(Respuesta a Diosdado Cabello por su opinión en Con el Mazo Dando Nº 236, del 9/1/2019)

En defensa de nuestra Iglesia

En el programa Con el Mazo Dando Nº 236, transmitido el 9 de enero de 2019, Diosdado Cabello leyó un reporte del Patriota Púrpura en el que hace referencia a la instalación de la CXI Asamblea Ordinaria de la Conferencia Episcopal de Venezuela (bCEV) efectuada en el auditorio de la Universidad Católica Andrés Bello y luego mostró unas fotos de la directiva, de los participantes y unos textos extraídos del discurso de Mons. José Luis Azuaje, Presidente de la CEV.

El reporte del Patriota Púrpura, personaje desconocido por el público, que se esconde cobardemente en el anonimato para difundir mensajes discriminatorios y de intolerancia religiosa en contravención del artículo 57 de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, se refiere a la mencionada asamblea como "la reunión del mal", además de redactar interesadamente una información nada veraz relativa a los objetivos y la agenda de la Asamblea, violando descaradamente el artículo 58 de la carta magna.

El Sr. Diosdado Cabello al reproducir fielmente el reporte anónimo se hace cómplice del incumplimiento de nuestra carta magna en los artículos citados. La situación se agrava cuando muestra unos textos extraídos del discurso mencionado y unas fotos para aprovechar de ridiculizar a nuestros pastores, es decir, exponerlos al menosprecio de la gente y restarles aprecio y consideración, en términos del diccionario de nuestra lengua.

En ningún momento nuestros pastores han caído en el lenguaje bajo que usted acostumbra emplear en dicho programa. Usted se refiere a la CEV como partido político, al Mons. Azuaje como su secretario de organización, a la directiva los llamó "zamuros" y señalando a Mons. Mario Moronta lo califica de "rey zamuro"; manifestó su parecer en torno a quién eligió a Azuaje como jefe de la iglesia en Venezuela y luego termina con una anécdota de su experiencia personal de su bautizo y comunión, la cual lo lleva a concluir en lo único que estoy de acuerdo con usted: a nadie se le puede obligar a ser católico, ya que eso debe ser una decisión sumamente valiente que lleve al cristiano comprender que no es de este mundo, sino ciudadano del cielo, constructor del reino de Dios en la tierra.

Pensando terrenalmente, usted ha violado flagrantemente el artículo 13 de la Ley Constitucional contra el odio, por la convivencia pacífica y la tolerancia, de la cual fue participante en su autoría como constituyente, al hacer apología (discurso de palabra o por escrito, en defensa o alabanza de alguien o algo, según el diccionario de nuestra lengua) del odio religioso, al constituir ese conjunto de expresiones incitación a la intolerancia religiosa en contra de nuestros pastores, por ende, de nuestra iglesia.

Jesús nos enseñó que no podemos servir a la vez a Dios y al mundo (Mateo 6,24), porque la amistad con el mundo es enemistad con Dios (Santiago 4,4); por eso, los del mundo nos odian (Juan 15,18). La gente del mundo piensa, actúa, desea como el mundo; no entiende ni acepta otra manera de pensar, actuar y desear distinta. Esta es una de las razones del mundo para ver y juzgar a la iglesia como algo de su ámbito, perteneciente a la estructura social de pecado, como nos enseñó Juan Pablo II (Sollicitudo rei socialis, 1987).

La iglesia la formamos personas humanas, todas pecadoras sin excepción. Ninguno es perfecto en la Iglesia, ni nuestros pastores ni los laicos. Pero no pactamos con el mundo, sino con Dios,nuestro Padre celestial. Esa es la dialéctica de nuestra lucha para transformar la estructura social de pecado en reino de Dios.

Por eso, Sr. Diosdado, la iglesia no puede aceptar un reino de corrupción, opresión, mentira, trampa, injusticia. Puede ser que el programa de gobierno actual tenga puntos de coincidencia teórica con la doctrina social de la Iglesia, pero la práctica nos señala que dista mucho entre el dicho y el hecho: el desvío de nuestros recursos para los bolsillos de unos pocos, el saqueo y entrega de nuestras riquezas a potencias asociadas, la destrucción del medio ambiente, la compra de la conciencia del pueblo por un plato de lentejas, el empobrecimiento del pueblo, el populismo que raya en un modelo fascista.

En fin, nuestra Iglesia tiene quien la defienda. Ya está bueno de estar simulando el odio contra nosotros con la risita burlona y el farandulerismo que deseduca políticamente al pueblo y alienta la intolerancia.

Paz y Bien.



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