Los abuelos annamitas

En aquel tiempo no tenía la más remota idea de que ese mundo maravilloso iría oculto en los abisales de mis recuerdos. Imágenes que ahora brotan como si hubieran viajado en algún lugar de mi equipaje por miles de años.

Al llegar a Vietnam puse la ropa al sol y cayeron lagartijas que venían de América envueltas en terciopelos multicolores. Unas postales amarillentas evocaron escenarios que en mi niñez transitaba en bicicleta.

En Indochina todo era diferente; los vietnamitas procedían de una vieja estirpe que hace siete mil años poblaba estos territorios. Sus padres: los annamitas luchaban por lo suyo contra pretensiones de vecinas tribus que solían tener por costumbre apropiarse de lo ajeno a la fuerza.

Así llegó también —más tarde— la voraz expansión europea: españoles y franceses tenían entre ceja y ceja la idea de adueñarse de las Islas de las Especies en la Cochinchina; pues sus desgastadas papilas gustativas ansiaban degustar otros sabores que les dieran sentido a sus extravagantes vidas.

Como aves de rapiña --en su expansionismo-- no parlamentaban ni hacían negociaciones con la contraparte; así llegaban arbitrarios usurpando todo; empoderados de la Cruz, las espadas y potentes cañones que al abrir sus bocazas destruían lo que topaban a su paso.

Los aborígenes pasaron horas interminables tumbando árboles y labrando estacas con los gruesos troncos; elaboraban púas que pacientemente fueron afilando y clavando en el río Fai-Fo (conocido en la modernidad como bahía de Danag).

Sin dormir, noche y día, iban organizando su particular "anfitrionía" destinada a los ajenos visitante transportados por inmensas naves equipadas con armamentos letales: arcabuces y filosas lanzas de metal esmerilado y cuanto le proveían sus fortalezas imperiales.

Extrañados cuando sus "invencibles" naves sucumbían succionadas por las aguas tranquilas del exótico lugar:

— ¡Joder qué nos hundimos! — se escuchaban exclamaciones por doquier.

Pero eso no era todo. Luego vinieron otras sorpresas más: cerbatanas de bambúes y versátiles armas extraídas de la flora y la fauna vietnamita poco a poco fueron acabando con sus vidas.

 

*Periodista venezolano en funciones diplomáticas en Vietnam.

nelsonrodrigueza@gmail.com



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Nelson Rodríguez A.

Periodista y diplomático. Autor de ensayos, cuentos y poesía.

 nelsonrodrigueza@gmail.com

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