¿Qué es primero, la producción o el consumo? Sobre salarios y política económica

Se ha vuelto una práctica frecuente para algunos, esgrimir la falta de producción como obstáculo para incrementar los salarios. Tal planteamiento, no obstante ser esencialmente equivocado, digamos que su uso es novedoso en Venezuela. Pues, la economía venezolana, tradicionalmente, ha sido intensiva en importaciones; así que, el consumo -cierto consumo- es satisfecho, principalmente, no tanto a través de la producción nacional, sino a través de las importaciones (producción proveniente del resto del mundo); esto es así, sobre todo, para el uso y consumo de bienes industrializados y bienes de lujo, estos últimos son sobre todo bienes para el consumo de las clases media alta y "acomodada" (resulta interesante este último adjetivo de uso común para referirse a la clase alta). Obviamente, se trata en este caso de un consumo que no está precedido de la producción, al menos, no dentro del país. Así que, debemos aceptar que cuando se dice que los salarios no pueden aumentarse, pues el consumo no puede anticiparse a la producción, no es completamente correcto; si bien podría estarse aludiendo sobre todo a la falta suficientes de divisas (moneda de uso en el resto del mundo) para importar todo lo que se quisiera. No obstante que, por cuanto la contracción de los salarios afecta sobre todo a las clases de menores ingresos económicos, se refiere esencialmente a la caída en el consumo de bienes y servicios que son consumidos por los trabajadores; es decir, bienes que se producen nacionalmente, aunque podrían requerir la adquisición de algunos insumos o equipos importados, pero que son más bien intensivos en producción nacional.

Esta distinción social del consumo y la tradicional tendencia a importar de los distintos sectores sociales, ya nos estaría indicando las consecuencias de una política económica que contraiga el ingreso de los trabajadores, ubicados entre los estratos de menores ingresos de la sociedad. Es decir, la contención de los salarios tendría obvias consecuencias en la contracción del consumo y la producción en los sectores normalmente dedicados a la producción nacional de bienes para los trabajadores. Esta es una consecuencia obviamente indeseable de la política de contracción de los salarios. Es decir, la contracción de los salarios estaría contrayendo a su vez la producción nacional; un objetivo opuesto al que expresamente se estaría buscando.

Adicionalmente, la contracción de los salarios deja, por la vía de la reducción de los costos de producción, un mayor excedente o beneficio en los sectores propietarios o empresariales. Es decir, los recursos existentes tienden a concentrarse crecientemente en pocas manos. Esta concentración de los ingresos se manifiesta entre otras formas, por supuesto, en un mayor consumo de bienes de lujo o suntuarios por parte de las clases de mayores ingresos que, a su vez, usan más divisas (monedas de uso en el resto del mundo), las cuales -hemos dicho- hoy escasean significativamente en el país (véase mi artículo anterior "Economía de Bodegones"), pues los bienes que consumen en mayor medida estas clases o estratos sociales de mayores ingresos económicos son importados, lo que no contribuye tampoco a estimular la producción nacional.

Como primera conclusión, tenemos entonces que, la contracción salarial contribuye a disminuir la demanda nacional, pues afecta al consumo de la mayoría trabajadora, concentra el ingreso en pocas personas y mantiene deprimida la economía nacional.

Por otra parte, las características del régimen fiscal venezolano (no es progresivo, es decir, pagan más los pobres que quienes tienen más ingresos, existe un alto grado de evasión y elusión fiscal) y el hecho de que la producción se mantenga muy deprimida, hacen que el Estado venezolano no pueda recaudar suficientes ingresos para pagar a sus empleados o funcionarios, financiar los servicios públicos y la inversión pública estatal. Dada la importancia que los Estados modernos suelen ejercer en la economía; sobre todo, cuando ésta se encuentra en crisis, esto tampoco contribuye a incrementar la producción, debido a que el Estado carece, además -por las razones que mencionamos- de los medios suficientes para estimular el crecimiento económico. Por estos argumentos, es que recomendamos la adopción de una reforma fiscal y tributaria, que modernice el régimen fiscal venezolano y lo ponga a tono con los más modernos sistemas en la región. Nótese que no hablo del resto del mundo, adoptando una estrategia más bien prudente y gradualista.

No obstante las limitaciones anteriores, el Estado y los sectores privados podrían hacer uso del ahorro y el crédito para financiar sus necesidades de gasto y de inversión. Por cierto, la existencia de ahorro y crédito es la principal razón, por la que lo que se consume no necesariamente guarda relación con lo que se produjo previamente. Sólo en una economía muy primitiva, lo que se consume debe ser previamente producido, siendo producto y consumo únicamente en tal caso iguales.

Debemos reconocer, y esto es muy importante, que las "sanciones internacionales" (que son ilegales) impiden actualmente al Estado venezolano, normalmente no lo haría, acceder al crédito internacional; de no existir estas "sanciones", el Estado venezolano podría apoyarse en el hecho de que se trata de un Estado muy rico; principalmente, por la propiedad estatal de la riqueza petrolera, minera y de otro tipo de recursos, aun aquellos que permanecen todavía en el subsuelo; esto a pesar de haber sido históricamente varias y reiteradas veces saqueado. Lo que quiero decir, es que existe alguna posibilidad de acceder a recursos del extranjero y también de sectores nacionales, por la vía del crédito para usarlos para ampliar la capacidad nacional de producción y consumo. Sin embargo, no recomendamos que se continúe usando la estrategia del endeudamiento público; por el contrario, recomendamos una auditoría y restructuración de la deuda pública actual para lograr una disminución del peso de la misma sobre el producto y consumo futuros. Y, preferentemente, recomendamos la vía de la actualización y modernización del régimen fiscal venezolano.

Pero, aún tenemos un recurso disponible; es el de las divisas propiedad del sector privado nacional. Estimamos que empresas y particulares venezolanos mantienen en el extranjero la suma de al menos 400 mil millones de dólares estadunidenses. Basta una porción de esta suma, para estimular la economía nacional, y para ellos existen suficientes oportunidades de negocio e inversión en la economía venezolana, sin necesidad de ofrecer mayores ventajas o beneficios, en términos de exenciones fiscales ni laborales, etc. Las ganancias actuales que ofrece la economía venezolana son suficiente atractivo.

Pero aún tendríamos la posibilidad de hacer uso de la inversión extranjera en proyecto nacionales, atractivos y rentables, para atraer nuevos ingresos y recursos frescos que nos permitan estimular el crecimiento de la economía y además ofrecer una remuneración digna al esfuerzo del trabajo de los venezolanos invertido en ellos.

Por estas razones, está claro que no es necesario sacrificar el consumo, para producir más; lo que es un sin sentido, un completo absurdo, pues no se puede pedir al trabajador que no coma y trabaje más. Y por lo que considero mal orientada la política económica actual e invito a su urgente reforma, como cualquier humilde venezolano haría hoy.

Siempre, EL PUEBLO ES LO PRIMERO.



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Rodolfo Magallanes

Profesor del Instituto de Estudios Políticos de la UCV

 magallanucv@gmail.com

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