La ofensiva imperialista final

Las decisiones militares estratégicas tomadas por el gobierno de los Estados
Unidos y sus aliados de la Organización del Atlántico Norte en materia de fuerza
militar, en un momento en el cual no está siendo desafiado militarmente su
hegemonía, como lo son, la relativización del uso de arma nuclear en conflictos
limitados y su reemplazo por nuevos sistema de armas no nucleares
hiperdestructivas y medios de transporte y plataformas de disparo más inmune a
la respuesta enemiga, así como el redespliegue y fraccionamiento de todas sus
fuerzas en casi mil bases ubicadas a todo lo largo y ancho del planeta –
especialmente hacia las zonas de concentración de energías y materiales
estratégicos – afirman el diseño de su operación político-militar global final,
la cual supera el viejo concepto de “policía mundial”, para avanzar en su nueva
definición de “gobierno global”, que requiere, como todo propósito imperial,
de una fuerza disuasiva, represiva y agresiva insuperable e indesafiable, que
desaliente a quienes pretendan contender con esa superioridad bélica, reprima
las revueltas sociales y políticas que afecten sus aliados y áreas de interés
estratégico y utilice toda su potencia destructiva para ‘pulverizar” a cualquier
potencia que pretenda enfrentársele.

La invasión y el sostenimiento de la guerra ilegal e inmoral contra la
República de Irak, la ocupación y agresión al pueblo de la República de
Afganistán, las tensiones con la República Popular China en el estrecho de
Formosa, los conflictos con la Federación Rusa por el sistema antimisiles en
Polonia y la República Checa, el enfrentamiento con la República Democrática
de Corea por su arsenal nuclear, la agresiva campaña contra la República
Islámica de Irán por su desafío al control de la región medioriental y apoyo a
gobiernos y movimientos islamitas de resistencia a la entidad sionista de
Israel, la instalación de bases territoriales y el reforzamiento de sus Flotas
navales en los puntos estratégicos de las vías marítimas de Africa, la operación
de siete bases militares en la República de Colombia y la activación y
despliegue amenazante en las costas del Mar de los Caribeños de la IV Flota
Naval en contra de los gobiernos antiimperialistas de la Repúblicas
Bolivariana de Venezuela, Ecuador, Nicaragua, Bolivia y Cuba, no pueden sino
formar parte, no de una reaplicación de sus viejas formas de dominación
imperialista basadas en el "Gran Garrote" –por se ello hoy imposibles – sino de
un nuevo diseño de dominación global que utiliza la fuerza militar como un medio
de modelación y condicionamiento de los escenarios políticos regionales,
nacionales y mundiales, con le fin de forzar su adaptación a los procesos de
control del capital financiero internacional y sus burguesías subalternas
nacionales, a la nueva división internacional del trabajo, el incremento de la
tasa de ganancia del capital financiero y el control de las corporaciones
globales de las fuentes estratégicas de materias primas y energía; base actual y
futura del dominio global.

En ese marco, todo conflicto armado entre los Estados e incluso, la mayoría de
los procesos armados nacionales – exceptuados sean las luchas anticoloniales,
las de resistencia a la ocupación extranjera y las de sobrevivencia ante la
opresión política dictatorial o seudodemocrática – se convierte en un elemento
de distracción del esfuerzo principal de construcción de la unidad de los
pueblos y su articulación defensiva regionales frente a las amenazas
imperialistas, lo que favorece el plan imperialista global de dominación y
control del planeta, por lo que es esencial asumir desde la defensa de las
soberanías y las independencias de los pueblos, una postura unificadora sobre
este nuevo peligro que se cierne sobre la Humanidad, inmensamente superior al
del siglo pasado, por tratarse de un conflicto terminal de la dominación del
Capital frente a los surgientes modelos democráticos de convivencia,
solidaridad, protección de la naturaleza, recuperación de la memoria y la
expresión cultural de los pueblos, pero sobre todo, favorable a la Paz y la
proscripción de toda forma de violencia.

No hay que ser “futurólogo” para llegar a la conclusión que nos encontramos en
un momento extraordinario de la historia de la humanidad, que exige la más
amplia unidad y solidaridad de todos los pueblos y la más firme voluntad de
resistencia de los Estados soberanos e independientes para que, defendiendo el
Derecho a la Paz de todos y todas, podamos neutralizar el último intento
imperialista por sobrevivir a su crisis terminal y avanzar hacia un nuevo
estadio de desarrollo de la sociedad humana signada por la cooperación para el
desarrollo, la erradicación de los flagelos del hambre, la incultura y la
criminalidad y la reversión del deterioro de la naturaleza; proceso que harán
más posible y menos doloroso el avance de los pueblos hacia el objetivo
histórico de la Humanidad: la sociedad de los Justos: el Socialismo

yoelpmarcano@yahoo.com


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Yoel Pérez Marcano


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