El mundo en crisis de nuevo. ¿Estaremos blindados y que tanto?

Mis queridos lectores, vuelvo a escribir unas líneas por este medio. Después de un tiempo de silencio, he decidido romperlo, y lo hago para referirme al tema de actualidad, la crisis económica mundial que sacude a Estados Unidos y Europa.  

Debo decirles que he estado leyendo al respecto y reflexionando sobre el tema, tratando de encontrar algo interesante que decir, pues son muchos los que han escrito sobre esta debacle mundial y seguirán haciéndolo. Espero que mis reflexiones les parezcan interesantes o los motive a pensar sobre lo que sucede en el mundo y sobre todo que es lo que podemos esperar. 

En primer lugar, debo decir que el tema es extremadamente complejo, además, los economistas tienen la habilidad de hacerlo más complicado. Una de las primeras reflexiones que surgen de las lecturas que he hecho, éstas apuntan a la constatación de que los economistas tienen posiciones encontradas acerca de las causas y las formas de encarar las crisis económicas recurrentes y cada vez más frecuentes. 

Llama poderosamente la atención que hoy en día, los economistas tienen puntos de vista y posiciones encontradas acerca de la depresión de 1929. Hay algunos que defienden la tesis keynesiana, que sostiene en pocas palabras, que para salir de una recesión económica (disminución de la actividad económica, menos producción y desempleo creciente) es necesario inyectar dinero a la economía (a través del gasto público, por ejemplo, a través de un plan de obras públicas masivo), todo esto con el objeto de dar empleo, lo que redunda en un crecimiento de la demanda, lo que a su vez, puede resultar en una reactivación del aparato productivo y la inversión. En el caso de la depresión del 29, esto terminó realizándose con el gasto bélico de la segunda guerra mundial. 

Sin embargo, hay otros economistas que consideran que la intervención del Estado en la economía, en aquellos años, fue más bien contra producente y agravó la crisis, y finalmente retardó la recuperación. Obviamente, quienes piensan así, son aquellos que están de acuerdo con el laissez faire, los llamados neoliberales. Pienso que estos economistas tienen una posición ideológica que se antepone a cualquier análisis de la realidad, algo así como que yo veo sólo lo que quiero ver. Por otra parte, su posición de que en la depresión del 29 las cosas habrían ido mejor sin intervención estatal, es sólo una hipótesis, porque el hecho concreto es que el gobierno norteamericano se comprometió con la intervención en lo que se llamó el New Deal. 

El punto que quiero poner en el tapete, es que si los economistas no se ponen de acuerdo respecto a un evento que sucedió hace 80 años, que podemos esperar sobre el análisis que hagan de las crisis recientes, las cuales son más complejas, simplemente porque el mundo y las relaciones económicas se han vuelto más complicadas por la globalización y la tecnología de la información. 

De mis lecturas me ha quedado claro que el pensamiento económico está fracturado en lo que respecta a las causas que desatan las crisis, en lo que se refiere a la solución adecuada cuando estas se presentan, es decir, que políticas económicas hay que implementar para superarlas, y por último, que políticas económicas nos permitirán prevenirlas. Hay algunos economistas destacados que se han equivocado de una manera lamentable y vergonzosa, a mi modo de ver, poniendo en tela de juicio que la economía pueda ser considerada una ciencia. En este sentido, en los 90, hubo algunos que aseguraban que el mundo se había librado finalmente de las crisis, al menos de las grandes, previendo un futuro de estabilidad económica con pequeños desajustes fáciles de manejar. La actual realidad económica del mundo les ha dado un mentís rotundo a dichos personajes. 

Las crisis económicas no son algo nuevo, según lo que he leído, ya por el 1.600, hubo una crisis económica en Holanda y todo debido a los tulipanes (una especie de flor). Estas flores se pusieron de moda y quienes las cultivaban vieron como los precios se elevaban rápidamente y obtenían jugosas ganancias. Entonces muchos pensaron que era buena idea dedicarse al cultivo del tulipán, muchos pidieron prestado para poder invertir en el negocio. Como es de esperarse, llegó un momento en que hubo exceso de tulipanes y el precio se derrumbó, los que llegaron de último, vieron como sus expectativas de ganancia se convertían en la seguridad de obtener pérdidas. Aquellos que se endeudaron para entrar en el negocio, no pudieron pagar y así comenzó la cadena de no pago y quiebras. Muchos que se arruinaron, pudieron usar sus tulipanes para adornar sus tumbas, y aún así, les sobraron flores. 

Todos hemos sido testigos o lo hemos sufrido en carne propia, alguien que cuando le vamos a cobrar nos cuenta que el negocio le va mal, que los clientes no le han pagado, así que tampoco nos puede pagar a nosotros. Y cuando llega el casero a cobrarnos, nosotros le echamos el mismo cuento al casero y éste a su vez se lo echa al tendero que le ha fiado, y éste al proveedor de las verduras, y así al infinito. Este es el mecanismo de contagio que generaliza una crisis. Este cuento es muy válido para los países también, Grecia no puede pagar sus deudas a sus acreedores europeos, sus acreedores (bancos, gobiernos o inversionistas) también se encuentran en aprietos para pagar los intereses a sus depositantes, o los sueldos de los empleados, o los dividendos a los accionistas). Espero con este cuento haber explicado en una forma simple el mecanismo de generación y contagio de una crisis (pero no es el único). 

Como podemos apreciar los economistas tienen una deuda de varios siglos en materia de predicción y tratamiento de las crisis económicas, y por los vientos que soplan, seguirán en deuda (como economista, no me había dado cuenta de la deuda que cargo desde que me gradué). 

En cuanto a la complejidad de las crisis, esto se puede constatar por las diferentes manifestaciones de la misma, tenemos países que presentan crisis cambiarias (inestabilidad de la moneda frente a otras monedas), de balanza de pagos (importan más de lo que exportan o se endeudan más allá de lo prudente), crisis monetarias (inflación, devaluación), crisis financieras (quiebras de bancos), crisis del aparato productivo (desempleo, baja inversión, estancamiento económico). Lo que complica más las cosas es que todos estos tipos de crisis pueden combinarse, y de hecho, así sucede. También, al leer la literatura al respecto, podemos encontrar que las políticas aplicadas para solucionar algunos de estos tipos de crisis, puede ser totalmente contra producente en otras áreas. Una política encaminada a frenar la inflación puede conllevar a una caída en la demanda que puede desencadenar una contracción económica. Una política que pretenda proteger el valor de una moneda, cuando se tiene una inflación elevada y una desconfianza general, puede conducir a una fuga de capitales y disminución de las reservas internacionales. Finalmente, esto puede conducir a una devaluación (justamente lo que se deseaba evitar) o un control de cambios. Algunos dirán, que entonces es mejor proceder a devaluar para desestimular la fuga de capitales. Sin embargo, si no hay confianza en la economía del país, muchos pensarán que la primera devaluación sólo es el anuncio de otras por venir, así que mejor cambiamos nuestra moneda en dólares antes de que venga la próxima devaluación. Quienes vivan en Venezuela entenderán muy bien de lo que hablo. Ahorrar en bolívares fuertes (y eso de fuertes parece un chiste) no es negocio con tasas pasivas negativas frente a la inflación y con la expectativa generalizada de devaluaciones por venir, en este panorama, cualquiera que tenga capacidad de ahorro cambiará bolívares por dólares o euros y hasta por oro. Es por esto, que nadie postula que Venezuela abandone el control de cambios, pues todo el mundo pronostica una caída de las reservas internacionales al subsuelo. 

Aquí es bueno detenerse a pensar en un aspecto importante de las crisis, y es el aspecto psicológico, que creo es el talón de Aquiles de la economía. Las expectativas de la gente respecto al desenvolvimiento de la economía es un elemento muy poderoso a tener en cuenta, y al parecer los modelos econométricos basados en las matemáticas no son capaces de manejar dichos aspectos psicológicos. No es que los economistas no estén enterados de esto, simplemente no pueden manejar este componente del problema. Todo esto hace que muchas políticas económicas fracasen y hasta puede obtenerse el resultado contrario al que se plantean. 

Un elemento relevante en las crisis actuales es el sistema financiero, en general, éstas revientan cuando la banca presenta problemas de insolvencia, o bien, la que llaman la banca a la sombra (entidades que reciben dinero para invertirlo básicamente en la especulación en las bolsas). La banca a la sombra según Krugman (premio nobel de economía) son entidades financieras que operan como los bancos, reciben dinero, invierten o prestan y pagan dividendos, con una diferencia importante, no están reguladas como la banca comercial. Para ilustrar esto, quiero echarles el cuento de un matrimonio en Mérida con fama de gente de dinero y solvente, que comenzaron a ofrecer intereses muy superiores a los de la banca comercial, durante un tiempo, ellos recibieron dinero de mucha gente y efectivamente pagaban los intereses prometidos. En verdad no se en que invertían el dinero si es que lo hacían, lo más probable es que pagaran intereses con el dinero que recibían como inversión de otros, claro este esquema tiene un límite. Finalmente, ocurrió lo que era previsible, estas personas huyeron del país con el dinero de mucha gente, personalmente conozco a varios que perdieron sus ahorros ahí. Ahora, que induce a las personas a arriesgar su dinero sin ningún tipo de garantía, el hecho de tener una banca que ofrece tasas pasivas paupérrimas y una alta inflación, junto con la estupidez humana que parece no tener límite. Bien, estos señores merideños tenían una banca a la sombra. Un consejo que puedo darles es que cuando un negocio suena demasiado bien, desconfíen siempre desconfíen. 

También pareciera ser una ley en economía, la ley de la gravedad, todo lo que sube inevitablemente tiene que bajar. Todo negocio que se va inflando, tarde o temprano se desinflará. Matsuhita, un empresario japonés decía que su éxito radicaba en saber cuando salirse de un negocio, él creaba un negocio, lo hacía prosperar y lo vendía cuando aún el negocio iba en alza, pero él preveía que pronto comenzaría la declinación. 

La crisis desatada en el 2008, por la burbuja inmobiliaria (compra y venta de inmuebles en un mercado con precios al alza de los inmuebles), tiene mucho que ver con la banca a la sombra, que tomó dinero de mucha gente para invertirlo en el negocio de bienes raíces, y por la ley de la gravedad, los precios llegaron a un clímax y comenzaron a caer, dejando a mucha gente con unos inmuebles fríos y endeudados. Y como ya explicamos, de ahí se produjo un contagio a toda la economía, y en particular, al sistema financiero. Si el sistema financiero se encuentra en apuros, los créditos al sector consumo y productivo se recortan, las tasas de interés se elevan y esto repercute en que la gente compra menos, las empresas venden menos y comienzan a despedir gente, completándose un círculo vicioso. 

Es en estos momentos, que el gobierno estadounidense sale a sacarle las castañas del fuego al sistema financiero, inyectando dinero para que la economía no caiga en recesión. Además, bajando la tasa de interés a cero (imagínese que Visa lo llama para decirle que no le cobrará intereses, se supone que usted saldrá como loco a comprar). O un productor que ve que la tasa de interés está muy baja (se verá tentado a invertir). Sin embargo, este comportamiento es hipotético, si usted tiene un mal feeling respecto a su situación económica futura porque ha visto como sus amigos han perdido el trabajo, tal vez prefiera ser austero, lo mismo puede pasar con el productor. A pesar de que el gobierno de Estados Unidos ha actuado según el manual, salvando al sector financiero, la economía norteamericana no parece reflotar.  

Algo interesante respecto a la psicología económica, es que muchas veces el pensamiento racional individual del consumidor o del productor no es lo mejor para el conjunto de la economía, también el análisis racional del corto plazo no sea lo mejor en el largo plazo. 

Hay muchos que hablan de algo que llaman riesgo moral, éste consiste en que mientras los negocios van viento en popa, los banqueros rechazan los controles del Estado en la actividad financiera señalando que los mismos reducen el crecimiento económico, controles en las tasa de interés, el encaje bancario y actividades que no pueden ser financiadas por la banca. Sin embargo, cuando los banqueros hacen malos negocios y pierden el dinero de los ahorristas claman por la ayuda del Estado, a quien no le queda más remedio que hacerlo. Ahora bien, la ayuda sale del bolsillo de los contribuyentes, los mismos que han perdido sus ahorros, dinero que podría ser usado para hospitales, escuelas, vialidad, etc. Además, en el 2008, vimos la desfachatez de algunos altos ejecutivos del sector bancario que en plena crisis se auto asignaron unos bonos millonarios por su magnífico desempeño de instituciones quebradas. Como escuché decir alguna vez, los bancos quiebran, los banqueros no. Lo anterior, desató incluso la indignación de Obama. Ahora, la indignación de mucha gente estriba en que los banqueros hacen esto una y otra vez, sabiendo que papá Estado pagará los platos rotos.  

¿Cuál es la razón por la cual el gobierno permite que estas cosas ocurran una y otra vez? Creo que aquí lo que pesa es el factor ideológico, Estados Unidos o Europa no son países socialistas, son capitalistas, y el capitalismo se basa en la propiedad privada y la libertad de los agentes económicos. Asumir que el sector financiero de la economía no puede dejarse en manos privadas sería admitir que el capitalismo no funciona bien en todas las áreas y todo el tiempo. 

Por otro lado, tenemos el caso europeo, donde la crisis se ha agravado hasta extremos que llevan a algunos a hablar del quiebre de la Comunidad Económica Europea y el naufragio del Euro. Obviamente, aquí algo que problematiza las cosas es el proceso de integración económica que ha abarcado a países con situaciones económicas muy dispares, países ricos y países pobres, países con distintos niveles de productividad, con ingresos per cápita muy distintos y con niveles de endeudamiento muy diferentes. Hoy en día, la CEE parece ser una bolsa de gatos, de todos los colores y pesos. A eso se añade la poca competitividad de los productos europeos frente a los chinos por ejemplo. Recuerdo no hace mucho ver a todos los presidentes europeos rogarle a los chinos para que revalúen su moneda para poder competir con ellos. Además, tenemos Estados comprometidos con proporcionar unos niveles de bienestar a su población que cada día son más difíciles de sufragar, Grecia tiene una deuda que supera ampliamente su Producto Interno Bruto (el valor de lo que produce), es algo así, como que usted tiene una deuda que es una vez y media su remuneración, Ahora, usted se ha endeudado para darle de comer a sus hijos porque su sueldo no alcanza, llega un momento que alcanza el límite de su tarjeta. Para pagarla usted debe dejar de alimentar a sus hijos, sino dejar de honrar la deuda con su tarjeta. Algo más o menos así, le ha pasado a Grecia y ahora también Italia está en apuros. Una solución es que un grupo de amigos (en el caso griego la CEE) le preste para que siga pagando la tarjeta pero a cambio usted deberá de bajar el gasto en alimentación de sus hijos en un 50% para que pueda devolverle la plata a sus amigos. Por supuesto, imagínese la cara de sus hijos, es posible que piensen en el parricidio o comiencen a romper todo lo que encuentran en la casa. Más o menos, es lo que le pasa al gobierno griego cuando plantea un paquete de austeridad. 

Ahora bien, no es posible terminar este artículo sin mencionar el factor especulación. Hay ejemplos concretos de la importancia que ha adquirido la especulación. Hoy en día hay personas, grupos y organizaciones que juegan a especular en los mercados de materias primas, acciones y divisas. Básicamente, el especulador se rige por la máxima de comprar barato y vender caro. Como todos saben, hay por supuesto un riesgo involucrado. Los especuladores muchas veces manejan dineros ajenos y colocan ese dinero en unos mercados y compra y vende dependiendo de la ocasión. 

Muchos hablan de George Soros, un reconocido especulador a quienes algunos atribuyen el haber causado la devaluación de la libra esterlina (talvez no fue así, pero si le dio un empujoncito) y haber amasado una fortuna con eso. Como puede hacerse eso, pues simple, consigo muchas libras esterlinas y las convierto en dólares, luego la moneda se devalúa, y vuelvo a cambiar los dólares por libras, devuelvo el dinero tomado en préstamo con intereses y aún me queda una buena ganancia en dólares. 

Hoy es una realidad que muchos países han caído en crisis, o al menos, ésta se ha agravado por culpa de los capitales golondrinos (capitales que circulan por el mundo saltando de país en país y de bolsa en bolsa). ¿Cómo es posible que los capitales golondrinos hagan estremecer gobiernos y países? Cuando ocurre una estampida de estos capitales hacia otro país, y esto puede ocurrir por una percepción negativa del futuro de la economía, o el temor a una devaluación, esos capitales que entraron en dólares y se convirtieron en moneda local y se invirtieron en acciones en la bolsa, venden sus acciones, y los convierten en dólares y los sacan fuera del país. Esto puede originar por el pánico que crea, un derrumbe de la bolsa, por otro lado, las reservas internacionales descienden y de hecho generan una devaluación de la moneda (lo que vale una moneda, el tipo de cambio, depende de la cantidad de dinero local dividido por las reservas internacionales). 

Me parece que el término golondrino es muy adecuado para el capital especulativo, estos son capitales etéreos, ni siquiera dinero efectivo, anotaciones contables que van de mano en mano, dinero que está respaldado por unos papeles (bonos, acciones) que de un día para otro pueden no valer nada. Un capital que no tiene una relación real con nada tangible, yo puedo tener acciones de una empresa (que tiene activos tangibles) con un valor nominal de 1000, pero en el mercado yo las compré en 3000, mi única posibilidad de ganancia tiene que ver con el hecho de que el precio pueda subir y subir. Si eso no ocurre perderé mi dinero. En ese juego de comprar barato y vender más caro, los capitales viajan por el mundo y ahora lo hacen de forma casi instantánea debido a la tecnología informática y de comunicaciones. 

En síntesis, podríamos apuntar lo siguiente:

  1. No vemos que haya por parte de la ciencia económica una aproximación acertada al diagnóstico, tratamiento y pronóstico de las crisis económicas. Uno de los campos en los cuales los análisis económicos hacen agua, es el que se refiere al estudio del componente psicológico involucrado en las decisiones y acciones de los agentes económicos.
  2. El sector financiero está en el centro de las crisis económicas, y a no ser que se establezcan fuertes regulaciones para evitar que caigan en la especulación con los dineros de los ahorristas, seguirá siendo una fuente de inestabilidad en la economía de los diferentes países. Hay que retomar el papel de intermediación (mecanismo de comunicación entre los ahorristas y el sector de producción de bienes y servicios) que debe tener el sistema financiero, y no como un ente creador de dinero para alimentar la especulación.
  3. Hasta ahora las políticas económicas anticrisis se concentran en inyectar dinero a la economía o aplicar una receta de austeridad, y a veces, se combinan ambas con resultados muy dudosos, pues en muchos casos, ambas estrategias se anulan.
  4. Debido al auge de las comunicaciones y la tecnología de la información la movilidad de los capitales golondrinos es una fuente de inestabilidad extrema, sobre todo para los países con economías frágiles. Hay que tomar medidas que tiendan a restringir los movimientos de este tipo de capitales y sustituirlo por inversión directa que vaya a los sectores productivos.
  5. Por cuestiones de tipo ideológico, se ve difícil que los países con economías de mercado apliquen medidas permanentes de supervisión y control del sector financiero, más allá de los momentos de crisis.
  6. Venezuela si está blindada ante la crisis mundial, por lo menos en lo que se refiere a los movimientos de capital especulativos, simplemente porque no vienen al país. Ahora, no está blindada en lo que se refiere a su comercio internacional y su dependencia total del negocio petrolero. La recesión económica en el mundo industrializado podría hacer descender el precio del petróleo y los ingresos del país, con las consecuencias previsibles. Sin embargo, es posible que esto sea superado por la demanda de energía de las economías emergentes que no han entrado en recesión, como es el caso de China.

htorresn@gmail.com



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Hernán Luis Torres


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