Primaveras insurgentes

Aunque Calle 13 canta que no se puede robar el viento ni el clima, los imperios de todos los tiempos siempre se creyeron y creen los amos del sol y hasta del aire que el mundo respira. Dueños de las cuatro estaciones, llevan el verano o el otoño a donde se les antoje. La repartición es dolorosa. Hoy la sufren los países árabes, bajo la “primavera” impuesta con incesantes bombardeos por la Otan. La secretaria de Estado de Estados Unidos, Hillary Clinton, resumió su dominio planetario con la frase, para ella muy “primaveral”, de “vinimos, vimos y está muerto”.

Para Libia, la primavera que le impusieron Europa y Estados Unidos fue un infierno. Sigue siéndolo. Después de las torturas y el linchamiento de Gadafi, transmitidas al mundo en tiempo real y con fruición mediática, se pronosticó el advenimiento de la paz. En efecto, llegó la paz de los sepulcros. En Egipto, el derrocamiento de Mubarak con el apoyo de Occidente, para nada llevó tranquilidad a ese país. La “primavera” se les fue de las manos a los dueños de las estaciones.

El llamado Consejo Nacional de Transición libio no ha podido conformar un gobierno. Las tribus de ese país del norte de Africa se sienten traicionadas. Exigen estar allí, donde se toman las decisiones. Hillary Clinton no entiende, como tampoco logran comprender los gobernantes europeos. En Egipto, los protagonistas de la “primavera árabe” se volvieron a lanzar a las calles en protesta contra los militares que la Otan dejó al mando. La primavera, ahora sí auténtica, se ha vuelto insurgente. No es fácil apagar la luz cuando estalla la hora de los hornos, vaya adelante la imagen de Martí.

Resulta un lugar común decir que en la guerra la primera baja es la verdad. En el mundo unipolar de hoy, esa baja ocurre en tiempos de paz. Es la cotidianidad. La mentira convertida mediáticamente en “verdad”, precede y justifica las invasiones y masacres imperiales, desde las famosas “armas de destrucción masiva” de Irak hasta los bombardeos virtuales de Gadafi contra su pueblo. Después sí llegaron, de verdad, la destrucción masiva y los bombardeos de la “civilización” occidental contra los países árabes.

Las corporaciones mediáticas globales no entienden estas insurgencias primaverales. Sus mentiras se desmoronan. Eso de derrocar a unos gobiernos y defender a otros no menos dictatoriales, incluso regidos por monarquía medioevales, no resulta fácil de explicar, o dicho en su léxico capitalista, de “vender”. Las estaciones no les pertenecen a los imperios. Parafraseando a Pablo Neruda, la primavera llega cuando despierta el pueblo. Y si la imponen, tarde o temprano termina por rebelarse contra los gobiernos títeres de los invasores.

Es lo que está pasando en Egipto, Libia y otros países del Medio Oriente. Con Mubarak y Gadafi se sabía con quién negociar. Con los insurgentes, eso no es posible y no se sabe ni siquiera con quién se conversa. La huida hacia adelante, esto es, seguir bombardeando y matando, es una tentación. Empantanarse, como en Vietnam ayer y Afganistán hoy, no es una opción sino una realidad.

Irán, la antigua Persia, está en la mira de un Occidente en crisis de ambos lados del Atlántico. Cuando a Estados Unidos y a Europa se les viene encima un temporal, les da por imponer “primaveras” en el tercer mundo. Sólo que aquí a las estaciones impuestas a sangre y fuego, les suceden las primaveras insurgentes de los pueblos.


earlejh@hotmail.com


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Earle Herrera

Profesor de Comunicación Social en la UCV y diputado a la Asamblea Nacional por el PSUV. Destacado como cuentista y poeta. Galardonado en cuatro ocasiones con el Premio Nacional de Periodismo, así como el Premio Municipal de Literatura del Distrito Federal (mención Poesía) y el Premio Conac de Narrativa. Conductor del programa de TV "El Kisoco Veráz".

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