Ruralidades

Enmiendan los valientes

Los y las que, con sinceridad, reconocen un error por omisión. Y nosotros concluimos que, golpeados por los carajazos de los saqueadores que nos gobernaron todo el siglo XX, incluidos los 40 años adecopeyanos con su malamañosa alternabilidad, los legisladores revolucionarios no han debido repetir, o reproducir, en nuestra Constitución esa tenaza que es la alternabilidad, entubadora de los electores al obligarnos a votar por un “bueno por conocer” y no por quien lo haya hecho bien.

Es esta una queja solidaria, que pretende ejemplarizar desde la parte negativa que fue la acción gubernamental de la pasada centuria, en sus últimos 40 años simuladas, y hasta borradas, por la guabinosa alternabilidad de ejecutivos y legisladores de elección popular. Alternancia esa, articulada por los malandros de la vieja politiquería, a la medida de los saqueadores del erario público, de modo y manera que los sucesores, cómplices, se encarguen de borrar las huellas. A propósito de huellas, es oportuno anotar que uno solo de los comprometidos con el saqueo de “Punto Fijo”, Luis Herrera Campins, después del cabillazo de “Parque Central”, fue quien se atrevió a denunciar tímidamente, que “… recibió un país hipotecado”. Pero al volver en sí, vislumbró el compromiso con la canalla, por lo que le dejó “rueda libre” de nuevo y a saco lleno, hasta vaciar las arcas detectadas el bufalino “viernes negro”

Luego entonces, rochela de alternabilidad mediante, después de aquella tímida queja de Herrera Campins, los de turno y gozones de la alternancia, pegaron el grito de Adelaida: “¡con los adecos se vive mejor!”. Consigna que los adecos del bollo de pan, le debían a Carlos Andrés Pérez, porque “robaba y dejaba robar las migajas”.

Hoy en día, claro, los mismos que le cayeron encima al erario como jauría que se turna sobre la presa, le pelan los dientes a la propuesta (óigase bien, propuesta) para enmendar esa aberración, cual es la cómplice alternabilidad, de la que no queda exenta la jerarquía eclesiástica. Por eso el Cardenal Urosa (nos arrepentimos de haber proclamado que “tenemos Cardenal”) debe aceptar con humildad que se le desmienta cuando habla, apoyado en su investidura, de “reelección indefinida”. Lo cual es una falacia. En sus palabras, Cardenal, un sacrilegio. Déjele eso a los que no tienen palabra, aunque la suya queda en el limbo del entredicho, pues parece que usted también pretende justificar algo con esa mentira de la reelección indefinida.

¿Es que ustedes también, señor Cardenal, pretenden seguir con el cuento de hadas de que la proposición de enmienda lleva implícita la de eliminar la potestad de las postulaciones, una vez vencidos los periodos establecidos?

Y en cuanto a que “nunca en Venezuela ha sido aceptada”, es que, por ilógica, nadie antes la propuso. Los dictadores se eternizaron con la bendición de ustedes. Y Hugo Chávez no continuará en Miraflores cabalgando en una “reelección indefinida”. No es el caso de la enmienda que se propone. Aunque sabemos que ustedes aúpan el grito de la sin razón tenemos que decirles, una vez más, que para concretar una proposición de una “reelección indefinida”, la norma debe llevar el nombre y apellido del continuista, y un anexo para su bendición por la jerarquía eclesiástica, que no es el caso de Hugo Chávez, quien sí competirá con otros candidatos, si es que no erizan y pierden por inasistencia.

Ahora Sí. Patria, Socialismo o barbarie. Venceremos.

*pedromendez_bna@yahoo.es


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Pedro Méndez (*)


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