Delito, Violencia y Paz

Debo comenzar asumiendo como ciudadano, el reconocer que La Patria vive momentos difíciles. Construir una forma nueva de sociedad, conlleva al enfrentamiento de un estadio social;- que si bien nunca trajo la construcción de ese gran país que soñamos los venezolanos-, siguen arraigados elementos socio-culturales que no queremos despedir a la hora de asumir el reto de cambiar socialmente para mejor.

Lamentablemente muchos de esos factores nocivos están siendo practicados por nuestro pueblo. Tan peligrosamente que se pudiera decir, que estamos actuando como ciego con garrote. La gente no se ruboriza, ni se recula para cometer un ilícito o una violación de la norma y lo peor de todo es que justifica su acción; arropada en el derecho de hacer lo que todo el mundo también hace. Nos llenamos de delincuentes.

La violencia que alguna vez estuvo presente en menos grado, fue desechada siempre como contexto de vida entre los venezolanos. Hoy en cambio, corona toda la plaza del convivir entre la gente y ha generado un conformismo suicida para con ello, en gran parte de la población e incluso de las instituciones. Esto sin duda aleja toda esperanza de retracción al corto plazo del fenómeno.

Los fenómenos aquí aludidos conducen a una desestabilización; Cultural, Social, sicológica, moral, política, ambiental, medica, económica y otras. Pero acentuadamente trastocan la Paz, esa estadía que por sobre todo es el derecho innato de la sociedad, denotado y connotado desde su conformación histórica. Sin duda es lo más golpeado por las malas acciones de sus miembros, cualquiera sea su estatus de dentro del dominio social.

Es increíble ver el comportamiento de muchos venezolanos. Como se degradan moralmente y convierten la cotidianidad social de otros, en una agobiante lucha por no ser víctima de una acción malogrante. Aunque siempre decimos que los malos son minoría, sin duda están en la delantera en esta batalla. Es preocupante ver toda clase de personalidades públicas nacionales llamando al resguardo de la paz social, y que otras de la misma talla, –según-, se burlen de esta convocatoria y sin pudor alguno, lo hacen ante todo este pueblo. No faltando nunca alguien aupándoles que diga: así es que es.

El delito y la violencia son sinónimos en lo evidente, el uno y el otro se complementan en su práctica, aunque algunos digan lo contrario, ese desagradable sabor sentido después del agravio no es dejado sino, por algún tipo de violencia ejecutada hacia uno. Las teorías son las que han hecho más difícil esta lucha dentro de la sociedad venezolana y es que ellas nacen desde una perspectiva errada; la contingencia, lo inmediato, la improvisación, el paliativo.

Sin duda esta lucha es de todos, queramos o no. El origen está en el contexto social donde se desarrolla el individuo como miembro de una sociedad. Su cosmovisión, como es su adaptación al hecho cultural, de qué manera aprende a tomar su realidad y manipularla para su beneficio y el de otros. Que sentimientos desarrolla como producto de los que recibe. Como se educa y como educa. Que consigue en el contexto donde busca su curiosidad humana. Que formas aprende para resolver las carencias y como distingue las reales de las ficticias. Necesitamos de un aprendizaje social y por supuesto de los guías idóneos, del ejemplo y de una autoridad. Estos ejemplos y otros son los mediadores para un comportamiento individual razonable dentro de una sociedad.

La impunidad es la mejor aliada del delito y la violencia. No hay mejor premio para el delincuente que no pagar por su crimen y para el violento no tener consecuencias por sus actos. La más sana represión –tiene que haberla- es que cada quien pague su culpa y como deber ser, tan intensa como el delito cometido. El arrepentimiento solo es visible luego de pagada la culpa. Quien no es castigado correctamente por su falta, jamás se verá arrepentido. Esto lo señala la cantidad de malhechores que han sido sorprendidos delinquiendo, en pleno beneficio procesal. También lo hace la vida llevada en las cárceles por los criminales; lujos, preferencias, así como la impunidad con que actúan dentro de la cárcel.

La paz social debe ser el más preciado don de la convivencia humana. Si no vivimos en paz no hay desarrollo de ningún tipo, solo de la barbarie. Si no hay paz no hay familia que crear. Si no creamos familia no hay perpetuidad humana, solo extinción. La lucha es de todos, desde el último rincón de nuestro quehacer, no debemos permitir nuestra tristeza por culpa delictiva de otros. Ayudemos a las instituciones con esta brega, reflexionemos. Si podemos ganar la paz. Ella es un regalo de DIOS, es por eso que es lo más preciado para una sociedad.



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Pedro Barrera


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