Jesús Moreno, el "Rey del pasaje": Aristóteles, Lorenzo Mendoza y sus amigos, el heredero, Vicente Fernández, la TV y medio centenar

Realidad fatalista: los cantantes más emblemáticos de la música tradicional ya van de salida -de este mundo físico- y de esa forma el joropo llanero va perdiendo a sus más importantes referentes e históricos, los cuales vienen impulsando y cargando sobre sus hombros el costumbrismo musical de las pampas campesinas colombo-venezolanas desde mediados del siglo pasado. Los pioneros, los de finales del siglo XIX y de principios del siglo XX, ya no están. Ej. Pancho López es una figura de la cual nadie conoce su obra artística, pues no dejó ningún legado musical; de su hijo, Ignacio "Indio" Figueredo, quien nació en 1899, sí tenemos registro; de sus maestros y contemporáneos, no. Ambos están ausentes.

Hace poco "dejó de estar", una verdadera luminaria: el maestro José Jiménez, el Pollo de Orichuna; un coplero sin rival, de quien José Alí Nieves dijera en una ocasión que de los contrapunteadores de antaño, este, su compadre, tenía el compañero lejos. Ahora, a partir de febrero de 2022, buscaremos y no encontraremos a otro de los colosos: Jesús Moreno, el orgullo de El Samán de Apure.

A pesar de que todos estamos conscientes de la finitud humana, nadie asume la muerte como algo que efectivamente va a ocurrir en cualquier momento y todos lamentamos la partida de los que se van y quisiéramos que nunca partieran de en medio nuestro, a un entorno desconocido.

Por suerte o por desgracia el ser humano no puede llegar a un siglo de vida con lucidez, con fuerza física y con la plenitud de sus talentos y dones. "Nadie es eterno en la vida", cantaba Tito Rojas, pero antes de él lo hacía Antonio Aguilar, y muchísimo antes de este, el estagirita Aristóteles filosofaba sobre ese tema.

Sí, le llegó el turno a don Jesús Alejandro Moreno Salazar, el de las canciones más tristes del joropo llanero, la palabra de consuelo de los despechados, el generador de materia prima para las serenatas, el "Rey del pasaje". Decir que le llegó el turno es una expresión que pudiera parecer insensible e irrespetuosa, pero en esencia es, repito, una realidad fatalista; pues ninguno de nosotros podrá escapar de esa inexorable, inevitable e ineludible realidad como lo es la edad cronológica del cuerpo físico.

Tan pronto me enteré de la noticia, "en veloz carrera", como rezan las actas policiales de investigación penal, encendí el televisor de mi casa a fin de verificar el asunto en los canales nacionales de mi país -Venezuela-. En el fondo yo sabía la respuesta: en lo absoluto iban a referirse a este asunto, y mucho que menos escucharía notas de duelo por parte del Estado ni declaraciones de la gente que se mueve en la farándula. Tampoco de Lorenzo Mendoza...

Lorenzo Mendoza y los demás empresarios del alcohol etílico -en Venezuela y Colombia- tienen que agradecerle a Jesús Moreno unas cuantas monedas de sus cuantiosas fortunas. Escuchar los temas de este cantante apureño no solo está asociado al guayabo y al desamor; también al alto consumo de licor. Es decir, su música no solo "sirve" para ahogar las penas y superar momentos de nostalgia, sino que esas piezas musicales, en sí mismas, invitan al llanero o al fanático del pasaje sabanero a beber importantes cantidades de licor. De esto último fueron testigos los empresarios que le contrataban para cantar en veladas nocturnas a lo largo y ancho del llano, cuando estaba en su pleno apogeo; también dan fe de ello los dueños de bares, tascas, polleras, cervecerías y patios de bolas criollas. Donde suenan los discos de Moreno las ventas de aguardiente se incrementan de manera significativa. Este cantante interpretaba canciones de esas que llaman "cortavenas" y entristecedoras; además de tener, potencialmente, la capacidad de alterar las neurohormonas que generan la depresión psicológica (al mejor estilo de Julio Jaramillo). Su voz y su particular melodía le daban ese toque especial para que la mente de quien le escuche haga las conexiones neurológicas necesarias para activar la señal de: "quiero beber", "quiero beber para olvidar", "quiero beber para desahogarme". Moreno sonaba en las rocolas, o en los diferentes aparatos de sonido, propiciando que la gente bebiera cantidades industriales de licor, ante lo cual los empresarios veían incrementar sus cuentas bancarias. ¿Tiene sentido ese razonamiento?

Jesús Moreno (18 de marzo de 1950) sale a la palestra artística, a principio de los años 70 e inmediatamente fue catalogado como un imitador de Francisco Montoya (otro intérprete de canciones "cortavenas"), quién venía sonando desde mediados de los 60, pero luego todos captaron y entendieron la diferencia de estilos una vez que Jesús empezó a interpretar su propio repertorio y no los de quien años más tarde se convertiría en su compadre de sacramento católico. Esto quiere decir, que entre el "reinado" de Montoya y el de Reynaldo Armas, se ubica el mandato de Jesús. Uno en los 60 (Montoya), otro en los 70 (Moreno), y el otro en los 80 (Reynaldo). Antes de estos, Romero Bello (los 50).

El orgullo del estado Apure, vivió una vida llena de altibajos en su vida personal; en lo artístico, dejó cualquier cantidad de éxitos. Se cuentan con los dedos de una mano (y deben sobrar dedos) los cantantes llaneros de los que se puede decir "tiene cientos de éxitos y/o verdaderos clásicos". Algunos viven de la fama de una canción que pegaron, otros de cinco canciones, unos cuantos de un par de decenas de exitazos, pero eso de un centenar de canciones, o más, que la gente pueda cantar en coro y al unísono, eso es para...me sobran dedos una mano. Para que no se queden con la duda: Reynaldo Armas, Francisco Montoya, Jorge Guerrero y Jesús Moreno. Fin de la lista.

Por cierto, ese tal 'Jorgen' Guerrero, es nada más y nada menos que el heredero del trono del pasaje guayabero, que tuvo sus máximos representantes en Moreno y Montoya, pero también en Jesús Quintero y en Ángel Ávila. Para Jorge, Jesús Moreno fue su referente como cantante y hoy día, aunque con un estilo que en nada se le parece, sigue haciendo reflexionar, jipiar y llorar a millones de personas en, literalmente, medio mundo.

En cada década surge una figura descollante en la música llanera:

- José Romero Bello (y Ángel C. Loyola): los 50.

- Francisco Montoya: los 60.

- Jesús Moreno: los 70.

- Reynaldo Armas: los 80 (aunque empezó antes).

- Jorge Guerrero: los 90.

Ahí nos quedamos.

Si el dueño de un canal nacional (público o privado) no transmite los actos fúnebres o un programa especial, o varios, de Jesús Moreno, alguien no está entendiendo bien el asunto y creo que no soy yo. Pienso en los homenajes post morten que le hacen en México a Vicente Fernández, y ello me da mucha alegría, pues me emociona que los mexicanos tengan un alto sentido del respeto tanto a su música tradicional como a los intérpretes de mayor trayectoria; pero pienso en los homenajes y programas especiales que le hacen en los medios venezolanos -a Vicente-, y tengo sentimientos encontrados, al comparar con el trato que le dan, por ejemplo, al finado "Rey del pasaje". Dicho sea de paso, no hay un solo video de una presentación suya en un canal nacional en los años 70 y 80 porque, a pesar de haber sido una figura indiscutible en Venezuela y Colombia, para los empresarios de la televisión, fue como que si no hubiese existido. De hecho, tengo la impresión de que más se le reconoció en el vecino país que en su propia patria.

Precisamente los cuatro artistas antes mencionados: Reynaldo Armas, Francisco Montoya, Jorge Guerrero y Jesús Moreno, son los cantantes que más han inspirado los estilos de las generaciones de todos los tiempos, a un punto tal de que muchos se inician imitándoles, hasta que llega un momento que con el recorrido y la experiencia consiguen ajustar sus propios estilos.

Se nos están yendo las columnas que sostienen esa estructura de tradiciones y costumbres de las expresiones musicales de los llanos. No quiero pensar en qué será de nuestra cultura vernácula dentro de 30-40 años. ¿Hacia dónde vamos? La respuesta no la sé, pero de lo que sí estoy seguro es que pasarán los años y Jesús Moreno seguirá siendo el referente indiscutible del canto lamentao, triste y romancero. Su voz seguirá escuchándose y sus temas seguirán siendo el paño de lágrimas del hombre y la mujer víctima del despecho y la desilusión, en los pueblos y caseríos de la llanura.

Me siento tentado a recomendar 200 canciones de Jesús Moreno, pero solo me voy a limitar a recomendar medio centenar de ellas (las pueden buscar en YouTube). Las seleccioné de memoria. Algunas de mis favoritas no están en esta lista, porque no me recuerdo exactamente el nombre. No incluí ningún corrío; solo pasajes.

 

Sugerencias:

1. Un recuerdo inolvidable.

2. Tus ojos me lastimaron.

3. Mala jugada.

Mis ojos lloran por ti.

4. Todavía la sigo amando.

5. Recuerdo la tarde aquella.

6. Mi divorcio.

7. Sueño fugaz.

8. Tiempo sufrido.

9. He vuelto porque te quiero.

10. Amiga, novia y amante.

11. Mis ojos lloran por ti.

12. Moneda de doble cara.

13. Punto final.

14. No podré ser tu amante.

15. Flores para ti.

16. Me voy pa oriente.

17. Tristeza de un coleador.

18. Tu desprecio.

19. Morena linda.

20. Tu sufrimiento.

21. Romance en la lejanía.

22. Llano y lejanía.

23. Romance de un pueblo.

24. Romance en la cañada.

25. La que no me quiso amar.

26. Amor ingrato.

27. Aunque me encuentre casado.

28. El arbolito.

29. Reto de amor.

30. Renunciación.

31. Odio fingido.

32. Seamos sinceros.

33. Te acuerdas María.

34. El día de tu despedida.

35. Un padre ejemplar.

36. Bellezas del paso Arauca.

37. Perdóname.

38. Tardes de El Baúl.

39. Corazón traicionero.

40. Morena linda.

41. Triste gaviota.

42. Mi primer matrimonio.

43. Ámame siempre.

44. Qué es de tu vida.

45. La tarjeta de un recuerdo.

46. Mi nobleza.

47. Amor eterno.

48. Buscándola por Caracas.

49. Me dijo adiós en La Guaira.

50. Olvídala corazón.

...

"Después no digan que el tiempo es malo". GOYA.

randychavez@gmail.com

 


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