Mucha gente en la calle / ¿Y Vivas Santana?

—Aló

Hable más alto que no lo oigo

—Compita, cómo está.

—Aquí guapeando este temporal.

Como usted bien sabe.

—Esta mañana lo llamé y nada que respondía

Pensé que había pasado el páramo.

—No sea mal pensando.

Andaba en la calle comprando unas lentejas, porque las provisiones están flacas.

Y con un paquete de lentejas puede ser que llegue al final de la cuarenta.

Le voy a decir algo.

Vi mucha gente en la calle, y más de uno sin tapaboca o con el mismo guindando en la quijada.

—Insensata la gente.

—Este momento es muy peligroso.

Porque al pasar los días la vigilancia se relaja y no se hace con mucha atención.

Y ahí puede venirnos la desgracia.

Vi gente sentada tomando café, tres y cuatros, conversando sin tapaboca.

¡Moscatel!

Lo mismo un poco de viejos en los cajeros automáticos y sin guantes.

Tendrán que ser mentalistas para sacar el dinero sin tocar el bendito cajero.

Y esos tienen el píe más allá que acá.

El gobierno no se puede descuidar, porque se le monta la gata a la batea.

—Así está la cosa.

—No quiero hablarle de los precios, porque me va a decir que soy un fastidioso y apátrida.

Pero el dólar está más allá de los 140 mil por lo bajito, y la harina mendocita ya la venden a 150 mil.

El mundo paralizado y el dólar pa’rriba. Esto no se entiende.

Por eso es que la gente está saliendo a la calle, a ver que puede comprar.

La verdura la subieron 20 mil de la semana pasada a hoy, por allá pasé y vi el camión.

La gente teme más al alza de los precios que al covid-19, ese.

—Mire, es que esa gente que se la pasa comparando el dólar, ya no haya con qué compararlo.

Solo con la intención de que suba.

—Hasta con la pepa del caugil, lo están comparando.

Y pa’rriba ese bicho.

Así está la situación. Negra.

Porque si no lo agarra el chingo, lo agarra el sin nariz.

Y toda la culpa es del bodeguero.

—Eso es lo que dice la gente.

—Claro, porque sin defender al bodeguero, será que a éste le regalan la mercancía.

—Compita, dígame ¿qué se ha sabido de Vivas Santana?

—Cualquier cosa que le diga es invento mío.

No se sabe nada.

Es más fácil conseguirse un billete de mil dólares en la calle que saber qué pasó con ese muchacho.

Solo Dios, haya en lo alto, sabe lo que le ha pasado.

Es que estos cuando le agarran odio a alguien hasta que no le pelan el hueso no se quedan quietos.

Mire usted, al general Baduel; a ese lo que querían más que a un pan de leche. Pero a lo que le pusieron ojeriza, el odio se hizo muy grande.

O aquel de fragata que reventaron a palos, así salió en las noticias. No lo estoy inventando.

—Y a la fiscal, después que se mordían los cachetes a besos con ella.

No la han quebrao, porque se fue bien lejos.

Y qué me dice del sindicalista Rubén González, tenía día malo y ni lo miraban.

Cómo estará que lo sacaron para una clínica, dice la noticia.

—El odio es grande, le dijo.

Y tan de humanistas y querendones que se las dan.

Dios se apiade de Vivas Santana.

Ni un gremio ha salido a defender o a decir algo sobre ese muchacho.

—El terror no es juego, compita.

Y estos lo aplican de manera extensa y sin sutilezas.

—Verdura el apio, como dice el niño.

Mire, no salga y si sale que sea por extrema necesidad.

Porque si esto se relaja podemos comenzar a cantar las mañanitas, pero en el cielo.

Mucha gente en la calle haciendo nada, y eso es un peligro.

Voy a montar un arroz, y para mañana dejo una parte de las lentejas.

Y le dijo: Por ahora, apriete.



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Obed Delfín


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