Los hermanos vietnamitas

Estos textos constituyen un testimonio de amistad entre dos pueblos distantes en la geografía pero que comulgan en el respeto y admiración por los valores fundamentales de la solidaridad; brotan de las profundidades del subconsciente y pergeñan un hermoso lenguaje que sólo les está permitido a los poetas.

Estamos ante narraciones que a manera de crónicas reflejan las formas llanas y prolijas que emplea la gente del común —"los de a pie", como decía el poeta uruguayo Mario Benedetti—, para comunicar sus sentimientos más íntimos y, en este caso, la identificación de sus autores, hermanos vietnamitas, con los principios humanistas que encarnó el líder de la Revolución Bolivariana, Hugo Chávez Frías (1954-2013), precursor de las ideas del Socialismo del Siglo XXI.

Las labores juglarescas o, quizá, de rapsodas de lejanos tiempos, si enhebra el término para caracterizar el rol que ejercen hoy los miembros del Club Amantes de la Poesía y Canto del distrito Tai Ho de Hanói, rebasan sus barreras geográficas y se hacen presentes en Venezuela, la patria del grande hombre de América, Simón Bolívar, El Libertador (1783-1830), para decirles a los venezolanos: Que no se sientan íngrimos en su dura batalla para alcanzar la conquista de las bondades del socialismo. Que vale la pena. Que por aquí también pasó Chávez y dejó fulgurante en los corazones de los vietnamitas la llama del amor por la conquista de una sociedad inclusiva en la cual prime la justicia social, ideas que él iba encendiendo por donde pasaba. Su viva presencia perdura desde el año 2006 en los sentimientos solidarios del pueblo de Ho Chi Minh, cuando el venezolano pisó estas tierras de los antiguos annamitas.

El presidente Ho Chi Minh (1890-1969), ideólogo y padre del Socialismo en esta Nación indochina, poeta y soñador —como lo caracterizara el cantor del pueblo venezolano, Alí Primera— escribió en chino clásico, entre los años 1942 y 1943, en las prisiones del Kuomintang, los poemas de la cárcel; en uno de ellos cuenta, con acento un tanto irónico, los horrores del encierro, compartámoslo:

Apenas medio cubo es la ración de agua.

Te lavas o haces té: decide por tu parte.

Si te quieres lavar, no tomes té.

Si quieres tomar té, no pienses en lavarte.

El Tío Ho recomendaba leer poesía con el corazón. Y es que la poesía en la palabra de Virgilio (70 aC - 19 aC). El Gran Maestro que inspiró a Dante Alighieri como uno de los personajes fundamentales de su magistral Divina Comedia, "no es otra cosa que la esencia del hombre en su aproximación a las divinidades".

No en vano Sócrates (470-399 aC) apuntó posteriormente que los poetas, al igual que los profetas, no extraen su talento de un arte o de una ciencia, sino que les es comunicado por los dioses. El papel de aquellos era "servir de intérpretes entre los dioses y la población". Por eso, al leer estos textos de los miembros del Club de Amantes de la Poesía y Canto de Hanoi, en su mayoría veteranos jubilados, no debemos buscar obras de una erudición académica selecta, sino toparnos con la pristinidad del ser hecha palabra para comunicar lo que se siente en el alma. Platón (427-347 aC) llegó a decir que la poesía es únicamente fuente de inspiración, y no de arte o ciencia. Es una inspiración divina. El poeta siente con una extraordinaria intensidad todas las cosas que cuenta; se trata de un verdadero arte que requiere un largo aprendizaje, como cualquier otra ciencia.

Vivir en poesía o vivir como poeta, para el venezolano Armando Rojas Guardia, es: Vivir desde la atención: constituirse en un sólido bloque sensorial, psíquico y espiritual de atención ante toda la dinámica existencial de la propia vida, ante la expresividad del mundo, ante la sinfonía de detalles cotidianos en los que esa expresividad se concreta (ello implica un esfuerzo orquestal de la vida de nuestros sentidos y un esfuerzo consciente por aquilatar nuestra percepción de los objetos que pueblan nuestro entorno).

Esa memoria que en algunos casos aflora con los años, en una suerte de eidetismo, imágenes que pocos tienen la virtud de retrotraer y reproducir, es la que opera como pertrecho en los propósitos de quienes integran el Club Amantes de la Poesía y Canto de Hanoi para continuar su trashumancia.

¡Hermosa la anécdota de Le Van Vui! Su narración inserta en este libro bajo el título "Por la felicidad de la Humanidad", evoca tiempos de infancia en su aldea: cuando los pobladores del lugar una tarde, al retornar de la escuela, lo esperaron y le entregaron una hoja de cartón grueso para que hiciera un altavoz y le asignaron la tarea de leer las noticias publicadas en los diarios e informara de esta manera a los coterráneos analfabetas sobre las victorias obtenidas en el frente guerrillero contra los invasores: todas las tardes el entonces niño Vuí subía a un árbol y desde lo alto de una rama cumplía con su labor reporteril.

¡Sorpresa! Rememora Vui —ahora de avanzada edad—: "Una noche que nunca podré olvidar di lectura a una noticia especial ocurrida en otro hemisferio: guerrilleros venezolanos pusieron en libertad a un rehén yanqui para salvar a Nguyen Van Troi… Aquella noche todos los habitantes de mi aldea no durmieron emocionados por el gesto de apoyo y solidaridad que el pueblo venezolano había prestado a Vietnam en la resistencia antiyanqui".



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Nelson Rodríguez A.

Periodista y diplomático. Autor de ensayos, cuentos y poesía.

 nelsonrodrigueza@gmail.com

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