Al ministro Tarek El Aissami

La inseguridad y lo mediático

Claro que los medios privados, en especial aquellos enfrascados en dirigir a la oposición antichavista, dramatiza periodísticamente con el tema de la inseguridad en el país. Quien espere algo distinto es ingenuo. ¿Acaso no están jugando al deterioro de la imagen del gobierno, a la inestabilidad y a la derrota del Camarada Presidente?

Hacen su trabajo, camaradas, tal como les corresponde.

Además, para ellos no es difícil, pues siempre han sido escandalosos, dramáticos y efectistas a la hora de usar a la muerte o cualquier otra desgracia contra el ser humano para incrementar las ventas o la audiencia.

Es su negocio.

No sé si alguien recordará que en una entrevista el periodista y dirigente copeyano Oscar Yánez llegó a confesar que en una oportunidad él fue a cubrir la noticia de un ciudadano que se había ahorcado, pero cuando estuvo en el sitio del fatal suceso ya el cadáver estaba descolgado.

Yánez –lo contó él mismo- mandó a guindar de nuevo el cadáver y a que le sacaran la lengua para él tomar la foto. Lo peor es que este caballero defendió esta acción porque era hacer buen periodismo.

Se trata de vender, camaradas.

Y así miles de casos se han dado, no sólo en Venezuela, sino hasta en países de esos que llaman “decentes”, como en los Estados Unidos. Más de una película ha tenido como tema el amarillismo en la prensa y nos ha mostrado cuan crueles son los dueños de estos medios con las desgracias humanas.

¿Por qué no hacerlo en Venezuela, si además de vender, se jode al gobierno con el mismo acto? Se trata de matar a un pájaro con una sola pedrada.

Lo más peliagudo del asunto es decirle a la víctima de la inseguridad personal que la vaina es mediática.

En mi caso, tengo una hermana que al momento de robarle la camioneta se llevaban a su hija menor en el vehículo. Ella reaccionó y le clavaron un balazo en una pierna. Tiempo después se le metieron en la casa y amarraron a todos los miembros de la familia por varias horas, mientras desvalijaban la vivienda.

A un primo mío lo asesinaron para robarle una camioneta.

No sé, pero para mí resulta cuesta arriba decirle a mi familia que el peo es mediático, que mi hermana quedó coja de una pierna y mi primo está enterrado porque Ravell dramatiza y escandaliza con el tema de la inseguridad personal.

Ojo, lo escrito aquí no niega que los medios usen el tema para desestabilizar, pero el problema no es ese. La gravedad del asunto está en que en diez años de gobierno la delincuencia nos está acorralando y lo que hemos puesto en práctica no ha dado el mejor resultado.

Lo que nos debe poner a trabajar con las nalgas en dos manos es que de verdad verdaíta, sin demagogia, sin posturas pro-gobierno, sin fanatismo chavista, es que el nivel de vida en los barrios ha mejorado un montón, que la gente vive mejor, pero la delincuencia sube. ¿Qué está pasando?

Camaradas, el peo es nuestro.

También me creo, camaradas, lo de la penetración del paramilitarismo desde Colombia. En el barrio donde vivo, en la isla de Margarita, cada día llegan más personas venidas del hermano país. Y conste, no sufro de anti colombianismo, ni nada parecido; pero es que sabemos –debemos reconocerlo- que en Colombia también ha ido mejorando la situación económica y la delincuencia disminuyendo.

Entonces, ¿por qué se está viniendo tanta gente para este lado de la frontera? Paramilitarismo, cámaras.

Lo que pasa es que a nosotros, no sé, me parece que nos queda bien feo eso de decir que es una delincuencia dirigida, que es el paramilitarismo importado; porque no es el escualisdimo el responsable de cuidar la frontera.

Somos nosotros, es nuestro gobierno, es el Estado jefaturado por nuestro máximo líder el responsable de esa tarea. Son los soldados, oficiales o guardias nacionales que gritan patriasocialismo o muerte los que están allí para que los paramilitares no penetren en nuestro territorio. ¿Entonces?

Se dice que en dos de los países cercanos sometidos a los delincuentes, como Brasil y Colombia, se han visto disminuir los índices de la inseguridad; en Venezuela se incrementan.

No sé. Me parece que es el momento de buscar soluciones, yo no sé cuáles porque nada sé de policía, además se nos vino al piso aquella tesis de que a mayor pobreza, mayor delincuencia, porque en Venezuela la pobreza ha disminuido y bastante, mientras que la delincuencia sube.

¿Qué vamos a hacer? No sé, de lo que sí estoy seguro es que echándole la culpa a los medios no vamos a resolver el asunto.



psalima36@gmail.com


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Pedro Salima


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