A Eliézer Otaiza

Según la Real Academia española, certidumbre, es la firme adhesión de la mente a algo conocible sin temor de errar. Estar seguros de algo pues. Por ejemplo, cuando a una persona le hace unos exámenes médicos. Mientras esperas los resultados, hay incertidumbre. Si cuando tienes los resultados te dicen que tienes cáncer la certidumbre es trágica. Fatal, digamos. Hay otras certidumbres. Como cuando esperas el resultado de un examen de embarazo y quieres estar embarazada. En ese caso la certidumbre que esperabas es feliz. Certidumbre de muerte y certidumbre de vida.

Hay otras certidumbres menos definitivas, digamos. Como cuando la gente que dice “tengo la certeza”, “estoy seguro” de que me montas cacho "maldito perro" o "perra". En esos casos uno no dice “tengo la certidumbre de que me estás montado cachos”, eso daría mucha risa, y los cachos, aunque Pedro diga lo contrario, no son asunto de risa. Y así pues, la vida está llena de certidumbres e incertidumbres.

Sólo tuve la certidumbre del asesinato del camarada Eliézer Otaiza, cuando desde la Alcaldía de Caracas me lo confirmaron. La certidumbre de la muerte lacera, tritura las entrañas. Eliézer nos hará falta.

En 2002 mucha gente tenía la certidumbre de que la oposición, la golpista, que en aquel momento era casi toda, había planificado un montaje macabro: una marcha, unos muertos, unos generales pronunciándose, un presidente desprestigiado acusado de asesino, unos medios de comunicación cómplices, un golpe de Estado.

Yo la tuve después de ver un video donde hablaban Otto Neustald y Gladys Rodríguez en un foro en la Universidad Bicentenaria de Aragua. En ese video histórico (está en la web y cualquiera lo puede ver) Neustald confesó que a él lo habían llamado para grabar un video donde unos generales se pronunciaban sobre unos muertos que aun no habían muerto. El 11 de abril de 2002 murieron asesinadas por francotiradores casi 20 personas. Video de una muerte anunciada. Nadie dijo nada. Nadie advirtió. Nadie denunció. El montaje macabro que describimos arriba tuvo varias “escenografías”. ¿Que habrán pensado esos periodistas que fueron llamados a grabar aquello? A mi me gustaría preguntarles si duermen tranquilos.

Las denuncias de una conspiración para un nuevo golpe de Estado son tantas que no tener certidumbre de lo denunciado el viernes pasado por el ministro de Interior y Justicia Miguel Rodríguez Torres es un ejercicio difícil. Habría que fingir demencia. Muchos ya dicen que es mentira. Que ese señor inventó todo, solo que esta vez millones hemos sido testigos. No necesitamos a Neustadl para tener certidumbres. Los militares y civiles asesinados, las guarimbas, los paramilitares detenidos, los terroristas detenidos, los pertrechos decomisados, los generales detenidos, las instrucciones dadas desde el exterior, las mentiras de los medios de comunicación, la guerra económica… Son tantas las pruebas de que la derecha quiere salir por vías no democráticas del presidente Nicolás Maduro que cuando ellos dicen que es mentira nos preguntamos si es que creen que somos imbéciles. Nuestros muertos nos dicen que nuestra única certeza, nuestra única certidumbre es la paz. Nuestros muertos nos los exigen. Hay algunas certidumbres que no te agarran por sorpresa. ¡Honor y gloria! Sigamos.


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Mercedes Chacín


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