El rapto de Europa, la dignidad de Evo

Dice la leyenda que a Europa la sedujo Zeus con atributos taurinos y se la llevó lejos, para consumar su amor y crear nuevas y fabulosas bestias. La Europa de hoy no protagoniza ninguna historia romántica, aunque sí podríamos hablar de un rapto y mucha violencia, pues violar convenios y leyes internacionales porque te lo ordena tu amo que domina el rayo es, por lo menos, humillante.

Solo una Europa raptada podría participar en el atentado contra Evo, incómodo presidente aimara, vergüenza para las élites corruptas y orgullo de su pueblo. Afortunadamente por ahí estaba Austria, que aunque europea no pertenece a la OTAN —quizás por no tener costas en el Atlántico ni en ningún otro océano—, y logró encontrar un pedacito de tierra donde reclinar su cabeza (Mientras tanto, el suramericano Santos sueña con que la alianza atlántica del norte lo reciba en su seno).

Ahora bien, Europa no se deja odiar fácilmente; quinientos años de coloniaje y racismo dejan una impronta nada despreciable. Esta se manifiesta en la urbanización cerebral mediante postales de chalecitos y paisajes nevados, museos, baguettes y molinos de viento. Y no olvidemos la cuna y la civilización. Para muchos salvadoreños “progre”, Europa es el sueño de verdad, no el trillado sueño americano con su reverso de pesadilla, lleno de indios sucios, malandrines y muchachitas lumpen. Europa es sueño con caché.

¡Pero veamos qué alcurnia! España envía un patán vestido de embajador con trampitas bajo la manga, lusos e ítalos ponen su grano de desvergüenza, y Francia prefiere no dar explicaciones, aunque lamenta lo ocurrido. Gobiernos ratoniles que dan pena, les marcaron con fuego su condición de siervos del águila de Zeus Paranoide. ¡Europa para los “americanos”!

La nueva arquitectura imperial no es cosa de broma, hay que repensar nuestras aspiraciones y afinidades. Todo un reto para países como el nuestro, tanto tiempo dependiente, colonizado de maneras tan variadas. Lo sorprendente es que naciones de las que no se espera semejante nivel de vasallaje luzcan de repente como repúblicas bananeras. Si los gobiernos europeos pierden así su dignidad, ¿qué se podría esperar del gobierno de El Salvador?

Lo sucedido debería hacernos reflexionar, ya que en no pocas organizaciones políticas, movimientos sociales y oenegés salvadoreñas, Europa es vista como un viejo bonachón, amable y culto, o una ricachona dadivosa. Hasta el (más bien escaso) espíritu anti yanqui de muchos izquierdistas criollos debe más a los cuentos de franceses y españoles que a las gestas de nuestros compas latinoamericanos y caribeños. ¡Y hoy resulta que Europa le hace los mandados al Big Brother!

Quizás sea un buen momento para mirar al Sur y al coraje expresado en los gestos de Evo. No lo pudieron seducir ni confundir, prefirió enfrentar los insultos y peligros, siendo fiel a sus palabras con sus hechos. A diferencia de Europa, Bolivia no se dejó raptar por ningún Dios abusivo. Esa es auténtica dignidad.


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Carlos Molina Velásquez

Académico salvadoreño, columnista del periódico digital ContraPunto y colaborador de Aporrea

 carlosmolinavelasquez@hotmail.com

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