Binóculo Nº 289

La crisis

Cuando un paquete de 20 salchichas cuesta 106.000 bolívares, eso no indica otra cosa sino la crisis en la que se ha sumergido el país. Es decir, que una salchicha cuesta 5.300 bolos, cuatrocientas veces más de los que costaba el paquete hace dos años.

Cuando un teléfono celular cuesta hasta 14 millones de bolívares, es decir, 14.000 millones de los viejos, eso indica la atrofia de la economía, la ausencia total de un norte que oriente a los componentes del coso económico venezolano. Y eso lleva a los estados de la inflación en los que nos encontramos, que algunos, exageradamente, lo ubican en 5.000%.

Y cuando una gandola de gasolina de 36.000 litros, cuesta menos que un cartón de huevos, contando solo el valor de la gasolina al precio de venta, es decir, un bolívar por litro, sin tomar en cuenta los costos de producción que es mucho más de un bolívar, el valor de la gandola, el valor de los cauchos, batería, filtros, aceite, repuestos; más el salario del gandolero, es una muestra inequívoca de que el gobierno están entrampado. Desde hace cuatro años no sabe qué hacer con la economía, más allá de la vendimia de los Clap que no es, desde luego, una política económica.

Ello para mencionar las cosas grosso modo, y no ir a especificaciones que tomarían escribir un libro completo, donde obligatoriamente habría que incluir la masificación de la corrupción y su comportamiento ya como una cultura de los venezolanos; sumado a la militarización de la distribución de los alimentos, que ha sido uno de los mayores fracasos del gobierno, porque en esencia no se ha resuelto nada, más allá de entregarles la cajas Clap a quizás un 15% de la población, aunque soy un convencido de que esa entrega ha sido a menos de un 10%. Números más, números menos, es un fracaso igual.

Si usted amigo lector se tomara el tiempo para caminar las zonas industriales de Valencia, una de las ciudades cinco más importantes del país, le entraría una garra en el estómago. Recordaría aquellas películas del viejo oeste donde por los pueblos abandonados, pasan rodando las bolas de monte impulsadas por el viento. En un país que necesita una reactivación total de industria, las pocas empresas que aún funcionan, a un 10 o 20 por ciento de su capacidad, tienen en sus portones más del doble de los empleados, a cientos de hombres y mujeres esperando un chance para entrar a trabajar. Eso es real, y creo que lo que más me molesta cuando digo esto, es que aparezca algún imbécil camarada a decirme que estoy con el enemigo por decir las cosas que veo todos los días; y ver niños que -en caso de comer- solo ingieren arroz, pasta y harina, es decir, la mierda de la alimentación, pero es lo que llena. Nada de proteínas, nada de calorías, nada de sales, nada de vitaminas, componentes todos que, en el caso de los niños, son esenciales para el crecimiento, desarrollo del cerebro, los huesos y músculos. He estado en hogares donde la comida, la única de todo el día, ingerida a las ocho de la noche es un plato de pasta, con dos cucharadas de salsa de tomate. Y cuando ese niño tenga 20 años, es lento, de mirada perdida, no entiende, por supuesto, no comió nada que le desarrollara el cerebro. Hay cantidades de estudios al respecto.

¿Quién dijo que no había una guerra económica? Creo que fui uno de los primeros en escribirlo. Las fábricas, en ese momento, no cerraron, pero disminuyeron al mínimo la producción, y el gobierno lo supo y no pudo hacer nada, como no lo ha podido hacer hasta ahora. ¿Quién dijo que el enemigo no vendría a golpear por allí? Cuando comenzaron a escasear la leche en tiempos de Chávez, fue el primer sabotaje, pero Maisanta reaccionó de inmediato. Mercal es la más impresionante estructura de distribución de alimentos del mundo, y a ello les sumó Pdval y toda una gama de mecanismos para distribuir alimentos sin que ocurriera el desastre que estamos viviendo. Además, incluyó en esa estrategia -allí sí había toda una estrategia- la reserva de tres meses de alimentos del país, lo que se hizo por primera vez en toda la historia de esta Venezuela que tanto amamos. Reserva que se consumió en el primer semestre del primer año del pana Nicolás.

Recuerdo que hace como seis meses, en una entrevista, Jesús Farías dijo que en tres meses la economía volvería a su rumbo. Miren por donde vamos, un tubo de pasta de dientes cuesta 99.000, perdón, no cuesta, está marcado en ese precio y a ese precio hay que pagarlo.

Y es que el gobierno sigue sin entender que la economía no solo es una cadena que destroza al más pequeño, sino que ahora es más neoliberal, porque los grandes se tragaron a los pequeños. ¿Qué pequeño que no sea importador soporta el precio de las materias primas para trabajar? ¿Qué pequeño que no sea importador, no traslada ese aumento de precios al valor final de la mercancía? Y viene la pregunta obligada: ¿es el pequeño el culpable, si no maneja grandes inventarios, no importa materia prima, no tiene cercanía -porque no puedo pagarlos- con los poderosos del gobierno?

El aumento salarial, que es una aberración de la economía, pero sin duda totalmente justo, en su esencia no sirve, porque no viene acompañado de medidas contención del mercado de la oferta, y el mercado de la oferta, está desgraciado por los poderosos, que a su vez están vinculados a quienes tienen poder en el gobierno. Entonces, ¿quién desaparece primero? El que tiene diez empleados y no puede pagar 189 mil de cesta ticket, pero resulta que es el mayor empleador. Hasta yo, que soy tan bruto en estos menesteres, lo entiendo clarito. ¿Por qué el gobierno no?

Y por supuesto, tenemos una Asamblea Nacional Constituyente, que no ha hecho ABSOLUTAMENTE NADA, a tres meses de instalación. Yo me pregunto si eso es una política, o es que realmente no saben qué hacer. Y no me venga algún imbécil camarada, que por cierto abundan, a decirme que si decidieron que el juez tal, o el Tribunal Supremo tal vaina, o no sé cuántas pendejadas más. Esos son subterfugios de la política, "avatares", diría el viejito Miguel, pero no está en esa inmovilidad de la ANC, un profundo debate de qué carajo hacer con la economía, que es el problema real.

Por años he dicho que la oposición no existe. Creo que lo decía casi todos los días en mi programa de radio. La oposición como concepto nunca estuvo en Venezuela. Solo existían un grupo de pandilleros que encarnaron a la gente descontenta. Nada más. El 15O lo evidenció. La gente quiere paz y quiere seguir con su gobierno, y le acaba de dar un nuevo voto de confianza a este gentilicio llamado chavismo. Pero todo sabemos que la paciencia tiene un límite.

Estoy de este lado de la lucha social y política mucho antes de que apareciera Chávez. Por lo que no está ni en mis genes, ni en mi conducta ni en mi conciencia, abandonar en donde he estado toda mi vida. El viejo Miguel jamás me lo perdonaría donde quiera que esté. Esto por si aparece algún imbécil camarada a decirme traidor, aunque Parra llegó a decirme agente de la CIA. Pero comienzo a sentir que el chavismo implosionará, y eso me resulta extremadamente preocupante, porque creo que el gobierno no saldría a darle a esa implosión una respuesta más allá de la represión. Siempre quiero estar equivocado cuando estas cosas. Ojalá y así sea, en bien del proceso y del pueblo que en su esencia es lo único importante. Pero nunca he tenido dudas de que si no se llama al pueblo a participar, si no se le da al poder popular el protagonismo que le compete, sin ninguna duda, no avanzaremos. Como decía Maisanta, solo el pueblo salva al pueblo.



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Rafael Rodríguez Olmos

Periodista, analista político, profesor universitario y articulista. Desde hace nueve años mantiene su programa de radio ¿Aquí no es así?, que se transmite en Valencia por Tecnológica 93.7 FM.

 rafaelolmos101@gmail.com      @aureliano2327

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