Entrevistando imaginariamente a Marx sobre lo tratado en:

El capítulo XI de “El Capital” (I)

¿Cuándo se realiza plenamente para el productor individual la ley de la valorización?

Como vimos, la producción capitalista sólo comienza, en rigor, allí  donde el mismo capital individual emplea simultáneamente una cantidad relativamente grande de obreros y, en consecuencia, el proceso de trabajo amplía su volumen y suministra productos en una escala cuantitativamente mayor. El operar de un número de obreros relativamente grande, al mismo tiempo, en el mismo espacio (o, si se prefiere, en el mismo campo de trabajo), para la producción del mismo tipo de mercancías y bajo el mando del mismo capitalista, constituye histórica y conceptualmente el punto de partida de la producción capitalista. En lo que respecta al modo de producción mismo, por ejemplo, en sus comienzos la manufactura apenas se distingue de la industria gremial del artesanado por el mayor número de obreros que utiliza simultáneamente el mismo capital. El taller del maestro artesano no ha hecho más que ampliarse.

En un comienzo, por ende, la diferencia es meramente cuantitativa. Vimos que la masa del plusvalor producida por un capital determinado era igual al plusvalor que aporta cada obrero multiplicado por el número de los obreros utilizados simultáneamente. Este número, en sí y para sí, no altera en nada la tasa del plusvalor o el grado de explotación de la fuerza de trabajo, y en lo tocante a la producción de valor mercantil en general, todo cambio cualitativo del proceso de trabajo parece ser indiferente. Se desprende esto de la naturaleza del valor. Si una jornada laboral de 12 horas se objetiva en 60 bolívares, 1.200 jornadas laborales iguales se objetivarán en 60 bolívares x 1.200. En un caso se han incorporado a los productos 12 horas de trabajo x 1.200; en el otro 12 horas. En la producción de valor, muchos nunca equivalen más que a muchos individuos. Desde el punto de vista de la producción de valor no hay diferencia alguna entre que los 1.200 obreros produzcan aislados o lo hagan unidos bajo el mando del mismo capital.

Dentro de ciertos límites, no obstante, se opera una modificación. El trabajo objetivado en el valor es trabajo de cualidad social media, y por ende la manifestación de una fuerza de trabajo media. Pero una magnitud media existe únicamente como promedio de muchas y diversas magnitudes individuales de la misma índole. En todo ramo industrial el obrero individual, Juan o Pedro, diverge en mayor o menor grado del obrero medio. Estas divergencias individuales, denominadas "errores" en matemática, se compensan y esfuman no bien se concentra una cantidad relativamente grande de obreros. El célebre sofista y sicofante Edmund Burke pretende saber, fundado en sus experiencias prácticas de arrendatario, que ya en "un grupo tan pequeño" como el que forman 5 peones agrícolas, desaparece toda diferencia individual del trabajo, o sea que si se reúne 5 peones agrícolas ingleses, mayores de edad, los primeros que se encuentre, en el mismo tiempo ejecutarán exactamente la misma cantidad de trabajo que otros 5 peones agrícolas ingleses cualesquiera. Sea como fuere, es obvio que la jornada laboral conjunta de un número relativamente grande de obreros ocupados simultáneamente es en sí y para sí una jornada de trabajo social medio. Digamos que la jornada laboral del individuo sea, por ejemplo, de 12 horas. De este modo, la jornada laboral de 12 obreros ocupados simultáneamente conforma una jornada laboral conjunta de 144 horas, y aunque el trabajo de cada uno de los 12 diverja en mayor o menor grado del trabajo social medio, y por consiguiente el individuo necesite algo más o algo menos de tiempo para efectuar la misma operación, la jornada individual de cada uno poseerá, en cuanto doceavo de la jornada laboral conjunta de 144 horas, la cualidad social media. Ahora bien, para el capitalista que emplea la docena de obreros, la jornada laboral existe en cuanto jornada laboral conjunta de los 12. La jornada laboral de cada individuo existe como parte alícuota de la jornada laboral conjunta, completamente al margen de que los 12 trabajen en equipo o de que toda la conexión entre sus trabajos consista tan sólo en que laboran para el mismo capitalista. Si, por el contrario, los 12 obreros trabajan de a 2 para 6 pequeños patrones, será fortuito el que cada pequeño patrón produzca la misma masa de valor y por tanto realice la tasa general del plusvalor. Tendrían lugar divergencias de tipo individual. Si en la producción de una mercancía un obrero consumiera mucho más tiempo del socialmente requerido, si el tiempo de trabajo individualmente necesario para él divergiera considerablemente del socialmente necesario o del tiempo de trabajo medio, su trabajo no contaría como trabajo medio ni su fuerza de trabajo como fuerza media de trabajo. En modo alguno podría venderse, o se vendería pero por debajo del valor medio de la fuerza de trabajo. Está supuesto, por tanto, determinado mínimum de destreza para el trabajo, y más adelante veremos que la producción capitalista encuentra los medios necesarios para medirlo. No obstante, este mínimum diverge del promedio, si bien por otra parte es el valor medio de la fuerza de trabajo lo que ha de pagarse. De los 6 pequeños patrones, pues, uno obtendría más otro menos de la tasa general del plusvalor. Las desigualdades quedarían compensadas para la sociedad, pero no para el patrón individual. Por ende, para el productor individual la ley de la valorización no se realiza  plenamente sino cuando él produce como capitalista, cuando emplea al mismo tiempo muchos obreros, o sea cuando desde un comienzo, pone en movimiento trabajo social medio.
nicolasurdaneta@gmail.com


  


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Nicolás Urdaneta Núñez


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