante 26 años; sin embargo, la neocolonia dictatorial fue derrocada, en 1979, por una coalición de fuerzas islámicas y seculares nacionalistas y se convirtió en un adversario estratégico durante los siguientes 26 años y, tal vez más. Por el contrario, la intervención estadounidense en Chile, Argentina, Bolivia y Brasil, en el decenio de 1960 y los subsiguientes regímenes militares clientes elaboraron un marco político-económico para la penetración económica estadounidense a largo plazo en gran escala. Y lo que es más importante aún, las transiciones a regímenes electorales civiles y sus subsiguientes políticas estuvieron condicionadas por las "lecciones" dictadas por la política imperial. Si bien el estado imperial y las empresas multinacionales han cosechado los beneficios de 30 a 40 años de regímenes pro-imperiales, no han faltado desafíos violentos en masa como fueron las rebeliones populares y el derrocamiento de regímenes clientes en Argentina y Bolivia y la sostenida inestabilidad de Perú y Ecuador.

   

Sin duda, la guerra de los Estados Unidos en Iraq fue un error garrafal desde el punto de vista de la formación del imperio: ha conducido a derrotas tácticas, una prolongada guerra en las calles, que no se puede ganar, la reducción del alistamiento militar, la desmoralización de la Guardia Nacional y de las tropas de la Reserva, el aumento de los déficit presupuestarios, el aislamiento de los aliados de los Estados Unidos y el abandono por clientes de la coalición. Además, la debacle militar demuestra que el imperio de los Estados Unidos no es invencible. Está claro que los arquitectos clave de esta guerra han asestado involuntariamente un severo golpe al componente militar del imperio.

   

Desde la perspectiva de los intereses económicos estadounidenses, los costos de la guerra son mucho mayores que los beneficios provenientes de la propiedad o extracción del petróleo, ahora y a mediano plazo. Las flagrantes violaciones masivas de los derechos humanos y la matanza de civiles han generado hostilidad universal en todo el Oriente Medio (salvo Israel), haciendo muy inseguras y problemáticas las inversiones y las actividades comerciales de las empresas multinacionales. ¿Eran los arquitectos de la guerra del EI tan obtusos, tan desconocedores de la oposición, el costo y las consecuencias de la guerra? Está claro que había razones históricas de sobra para prever una fuerte resistencia y las bajas. Incluso dando por sentada la mediocridad de las esferas decisorias clave, no hay razones para pensar que el mantenimiento de la guerra y la política de sumar a la debacle de Iraq una nueva catástrofe en Irán sea mera ignorancia. La guerra de Iraq fue un éxito a los ojos de sus creadores, porque sus criterios eran: ¿Beneficia al Estado judío? y así fue, y no ¿cómo afecta a la formación del Imperio de los Estados Unidos? El hecho de que los E-S ejerzan grandes presiones en pro de una nueva guerra con Irán, la que causaría estragos en el imperio y sus regímenes clientes y generalizaría el conflicto en todo el Oriente Medio, es un indicio más de que la eficacia de las políticas se mide por cómo promueve el poder de Israel en la región y reduce a sus enemigos, y no por su efecto en la formación del imperio estadounidense.

   

Desde el punto de vista de la calidad y la competencia en la formulación de las políticas imperiales, está claro que los E-S hicieron un excelente trabajo en su lucha por los intereses del Estado de Israel, maximizando los beneficios prácticamente sin costo alguno, y un pésimo trabajo en la promoción del imperio estadounidense. La diferencia de desempeño no es resultado de la falta de capacidad política, sino resultado de prioridades, motivaciones y objetivos estratégicos diferentes.

   

La ascendencia de los militaristas civiles, que incluyen a los E-S, aunque no son los únicos, en gran medida ha relegado los intereses económicos de las empresas multinacionales a un plano secundario en la formación del imperio. Mientras los gastos militares aumentan, la deuda externa crece exponencialmente, el déficit presupuestario y el pago de intereses debilitan los cimientos económicos del imperio y aumenta la dependencia del financiamiento externo. La mayoría de las empresas multinacionales estadounidenses cada vez producen más en el extranjero y exportan a los Estados Unidos, aumentando el déficit comercial de la economía interna. Igualmente importante es que los militaristas civiles no tienen una estrategia para que los elevados gastos militares inmediatos y la intervención conduzcan a futuros beneficios económicos para las empresas multinacionales, como ocurrió después de la Segunda Guerra Mundial y durante la Guerra Fría. Como la mayor parte de los gastos militares se ha dedicado a la destrucción de la infraestructura productiva civil iraquí, se han puesto en peligro las fuentes primarias de utilidades y se ha expulsado o matado a la mayoría de los profesionales y científicos clave. La política de ocupación colonial, destrucción y pillaje de los sátrapas coloniales ha restringido mucho los "medios de subsistencia" imperiales. La política de los militaristas civiles de guerra total, ocupación permanente e imposición de régimen reduce la posibilidad de alcanzar una estabilidad duradera y la seguridad necesaria para inversores productivos en gran escala, como mucho alienta a capitalistas especuladores, contrabandistas y oligarcas de la mafia interesados en operaciones a corto plazo muy lucrativas.

 

Circunstancias que dan lugar a conflicto: Estado Imperial y empresas multinacionales

Ahora podemos especificar algunas de las circunstancias en las que componentes y organismos del EI discrepan con las empresas multinacionales por alianzas, prioridades, políticas y estrategias y tácticas regionales y mundiales.

   

El primer punto de conflicto entre el EI y las empresas multinacionales es el de la ideología: el EI, especialmente bajo la influencia de los militaristas civiles, se centra en alianzas militares con parientes ideológicos, mientras que las empresas multinacionales buscan inversiones lucrativas, acuerdos comerciales y asociados económicos sobre la base de las ideas del libre mercado y el libre comercio .como mecanismos para la ulterior penetración y dominio. A la mente vienen varios ejemplos contemporáneos que tienen que ver con las relaciones de los Estados Unidos con el Oriente Medio, China y Cuba. En cada región, los ideólogos militaristas civiles aplican políticas concebidas para promover enfrentamientos militares en detrimento de inversiones lucrativas de las empresas multinacionales y de acuerdos comerciales. En el Oriente Medio, los militaristas civiles se alinean con Israel en contra de Arabia Saudita, Irán, Siria y el resto del mundo árabe islámico, mientras que las empresas multinacionales realizan inversiones y transacciones comerciales con los países árabes e islámicos. Con respecto a China, los militaristas civiles aplican una política de cerco militar, respaldan la independencia de Taiwán y con estridente retórica hacen

 

parecer demoníaca la política de defensa de China, mientras que las 500 compañías de la Fortune han invertido más de 300 000 millones de dólares en China y Pekín financia el déficit comercial de los Estados Unidos, para gran alivio de los banqueros estadounidenses. Con relación a Cuba, se evidencia un conflicto similar. Los militaristas civiles encabezados por la progenie de exilados cubano aplican políticas que van desde patrocinar a terroristas del exilio hasta imponer un agresivo boicot económico, mientras importantes empresas multinacionales estadounidenses realizan transacciones comerciales por 1 000 millones de dólares en alimentos y productos farmacéuticos con Cuba.

   

Conflictos similares se evidencian respecto a Venezuela, donde los militaristas civiles han organizado golpes de estado y financiado a organizaciones cívicas extremistas para instalar un régimen pro-imperialista, mientras importantes compañías petroleras estadounidenses como Chevron-Exon han firmado acuerdos de inversiones por varios miles de millones de dólares con el régimen nacionalista social-liberal. Existen otras regiones y cuestiones del conflicto EI-empresas multinacionales relacionadas con Europa occidental y Rusia.

   

No obstante, está claro que las políticas imperiales reflejan los puntos fuertes y débiles de los militaristas civiles y las empresas multinacionales en esferas específicas. En el Oriente Medio, el poder de los militaristas civiles, apoyados por las más importantes organizaciones judías y el poder que estas tienen en el Congreso y los medios de difusión, es muy superior al de las empresas multinacionales petroleras, los diplomáticos profesionales y sectores del ejército profesional.

   

A diferencia de esto, en China, el vasto despliegue de empresas multinacionales y el mero volumen de la inversión y el comercio estadounidenses tienen, sin duda, mayor influencia sobre las políticas que los militaristas civiles, quienes no tienen el equivalente de una base de poder interno influyente comparable a los judíos organizados. Con Cuba y Venezuela, hay un .equilibrio., en el que las empresas multinacionales estadounidenses trabajan eludiendo restricciones comerciales, y comercian e invierten en el caso de Venezuela, mientras los militaristas civiles trabajan para derrocar los regímenes sin oposición de las empresas multinacionales.

 

La mente de los militaristas civiles

Si bien está claro cuáles son las motivaciones y qué impulsa a los ejecutivos de las empresas multinacionales (ganancias, mercados, recursos y gastos de funcionamiento bajos), se comprende menos el modo de pensar de los militaristas civiles y el subconjunto sionista.

   

En forma telegráfica, podemos especificar ocho características, algunas de las cuales son aplicables solo al subconjunto de sionistas:

   

Prioridades militares sobre prioridades económicas. La mayoría de los militaristas no ha tenido participación directa ni ha estado muy involucrada en grandes negocios ni en combates militares directos. Viven y trabajan en un mundo enrarecido de ideólogos, institutos ideológicos que han crecido hacia dentro e interactúan con políticos extremistas de ideas afines. Tienen pocos conocimientos sobre las consecuencias humanas o económicas de las guerras imperialistas, que se consideran como buenas en sí, como experiencias .liberadoras., ni interés en ellas.

   

Consideran obsesivamente el mundo solo como un lugar para apoderarse del poder a cualquier precio. Aplican políticas de matanzas en masa sin repensarlas y tienen una actitud totalmente desdeñosa hacia los cargos de genocidio y crímenes de guerra. Están absolutamente convencidos de la justeza de las matanzas en masa para aumentar el poder político de su imperio y de su .madre patria. adoptiva. Muchos están movidos por una visión religiosa o cuasireligiosa, que no tiene en cuenta todas las limitaciones económicas. La virulenta arrogancia de su estilo que proyecta superioridad es tan reveladora como la sustancia protofascista de su política. Cien mil muertos iraquíes son nada; la mente de un asesino profesional que actúa en nombre de una .santa causa. es muy obvia. Los sionistas nunca admiten fallas ni delitos. Utilizan su influencia para cargarle la responsabilidad a otros, las torturas en Abu Ghraib y Guantánamo se atribuyeron a oficiales del ejército o al Abogado de la Casa Blanca. Ni un solo sionista importante aparece en la lista de los responsables de los abusos, aunque fueron cómplices en su organización. Las fuentes del modo de pensar sionista reflejan la adopción de los métodos de gobierno de los palestinos aplicados por los israelíes: desplazamientos masivos y destrucción de los medios de vida e instituciones, castigo colectivo, tortura, encarcelamiento a largo plazo sin juicio, ataques militares indiscriminados contra centros de población y carnicerías con impunidad.

   

Es absurdo buscar en los escritos de oscuros y mediocres teóricos políticos que coquetean con la astrología (L. Strauss) las raíces de las prácticas imperialistas totalitarias de los encargados de formular las políticas sionistas, cuando toda la vida política activa formadora de estos teóricos ha estado íntimamente relacionada con las políticas terroristas del Estado de Israel que les dio la señal ideológica y lecciones políticas.

   

La convergencia del fundamentalismo cristiano, el extremismo sionista y el poder imperialista ha sido el motor de la doctrina totalitaria de la guerra ofensiva permanente, la guerra total, que no hace distinción entre objetivos civiles y militares y el dominio indiscutible del mundo. Lo que mantiene a estas élites extremistas en el poder y la razón por la que lo retienen, a pesar de la aplicación de políticas desastrosas, es que tienen grupos formidables en la sociedad civil que los auspician y tienen sustancial influencia sobre instituciones políticas clave, como el Congreso de los Estados Unidos y los medios de difusión.

   

Los militaristas civiles extremistas no han sido sometidos a duras pruebas por las empresas multinacionales por varias razones. En primer lugar, las empresas multinacionales han recibido enormes beneficios del régimen imperial en forma de reducciones tributarias muy sustanciales y subvenciones, tasas de interés bajas, agresivas políticas de apertura de mercados, promoción de privatizaciones e imposición del pago de la deuda en el exterior. Además, la Casa Blanca ha defendido a las empresas multinacionales estadounidenses contra competidores, socavado la legislación laboral y ambiental y en casos de empresas no competitivas, ha aplicado leyes proteccionistas.

   

En el EI, estos beneficios pesan más que los conflictos entre las empresas multinacionales y los militaristas civiles. El conflicto entre estas empresas y el EI acaba en presiones que rivalizan en esferas normativas específicas, los militaristas civiles tienen más influencia en materia de políticas para el Oriente Medio y pronunciamientos estratégicos mundiales y las empresas multinacionales obtienen políticas favorables en relación con China y, en menor grado, Cuba y Venezuela.

 

Base estructural de conflictos ideológicos en el EI

Las diferencias políticas que surgen entre los militaristas civiles y las empresas multinacionales se deben, en parte, a puntos de vista ideológicos antagónicos. En el caso de los militaristas civiles (MC), sus concepciones son explícitas, mientras que en el de las empresas multinacionales, no son tan claras.

  

Voluntarismo versus integración mundial

 

Los militaristas civiles funcionan partiendo del supuesto de que la voluntad política puede vencer todos los obstáculos, que la proyección de poder puede crear hechos que otros países (antiguos aliados o adversarios) tienen que aceptar, de ahí la noción de la acción unilateral y guerras múltiples. El voluntarismo supone una capacidad ilimitada para la acción militar, capacidad ilimitada para sacrificios materiales, todos santificados por lugares comunes ideológicos, cruzadas democráticas. y recompensas intangibles. El voluntarismo supone un alto grado de autonomía para la élite y sumisión para las masas, dada la imaginaria misión de los primeros y la ignorancia, lealtad refleja o temor de los segundos.

   

La filosofía voluntarista es profundamente autoritaria; a los dirigentes se les escoge (en sí) para dirigir, y los seguidores están para obedecer. Las fórmulas para justificar guerras que persiguen el dominio mundial varían según la circunstancia y van desde mentiras descaradas y flagrantes, pasando por la demonización, engaño y falsedad hasta la magnificación de incidentes menores que son convertidos en amenazas mundiales. Los electores son una masa que se ha de engañar, engatusar, halagar y manipular por conducto de los medios de difusión y a los detractores se les ha de amenazar mediante edictos y leyes autoritarias punitivas. Al Congreso se le ha de disciplinar y movilizar tras sus dirigentes por medio de amenazas inminentes de guerra y terrorismo.

   

A diferencia de lo anterior, las suposiciones implícitas y explícitas de las empresas multinacionales son que la economía mundial se ha convertido en una estructura integrada, en que las empresas imperiales rivales se unen y compiten; la empresa multinacional reconoce un mundo económico multipolar que requiere el apoyo del EI, así como la adaptación a las reglas de otro EI (Unión Europea y Japón). Las empresas multinacionales no evitan guerras limitadas ni actividades subversivas militares, siempre que no afecten sustancialmente a los circuitos que siguen comerciando, invirtiendo o teniendo acceso a materiales estratégicos. Las empresas multinacionales más competitivas y fuertes, así como las instituciones financieras poderosas promueven el comercio multilateral y los acuerdos de inversiones, y consideran que las actividades político-militares del EI aseguran o negocian el apoyo internacional para estos acuerdos entre clientes y aliados. Las empresas multinacionales menos competitivas son más "unilaterales", proteccionistas y están más centradas en el estado, dependientes de la protección de mercados internos y subvenciones para competir en mercados extranjeros. Existe una mayor identidad política entre estas empresas menos competitivas y los militaristas civiles desde el punto de vista de la "acción unilateral", pero a menudo discrepan sobre asociados comerciales del exterior.

   

Los militaristas civiles creen en la "extraterritorialidad", la supremacía de las leyes estadounidenses y el ejercicio de facultades por encima de la soberanía nacional y su lógica extensión y ocupación colonial. Esta posición está reñida con las exigencias hechas por las empresas multinacionales de un orden jurídico internacional reconocido, para la defensa y promoción de las relaciones capitalistas y el arbitraje de los conflictos. Sin embargo, esta contradicción es silenciada por algunos de los privilegios especiales de que disfrutan las empresas multinacionales en virtud del control colonial de los Estados Unidos, como el especial acceso a empresas privatizadas lucrativas, contratos de reconstrucción y adquisiciones relacionadas con actividades militares. Por otra parte, las políticas de embargo de los militaristas civiles impiden a subsidiarias en el exterior de empresas multinacionales realizar transacciones comerciales o restringen los productos que se pueden vender. No obstante, la contradicción entre las políticas de los militaristas civiles centradas en lo militar y las políticas de .mercado libre. de las empresas multinacionales no impide la cooperación para desestabilizar regímenes vulnerables. Las refinerías de petróleo estadounidenses se negaron a procesar importaciones de petróleo de Cuba, a principios del decenio de 1960, siguiendo la línea de los esfuerzos realizados por los Estados Unidos para derrocar a la revolución. En los primeros años del decenio de 1970, en el gobierno socialista de Allende, compañías estadounidenses del cobre entablaron juicios para impedir exportaciones de cobre chileno al tiempo que la CIA hacía esfuerzos para derrocar al régimen. La industria aeronáutica estadounidense cooperó con el EI para ejercer presiones sobre el gobierno de Chávez, negándose a reparar y mejorar sus aviones de combate.

   

En teoría, se argumenta que en el proyecto de formación del imperio existen "intereses especiales" y los "intereses generales" de la clase dirigente. No existe una "lógica imperialista" que proporcione un conjunto homogéneo coherente de políticas en cualquier lugar y en cualquier momento. Las contradicciones surgen por razones políticas internas y también por la influencia de diferentes grupos ideológicos dentro del EI. Por ejemplo, aunque el "libre comercio" es la doctrina general de las empresas multinacionales, las excepciones incluyen la protección de intereses agrícolas no competitivos, pero políticamente influyentes. El grupo de presión cubano-americano que apoya el bloqueo comercial contra Cuba, el Estado de Israel y su economía subvencionada en buena medida por los Estados Unidos durante más de medio siglo son ejemplos claros contrarios a las doctrinas del "libre mercado" de las empresas multinacionales. Cuando "intereses especiales" como es la configuración del poder sionista-judío, imponen políticas favorables a Israel, pero que perjudican a grandes intereses de las multinacionales petroleras, debilitan alianzas con la UE y los países árabes y, tratando de llevar adelante su programa, marginan a componentes tradicionales del EI, surge un gran conflicto subterráneo, pero despiadado, en materia de personal, jurisdicción y política estratégica.

   

El segundo mandato de Bush representa que se sigue consolidando y ampliando el poder de los militaristas civiles en puestos estratégicos.

   

Los sionistas se quedan controlando el Pentágono, mientras extienden su influencia dentro del Consejo de Seguridad Nacional y en relación con las políticas para el Oriente Medio, con la ascendencia de Elliott Abrams. Mientras tanto, la Seguridad de la Patria ha de ser dirigida por otro miembro de la red sionista, Michael Chertoff, quien demostró su celo, haciendo redadas y encarcelando arbitrariamente a cientos de árabes y musulmanes estadounidenses, solo por su origen étnico o su religión. La explicación para la creciente ascendencia de los militaristas civiles la da la estratégica designación de Porter Goss como director de la CIA. Goss es un ardiente defensor de la doctrina del enfrentamiento militar con China y, sin duda, refleja el debilitamiento de los encargados de formular las políticas de .libre comercio. de las multinacionales.

   

Existe una interdependencia negativa entre la expansión económica y la guerra, particularmente en el Oriente Medio y Asia. El aumento de las amenazas militares y el estrechamiento del cerco a China emanados de los militaristas civiles predominantes pueden tener efectos sumamente desestabilizadores para la continuación de la financiación del enorme déficit comercial de los Estados Unidos por China y perjudicar a los inversores estadounidenses en ese país, que conduciría al debilitamiento del dólar y de la rentabilidad de las principales 500 empresas multinacionales. Una nueva serie de ataques militares israelí-estadounidenses a Siria e Irán pueden provocar una conflagración militar general en todo el Oriente Medio, precipitar una crisis petrolera, disparar los precios y promover la inestabilidad de clientes de Estados Unidos, que llevaría a una crisis económica en los Estados Unidos y a una mayor serie de guerras, desangrando más al país. Israel, desde luego, sería el único beneficiario, en una región que se convierte en el páramo del Oriente Medio (un "paraje desolado" de proporciones bíblicas) y en la que los Estados Unidos quedarían agotados por guerras y crisis militares y económicas excesivas. Lo más probable es que las políticas imperiales de los militaristas civiles traerán por resultado pérdidas para todas las partes: los Estados Unidos entrarán en crisis y los países antiimperialistas experimentarán una destrucción masiva. Los efectos a largo plazo en la formación del imperio dependerán de las consecuencias políticas que tengan las políticas imperiales fracasadas, la manera como se analicen los fracasos, las políticas y los encargados de formularlas que intervengan, y las opciones políticas que surjan.

   

El diagnóstico de las razones que llevaron a los fracasos imperiales es decisivo, porque puede conducir a la reconstrucción y ulterior fortalecimiento del imperio o al cuestionamiento de las políticas, personal, ideologías, instituciones e intereses que dictaron las políticas fallidas.

   

Los críticos más conservadores argumentarán que la formación del imperio era el enfoque correcto, pero que la aplicación fue incorrecta, la ocupación no se manejó debidamente, se utilizaron demasiado pocos efectivos y así sucesivamente. Los críticos liberales argumentarán que las políticas eran erradas, que la guerra debería haber sido un .asunto multilateral. con la UE, en el que la guerra y el botín se habrían compartido. La minoría progresista dirá que instituciones como los civiles del Pentágono desempeñaron un papel demasiado destacado, en lugar de los diplomáticos del Departamento de Estado.

   

Todos estos diagnósticos y recetas se guían por la idea de revertir la negativa secuela de los fracasos y derrotas imperiales y de reconfigurar el EI para volver a consolidar las avanzadas posiciones del imperio. En el mejor de los casos, estos conducen a algunos cambios de personal, ajustes ideológicos (los estridentes gritos de guerra de los militaristas civiles se moderan), reorganización de organismos (con una recuperación del ejército profesional y los diplomáticos) y actividades para reconciliarse con aliados internacionales. Las posibilidades de estos .cambios para que nada cambie. dependen de la capacidad del EI para .reformarse. en tiempo de crisis. Sin embargo, la reforma imperial no será fácil, dado el atrincheramiento de los militaristas civiles, el respaldo que tienen entre los fanáticos sionistas, fundamentalistas cristianos y masas serviles.

   

Solo si las nuevas guerras traen por resultado prolongados conflictos que cuesten miles de vidas, y la desorganización masiva de la economía, que provoque una crisis internacional que afecte a las multinacionales y a la economía interna, es que podemos prever una importante oposición entre la población, de otra manera acobardada y fragmentada, que no tiene una auténtica organización política antiimperialista. Para que el descontento nazca entre las masas se necesitará comprender claramente la responsabilidad de los militaristas civiles y los partidarios sionistas de .Israel Primero., principales arquitectos de la política de guerra. Se necesitará centrar la atención en el análisis de la geopolítica de la guerra, el papel de las empresas multinacionales y la necesidad de sacrificar el imperio para reconstruir la .república., lo que requiere una guerra de clases contra los costos del imperio y en pro de la transformación de la economía, la propiedad de los bienes y la orientación de los Estados Unidos.

   

La formación del imperio es, por naturaleza, violenta y perturbadora para otros; la resistencia y la derrota, especialmente en sectores estratégicos del estado imperial, siempre tiene repercusiones violentas en el seno del imperio. Los trabajadores y los contribuyentes, su eslabón más débil, explotados y sacrificados para sostener el imperio, solo reaccionarán obligados por circunstancias externas. Solo sacudidas .externas. provocarán la reacción interna en una población imbuida de creencias imperiales y sumisión justificada.

   

El EI, al contrario de los militaristas civiles y sus celosos homólogos sionistas, no es invencible; Iraq ha dado las mismas lecciones aprendidas antes en Corea y Vietnam. La economía estadounidense no puede sostener el programa de los militaristas civiles de nuevas y múltiples guerras y resistencia prolongada de las masas en múltiples sitios. Los militaristas civiles pueden desatender la pérdida de aliados, el abandono de clientes de la coalición de guerra, la vulnerabilidad de nuevos puntos de conflicto en el Imperio... Los militaristas civiles pueden sustituir a ideólogos de ideas afines para dirigir la CIA, el Pentágono, la Casa Blanca y el Departamento de Estado, quienes se repetirán unos a otros las doctrinas, pero su voluntad colectiva no podrá cambiar limitaciones de poder estructurales fundamentales: presupuestos, deudas, resistencia al reclutamiento, resistencia armada, ejércitos vulnerables, aislamiento diplomático, la falta de mercenarios... La voluntad de poder puede hacer muchas cosas destructivas, pero como Hitler comprendió (o probó) también se puede destruir a sí misma.

 

 

   

Fuente: Pensar a contracorriente. Volumen II - Segunda Edición, 2005



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James Petras


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