Alarma Ignorada

El día mundial del ambiente se celebra el 5 de junio. El ambiente no es otra cosa que la Naturaleza, la Madre Tierra, la Pacha Mama. Naciones Unidas este año promueve la idea de hacer la paz con la Naturaleza. Hacer la paz con la Madre Tierra, por nuestro propio beneficio.

En Venezuela las alarmas han sonado, firme y claro, alertando sobre el peligro inminente que se cierne sobre el país. Ya desaparecieron todos nuestros glaciares, una advertencia clara del cerco climático que atenaza al país.

La temperatura de la atmósfera continúa subiendo. Ya derritió las masas de hielo que habían anidado durante más de 20.000 años en las crestas más elevadas de la cordillera andina.

La pérdida de los glaciares es sólo uno de los síntomas que afectan a Venezuela. Hay otros, más letales, muy peligrosos y a los que no les estamos prestando la atención que se merecen.

Consideremos en esta oportunidad sólo tres:

  • el aumento en el nivel del mar
  • los huracanes
  • la pérdida de las condiciones de habitabilidad de la mayor parte del territorio nacional.

Todas estas son consecuencias del calentamiento global. Por lo que vale preguntarse: ¿Por qué se está calentando el planeta?

Se calienta porque la actividad humana ha alterado el equilibrio energético planetario. En la actualidad la tierra acumula cada vez más energía proveniente del sol en forma de luz.

La acumula porque la energía que emite el planeta al espacio en menor a la energía que recibe del Sol. La energía que se emite se ha reducido porque le hemos estado inyectando a la atmósfera gases como el CO2 y el metano, más de 50.000 millones de toneladas anuales en la actualidad (CO2-equivalentes).

Esos gases reducen el flujo de calor de la superficie de la tierra hacia el espacio. Retienen cada vez más energía calórica.

El planeta se continuará calentando hasta que se restablezca el equilibrio entre la energía que se recibe del Sol y la que se emite al espacio. Ese equilibrio se restablecerá cuando dejemos de inyectarle CO2, metano y óxidos nitrosos a la atmósfera.

Mientras eso no ocurra, y todo parece indicar que no ocurrirá en las próximas décadas, las consecuencias del calentamiento global continuarán agravándose.

Una de esas consecuencias es el aumento en el nivel del mar.

Nivel del Mar

Hasta hace apenas unos 10 años se proyectaba que el aumento en el nivel del mar para finales de este siglo, dentro de unos 80 años, se limitaría a un metro.

Pero el calentamiento global se ha acelerado desde el 2010. Las masas de hielo sobre Groenlandia, en el Ártico, se están derritiendo a una tasa asombrosa: 30 millones de toneladas por hora, 7 veces más de lo registrado hace apenas 10 años.

Algo similar ocurre con el hielo en la Antártida: se está perdiendo a 400 millones de toneladas cada día (NASA 2024).

Se están además desprendiendo de la Antártida glaciares gigantescos.

El año 2023 fue el año más caliente de los últimos 100.000 años, con un aumento de 1,4°C sobre el promedio de hace 100 años.

El 2024 tiende a superar al 2023 como el año más caliente de los últimos 100.000 años.

El gas que más contribuye al calentamiento global es el CO2, el gas carbónico. En la actualidad, la concentración de CO2 en la atmósfera es de 420 partes por millón. La última vez que se registró algo parecido fue hace 4 millones de años, cuando la temperatura se encontraba 3°C por encima del nivel actual y el nivel del mar se encontraba 24 metros sobre el que conocemos.

Eso fue lo que ocurrió la última vez que la concentración de CO2 se encontraba en los niveles que tenemos hoy.

Para el año 2050, en menos de 30 años, el aumento de la temperatura superficial promedio global será de 2°C.

Vamos camino a un aumento de temperatura entre 3°C y 4°C para finales de siglo.

Las tendencias actuales conducen a un aumento en el nivel del mar de al menos un metro para el años 2050 y de 2 a 3 metros para finales de este siglo, en menos de 80 años.

Las consecuencias serán catastróficas. Las playas de Venezuela quedarán bajos las aguas. Puertos, aeropuertos, carreteras y ciudades quedarán inutilizadas.

Cerca de 5 millones de venezolanos tendrían que ser evacuadas permanentemente, a sitios más elevados.

Sólo las pérdidas económicas son astronómicas.

Huracanes

El océano ha absorbido cerca del 90% de la energía que se ha acumulado en la Tierra en los últimos 100 años. Ha subido más de un grado la temperatura promedio de los primeros 200 metros de profundidad.

Como también ha subido la temperatura del aire, el mar más caliente se evapora más rápidamente, inyectándole más vapor de agua a la atmósfera. Como el aire también se ha calentado, puede retener más vapor de agua.

Los huracanes se forman en el este del océano Atlántico. Se alimentan de la energía que le suministra el aire caliente cargado de humedad. Al aumentar la temperatura del aire y la humedad, los huracanes se hacen más potentes y más destructivos.

Los huracanes patinan sobre el agua del Atlántico de este a oeste, desplazándose casi directamente hacia Venezuela. A medida que acumulan energía y velocidad, tienden a caer hacia el Norte por la curvatura de la tierra (efecto Coriolis). Los objetos que se mueven en el hemisferio Norte tienden a desviarse hacia la derecha. En el Atlántico Norte los huracanes giran en contra de las agujas del reloj. Los vientos que fluyen hacia el Norte tienden a desviarse hacia la derecha (este).

Venezuela cuenta además con un escudo protector que forman las islas del Caribe, justo frente a Venezuela. Estas islas contribuyen a desviar los huracanes hacia el Norte.

Pero huracanes cada vez mas poderosos y violentos tienden a superar el obstáculo que le presentan las islas del Caribe, por lo que tienden a arremeter más directamente contra Venezuela.

Los venezolanos no estamos acostumbrados a vientos huracanados. Nuestra infraestructura no ha sido diseñada para resistir la violencia de huracanes de categoría 4 o 5. Por lo que la destrucción tiende a ser mayor que en países acostumbrados a los impactos de los huracanes, especialmente porque arremeterán contra una población desprevenida.

Habitabilidad

La temperatura promedio mundial, en la superficie de la Tierra, es de 15°C en la actualidad.

En el trópico la temperatura promedio tiende a duplicar el promedio global, especialmente en las regiones más cercanas al ecuador y más cercanas al nivel del mar.

En ciudades como Barinas, San Fernando o Acarigua el promedio anual es de aproximadamente 27°C.

Un aumento de 3°C a escala global implica un aumento de 5°C a 6°C en el Llano venezolano, en la costa, en el Sur del Lago y en la mayor parte de Guayana. La temperatura anual promedio tiende a exceder los 32°C para finales de siglo.

Estas temperaturas, en combinación con los elevados niveles de humedad, superarán los límites de la resistencia humana. Se establecerían en la mayor parte de Venezuela temperaturas que hoy sólo se registran en el desierto del Sahara, donde la habitabilidad humana es muy escasa.

Hay que tomar conciencia de las amenazas que nos acechan, de la avalancha de efectos sobre nuestra seguridad y la de nuestros descendientes más inmediatos.

No es tiempo de titubeos o indefiniciones. Está en juego nuestra propia sobrevivencia y la seguridad de nuestros hijos. El calentamiento global es un asunto de seguridad nacional.

Es tiempo de actuar con determinación, no sólo en nuestro propio beneficio, sino especialmente en defensa de derechos fundamentales de nuestros descendientes inmediatos.

Urge la definición de una política nacional sobre el calentamiento global, para contribuir a detener esta amenaza planetaria y para preparar a la población ante la arremetida de sequías más pronunciadas, inundaciones más destructivas, ante la escasez de agua y de electricidad, ante la pérdida de la fertilidad de los suelos, ante la presencia cada vez más frecuente de olas de calor más allá del límite de la resistencia humana.



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Julio César Centeno

Ingeniero; estudios de maestría y doctorado en la Universidad de California. Profesor de la Universidad de los Andes. Director Ejecutivo del Instituto Forestal Latino Americano. Vicepresidente de la Fundación TROPENBOS, Holanda.

 jc-centeno@outlook.com

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